AMLO dispara un dardo envenenado

Néstor Ojeda

Andrés Manuel López Obrador tiene como todos muchos defectos, pero sin lugar a dudas tiene una habilidad política portentosa que a veces es menguada por su temperamento iracundo. Y ha mostrado en estas semanas poselectorales ambos rasgos, uno de talento y el otro de carácter.

Con el anuncio de las tres reformas constitucionales en materia de energía, seguridad y política que presentará a la nueva legislatura de la Cámara de Diputados, el Presidente pone en marcha una estrategia que bajo cualquier circunstancia tendrá dividendos políticos favorables para él, su partido y sus aliados. Lanzó un dardo envenenado.

Si logra pasar por lo menos alguna de esas iniciativas (o todas) fortalecerá la centralización y el control del gobierno y la vida pública que han definido a su administración; y si la alianza opositora PRI-PAN-PRD detiene sus reformas lo usará como argumento en su contra para acusarlos de que los mexicanos paguen energía cara en sus casas, del crecimiento de la inseguridad y de un pretendido un Congreso caro y de un manejo parcial y hasta fraudulento de las instituciones electorales.

No importará que al proponer que un cuerpo como la Guardia Nacional, pretendidamente destinado a reforzar la seguridad pública, busque dejarlo bajo el mando de la Secretaría de la Defensa Nacional y dar absoluta carta legal a la militarización del país y que el Presidente vaya más allá que sus predecesores Ernesto Zedillo del PRI, que sacó de sus cuarteles a los militares tras los asesinatos del arzobispo de Guadalajara, Juan Jesús Posadas Ocampo, y el candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio; y Felipe Calderón del PAN que los desplegó por todo el territorio en su fallida guerra frontal contra el narcotráfico.

Tampoco que pretenda con su reforma política desaparecer a los diputados y senadores plurinominales, que son la garantía y el candado para que la pluralidad se exprese en el Congreso y el Poder Legislativo no quede en manos de una sola fuerza y cumpla así con su función de ser un contrapeso al Poder Ejecutivo al igual que el Poder Judicial. Aprobar una reforma así sería regresar a México a los tiempos de los presidentes Díaz Ordaz, Echeverría y López Portillo, cuando un solo partido controlaba todo: el PRI.

Mucho menos que quiera destruir a una institución como el INE (cuyos grados de credibilidad y confianza son superiores a los del Presidente) y de plano tirar a la basura más de 50 años de luchas por la libertad y la democracia, que comenzaron con el Movimiento Estudiantil de 1968, rompieron al sistema de partido casi único en 1988 y dieron cabal factura a la alternancia política con los triunfos en 1997 de Cuauhtémoc Cárdenas con el PRD en la Ciudad de México y en 2000 con la derrota del PRI y la llegada de Vicente Fox y el PAN a la Presidencia. No importa esa visión dar al traste con esos esfuerzos que lograron que en México desde hace más de 25 años los voto se cuenten y cuenten.

Esta fue la respuesta de AMLO frente al retroceso de Morena y sus aliados en la Cámara de Diputados y la Ciudad de México mientras corrían ríos de letras y videos en redes sociales, televisión, radio y prensa sobre sus descalificaciones insultantes contra la clase media y millones de “aspiracionistas”.

La reacción del Presidente no debería causar extrañeza pues ya lo vimos en 2006 dar veracidad a la campaña “Un peligro para México” lanzada en su contra desde el poder empresarial y la cúpula panista cuando le soltó a Fox el famoso “¡Cállate chachalaca!” y cómo descargó su frustración tras ser derrotado por Felipe Calderón al acusar de traición a sus propios representantes de casilla.

Y con esta respuesta saca la cabeza López Obrador, pone el pecho y da un paso para entrar al campo donde tiene su mejor desempeño, el campo de batalla. Lo que sigue es ver si la oposición PRI-PAN-PRD puede mantenerse unida, es capaz de negociar para crecer pues ahí está Movimiento Ciudadano -cuya fuerza en el tema de alianzas no es nada despreciable- y de ofrecer una alternativa moderada y viable a los ciudadanos con el ejercicio de sus gobiernos, sus iniciativas y su discurso. A ver si pueden.

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