Guadalajara pasó de ser símbolo continental en 2011 a convertirse en referencia incómoda cuando se habla de deportes acuáticos. El Centro Acuático Metropolitano —antes Scotiabank—, que brilló en los Juegos Panamericanos de dicho año, hoy arrastra más polémicas que resultados en natación. No es percepción: es memoria.

En diciembre de 2018, nadadores abandonaron un Campeonato Nacional por agua contaminada. El episodio no solo exhibió fallas operativas, también detonó una crisis de confianza que venía gestándose desde antes. Recordemos la cancelación del Campeonato Mundial de 2017, que dejó una multa internacional y dañó la credibilidad del país por los malos manejos de la entonces federación encabezada por Kiril Todorov. Aquellos errores no fueron anecdóticos: marcaron a toda una generación.

En Jalisco, la natación no ha estado ajena a ese entorno. El nombre de Ismael Meneses aparece inevitablemente en la conversación. Vicepresidente en la era Todorov y presidente de la asociación estatal, su gestión ha coincidido con un dato demoledor: instalaciones de primer nivel —dos albercas olímpicas y una fosa de clavados— sin una producción sostenida de nadadores élite. Cuando la infraestructura es extraordinaria y los resultados son ordinarios, el problema no es el agua; es la dirección.

El contraste lo ofrecen los clavados. Ahí la historia es otra, y tiene nombre propio: Iván Bautista. Salió del IMSS en 2002, trabajó en el Comité Olímpico (2002-2005) y desde 2006 construye en CODE Jalisco un proyecto que habla por sí solo. Bajo su guía, Germán Sánchez (dos medallas olímpicas), Iván García (una), Alejandra Orozco (dos), Gabriela Agúndez (una) y el último ciclo mundialista de Paola Espinosa entregaron preseas olímpicas y mundiales. No es casualidad: es método, liderazgo y ética.

También el nado artístico ha dado la cara con figuras como Nuria Diosdado. Es decir, cuando hay proyecto y conducción técnica, Jalisco responde. Cuando hay dirigencia que se estanca o se sirve del cargo, el deporte se paraliza.

La reciente suspensión de la Copa Mundial de clavados vuelve a poner reflectores sobre la gobernanza de la instalación. No es responsabilidad del gobierno estatal la decisión internacional; sí lo es revisar quiénes administran y deciden en casa. Jalisco ha liderado la Olimpiada Nacional por más de 15 años: talento hay. Lo que falta en natación es rumbo.

La lección es clara: los recintos no ganan medallas; las personas sí. Y cuando la dirigencia falla, el agua deja de ser espejo y se convierte en síntoma. Jalisco se ha salvado por Bautista y por el nado artístico. La natación, en cambio, exige una sacudida profunda. Porque la historia pesa, y seguir negándola solo hunde más a los deportes acuáticos de nuestro país.

Profesor deportivo

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