Varios años después de que se empieza a registrar del número de personas desparecidas en el país (1964), José López Portillo (1976-1982), dijo que lo peor que nos podría pasar es que nos convirtiéramos en un país de cínicos. Eso, como sociedad, no lo pudimos evitar; “superamos” la advertencia. Hoy, estamos en tiempos de descomposición, insensibilidad y deshumanización; indiferencia y evasión.

En números fríos e inapelables, el Registro Nacional de Personas Desaparecidas o no Localizadas lo reconoce: no se sabe nada de más de 100 mil seres humanos. Los incontenibles grupos criminales los arrancaron de su familia, su hogar, su comunidad.

Ese problema, cierto, data de varios años. Pero sólo en este este sexenio van 31,533 casos. Además, en 2021 hubo 33,308 asesinatos.

Si a esos escalofriantes datos agregamos también el año pasado el costo de la violencia en el país alcanzó 4.9 billones de pesos, equivalente al 20.8 por ciento del PIB, según el reciente informe del Instituto para la Economía y la Paz, el cuadro no puede ser más aterrador.

Los homicidios, secuestros, violaciones, robos y todo tipo de delitos son tan visibles y frecuentes, que a nadie escandalizan. El mexicano ha perdido su capacidad de asombro. Su facultad de indignación está muerta. El derecho de exigir seguridad está dormido. Vive ausente de la cosa pública. No le importa lo que pase en su entorno. No reacciona ante ninguna atrocidad. No lo conmueve ningún acto de barbarie. O se resigna, o huye de la realidad.

Desde hace más de medio siglo, los gobiernos han mantenido un discurso de pasividad, permisividad y tolerancia ante la devastadora acción de los innumerables grupos criminales que se han adueñado de amplios espacios territoriales, impuesto derecho de piso y despojado a miles de personas a las que no les han dejado más alternativa que el destierro para conservar la vida.

Del número de muertes, desaparición de personas, desplazamientos y pérdidas materiales, no hay referente en el mundo. En esos rubros, como México, no hay dos. Eso no ocurre en ningún lado, mucho menos en tiempos de paz y donde rige la democracia. Por menos, las autoridades encargadas de brindar seguridad habrían sido destituidas casi en cualquier lado.

Un país se gobierna con la ley, o no se gobierna. El poder de la palabra de los políticos, únicamente se ve cuando se apoya en la norma y se refleja en el bienestar común. Eso es lo insalvable por hacer aquí.

Para que cesen la zozobra, el temor y la amenaza, es indispensable la rígida observancia del Derecho. Sólo mediante su irrestricta aplicación se podrá poner freno a la impunidad, la corrupción, la inmunidad, la connivencia entre gobernantes y criminales.

Hace más de 300 años, John Locke estableció en su Ensayo sobre el Gobierno Civil que el hombre puede destruir al que le hace la guerra por la misma razón que puede matar a un lobo a o un león, pues el hombre que declara la guerra no se halla bajo los lazos de la razón, sino que su única regla es la fuerza y la violencia.

¿Cómo los mexicanos perdimos la capacidad de asombro y sensibilidad y pasamos a un estado de frialdad e indiferencia frente a hechos y cifras tan espeluznantes que en ningún otro país se registran hoy en día… ni mucho menos se tolerarían?

Sotto Voce.- Humberto Moreira, exgobernador de Coahuila quien heredó el cargo a su hermano Rubén, “se la tenía guardada”, y ha comenzado a cobrársela descalificando a su cuñada Carolina Viggiano como posible ganadora de la elección para gobernador de Hidalgo. Sin embargo, él, según se sabe, es investigado por un desavío de 30 mil millones de pesos. Bien dijo: se escoge al amigo y a la esposa, pero no a los hermanos. Un caso más de Caín y Abel…. Al parecer, no sólo en Morena, sino en dos partidos de oposición, se empieza a considerar, evaluar y estudiar a Juan Ramón de la Fuente como uno de sus posibles candidatos para competir por la presidencia.

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