Por momentos, el deporte mexicano parece una contradicción constante y lo que ocurre en la natación es el mejor ejemplo: cuando por fin se hacen bien las cosas en la operación, aparece la política para poner en riesgo todo. Ayer concluyeron los selectivos rumbo a los Juegos Centroamericanos y del Caribe que se llevarán a cabo en República Dominicana, además de los Pampacity Juniors y el Panamericano de Universidades, y hay que decirlo sin rodeos: la organización fue un acierto. La nueva Federación Mexicana de Natación mostró una cara distinta, más seria, más cercana a lo que los atletas necesitan.

Durante años, los nadadores compitieron en condiciones que poco ayudaban a su rendimiento. Esta vez fue diferente. Instalaciones en buen estado, bancos de salida reglamentarios, jueces a la altura y, sobre todo, un evento bien llevado en tiempos. Menos de 700 competidores permitió jornadas más humanas, menos desgaste innecesario y un entorno que, por fin, parecía pensado para el atleta.

También hubo señales claras desde lo institucional. El respaldo local en Veracruz, el interés por cuidar cada detalle y la intención de que el selectivo fuera una verdadera plataforma de rendimiento, no solo un trámite. Ese tipo de esfuerzos son los que construyen procesos, no discursos.

Pero aquí viene el problema de siempre. Porque mientras lo deportivo camina, lo político se atraviesa. Y en este caso, lo hace de forma directa: la limitación de plazas para los Centroamericanos con diez hombres y diez mujeres nada más.

Una cifra que no resiste análisis cuando se pone frente a la realidad de la natación. Estamos hablando de una disciplina con decenas de pruebas, donde México históricamente ha encontrado medallas precisamente en su profundidad. Reducir el equipo a ese número no solo es injusto, es estratégicamente pobre.

La pregunta no es si hay talento. Lo hay, y de sobra. La pregunta es quién va a decidir y bajo qué criterios. Porque elegir a 20 nadadores entre una base amplia y competitiva no será un ejercicio técnico, será una prueba de gobernanza. Ahí es donde México suele fallar.

Si las decisiones se toman con claridad, con métricas y pensando en el medallero, este selectivo habrá valido la pena. Pero si entran los intereses, las presiones o las cuotas, todo este esfuerzo logístico quedará reducido a una buena foto sin impacto real.

La natación mexicana ya hizo su parte en el agua. Ahora le toca a los escritorios no echarlo a perder. Porque en este país, muchas veces, el verdadero rival no está en la alberca.

Profesor deportivo

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