En la presente década, el campo de batalla político en Cuba se ha desplazado de las plazas públicas a los servidores de Facebook, X (antes Twitter) y WhatsApp.

A pesar de las frecuentes interrupciones en el suministro de electricidad, la maquinaria propagandística del régimen cubano ha mantenido un intenso activismo en las redes sociodigitales.

En La Habana, hasta el barrio de Atabey —donde vice la aristocracia dictatorial, “el barrio donde todos los cubanos quisieran vivir”— sufre cortes de electricidad todos los días, los cuales duran varias horas.

En las zonas populares la falta de electricidad puede prolongarse durante días. Sin embargo, a pesar de tales dificultades, el aparato de propaganda digital del Estado no descansa.

En los años recientes, la estrategia informativa del régimen cubano ha experimentado una profunda transformación. El dominio absoluto sobre la prensa escrita y la televisión no solo se ha mantenido, sino que ha servido de base para una transición hacia el ámbito digital, donde el régimen cubano despliega ahora sus esfuerzos con renovada intensidad.

La maquinaria de propaganda sociodigital opera de forma sistemática para ocupar todos los espacios posibles en las redes virtuales, reforzando mensajes que ensalzan los logros de la Revolución Cubana y consolidan la figura de Fidel Castro como símbolo inquebrantable del proceso revolucionario, particularmente relevante ante la inminente conmemoración de su centenario en 2026.

A través de campañas coordinadas en plataformas como Facebook, X (antes Twitter) y WhatsApp, el aparato estatal promueve una narrativa de resistencia, presentando al pueblo cubano como ejemplo de dignidad frente a la adversidad y posicionando al bloqueo estadounidense como el principal obstáculo para el desarrollo nacional.

De este modo, el discurso oficial se reproduce y multiplica en el entorno digital, en un intento por contrarrestar las voces disidentes y mantener la hegemonía informativa también en el ciberespacio.

1. Las "Ciberclarias": La Infantería de la Desinformación

El término "ciberclaria" se ha vuelto parte del léxico cotidiano de los cubanos en las redes sociodigitales. El nombre proviene de la claria, un pez gato invasor conocido por su voracidad y capacidad para sobrevivir en aguas turbias.

En el contexto digital, el referido término permite describir a usuarios —reales o falsos— que defienden agresivamente el discurso del régimen cubano.

Las cuentas que forman parte de las ciberclarias suelen presentar patrones comunes.

  1. Perfiles Anónimos: Nombres genéricos, fotos de perfil inexistentes o robadas de bancos de imágenes.
  2. Comportamiento Coordinado: Actúan en bloque, lanzando ataques simultáneos contra periodistas y críticos independientes.
  3. Narrativa Reciclada: Utilizan argumentos repetitivos y, con frecuencia, presentan una ortografía deficiente.

A diferencia de los "bots" automatizados que suelen emplearse en otros países, muchas ciberclarias son personas reales —estudiantes de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) o empleados públicos— que operan bajo directrices estatales a cambio de determinados beneficios, por ejemplo, la conectividad.

Cuba tiene la conexión más lenta en América Latina; sin embargo, los propagandistas del régimen disfrutan de mejores velocidades.

2. El Discurso de la "Guerra Cognitiva"

El presidente Miguel Díaz-Canel ha reconocido la importancia de este frente digital. En intervenciones públicas, ha enfatizado que las nuevas generaciones están siendo influenciadas por contenidos ajenos al sistema, y que la tarea del Estado es "desmontar" esos relatos para "montar los nuestros".

Esta visión transforma a internet en un escenario de guerra, donde la información no es un derecho, sino un arma estratégica. El gobierno justifica su control bajo la premisa de la soberanía tecnológica, argumentando que cualquier crítica o cuestionamiento al régimen es resultado de una operación de inteligencia extranjera.

3. El Monopolio del Acceso: ETECSA como Filtro

Para entender cómo funciona este extenso aparato de propaganda, es vital mirar hacia ETECSA (Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A.). Al ser el único proveedor de internet en la isla, funciona como el interruptor maestro del régimen.

Durante momentos de alta tensión social, como las protestas masivas del 11 de julio de 2021 (11J), el gobierno utilizó a ETECSA para ejecutar apagones selectivos de internet. El objetivo es doble: evitar que la población se organice en tiempo real y frenar la salida de imágenes de represión hacia el exterior.

4. El Nuevo Marco Legal: La Institucionalización de la Censura

El aparato propagandístico no solo se apoya en la saturación de mensajes, sino también en el miedo legal. En los años recientes, Cuba ha endurecido su legislación digital:

  • Decreto-Ley 35: Tipifica como delitos la difusión de "noticias falsas" o contenidos que "dañen el prestigio del país", permitiendo penas severas por simples publicaciones en redes.
  • Ley de Comunicación Social: Recientemente aprobada, esta ley establece que la comunicación debe servir a los fines del socialismo, prohibiendo explícitamente cualquier plataforma que no esté bajo control estatal o sea considerada "contrarrevolucionaria".

5. El Desgaste del Relato

A pesar del esfuerzo sostenido por parte del aparato propagandístico del régimen, que recurre a la creación masiva de perfiles en redes sociales y a la difusión de etiquetas coordinadas como #SomosContinuidad o #CubaVive, la narrativa oficial atraviesa una profunda crisis de credibilidad. Las campañas en internet, diseñadas para fortalecer el relato del Estado y proyectar una imagen de unidad nacional, se ven confrontadas de manera directa por el día a día de la población.

La diferencia entre el discurso triunfalista promovido por los medios oficiales y la realidad vivida es cada vez más insalvable. La economía cubana se encuentra marcada por la escasez de productos básicos, una inflación que afecta a todos los sectores y frecuentes apagones eléctricos. Estas dificultades cotidianas han mermado la confianza en los mensajes institucionales, poniendo en evidencia la distancia entre la propaganda y las experiencias reales de la ciudadanía.

6. La narrativa del "secuestro" y la "inmunidad violada"

La detención de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses ha sacudido al régimen cubano.

En una interesante nota publicada el lunes 19 de enero en The New York Times, Joany Sánchez relata cómo reaccionó la prensa oficial:

Cuando los primeros mensajes sobre la captura de Nicolás Maduro comenzaron a circular en La Habana —entrecortados, contradictorios, enviados por WhatsApp antes de que llegaran a los medios oficiales— la reacción fue una mezcla de esperanza y temor.

El aparato de propaganda del régimen, liderado por el diario Granma y el portal Cubadebate, ha pasado del shock inicial a una ofensiva mediática que intenta transformar una derrota estratégica en un relato de "resistencia heroica".

Desde el pasado 3 de enero, la narrativa oficial en Cuba ha evitado sistemáticamente términos como "detención" o "arresto legal". Para la Cancillería cubana y sus voceros se trató de un "brutal secuestro" ejecutado por el "imperio".

En las redes sociodigitales, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla ha liderado esta línea discursiva, calificando el proceso judicial en Nueva York como una "farsa mediática" y exigiendo el respeto a la inmunidad de Maduro

Este enfoque busca dos objetivos: primero, restar legitimidad a los cargos de narcoterrorismo presentados por la administración Trump; y segundo, movilizar un sentimiento de victimismo nacionalista que resuene en la izquierda internacional bajo la etiqueta de "terrorismo de Estado".

7. Los 32 combatientes

Por primera vez en años, La Habana ha tenido que admitir la muerte de 32 militares cubanos durante la operación en Venezuela. Lo que por décadas fue un "secreto a voces" —la presencia directa de tropas de élite cubanas protegiendo el anillo de seguridad de Maduro— se ha convertido ahora en un eje de propaganda fúnebre.

Los funerales oficiales en la isla han sido utilizados para construir un relato de "mártires por la soberanía latinoamericana". Sin embargo, esta transparencia forzada ha tenido un efecto bumerán: en redes sociales, la sociedad civil ha cuestionado qué hacían decenas de oficiales cubanos muriendo en suelo venezolano mientras la crisis interna en la isla se agudiza.

8. Nerviosismo bajo la superficie

A través de las redes sociodigitales, los propagandistas del régimen han señalado que Cuba ha declarado oficialmente el estado de guerra bajo la supervisión directa de Raúl Castro.

A pesar de la retórica de "puño cerrado", el ambiente en las calles de La Habana refleja una realidad distinta. Mientras los editoriales de Granma llaman a la "marcha del pueblo combatiente", se reporta un incremento en la vigilancia y operativos alrededor de las casas de opositores.

Las ciberclarias pretenden proyectar una seguridad que el alto mando ya no siente. La caída del principal aliado económico y político de Cuba dejó al Palacio de la Revolución en una situación de vulnerabilidad extrema.

La encendida retórica antiimperialista revela desesperación

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