“Perder el tiempo es un pecado, pero perder la oportunidad es una tragedia”. Séneca

Para Héctor Moreira

Con un mensaje político sencillo y claro (ahorita hablamos de las inconsistencias con la verdad), la presidenta de la República anunció su decisión de que México aproveche los enormes recursos de petróleo y gas que están en el subsuelo, atrapados en las rocas lutitas y cuya única forma de extraerlos es aplicando una técnica denominada “fractura hidráulica” o fracking. No es sorpresa para quienes nos dedicamos a la energía, ya que el Plan Estratégico que Pemex publicó en agosto del año pasado lo dejaba claro.

Lo que sí fue sorpresa fue que la guerra en Medio Oriente funcionara como el catalizador perfecto para hacer un anuncio que, en otro momento y en otras administraciones, hubiera resultado políticamente muy costoso, si no imposible.

Personalmente, celebro la decisión. Fundamentalmente porque regresa la razonabilidad sobre el aprovechamiento de un recurso natural, propiedad de la Nación, que yace en el subsuelo, a la espera de que alguien se decidiera. Es una realidad que la otrora riqueza que albergaban las aguas someras del Golfo de México ya no da para más. El agotamiento empezó hace décadas y nunca se invirtió en nada para compensarlo. Era cuestión de tiempo, y el tiempo nos alcanzó.

La fractura hidráulica se llama así porque se trata de romper las piedras lutitas con agua a presión. Primero hay perforación vertical y, posteriormente, la tubería avanza de forma horizontal para, con la inyección de agua, arena y químicos, romper la roca y liberar los hidrocarburos que están ahí atrapados.

Los Estados Unidos son el principal productor de petróleo y gas gracias al aprovechamiento de este recurso, y eso implica también que son los absolutos líderes en la tecnología que lo permite.

Está más que claro que Pemex no tiene el dinero, la tecnología ni el capital humano, y tampoco las finanzas públicas pueden financiarlo. Así que se trata de buscar socios. ¡Perfecto! Esa era la idea de… mejor ni hablar del pasado; mejor concentrémonos en encontrar a los MEJORES SOCIOS posibles. Aquellas empresas que han desarrollado la tecnología más avanzada para extraer el hidrocarburo de la manera más eficiente y segura posible. Esa que la presidenta sabe, pero no quiere decir, que ya existe y que permite operar cuidando los mantos freáticos, así como una mínima utilización del agua.

La decisión que anunció la presidenta no incluye solo al gas. Ella se refiere al gas porque políticamente es mucho más sencillo de justificar; no va a decir que ya no tenemos petróleo y que no quedó de otra, pero lo incluye. Las lutitas guardan en sus poros petróleo y gas asociado. Como expliqué, el agotamiento de los campos de siempre es una realidad imposible de evadir. Pemex no podrá sobrevivir sin producir petróleo; las finanzas públicas no tienen cómo soportar la cadena de valor construida en los últimos 50 años, y la famosa soberanía energética que tanto refieren se esfuma si no tenemos crudo para ser refinado en… bueno, quizá en Dos Bocas no.

Como ya mencioné, los mejores operadores de estos campos están en EUA. Es el momento de cerrar filas con nuestro socio y tenderle una invitación a incluir el petróleo y el gas en el TMEC, como se supone que estaba desde 2018, pero luego ya no estaba; así que qué bueno que regresó.

Como en todo, el diablo va a estar en el cómo. Porque, para que la IP se decida a invertir las decenas de miles de millones de dólares anuales que un programa ambicioso como el que presentaron necesita, hay que poner reglas claras y brindar certeza.

En ese pasado que ya no vale recordar, había un árbitro compuesto por los expertos más reconocidos de México en materia petrolera, y operaba de manera independiente a Pemex, que es operador. Es decir, Pemex no puede ser juez y parte. Todo ese conocimiento ya no está en el gobierno federal. Si ya no hay árbitro que cuide los contratos petroleros, habrá que definir mecanismos que den certeza a quien va a poner el dinero. También había un área en Hacienda que definía los términos económicos para que las subastas permitieran maximizar la renta petrolera. Ya no están, ni queda nadie con experiencia en la materia. Si Pemex tiene, por necesidad, un régimen fiscal de mega privilegio, hay que pensarlo muy bien para que quien invierta en México nos transfiera la renta que nos merecemos.

¿Habrá concursos internacionales para atraer a los interesados? ¿O quizá una invitación restringida? ¿Será posible que, ya entrados en gastos, se adopten contratos petroleros con base en las mejores prácticas internacionales? Porque esto tiene que salir bien. Es una especie de última llamada para el sector petrolero nacional.

Es la gran oportunidad para que Pemex aprenda la nueva tecnología, opere con respeto a la normatividad y que la renta petrolera se canalice al Fondo Mexicano del Petróleo, uno de los pocos que, aunque famélico, sobrevive a la espera de una nueva oportunidad. La última. Dedos cruzados.

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