Históricamente, el presidente de México lo es todo durante un sexenio y lo demuestra palmariamente a cada momento. Pero como nadie jamás, Andrés Manuel López Obrador reúne todo el poder, lo exhibe abiertamente y lo ejerce en forma infalible en la doble vertiente teórica de Nicolás Maquiavelo para gobernar eficazmente: haciéndose amar y haciéndose temer.

A la manera como los políticos del primer círculo de Norteamérica llevan siempre en su portafolio el respaldo de las Fuerzas Armadas y, caso dado el botón nuclear para arreglar los asuntos importantes de su país, López Obrador acude cada mañana a sus conferencias provisto del respaldo de cinco poderosas instituciones que, real, ostensible y simbólicamente, representan el poder total que encarna.

La primera de ellas, son el Ejército y la Marina que, como nunca, tienen presencia en muchas actividades y funciones estatales, además de su deber salvaguardar la soberanía y la integridad del país. La lealtad y entrega que esos cuerpos le profesan en sus titulares, Luis Crescencio Sandoval y José Rafael Ojeda Durán, es sólida, indudable e indestructible. Su vínculo está hecho a toda prueba.

La segunda, es la FGR que, aún con su status independiente, su titular, Alejandro Gertz Manero, hace observar la ley sin distingos, muy aparte del vínculo que lo une al titular del Poder Ejecutivo.

La tercera palanca del enorme poder presidencial, es la UIF, que dirige Santiago Nieto; con ella, sabe todos los movimientos financieros de todos y la utiliza sin reservas para poner orden en el manejo de dinero, atacar la corrupción, aplicar la ley y sentar una de las piedras angulares más fuertes de la 4-T.

El cuarto resorte es el SAT, encabezado por Raquel Buenrostro, colaboradora de toda su confianza por su eficacia, honradez y severidad. Con esa institución está llamando a cuentas a quienes, tras evadir impuestos, tendrán que ponerse al corriente.

El quinto factor es la Procuraduría Fiscal de la Federación, cuyo titular, Carlos Romero, con hechos, reitera que se acabaron los intocables y que, quienes no paguen sus contribuciones, deberán atenerse a las consecuencias.

El estilo personal de gobernar no tiene parangón con sus antecesores. Como nadie, hace sentir su poder para bien de los millones de ciudadanos que lo llevaron a la primera magistratura y para mal y malestar de los que no entienden, no aceptan o se oponen a su Proyecto de Nación.

Como en ningún otro sexenio, las instituciones que utiliza para ejercer el mando en esa difícil cuanto rara dualidad de hacerse temer y hacerse amar, toman ahora un papel esencial, alejadas como nunca de la selectividad, subjetividad y privilegios a los que estaban acostumbrados con ellas unos cuantos.

Reconocer esa realidad, debe serles útil para ser conscientes de que enfrentarse al Leviatán, ese monstruo mítico institucionalizado en el Estado, no ofrece ninguna ventaja y, en cambio, promete todas las desgracias...

SOTTO VOCE…

Mario Zamora, candidato del PRI-PAN -PRD al gobierno de Sinaloa, ha recorrido dos veces el estado para escuchar a la sociedad. Se perfila para ganar la elección… Atinada y justificada, la decisión de la titular de la SSPC, Rosa Isela Rodríguez, de llamar a su antecesor, Alfonso Durazo, para que explique por qué se autoasignó a 57 marinos para que lo “cuiden” en su desangelada y seguramente fracasada campaña por la gubernatura de Sonora. Si todos los candidatos y candidatas que compiten por las 15 los gobiernos que se disputarán en junio cayeran en esos excesos, se requerirían casi 4 mil elementos militares y de la Guardia Nacional (casi 60 por cabeza), para darles “protección”. Por andar de “chapulín”, olvida que ya no son los tiempos de antes.

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