No confundir: la clase media no es media clase

Óscar Mario Beteta

Cuanto más extensas y poderosas son, reflejan la acertada conducción de un gobierno

Uno de los propósitos centrales sobre los que el presidente llegó al poder, que era la búsqueda de la igualdad social a través de su lema “primero los pobres”, fue cancelado discursivamente después del resultado electoral del seis de junio, cuando su partido, sin haber conseguido poco, no alcanzó todo lo que esperaba y atribuyó el resultado a la “actitud aspiracionista” de las clases medias.

Históricamente, este sector ha sido el que más atención de los gobernantes ha tenido en todo el mundo. He aquí algunas de las razones:

Las clases medias son un seguro de cobertura completa para los estados nacionales. Cuanto más extensas y poderosas son, reflejan la acertada conducción de un gobierno, la seguridad, avance, prosperidad, estabilidad y el orden de una comunidad.

Estas, son especialmente alentadas, propiciadas y recreadas porque son un antídoto infalible contra la discordia, las sediciones y las revueltas.

En todo tiempo y lugar, los gobernantes procuran ampliar ese segmento en todas sus decisiones porque saben que es el amortiguador que evita la polarización, confrontación y los choques sociales, con consecuencias que suelen ser funestas para ellos mismos.

La generación de las clases medias está vinculada estrechamente con las políticas públicas de un gobierno, que debe darles los instrumentos indispensables para que avancen en la escala social hacia la igualdad, indicador incuestionable de justicia y buen gobierno.

Para ello, la educación es vital. Esta es la oportunidad de cristalizar mejores estadios de bienestar. Y éste, en sí mismo, es una libertad que todo ser humano anhela siempre. Hacerlo para establecer diferencias y distancia respecto de otros no es inmoral.

Al potente catalizador que es la ilustración, se halla indisolublemente asociado al sentimiento de ser mejor cada vez en todos los sentidos. No pocas veces se traduce en la concreción de una superioridad que, bien orientada, sería susceptible de motivar a todo un país en la búsqueda de ese status. Por eso existen las potencias mundiales.

Sin sueños ni ideales; sin utopías ni aspiraciones, que son absolutamente humanas, en ningún lado las sociedades podrían haber logrado mucho.

Sin la aspiración eterna, colectiva, de ser mejor, la Humanidad no habría coronado sueños como el de volar, explorar otros planetas o desarrollar los incontables medios que hacen su vida más confortable.

En datos del Inegi, el 42.4% de los hogares donde vive el 39.2% de la población, es de la clase media, nivel al que ha llegado con un esfuerzo personal extraordinario, acompañado de un aspiracionismo que nunca debe terminar. Ese sentimiento-motivación, debería construirse incluso como una cultura. Lo es en otros países.

La educación, que conlleva la capacidad de opinión, análisis, exigencias y posibilidades de cambio, fueron las herramientas con las cuales miles de clasemedieros ejercieron su derecho al voto en junio. Y para 2024, con todo lo que se diga o se haga en su contra, ahí estarán…

SOTTO VOCE…

La alcaldesa electa de Valle de Bravo, Michelle Núñez Ponce, llega al cargo respaldada por un gran apoyo en las urnas y con el compromiso de resolver el problema del bajo nivel que tiene la presa; investigar y castigar las corruptelas de la pasada administración, que permitieron desviar el agua de cauces naturales a ranchos y terrenos privados, rechazar cualquier arreglo con la delincuencia organizada y repavimentar las calles… Atinadísima, la propuesta del presidente López Obrador, de eliminar las absurdas senadurías y diputaciones plurinominales. Menor cantidad, mayor calidad.

 

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