Del “enriquecimiento inexplicable”, al saqueo comprobable

Óscar Mario Beteta

El Estado de bienestar, que debe tener la igualdad y la fraternidad; la democracia y la justicia; la honestidad y austeridad como sus bases, de acuerdo con el ensayo presidencial La nueva política económica en los tiempos del coronavirus, es un ideal que podría empezar a cristalizar aquí a partir de la Razón de Estado. Es de observancia indispensable en este tiempo de dolor, obscuridad e incertidumbre.

El inicio de la construcción de ese Estado nuevo que visualiza Andrés Manuel López Obrador, puede estar, en parte, en un dato que él mismo citó al presentar la que podría considerarse una visión única de lo que debe ser la realidad posterior al Covid-19. Éste, sin los principios y el espíritu que reclama AMLO para la economía, no habrá dejado nada.

De acuerdo con la revista Forbes —comentó— los 8 billones de dólares que poseen 2 mil 95 personas, equivalen a 32 años del presupuesto de México. Aunque no figuren en esa lista, con certeza hay muchos cuyo dinero ha sido sustraído de las arcas nacionales ilegalmente por décadas. Las informaciones que prueban la corrupción son tan frecuentes como aberrantes. El enriquecimiento de no pocos, es perfectamente explicable; se ha dado desde el poder.

De apelar a la Razón de Estado, cuyo propósito es conservar esa entidad y salvaguardar a la sociedad a cualquier costo, el gobierno tendría recursos suficientes para afrontar las crisis sanitaria y económica derivadas de la pandemia de Coronavirus.

Con la decisión de recuperar realmente para el pueblo lo incalculable, que los políticos le han robado, se cumpliría uno de los más importantes ofrecimientos que permitieron al presidente obtener el aval de más de 30 millones de ciudadanos en las urnas, y sentaría la base más fuerte y duradera de su Cuarta Transformación.

Y de que puede esgrimir la Razón de Estado, ¡por supuesto que puede! La apelación a ese recurso, dados los fines que perseguiría, que es evitar el colapso del país, lo permite absolutamente todo. Salvar al pueblo con decisiones aparentemente inmorales, como sería recuperar aquello de lo que ha sido despojado, daría a la política su verdadera dimensión, su genuina moralidad, la ética que la debe sostener, la razón de su existencia.

Para actuar pronto y eficazmente, las autoridades saben muy bien quiénes, por años, saquearon el erario, dónde ocultaron o invirtieron el botín; con seguridad, tienen nombres de cómplices, socios y prestanombres. Definido el propósito y teniendo los instrumentos para alcanzarlo, no hay nada que no pueda hacer el Estado.

Además, los casos de escandalosa prevaricación, están al día. Muchos de los más notorios datan del sexenio pasado. El miércoles, se publicó que el expresidente Peña otorgó contratos millonarios a empresas vinculadas con su familia. El propio López Obrador ha pedido que se investigue. Lo importante es que lo mal habido regrese a quienes les pertenece.

Otro caso representativo de descarada corrupción es el de Javier Duarte, a quien se imputó haber asaltado y endeudado Veracruz; se le impuso una multa de 58 mil pesos y nueve años de prisión, y se le devolvieron 40 inmuebles.

La Razón de Estado en México es indispensable ahora. Puede ser la salida más inmediata, segura y confiable de la pandemia. La sociedad aclamaría esa decisión. El mandato presidencial tomaría una dimensión óptima y el Estado nuevo que concibe AMLO tendría, realmente, su plataforma de despegue. Es la oportunidad nacional con un presidente a quien, lo menos que le interesa, es la riqueza personal y el dinero, y hace todo por trascender la Historia.

Sotto Voce…

La propuesta de Alfonso Ramírez Cuéllar de que se mida la riqueza, tendría mejor suerte si se enfocara a una reforma fiscal…La vida nacional está trastocada por el Covid-19. Nada de lo que se anuncia es seguro. La nueva normalidad será la realidad desconocida.

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