Pajarear, la actividad de antaño para proteger a las aves

#OrgulloMexicano

El decir “andar pajareando” puede hacernos pensar en una persona vaga o distraída. Sin embargo el pajareo es una actividad sencilla que incluso sin experiencia previa puede fomentar el respeto hacia las aves.  

Texto: Elisa Villa Román
Fotos: Cortesía

Las aves han llamado la atención de la humanidad desde épocas antiguas y el poema de Nezahualcóyotl inspirado en el canto del cenzontle es un ejemplo de ello. Incluso el Códice Florentino (compendio de historia, religión, cultura y lengua nahua), incluye un apartado sobre las aves de Tenochtitlán y Tlatelolco.

Según este documento, Tenochtitlán albergaba 41 aves en su mayoría acuáticas, mientras que Tlatelolco era hogar de 108, mayormente terrestres.

El Códice Florentino fue escrito en la década de 1560 por un grupo de estudiosos mexicanos, nativos de la élite, ayudantes de Bernardino de Sahagún. Es el primer trabajo regional conocido que incluyó un compendio de aves. Para el investigador Paul D. Haemig de la Universidad Linneo, este apartado del Códice Florentino constituye el nacimiento de la ornitología mexicana.  
 

Sonido captado por Ron Overholtz en mayo de 2020. Fuente: Xeno-Canto.

El Valle de México guarda una estrecha relación con especies que encontraron la manera de adaptarse a la urbanización. Su zona metropolitana es una ciudad que se asentó encima de un ecosistema todavía vinculado con sus habitantes.

Durante la primavera cientos de aves se reproducen y muchas migran como parte de su comportamiento natural. Si pone atención notará que sus cantos son de diferentes timbres, intensidades y duraciones. La curiosidad lo ha traído hasta aquí y ahora puede levantar la vista en busca del emisor del mensaje. Está pajareando.

“Pajarear” tiene varios significados según la Real Academia Española: cazar pájaros, andar vagando sin ocuparse en cosa útil o enterarse de algo con disimulo. En este caso nos referimos a la observación de aves.

Ilustración antigua: Códice Florentino. Ilustración actual: Pareja de Jilgueritos Dominicos (Spinus psaltria). Esta especie muestra dimorfismo sexual, donde el macho (izquierda) y la hembra (derecha) son distintos. Imagen elaborada por Rafael Calderón en 2013.

Las aves viven en cualquier lado, incluso en los lugares más grises de las ciudades contaminadas.

El zanate (Quiscalus mexicanus), originario de Veracruz, fue introducido al Valle de México por el emperador Ahuízotl entre 1486 y 1502. Con el tiempo se convirtió en un pájaro común en casi todos los rincones de la ciudad.
 

Canto del Zanate mayor. Fuente: Cantos de aves de la Ciudad de México

Su distribución a raíz del pedido de Ahuízotl es tema de investigación para biólogos intrigados por su avistamiento en lugares donde por sí solo no llegaría, pero hay evidencia de que los pueblos precolombinos los distribuyeron manualmente y las aves se adaptaron.
 

Conocer para proteger

En 1962, el coronel Ignacio Fuentes, de la Sociedad Mexicana de Aves y Ciencias Cívicas, escribió en que los pájaros deberían ser protegidos por la ley, pues eran víctimas de constantes abusos por parte de las personas.

“Una vez vimos a un vendedor con una especie de gallitos minúsculos hasta con espolones. Eran chichicuilotitos (Calandris minutilla) a los que les había pegado plumas, crestas y espolones adecuados a su tamaño y así los vendía como rarezas. No hubo autoridad que castigara al defraudador porque no hay una ley federal de protección a los animales”, denunció Fuentes.

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Muchos dejaban de cantar en cuanto los enjaulaban: “Pájaros magníficos, artistas solitarios y libres que no admiten la prisión de la jaula, que no reconocen otro escenario para sus actuaciones que la Naturaleza”. Publicación en EL UNIVERSAL ILUSTRADO, 1931.

En los diarios se pueden encontrar historias de gente que quiso enjaular a las aves para tener sus cantos cerca o entrenarlas con maltratos para que cumplieran tareas.

El reportero Alex escribió en 1931 que los pájaros enjaulados eran “la fórmula para asegurar la felicidad del hogar” y detalló que los mercados de la ciudad estaban repletos de clarines, jilgueros, periquillos australianos, canarios, cenzontles y gorriones transportados en jaulas.
 

Canto del Jilguero Dominico (Spinus psaltria). Pone de 3 a 4 huevos azules y vive en grupos numerosos. Fuente: Cantos de Aves de la Ciudad de México.

Según el texto, los precios de cada ave oscilaban entre uno y veinte pesos a inicios de los años 30. Se pagaba por su habilidad para el canto: “Esto no lo saben los pájaros, por fortuna. Ellos cantan para sí mismos, que es una manera de cantar para todos”. 

En 1942 Luz María Durand escribió sobre los pajaritos entrenados para leer la suerte o bailar con trajecitos frac en las ferias de pueblo. “¿Recuerda usted con especial cariño a alguno de sus pájaros?", preguntó la reportera a un entrenador.

"Sí, a un gorrión que trabajó conmigo por la sierra de Veracruz. Había ferias teníamos que trabajar muchas horas y mientras todos sus demás compañeros, cansados, se negaban a hacerlo, aquel gorrión ya sin poder levantarse seguía obedeciéndome y sacando fortunas para los que llegaban", respondió.

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"Cuando yo era un chiquillo que no sabía lo que hacía, muchas veces fui cruel con los animales, disparaba a los pájaros pedradas y ligazos. Quién iba a decirme que más tarde los pájaros iban a mantenerme a mí y a toda mi familia". Publicación en EL UNIVERSAL ILUSTRADO, 1942.

Estos pajarillos eran exhibidos como animales "mansos" pero en realidad les introducían municiones de plomo en el estómago para que el peso les impidiera volar. Y huir.

Ignacio Fuentes criticó duramente que no existían leyes de protección animal. Tuvieron que pasar cuatro décadas para que por fin se decretara la Ley General de Vida Silvestre en julio del año 2000.

Uno de los puntos a destacar es que las aves de la familia Psittacidae, loros y pericos, no pueden ser comercializadas en territorio nacional. Estas aves se vendieron tanto que ahora están en peligro de extinción.

Hoy, gran parte de los pericos y guacamayas silvestres que se venden provienen del tráfico ilegal, motivados por personas que los compran por sus cantos o belleza exótica. Sin embargo existen actividades para frenar estas prácticas.

nabci_monitoreo_aves.jpgLos muestreos de aves se pueden realizar en distintos tipos de hábitats: cultivos, bosques, ríos, lagunas, etc. Foto: Nabci.

Las aves dispersan semillas, polinizan flores y consumen insectos o roedores que podrían convertirse en plagas. Son un grupo ampliamente monitoreado en diferentes partes del mundo porque son fáciles de ver y escuchar, están en casi todos los hábitats y sobre todo, son indicadoras del estado de salud del ambiente.
 
El monitoreo enfocado en la conservación y el conocimiento de las aves es útil para conocer amenazas a los ecosistemas y por lo tanto, a las poblaciones humanas. México cuenta con la Red de Monitoreo Comunitario auspiciada por la Conabio y la Iniciativa para la Conservación de las Aves de América del Norte (Nabci).

red_de_monitoreo_comunitario_de_aves_conabio_libro.jpgGuía de identificación de aves. Foto: cortesía Red de Monitoreo Comunitario.

Los miembros de la red realizan recorridos mensuales para muestrear aves, las ilustran o fotografían, acuden a congresos y dan pláticas en sus comunidades para evitar el tráfico de aves.

Los datos recabados por los monitores son incorporados al programa “aVerAves”, disponible en Internet. Esta herramienta aporta información útil a científicos y manejadores de recursos naturales sobre el estado de los ecosistemas. Hasta enero de 2020 se tenían registrados 99 grupos de observación en todo el país.

Tótotl es parte de la Red de Monitoreo. Este proyecto con sede en la Ciudad de México inició en 2010 con recorridos por la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel. Desde muy temprano, personas de todas las edades se reúnen en grupos pequeños para pajarear en caminatas silenciosas convocadas cada cierto tiempo.

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Colibrí berilio (Amazilia beryllina), una de las especies más comunes de la Ciudad de México. Fotografiado en el Parque Ecológico de la Cdmx por Ubaldo Márquez.

Ubaldo Márquez, biólogo y colaborador de Tótotl, dice que se puede pajarear de manera independiente si uno aprende lo básico. Eso sí, siempre en grupos pequeños y sin hacer mucho ruido porque eso podría estresarlas, especialmente si son aves migratorias.

“Las migratorias vienen al límite de sus requerimientos energéticos y usan la Ciudad de México como lugar de paso. Si uno las está llamando, las estresa y pierden energía necesaria para seguir su viaje”, dice.

En la capital habitan 383 especies de aves de las cuales el 45% son migratorias. Gran parte de ellas llegan desde Estados Unidos (incluyendo Alaska) y Canadá. Márquez señala que la participación de las personas en el pajareo es importante para conservar y proteger a las aves.

gorrion_serrano_nabci_2010.jpgGorrión Serrano sostenido por un especialista para su observación. Foto: Nabci, 2010.

El biólogo recomienda que los interesados se inscriban al programa Naturalista, una comunidad en internet para compartir fotos de plantas, hongos y animales. Así las personas aprenden a identificar especies mientras hacen ciencia ciudadana.

Pero sobre todo pide no comprar fauna silvestre, sea nativa o importada, pues es una de las prácticas que orilló a distintas especies al borde de la extinción y su crianza en cautiverio se convirtió en la última oportunidad de una vida digna para estos animales afectados.
 

Observarlas, no enjaularlas

En las redes sociales se han hecho frecuentes las publicaciones sobre avistamientos de aves y otras especies en algunas ciudades, pues el gran confinamiento mundial mantiene a los humanos en sus casas mientras los animales salen a apropiarse de las calles.

“Es muchísimo más valioso y bonito observar un ave y escucharla cantar en libertad, que tenerla enjaulada”, dice el biólogo Vicente Rodríguez, especialista del programa Nabci.

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gente_pajareando_en_el_jardin_botanico_de_oaxaca_vicente_rdz_1.jpeg Gente pajareando en el Jardín Botánico de Oaxaca. Fotos: cortesía Vicente Rodríguez.

Rodríguez dice que últimamente se escuchan más aves porque el ruido ha disminuido y ahora les prestamos atención.

“Al estar en tu rutina es difícil que te pongas a observar detalles, como si hay un pájaro en el árbol. Creo que las aves siempre han estado ahí, pero digamos que no tenemos el radar sintonizado para detectarlas. Ahora tenemos tiempo para darnos cuenta de todo lo que está pasando ante nuestras ventanas”.

Él lleva trece años pajareando en actividades que involucran a la ciudadanía. Con el paso del tiempo ha notado cómo las personas se involucran y cada vez son menos quienes tienen aves enjauladas. 
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Los observadores de aves hacen anotaciones y dibujos en sus libretas. Logran que sus ilustraciones sean fieles a la realidad. Esta y la imagen principal fueron obtenidas del cuaderno de Annamaría Savarino, pajarera e ilustradora. Foto: cortesía.

Se necesita poco para salir a pajarear. Basta con una libreta, unos binoculares y una guía de campo con ilustraciones que se puede descargar al teléfono. El especialista recomienda la aplicación Merlin Bird ID, de la Universidad de Cornell. Con ella se pueden observar aves de todo el mundo con sus respectivas imágenes y cantos para facilitar su identificación.

“Hay aves en cualquier lado. Aunque estés en la parte más gris de la ciudad, si pones atención a lo que está pasando, durante los diferentes momentos del día podrás encontrar mínimo cinco o diez especies diferentes”, dice.
 

Canto de pájaros captados por Ana, habitante de La Romana, en Tlalnepantla, Estado de México el 20 de mayo de 2020. Ana ha reportado el olor de fábricas aledañas que generan contaminación en la zona. También cuenta que en una ocasión un colibrí entró por su ventana.

Rodríguez dice que los ecosistemas están conectados y sus afectaciones se notan a nivel global. “Nuestras acciones tienen repercusiones mucho más allá de lo que podemos imaginar. El deterioro de los ecosistemas nos afecta aunque estemos al otro lado del mundo, pues estamos embebidos en la naturaleza”.
 

El llamado a la acción

Existen ejemplos de personas en todo el mundo que se organizan para hacer ciencia en su vida cotidiana. Esto se llama “ciencia ciudadana” o “participativa”. Con ella la comunidad se organiza para observar el espacio que comparten y tomar decisiones en conjunto.

“Si no involucras a las personas en la protección de sus propios recursos, ningún proyecto de conservación va a tener éxito”, dice Rafael Calderón, biólogo e ilustrador científico que busca sensibilizar sobre el cuidado del medio ambiente combinando la ciencia con el arte.

En su trabajo como ilustrador reconoce que la atención al detalle es importante para divulgar con exactitud el conocimiento sobre las aves.

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Bocetos utilizados en la ilustración científica. Cortesía Rafael Calderón.

El biólogo menciona las dificultades de fotografiar aves con características no tan comunes entre su misma especie.

“En la fotografía dependes de la luz, la perspectiva, la posición del ave y de la variación entre individuos. En cambio, con la ilustración puedes lograr una imagen que muestre las características más distintivas de una especie”, dice.

También  señala que se corre el riesgo de captar aves con el plumaje dañado por huir de depredadores, manchados de polen o agua que alteran los colores de las plumas.

“Normalmente es bastante complicado obtener una foto lo suficientemente buena que muestre todo lo que se necesita observar en un ave para poder identificarla”. En esas situaciones, la ilustración científica es el instrumento de divulgación más completo y apegado a la realidad.

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Poema e ilustración de unos pájaros en EL UNIVERSAL ILUSTRADO, 1926.

México ocupa el octavo lugar a nivel mundial en diversidad de aves, con más de cien endémicas y 30% de ellas habitan en la capital, según la guía de campo Aves comunes de la Ciudad de México, de la Conabio.

Calderón dice que durante la cuarentena nos fijamos más en el entorno y cosas que siempre han estado ahí se miran como nuevas. La naturaleza no se detiene. Se le puede seguir observando, con cuidado, desde las ventanas. Por eso la próxima vez que “ande pajareando”, procure llevar una libreta y binoculares.    

Fuentes:
Entrevistas:
-Biol. Vicente Rodríguez
-Biol. Ubaldo Márquez
-Biol. Rafael Calderón
Hemeroteca y Fototeca EL UNIVERSAL
Archivo fotográfico: Nabci y Red de Monitoreo Comunitario de Aves, de la Conabio
Artículo: “Una comparación de las contribuciones de las ciudades aztecas de Tlatelolco y Tenochtitlan al capítulo de aves del Códice Florentino”, 2017. Paul D. Haemig. Revista Mexicana de Ornitología. http://dx.doi.org/10.28947/hrmo.2018.19.1.304
Sitio web: Pericos mexicanos en peligro, acceso https://www.pericosmexico.org/
Ley General de Vida Silvestre. Acceso: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/146_190118.pdf
Guía de campo para imprimir "Aves comunes de la Ciudad de México", de la Conabio. Acceso: http://www.paismaravillas.mx/assets/pdf/guia_aves_comunes.pdf

Los cantos de aves se obtuvieron de las siguientes plataformas:
Xeno-Canto, proyecto de participación ciudadana:
https://www.xeno-canto.org/species/Mimus-polyglottos

Cantos de aves de la Ciudad de México, por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad:
https://www.biodiversidad.gob.mx/cienciaciudadana/cantos_aves_cdmx

Directorio de clubes y grupos de observadores de aves en todo el país:
https://www.biodiversidad.gob.mx/media/1/especies/files/grupos_observado...

 

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