Tiempos más oscuros se avecinan, México

Néstor Ojeda

En estos tres años previos a las elecciones presidenciales se viene un espectáculo ominoso del uso del poder del Gobierno Federal y los estatales de Morena. Andrés Manuel López Obrador tiene nomás de entrada a su disposición el manejo del presupuesto y sus programas sociales, a la Fiscalía General de la República, a la Unidad de Inteligencia Financiera y 18 gubernaturas.

El Presidente no ha tenido duda o empacho en usar todo el poder del Estado para perseguir y difamar opositores y críticos en todos los sectores de la sociedad, tentación autoritaria a la que han sucumbido los morenistas en todos los sectores y niveles de gobierno, sea por venganzas o intereses económicos y electorales. Bueno, hasta 31 científicos del Conacyt son acosados por la FGR.

Desde el Movimiento Estudiantil de 1968 México caminó en el sentido de la lucha por democracia, contra la corrupción y por acotar el poder del Presidente de la República, tanto desde de la izquierda moderna que representaron los Renovadores del Partido Comunista y sus “hijos” del PSUM y PMS, como de la derecha panista y de la Corriente Democrática que con Cuauhtémoc Cárdenas rompió con el PRI en 1988.

A pesar de su autoritarismo, el viejo sistema priista -de origen revolucionario y popular- tuvo durante décadas la capacidad de evolucionar y tras las guerrillas nacidas por la represión violenta del gobierno contra estudiantes y críticos vino la Reforma Política de 1977 de don Jesús Reyes Heroles.

Así se abrió la representación en el Congreso a la oposición y arrancó un cuarto de siglo de procesos democratizadores que nos dieron órganos autónomos en lo político, lo económico, lo judicial y los derechos humanos para dar poder a sociedad y acotar el inmenso poder presidencial. La culminación fue la alternancia política en la Presidencia con el triunfo de Vicente Fox.

Resultado de esa lucha democrática nacieron, por ejemplo, los hoy atacados Instituto Nacional Electoral, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la Comisión Reguladora de Energía, se regresó la autonomía al Banco de México, se reformó la Suprema Corte y nació el Consejo de la Judicatura Federal, cambios todos que precisamente se concretarían en los gobiernos neoliberales.

Estos gobiernos neoliberales siguieron como respuesta a los gobiernos populistas de Luis Echeverría y José López Portillo, caracterizados el primero por su intolerancia y ambos por generar crisis económicas brutales por su manejo discrecional del gobierno y la economía.

Muchos que nacieron en los años 60 y 70 todavía nos recuerdan que éramos un país cerrado al mundo y en crisis permanente por décadas, con falta de competencia económica, sin productos de buena calidad accesibles a la gente, con inflación de tres dígitos y una devaluación de casi 300 por ciento del peso.

Precisamente la estabilidad económica y la fortaleza del peso que hoy presume la 4T son producto del modelo económico neoliberal.

Se vienen tiempos difíciles y oscuros. La Alianza PRI-PAN-PRD se tambalea porque con todas las herramientas del poder el Presidente le apretó a los dirigentes priistas de cola larga para aprobar una Reforma Energética que le saldrá carísima al país.

Si se rompe la coalición PRI-PAN-PRD lo que se avizora es que que Morena podría arrasar con las seis gubernaturas que se disputarán en las elecciones del 2024, lo que le daría a AMLO 24 gubernaturas a dos años de las presidenciales.

En fin, que hoy vivimos no una Cuarta Transformación sino una Restauración de los tiempos del poder presidencial absoluto, el dedazo y el país del partido casi único. ¡Cómo hacen falta demócratas en México!
 

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