Una vez más, pero como en muy pocas ocasiones en la historia, el mundo todo se halla atrapado entre una pandemia y una crisis económica. Para escapar de ese infierno, todos, sin excepción, tienen una salida práctica, racional y segura, con independencia de cuánto tiempo demoren en encontrarla.

Esa puerta, que literalmente es de emergencia, puesto que se trata de la vida o la muerte de miles de empresas y de personas, contagiadas por la enfermedad, se llama Capital. Este es la única oportunidad real y confiable que hay para todos. Y cuanto más rápido se apele al potencial que entraña, más pronto pasará la pesadilla.

Para aprovechar la oportunidad, se necesita conciencia del deber de los gobernantes de salvaguardar la integridad y la existencia de sus gobernados. China, donde se originó el Covid 19, tiene la fortuna de contar con un genuino estadista que les respondió eficaz, contundente e inmediatamente.

Su presidente, Xi Jinping, dispuso todo para contener la epidemia interiormente. Ordenó aislar a los 11 millones de personas que viven en Wuhan y salvó a más de mil 300 millones de compatriotas. La herramienta básica que usó fueron muchos recursos económicos, aunados a medidas acertadas, prontas y suficientes. La gente se disciplinó.

Después de la experiencia, es probable que ese gigante vuelva a la dinámica de crecimiento que tenía. Con ello, podría apuntar a ser la nueva hegemonía planetaria.

La nación que ocupa todavía ese lugar, Estados Unidos, se demoró en actuar contra el poderoso enemigo que acecha por todos, pero luego de ver que es real por el número de contagios y de muertos que ha causado, Donald Trump empezó a movilizar la inmensa capacidad económica de Norteamérica para atajar el coronavirus.

La fórmula es la misma: dinero. Para ello, pidió al Congreso canalizar 2 billones de dólares tanto a las acciones de contención de la pandemia, como de apoyo a ciudadanos, empresas y la búsqueda de una vacuna. Su afán último podría ser que su país no pierda la preponderancia que tiene en todos los rubros, construida sobre el capital. Y no hay que olvidar que quiere seguir en la Casa Blanca.

En países donde se ha manifestado con mayor virulencia la enfermedad, el recurso para contenerla también ha sido y es esencialmente el dinero. Ayer, el G-20 acordó inyectar 5 billones de dólares a la economía global para amortiguar el impacto derivado del coronavirus.

Aquél que pretenda salir del atolladero que hoy envuelve a todos sin apoyarse en el capital, no sólo no lo conseguirá al ritmo que podría y se requiere, pero el sufrimiento por la pérdida de vidas, los contagios, el cierre de empresas; el desempleo, el hambre y la desesperación, serán aún mayores y la guadaña estará pendiendo sobre millones.

En México, el gobierno parecía no tener urgencia ante la emergencia. Había desestimado la percepción de la sociedad y su clamor de que actuara. Ya lo está haciendo. Sólo el tiempo dirá si su “estrategia” de ir a otro ritmo, tenía fundamento.

Haber sido uno de los últimos países en el continente americano que comenzó a infectarse, podría darnos una ventaja comparativa y competitiva frente al resto. Las medidas de prevención, distancia y asilamiento son la clave que puede atenuar las consecuencias que se han vivido en otros países.

SOTTO VOCE…

Excelente gesto, el de Slim, Larrea y Coppel, de donar millones, para contener el Covid-19. Otros podrían imitarlos…La Junta de Gobierno de la UNAM reeligió por unanimidad y con elogios al doctor Raúl Contreras Bustamante como director de la Facultad de Derecho por su férrea oposición a que algún grupúsculo la “tome” y la paralice, así como por las acciones que ha iniciado en favor de la equidad de género, a las que deberá dar continuidad.

ombeluniversal@gmail.com @mariobeteta

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