El ciberespionaje en México, un gran negocio

Octavio Islas

1.  Pegasus, un lubricante en la ingeniería de nuestra clase política

El domingo 18 de julio, Amnistía Internacional y la plataforma Forbidden Stories, con la colaboración de varios medios informativos, dieron a conocer que algunos de los clientes del programa Pegasus emplearon ese spyware para interceptar comunicaciones de periodistas, activistas y opositores políticos.
 
La firma NSO, de origen israelí, sostiene que Pegasus, el spyware que desarrolla, responde al propósito de que “los gobiernos autorizados cuenten con una tecnología que efectivamente les ayude a combatir el terrorismo y el crimen”. 

En las listas que los referidos organismos internacionales dieron a conocer, destaca México, tanto por la cantidad como por la revelancia de los objetivos seguidos a través del programa Pegasus, entre los cuales incluso figura el actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, así como algunos personajes cercanos al tabasqueño.

Como la mayoría de programas espía, Pegasus se autoinstala en el dispositivo afectado y se ejecuta cada vez que el dispositivo es empleado. Se trata entonces de un programa malicioso -malware-, que permite recopilar información de dispositivos móviles y transmitir la información obtenida a una entidad externa. Todo ello, por supuesto, sin el conocimiento ni  la autorización del propietario del dispositivo. 

Pegasus -señala Wikipedia- “permite leer mensajes de texto, rastrear llamadas, recopilar contraseñas, determinar la ubicación del teléfono y recopilar información de las aplicaciones”.

Pegasus fue adquirido por el gobierno del presidente Felipe Calderón (2006-2012). La adquisición pareció justificarse como una apremiante necesidad en materia de inteligencia, para destinarlo a la lucha contra el crimen organizado.

Sin embargo, si consideramos los lamentables resultados que arrojó la improvisada y selectiva guerra que decidió emprender el presidente Calderón contra algunos de los grandes carteles del crimen organizado, así como los procesos que, por un amplio número de actividades delictivas hoy enfrentan dos de los principales policías del Calderonaro -Genaro García Luna y Luis Cárdenas Palomino-, podemos concluir que el uso que fue dado al referido programa malicioso, definitivamente resultó contrario a los objetivos que fueron considerados para justificar la adquisición de Pegasus.

En 2012 fue filtrada una reveladora conversación telefónica entre Josefina Vázquez Mota -quien entonces aspiraba convertirse en la candidata a la presidencia de la República del Partido Acción Nacional (PAN)-, y Agustín Torres, uno de los principales operadores en la campaña de Vázquez Mota. 

Eufórica por los resultados de una entrevista en Reforma, a través de un teléfono celular, Josefina comentó con Agustín:
“Los dos le mandamos saludos a Alejandra Sota y Genaro García Luna (…) Por si pasan nuestra llamada que pasen nuestro saludo (…) Un saludo cariñoso para Genaro García Luna que nos graba, en lugar de grabar al Chapo. Y un saludo muy amoroso a Alejandra Sota que filtra todas nuestras llamadas telefónicas”.

Sin distinción alguna de ideologías o principios, en México, políticos de todos los partidos practican el espionaje y el ciberespionaje, y no solo se dedican a interceptar y escuchar las conversaciones privadas de políticos de otros partidos. Como podemos concluir de las palabras de Vázquez Mota, el espionaje y el ciberespionaje incluso se practican entre los miembros un mismo partido.

También ocurre entre los miembros de un mismo gabinete. En 2009, a través de Noticias MVS, la periodista Carmen Aristegui dio a conocer algunas comprometedoras declaraciones de Luis Téllez, entonces titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), quien en una conversación informal, realizada en 2006, afirmó que el ex presidente Carlos Salinas de Gortari "se robó la mitad de la partida secreta".

Durante el gobierno del presidente Vicente Fox (200-2006), un poderoso grupo de políticos y empresarios se dedicaron a filtrar a los medios informativos una serie de videos -los llamados videoescándalos-, en una operación concebida para destruir políticamente a López Obrador, cuando habían fracasado las maniobras realizadas para desaforarle e impedirle participar en la elección presidencial de 2006.

2. La vieja escuela

Fernando Gutiérrez Barrios y Miguel Nazar Haro representan obligados referentes en materia de espionaje político en el viejo sistema político mexicano. Ambos personajes incluso admiten ser considerados como forjadores de toda una tradición y escuela. 

Además de interceptar comunicaciones telefónicas a través de Teléfonos de México, entonces una empresa del Estado, los referidos operadores acostumbraban infiltrar espías en toda organización o movimiento que pudiera representar un posible motivo de preocupación para el presidente en turno. 

Sin embargo, si de infiltraciones se trata, debemos tener presente que el expresidente Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) fue señalado como agente de la CIA. 

Ello fue denunciado por el destacado periodista Julio Scherer García, muchos años antes de que algunos documentos desclasificados sobre el asesinato de John F. Kennedy permitieran confirmar tal señalamiento.

En 2017, con base en documentos desclasificados sobre el asesinato de John F. Kennedy, en Reporte Indigo, el periodista Raymundo Riva Palacio comentó que tres presidentes mexicanos –Adolfo López Mateos (1958-1964), Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) y Luis Echeverría (1970-1976)–, fueron agentes no pagados de la CIA.

Un año después, en 2018, Sergio Aguayo, destacado académico, al presentar el libro El 68. Los Estudiantes, el presidente y la CIA (Ediciones Proceso), ofreció pormenores del programa LITEMPO de la CIA, en el cual participaron 14 agentes, entre los que precisamente se encontraban los presidentes Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría.

En el complejo imaginario del espionaje en México, la inteligencia parece ser un asunto secundario. Las verdaderas prioridades del espionaje que se practica en México las dicta la política. 

Sin embargo, el problema radica en que hoy el espionaje político parece estar fuera de control.

3.  “Confusiones serán mi epitafio”, sentenció King Crimson

La Declaración de la Independencia del Ciberespacio, de John Perry Barlow, fue una pieza profundamente emotiva, idealista. Sin embargo, la edad de ese Internet creativo e independiente fue efímera. 

La realidad económica, política y financiera del Internet emergente se encargó de anular cada una de las exigencias que fueron formuladas por el formidable letrista del mítico grupo californiano Grateful Dead, uno de los emblemas profunfos de la psicodelia sesentera.

Del Internet creativo y coorperativo, en un abrir y cerrar de ojos transitamos a uno comercial y competivo, donde el respeto a la vida privada de las personas no existe. 

A través de potentes algoritmos capaces de ordenar y obtener el mejor provecho posible de grandes volúmenes de datos, algunas plataformas han conseguido consumar una efectiva y profunda intromisión en nuestras vidas privadas. Hoy nuestros datos se venden al mejor postor. Somos el producto, y nuestros metadatos representan la primera línea de trabajo en el imaginario del ciberespionaje.

El advenimiento del Internet pragmático, resultante del capitalismo de vigilancia, permitió redefinir la inteligencia. La conversión de emblemáticos hackers, como Kevin Mitnick, o el arribo de frikis de la informática, como Edward Snowden, convierteon a los servicios de inteligencia informática en la nueva tierra prometida. 

4.  Y Angel Sepúlveda no estaba ni confundido ni desinformado

En 2016, en un artículo publicado por la revista Bloomberg Businessweek -Cómo hackear una elección-, el hacker colombiano Andés Sepúlveda reveló el trabajo de ciberespionaje que realizó para manipular la campaña presidencial en México “para que el entonces candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto, ganara las elecciones en 2012”.

Sepúlveda afirmó haber laborado entonces para el venezolano Juan José Rendón -J.J. Rendón-, reconocido experto en el desarrollo de campañas de propaganda negra. Además, Sepúlveda reveló que había espiado las conversaciones telefónicas de los otros candidatos a la presidencia de la República.

Como era de suponerse, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, el espionaje y el ciberespionaje observaron un notable crecimiento. 

El ciberespionaje representó un atractivo negocio para determinadas élites políticas y empresariales próximas al presidente Peña Nieto, como han demostrado las investigaciones realizadas en la presente administración por la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda.

De acuerdo con lo asentado en un reportaje de Guadalupe Fuentes Flores, publicado en Sin Embargo el 22 de julio, por lo menos seis empresas federales y 14 gobiernos estatales tuvieron vínculos con empresas de sofware de espías.

Entre los responsables directos se encuentra Miguel Ángel Osorio Chong, ilustre miembro del Grupo Hidalgo, uno de los baluartes del priismo. El ex secretario de Gobernación, sencillamente decidió imitar el ejemplo del ex presidente Felipe Calderón, quien afirma no haberse enterado de las actividades delictivas que realizaba García Luna. Del mismo modo, Osorio Chong pretende deslindarse de todo lo relativo a Pegasus

A través de una intrincada red de empresas fantasma, conocidos brokers observaron el mismo patrón detectado en la “Estafa Maestra” para dificultar el posible seguimiento de la ruta del dinero. 

Las semejanzas entre la “Estafa Maestra” y los negocios realizados por los barones del ciberespionaje de ninguna manera resultan fortuitas. En su concepción y ejecución, ambas operaciones parecen obra de un mismo ingeniero.

La imaginación corruptora del peñismo, hoy podemos comprobrarlo, no tuvo límites. Más allá de su utilidad en el imaginario político, el ciberespionaje fue proyectado como un formidable negocio al amparo de una recurrente desviación de recursos y, por supuesto, sistemáticas violaciones a los derechos humanos.

5. Y cuando suponíamos que habíamos tocado fondo, descubrimos que aún podemos caer más

Las recientes revelaciones sobre los abusos que han cometido algunos gobiernos en materia de ciberespionsaje mediante el empleo del programa Pegasus no son nuevas. Sin embargo, ello definitivamente debería representar un motivo de enorme preocupación ciudadana. 

En México estamos a un paso de transitar de la vigilancia selectiva de individuos a la vigilancia masiva de la población entera, aquella de la cual nos ha advertido Snowden, y que practican los servicios de inteligencia de Estados Unidos.

Resulta indispensable sancionar con toda sereveridad a cada uno de los integrantes de las redes de corrupción que han convertido al ciberespionaje en un formidable negocio. Tan formidable negocio definitivamente gangrenará nuestro imaginario político, degradando la calidad de vida ciudadana de cada uno de nosotros -los objetos de vigilancia-.

Es indispensable hacerlo a la brevedad y con verdadera voluntad política. Ello, antes de que a un ocurrente político pretenda establecer sistemas de vigilancia para supervisar todo aquello que hace y dice la población entera. 

La creación del Padrón Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil (Panaut) podría ser el principio de tan terrible pesadilla.

         

 

Comentarios