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Mexicana crea fundación para ayudar a niños con cáncer

América, estudiante de enfermería de la UNAM, tiene una fundación con la que ayuda a cumplir los sueños de niños con cáncer y enfermedades terminales. Su mayor pasión es ayudar, por ello combina el trabajo de su fundación con la escuela.
01/02/2020
00:36
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Texto: Daniela Jurado
Fotos: Cortesía y Adrián Santiago

América Espinosa, estudiante de enfermería en la FES Iztacala de la UNAM, soñaba con bailar el vals de XV años junto con su mejor amiga:  Fanny,  pero  no fue posible porque  murió a causa de cáncer

América y Fanny se conocieron desde niñas, ambas eran muy unidas. En el día se veían en la escuela y algunas noches organizaban pijamadas para seguir compartiendo tiempo juntas. Cerca de cumplir 15 años planeaban su fiesta durante los recreos. 

Un día, Fanny dejó de ir a clases. Había sido diagnosticada con un tumor en el cuello. “Cuando me enteré que mi mejor amiga tenía cáncer le dije a  mi mamá  que me quería cortar el cabello para  regalarle una peluca”, cuenta América, en entrevista.

“Como mi donación no era suficiente para cumplir el objetivo inicié una campaña en la secundaria para recolectar, lo cual fue un éxito, porque participaron muchas compañeras”. Para ello, tuvo el apoyo de una de sus maestras de la escuela, relata América. 

Al poco tiempo Fanny falleció, celebrar con su amiga ya no iba a ser posible. Este hecho impulsó a América a crear la fundación: Donando un sueño, para ayudar a niños con cáncer. 

Cada año son diagnosticados 300 mil nuevos casos  a nivel mundial. Esta es  una de las principales causas de mortalidad entre niños y adolescentes, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

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Ahora América tiene 18 años, desde que tenía 11 empezó a cantar y actuar en shows infantiles. Acomoda sus actividades escolares y profesionales para no descuidar la fundación. En ciertas fechas  organiza posadas y convivencias donde los invitados de honor son los niños, sus familias y  voluntarios. 

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 “Un porcentaje de las ganancias de los eventos  se van a la fundación, para poderla mantener”, dice. En sus tiempos libres da conferencias motivacionales, en las que invita a la gente a ayudar. 

Respecto a las donaciones que recibe, América asegura que las redes sociales le ayudan, especialmente Facebook. “Siempre aceptamos donaciones en especie como juguetes, ropa, boletos para espectáculos infantiles, porque los apoyos económicos se prestan a malos entendidos y corrupción. Lo que nos ayuda a solventar nuestras finanzas es la recolección de tapas plásticas, las juntamos y vendemos. Así completamos para los pasajes y otras necesidades”.

La fundadora de Donando un sueño cuenta que sus papás la han apoyado mucho, pero le recuerdan siempre que la prioridad es la escuela. Por su labor social, América ganó la Presea Bernardo Quintana Arrioja cuando aún era estudiante en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), plantel Azcapotzalco. En esa ocasión  fue a recoger su premio pero su hermano menor estaba hospitalizado, por eso se lo dedicó.

En julio de 2019 la fundación dejó de trabajar debido a que Zuriel Adonai, de 11 años, hermano de América, falleció víctima del síndrome de Guillain-Barré, el cual afecta de manera paulatina al sistema nervioso e impide que lleguen señales a los músculos,  provocando que se paralicen. Hasta el momento no hay cura para esta enfermedad. 

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“Mi hermano ha sido el motor de todo lo que  hago. A él le encantaba ayudar, siempre que llegaba un niño a la fundación lo invitaba a jugar. Su muerte me pegó muchísimo, al grado de que ya no sabía si seguir con la fundación. Me molestó ya no tenerlo conmigo. Dije ‘Me he dedicado a ayudar a  todos los niños que he podido, ¿por qué la vida me pone esta prueba tan difícil? Ya lo pasé una vez con mi mejor amiga, ¿por qué ahora con él?’”, recuerda América. 

Pese a las adversidades no se dio por vencida, al contrario, eso la motivó a sumar a su fundación la ayuda a niños con enfermedades terminales. El amor que tiene por esta iniciativa fue determinante para que decidiera continuar donando sueños.
 

Una mirada agradecida

En la asociación de América colaboran voluntarios, los cuales se ponen en contacto vía Facebook con ella. Uno de ellos es Raúl Rojas, quien tiene una estética y  ha ofrecido su trabajo para niñas que han perdido su cabello, como consecuencia de las quimioterapias.

“Hace dos años me diagnosticaron un linfoma, eso fue complicado para mí. Cuando iba al hospital veía a niños que iban a tomar sus tratamientos y fue cuando tomé conciencia de la difícil situación por la que pasaban” compartió en entrevista Raúl Rojas.

Raúl ha estado presente en dos momentos importantes para la fundación: el primero cuando maquilló y colocó una peluca oncológica a Jatzi en su fiesta de XV años. “Me escribió América justamente cuando estaban planeando la celebración de una niña con cáncer en etapa avanzada. Cuando la vi, tenía un semblante muy triste, pero al terminar mi trabajo ella sonrió. Al verla feliz me dieron ganas de ayudar a más personas”.

Jatzi tuvo una fiesta  mexicana que pudo disfrutar antes de fallecer un domingo cuando iría  a Bellas Artes para ver el Ballet folclórico de Amalia Hernández.
El segundo momento fue cuando Raúl y América organizaron en el salón de belleza una donación de trenzas a cambio de un corte de cabello y maquillaje completamente gratuito. “A esta convocatoria llegó mucha gente de diversos puntos de la ciudad, no les importó la distancia. Todas se fueron contentas con su nueva imagen. Trabajar con la fundación y ser parte de ella ha sido un honor”, declara Raúl.

Después de la recolección de trenzas, América le hace llegar el cabello a Daniel Urquiza quien elabora las pelucas, mismas que son donadas sin ningún costo a las niñas que las necesiten. Cuando las reciben, sus caras se transforman. Cuenta Raúl que para elaborar una es necesario tener de 10 a 16 trenzas, que el cabello no esté maltratado y se donen de 20 a 30 centímetros, mínimo.

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Día Mundial Contra el Cáncer

El 4 de febrero es el Día Mundial Contra el Cáncer. La Secretaria de Salud del gobierno de México estima que cada año más de 5 mil niños son diagnosticados con algún tumor, la incidencia va en aumento. El 65% de los casos se detecta en etapas avanzadas, causando más de 2 mil 300 muertes anuales.

Al respecto de ello y de la labor que realiza América, la doctora oncóloga pediatra, Aurora Medina Sansón, con 27 años de trayectoria, reconoce el trabajo de las fundaciones en los tratamientos. 

“Prácticamente todos los fármacos que se usan en el tratamiento del cáncer tienen efectos secundarios a corto, mediano y largo plazo que pueden ir de leves hasta muy graves y comprometer la vida del paciente, por ello la importancia del apoyo emocional”.

Los pacientes pueden morir por las complicaciones. Es frecuente el daño a diferentes órganos, la radioterapia, por ejemplo, puede desarrollar otros tipos de cáncer. Los cuidados generales que requieren los niños son: seguir todas las recomendaciones del médico y acudir al hospital cuando haya señales de alarma como dificultad para respirar o fiebres, comenta la doctora Aurora.

“Los tratamientos que recibe un paciente con cáncer pueden ser: cirugía,  quimioterapia y radioterapia, estos son usados según el tipo de enfermedad de que se trate. Depende de la localización y tamaño del tumor”, destaca Medina Sansón. En la oncología pediátrica el método más común es la quimioterapia dado que las leucemias son la forma más común de cáncer en los niños.

Finalmente la oncóloga  comparte que en una consulta fue un señor con su hijo de seis años, quien tuvo  una recaída. Cuando la doctora preguntó al padre si querían seguir con el tratamiento él le dijo que dejaría que el menor lo decidiera. El pequeño dijo que no porque ya no quería  piquetes, medicamentos  ni hospitalizaciones.
“No es sencillo tratar a un niño con cáncer, porque viene la parte difícil de la enfermedad, el sufrimiento que conlleva el tratamiento y  la parte emocional. La dinámica familiar también se ve afectada. Los niños con cáncer son muy especiales y muy fuertes”, añade la pediatra. 

La doctora Fernanda Hidalgo  considera que “la importancia de las fundaciones radica en que brindan un apoyo que nosotros como médicos no podemos proporcionar ni tampoco las instituciones”. 

“En una ocasión acompañé a unos niños con sus papás a la playa, porque no conocían el mar. Estuve como médico por si presentaban alguna complicación. Fue una buena experiencia. Ellos tienen una fuerza de voluntad, que hace que quieras trabajar para apoyarlos y encontrar si no la cura, que tengan una mejor calidad de vida. No importa cuánto tiempo estén hospitalizados, ellos siempre tienen ganas de vivir,  lo transmiten a su familia y a todos a su alrededor”.

América quiere seguir apoyando a los niños y cumplir más sueños. “Nunca sabemos cuándo nos puede tocar. Por eso hay que hacer las cosas de corazón, muchas veces los que menos tienen son los que más ayudan a quienes están a su alrededor”.

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