Laura J. Ambrosio

En estos últimos meses, los efectos derivados de la pandemia por el COVID-19 han sido ampliamente estudiados desde diferentes ejes, posturas y temáticas. De manera particular, el incremento en la violencia familiar se ha posicionado como uno de los temas más recurrentes para especialistas, académicos y grupos de la sociedad civil. Sin embargo, poco se habla del efecto que esta tiene en la niñez mexicana.

En perspectiva, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, México en 2019 fue considerado como el primer, de los 33 países que integran a este organismo, en encabezar el número de casos por violencia y abuso infantil.

La Organización Mundial de la Salud considera que el maltrato infantil se refiere a cualquier abuso o desatención del que puede ser objeto un menor de edad a través del maltrato físico o psicológico, abuso sexual, desatención, negligencia o explotación comercial; o cualquier daño a la salud o acción que vaya en contra del desarrollo del niño o de la niña.

Algunos especialistas en el tema refieren que en el 85% de los casos, los infantes tienen una mayor exposición a ser víctimas de alguna persona cercana a su entorno, siendo generalmente, el padre o la madre los principales agresores (Ulloa, 1996)

Si bien las circunstancias por las cuales se ejerce cualquier tipo de abuso en contra de esta población al interior del seno familiar varían en función de cada caso, se señalan cuatro precondiciones, independientes o complementarias, que incrementan la exposición del niño o de la niña a ser víctima.

Estas son: la presencia de alguna persona que ante la carencia de recursos físicos o psicológicos que le permitan responder a las necesidades o demandas del menor de edad, opte por desarrollar un perfil abusador que le permita sobrevivir al estrés que el ambiente familiar supone; la existencia de algún tipo de adicción en casa; la falta de otro adulto o persona que pueda intervenir en el ejercicio de violencia y finalmente, el grado de vulnerabilidad definida por las características propias del infante.

El caso mexicano es singular por sus características y datos obtenidos en esta época de confinamiento. Por un lado, algunas organizaciones internacionales como Save the Children han señalado que, en el país, 7 de cada 10 niños y niñas son o han sido víctimas de algún tipo violencia a lo largo de su vida. También, otro estudio identificó que en México, según la muestra poblacional aplicada, el 68% de los infantes entrevistados había sido agredido por su madre en al menos una ocasión durante los últimos 6 meses y un 60% por su padre (Frías, Fraijo, & Cuamba, 2008). La razón, según explica Ulloa (Ulloa, 1996) se debe a que son ellas quienes usualmente comparten más tiempo con el menor de edad.

Por otro lado, es un hecho que la violencia familiar ha incrementado en estos meses de manera exponencial. A mediados de mayo de este año, medios de comunicación reportaron que en todo el país se registró un aumento del número de solicitudes de asilo por parte de mujeres que estaban siendo víctimas de violencia. Estos pasaron de 6,545 a 11,131 entre el 17 de marzo al 17 de mayo de 2019 y 2020, según la Red Nacional de Refugios. Además, las llamadas de emergencia relacionadas con violencia familiar crecieron solo en marzo un 23% en comparación con el mes de febrero de este año (Arteta, 2020).

Los distintos datos publicados durante esta época principalmente reflejan la magnitud de un problema que socialmente se ha acostumbrado a resolver o a agravar en la intimidad de la familia y como consecuencia, su incidencia se minimiza en términos de política pública.

Poco se reconoce de su presencia y de sus perpetradores, sin embargo, las víctimas son reales y son los niños y las niñas quienes representan el escalón más vulnerable. Es altamente probable que, en este contexto, las alzas de casos por violencia familiar también estén acompañados de importantes agresiones y violaciones a derechos humanos en contra de los infantes.

Subdirectora de Investigación del Observatorio Nacional Ciudadano

@AmbrosioJLaura

Bibliografía

Arteta, I. (2020, abril 26). Llamadas y denuncias por violencia familiar se disparan durante pandemia por COVID-19. Animal Politico , p. 1.

Frías, M., Fraijo, B., & Cuamba, N. (2008). Problemas de conducta en niños víctimas de violencia familiar. Estudos de Psicologia, 3-11.

Ulloa, F. (1996). Violencia familiar y su impacto sobre el nino. Revista Chilena de Pediatría , 186-187.

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