Alerta, pero no alarma con la inflación

Pablo Álvarez Icaza Longoria

En Estados Unidos (EU) y en México la preocupación por la creciente inflación es similar. En ambos países, los bancos centrales han destacado que es un fenómeno temporal o transitorio, que se debe en buena medida a: cuellos de botella por escasez de algunos insumos clave como los chips de los semiconductores, a un efecto base (aritmético) al compararse con un año donde la pandemia hizo que los precios cayeran vertiginosamente, a un repunte de los precios de las materias primas (petróleo, cobre, acero, cereales, carne de pollo, entre otros) por la reactivación del comercio mundial, así como a efectos adversos para los productos agrícolas.

También se reflejan en los precios de algunos productos de consumo los aranceles impuestos por la administración de Donald Trump y que la de Joe Biden ha mantenido, no sólo con China, sino también con la madera canadiense, por ejemplo, que termina repercutiendo de manera directa o indirecta por el alza de los insumos.

Nos hemos beneficiado de un peso fuerte, que incluso recibió un sorpresivo apoyo cuando recientemente la Junta de Gobierno del Banco de México decidió elevar la tasa de interés de referencia 25 puntos base a 4.25%; sin embargo, la incertidumbre prevalece y ha regresado de nuevo al nivel de 20 pesos.

En EU se dio a conocer que la inflación al consumidor fue de 0.9% en junio y que en tasa anual llegó a 5.4%, el nivel más elevado en 13 años, mientras que, excluyendo los componentes volátiles de alimentos y energía, también subió 0.9% y en tasa anual fue de 4.5%, la más elevada desde noviembre de 1991. El reporte de la inflación generó la preocupación de que la Reserva Federal (Fed) pueda elevar las tasas de interés más pronto de lo pensado, afectando el precio de las acciones y de los bonos, esto es, generando un incremento de los rendimientos.

En México la semana pasada se dio a conocer que se registró una inflación de 5.88% en tasa anual en junio, por lo que la inflación promedio en el segundo trimestre fue de 5.95%, de nueva cuenta superando la estimación que el Banco de México (Banxico) dio para el periodo a principios de junio (5.8%). A su vez, la inflación subyacente, es decir la que excluye precios agropecuarios, energéticos y tarifas autorizadas por distintos órdenes de gobierno, subió a 4.58%, pero sigue con tendencia ascendente.

El asunto resulta preocupante porque la inflación al productor total, de bienes intermedios y finales fue respectivamente de 7.13%, 10.69% y 5.78%, y desde abril pasado va con tendencia creciente. El punto aquí es que los productores pudieran trasladar parte de los costos a los consumidores, por lo que la inflación tendría un potencial de alza mayor a lo que había previsto Banxico.

Las cifras de la inflación de junio respaldaron la decisión de la Junta de Gobierno, que votó mayoritariamente elevar la tasa de interés el 24 de junio. El día que se divulgaron las cifras del INPC y del INPP en junio, también se dieron a conocer las minutas de esa reunión. Como se suponía, Galia Borja y Gerardo Esquivel votaron en contra del alza. Esquivel consideró la medida como precipitada, pues la inflación está por arriba del objetivo por la base de comparación y factores de oferta.

Sin embargo, lo que sí resultó inédito es que Esquivel continuara defendiendo en los medios su postura, puntualizando que esto no significa que tengan que darse otras alzas de las tasas. En esa misma posición está Arturo Herrera, quien descartó en una entrevista con Bloomberg que Banxico comience un ciclo de ajuste monetario de alzas, y que las tasas subirían más bien en 2022.

Cabe comentar que la encuesta de especialistas de Banxico ubica la tasa interbancaria en 4.75% a diciembre, y la realizada por Citibanamex en 5.0%, en buena medida por las proyecciones de inflación que han revisado al alza. En realidad, el asunto depende más de cuando se integrará Herrera como gobernador, porque haría mayoría con Borja y Esquivel en la Junta de Gobierno.

Por su parte, el gobierno federal al parecer está haciendo lo posible para desinflar el precio de los energéticos, que en tasa anual se ubican en 17.13%, con una reducción del IEPS a la gasolina y amenazando con controles de precios del gas LP. El problema es que los precios internacionales del petróleo y el gas presionan al alza las tarifas, y son factores que no se pueden controlar.

México tiene una larga historia de inflación reprimida con controles de precios y subsidios. No vayamos demasiado lejos: incluso, durante el gobierno de Peña Nieto, se otorgaron cuantiosos subsidios para promover una campaña de que, con la reforma energética, los precios de los combustibles bajarían, aunque ello afectara a Pemex y a CFE. Esta estrategia puede ser exitosa en el corto plazo, incluso ayudar a que los gobiernos ganen popularidad y tenga impacto electoral; sin embargo, a la larga resultan contraproducentes, porque desalientan la inversión privada, propician deterioro de las finanzas públicas y terminan generando una inflación permanente en el largo plazo.

La preocupación de las autoridades monetarias en ambos países es semejante: evitar que un alza de tasas de interés afecte la recuperación de la economía. De hecho, la Fed ha mandado señales de que pudiera ser más flexible con la inflación y que preferiría actuar de forma reactiva en caso de que se acelere. El caso mexicano es más complicado, porque está de por medio un tema de credibilidad y, a diferencia de la Fed, sólo tiene un objetivo: mantener una inflación baja y estable.

En conclusión, las presiones políticas para que el resto de los integrantes de la Junta de Gobierno de Banxico no suban las tasas de interés se van a intensificar en las siguientes reuniones, porque un incremento podría afectar el crecimiento económico a futuro. No olvidemos que, como ya se “destaparon las corcholatas”, lo que está en juego son las elecciones de 2024.

Adenda

1) El secretario de Hacienda señaló que México avaló la propuesta del G-20 de un impuesto mundial de 15% a las grandes corporaciones, pero que entrará en vigor hasta septiembre de 2022.

2) Coincidió con el Presidente Andrés Manuel López Obrador, de que una reforma fiscal que implique alza de impuestos no es necesaria, porque ha crecido la recaudación.

3) Puntualizó que, cuando llegue como gobernador a Banxico, promoverá que siga con un único objetivo. Lo paradójico del asunto es que, si también tuviese el encargo de promover el crecimiento y el empleo, podría justificar mejor su postura.

 
Catedrático de la EST-IPN
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