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Snowden, la CIA y el Internet

Octavio Islas
24/01/2020
10:51
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#LaVozDeLosExpertos

En los últimos días del mes de diciembre, leí el libro Vigilancia permanente, de Edward Snowden. A pesar del voluminoso texto -445 páginas distribuidas en 29 capítulos-, la lectura de la autobiografía del célebre experto en informática que decidió desafiar al gobierno de Estados Unidos me resultó sumamente amena y didáctica.

Edward Joseph Snowden es ingeniero en sistemas de información y trabajó para la Agencia Central de Inteligencia (CIA), y la National Security Agency (NSA). En junio de 2013 se convirtió en celebridad mundial, al dar conocer, a través de los diarios The Guardian y The Washington Post, miles de documentos clasificados como alto secreto por el gobierno de Estados Unidos, los cuales ofrecen pormenores de la estrategia de vigilancia permanente que instrumentó la NSA, a través de programas de vigilancia masiva como PRISM y XKeyscore.

Desde las primeras líneas en el mencionado libro, Snowden establece sus convicciones:

“Me llamo Edward Snowden. Antes trabajaba para el Gobierno, pero ahora trabajo para el pueblo (…) ahora dedico mi tiempo a intentar proteger a la ciudadanía de la persona que yo era antes: un espía de la CIA (Central Intelligence Agency o Agencia Central de Inteligencia” (p.11).

Edward Snowden nació en 1983 y perteneció a una generación que tomó distancia de MTV. Su generación corresponde a los usuarios tardíos de la Commodore 64, Atari y Nintendo. La “última generación sin digitalizar”. Internet y el advenimiento de la web representaron el “Big Bang” de su generación. En la década de 1990, internet aún admitía ser considerado como una utopía con enormes posibilidades.

Con gran orgullo, Snowden se reconoce como hacker -como todo adolescente, afirma-. El hackeo -señala- es un método fiable para tratar con las típicas figuras de autoridad:
“hackear no es una actividad propia solo de la informática, sino que existe allí donde hay normas. Hackear un sistema requiere conocer sus normas mejor que la gente que lo ha creado o que lo gestiona, y vulnerar la distancia que exista entre el funcionamiento que esa gente haya pretendido darle al sistema y el funcionamiento que muestra el sistema de verdad”. (p.79).

Esas palabras admiten particular relevancia al cuestionarnos las razones de Snowden para haber filtrado información clasificada como “alto secreto” por el gobierno de Estados Unidos. Snowden hackeó y filtró información clasificada como “alto secreto” por el gobierno de Estados Unidos, para destacar la necesidad de restaurar el equilibrio de poder entre los ciudadanos y los gobiernos.

Snowden y su generación fueron convencidos creyentes de la “revolución del conocimiento” que marchaba con el desarrollo de internet. La red podría contribuir a sentar las bases de nueva sociedad, significativamente mejor.

La generación de Snowden fue cautivada por La Declaración de Independencia del Ciberespacio, que dio a conocer el 8 de febrero de 1996 John Perry Barlow, fundador de la Electronic Frontier Foundation, en Davos, Suiza.

Vale la pena destacar que ese mismo año, el gobierno de Estados Unidos ya había puesto en evidencia su interés por controlar internet, impulsando la Acta de Telecomunicaciones -Telecommunications Act-. La Declaración de Independencia del Ciberespacio afirmó la pertinencia de conservar la utopía en internet.

Los primeros pasos para eliminarla, incluso se dieron antes del 11S. La mayor injusticia en la historia digital -afirma Snowden- fue “el movimiento protagonizado por Gobiernos y empresas para vincular lo más íntimamente posible, el personaje online de un usuario con su identidad jurídica offline”. Así la privacidad empezó a perderse.

Los cuatro atentados suicidas registrados el 11 de septiembre de 2001 (11S), definitivamente impresionaron a Snowden, quien afirma que ese día, casi tres mil personas murieron. Snowden ofrece un dato escalofriante sobre la magnitud de la respuesta ofrecida por el gobierno de Estados Unidos: “más de un millón de personas han muerto en el desarrollo de la respuesta de Estados Unidos a ese día”. (p.112).

El 12 de septiembre efectivamente fue el primer día de una nueva era en la historia del espionaje estadounidense: el paso de la vigilancia selectiva de individuos a la vigilancia masiva de poblaciones enteras. Los servicios de inteligencia definieron la actitud a observar a partir de ese día: “nunca más”.

El terrorismo fue considerado como una amenaza permanente, situación que permitió “justificar” la práctica de la vigilancia permanente a cargo de una autoridad incuestionable. En el imaginario de la nueva sociedad emergente, el gobierno no rendiría más cuentas al ciudadano, sería al revés. De facto, la Cuarta Enmienda fue anulada.

Tras el 11S, el presupuesto que destinó el gobierno de Estados Unidos a tareas de espionaje observó un considerable incremento. Las agencias especializadas pudieron contratar a todos los empleados externos que podían pagar.

El gobierno de Estados Unidos, explica Snowden: “emplea a contratistas externos para no perder nunca la posibilidad de encubrirse y negar los hechos, ya que delega el trabajo ilegal y cuasi legal de manera que sus manos y su conciencia permanecen limpias”. (p. 157).

En las agencias de seguridad estadounidenses, la inteligencia humana empezó a ser desplazada por la ciberinteligencia. Los espías fueron desplazados por hackers.

Snowden confirma algunos de los agudos y puntuales señalamientos realizados por Julian Assange sobre la vigilancia permanente que realizan las agencias de seguridad estadounidenses: “más del 90 por ciento del tráfico mundial de internet pasa por tecnologías de cuyo desarrollo, propiedad y funcionamiento son responsables el Gobierno estadounidense y negocios estadounidenses”. (p. 224).

El presidente George W. Bush impulsó el Programa de Vigilancia del Presidente -President´s Surveillance Program- que dio inicio al espionaje de las comunicaciones digitales sin mediar orden judicial.

Paulatinamente la recopilación de comunicaciones selectivas derivó en prácticas de recopilación indiscriminada, eufemismo con el que pretende encubrirse la vigilancia masiva, la cual, en el mejor de los casos podría ser considerada como una especie de censo infinito.

La vigilancia al detalle centra su atención en los metadatos, los cuales suelen resultar aún más reveladores que los contenidos de las comunicaciones. Los metatados, destaca Snowden, representan la primera línea de información que busca alguien que te vigila:
Los metadatos pueden decirle a tu vigilante la dirección en la que dormiste anoche y a qué hora te has levantado esta mañana. Revelan todos los sitios que has visitado durante el día y cuánto tiempo has pasado en cada uno de ellos. Muestran con quién has estado en contacto y quién se ha puesto en contacto contigo”. (p. 247).

Con el acceso a nuestros metadatos se elimina nuestra privacidad: “puenden decirle a quien nos vigila prácticamente todo lo que quiera o necesite saber de nosotros, salvo lo que está pasando de verdad en nuestra cabeza”. (p. 248).

La vigilancia al detalle descansa en una simple prmisa: todo mundo tiene información comprometedora en su historial de navegación.

Además, debemos tener presente que nuestros dispositivos constantemente están emitiendo información sobre nosotros, aún cuando no participemos o hayamos dado nuestro consentimiento. Asistentes virtuales como Amazon Echo o Google Home registran gran cantidad de información sobre la intimidad de nuestro hogar.

En la progresiva pérdida de control de nuestros datos, la nube cumple funciones complementarias. “Como resultado, tus datos ya no son tuyos de verdad. Están controlados por las empresas, que podrán usarlos con casi cualquier finalidad”. (p. 264).

En los libros Historia de la sociedad de la información (2002), y Un mundo vigilado, Armand Mattelart, belga, de enorme influencia en el estudio de las ciencias sociales en América Latina, anticipó la posibilidad de que la sociedad de la información respondiera a un complejo proyecto político, destinado a implantar el sistema panóptico perfecto.

En 2014, en la 98 entrega de los Premios Pulitzer, los referidos periódicos fueron distinguidos con el Premio Pulitzer al servicio público por las investigaciones realizadas que profundizaron en las prácticas de ciberespionaje masivo que realiza el gobierno de Estados Unidos, cuyo punto de partida fueron las filtraciones de Snowden.

Snowden ha sido distinguido con un gran número de premios y reconocimientos por su servicio público, como el Premio Right Livelihood, el German Whistleblower Price, el Ridehour Prize en la categoría Revelando la verdad (Truth Telling) y la medalla Carl von Ossetzky de la Liga Internacional por los Derechos Humanos.

En la actualidad, Snowden es presidente del comité de dirección de la Fundación Freedom of the Press.

El tránsito a la Cuarta Revolución Industrial supone notables adelantos tecnológicos. Pero, como atinadamente puntualizó Neil Postman, todas las tecnologías implican efectos positivos y también, efectos muy negativos. En ocasiones, incluso los efectos negativos pueden superar a los beneficios. En tal sentido, sobre el uso generalizado de la inteligencia artificial (AI), Snowden advierte que éste impondrá más graves restricciones a nuestra privacidad:
“el mayor peligro está aún por llegar, con la sofisticación del potencial de la inteligencia artificial, como el reconocimiento facial y de patrones. Una cámara de vigilancia equipada con IA no sería un mero dispositivo de grabación, sino que podría convertirse en algo similar a un agente de policía automatizado: un auténtico robocop destinado a buscar en serio actividades sospechosas”. (p. 267).