De la omnipotencia de la delincuencia

Óscar Mario Beteta

El animal más salvaje es el hombre sin ley, postulan los teóricos políticos de todos los tiempos. Y hoy, como nunca, vemos eso por doquier, pero especial y dolorosamente en México, donde nada ni nadie es capaz o está dispuesto a detener el oleaje criminal que ha esclavizado a todos con base en el miedo, la incertidumbre y la zozobra.

El ambiente de inseguridad que prevalece desde hace décadas, y que se ha acentuado en los últimos años, no tiene límite ni freno de ningún tipo. Los protagonistas de la criminalidad, desprecian y pisotean el orden legal y todo principio moral. Quien trate de oponérseles, simplemente es aniquilado. Su único móvil es el dinero y todo lo que con él se puede tener.

El clima de terror que envuelve al país, se recrea sobre componentes que parecen soslayarse conscientemente. El delito no se castiga por la corrupción, que permite comprar a la autoridad; a su vez, esa práctica genera y alimenta la impunidad, de donde se sigue la inmunidad y la excepcionalidad de la que gozan quienes deberían ser puestos lejos de la gente.

Esos perniciosos cuanto innegables hechos, demostrables cada día, apuntan a la demolición del Pacto Social y, por extensión, a la quiebra del Estado de Derecho, asideros sin los cuales las sociedades caminan presurosas a su perdición.

Con lo anterior, aquí, asoma un proceso de involución, un regreso del Estado Social al Estado de Naturaleza, en el que prevalece la violencia, con los propósitos más destructivos y funestos por quienes se sienten y/o “están autorizados” para hacerlo.

El poder en México, entendido como la capacidad de unos de hacer su voluntad sobre los otros, máxime si es por la fuerza, ha sido capturado por un reducido grupo que sólo lo usa para sí, al costo de arrasar a los demás.

Con las trazas que presenta ese fenómeno ahora, parece estar surgiendo la peor de las tiranías que haya existido jamás. La caída del Estado de Derecho y el ascenso-predominio de un posible Estado Criminal, sería un hito en la historia, lo cual es escalofriante.

Aún con la gravedad de lo anterior, hay una salida, que sólo está en la recuperación y aplicación sin reservas de las normas, hechas mirando a conservar el Estado y a procurar el orden, la paz, la seguridad y la justicia.

“El Derecho no puede ser lo que debe ser, a la vez factor de orden social y promotor del Bien Común, más que a condición de apoyarse sobre la fuerza o, mejor aún, de llevar en sí la fuerza (…) lejos de ser la antinomia de la fuerza, el Derecho la postula y la justifica”, dice Goerges Bordeau, pues sin ella, es inalcanzable la justicia, que es su fuente de vida.

Así, no hay opción. O quienes deben hacerlo esgrimen el Derecho para contener la descomposición generalizada derivada de la inseguridad-corrupción-impunidad, o seguimos en estado de indefensión.

Donde hay sociedad, hay Derecho, dice otra premisa política de larga data. Hoy, aquí en teoría, ese instrumento existe. Y no hay ningún motivo para no ejercerlo. Pero para que realmente sea útil, es indispensable llevarlo a la práctica con el mayor rigor.

SOTTO VOCE…

Con discreción, pero con eficiencia, el gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz, continúa adoptando medidas atinadas y oportunas en favor de sus gobernados, a fin de superar la crisis de la pandemia…Muy necesaria, por un lado, y muy racional, considerada y oportuna, por otro, la condonación de recargos y multas en el cobro de predial y tenencia en la Ciudad de México debido a la pandemia…Independientemente de las alianzas entre los partidos, el electorado pondrá más atención en el perfil e historial de cada uno los candidatos.

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