Durante años, el alto rendimiento de la natación mexicana navegó a la deriva. Talento hubo siempre; lo que faltó fue rumbo, estructura y, sobre todo, visión. Por eso, el anuncio del Primer Campamento de Preparación ADNNAAM en las instalaciones del CNAR no es un simple evento en el calendario: es un mensaje potente de que algo está cambiando en la natación y aguas abiertas a nivel nacional.
Que el CNAR vuelva a albergar un campamento de los nadadores de élite después de 15 años no es menor. Se trata de un espacio emblemático para el deporte mexicano, diseñado precisamente para formar atletas de alto rendimiento y que, por distintas razones, había quedado al margen de procesos fundamentales. Recuperarlo para la natación significa devolverle al país una herramienta estratégica que nunca debió perderse.
Este campamento marca el inicio formal del ciclo competitivo rumbo a Juegos Centroamericanos, Panamericanos, Olímpicos Juveniles y Juegos Olímpicos. Pero más allá del horizonte competitivo, lo relevante es el cómo. La planeación técnica moderna, el análisis biomecánico, la evaluación objetiva del estado de los atletas y la división especializada por perfiles —velocistas, mediofondistas y fondistas— reflejan un enfoque serio, medible y alineado a estándares internacionales.
En este proceso destaca la labor de Daniel Delgadillo, quien desde la nueva Federación Mexicana de Natación ha apostado por reconstruir desde las bases, entendiendo que el alto rendimiento no se improvisa ni se decreta: se organiza. Su gestión comienza a traducirse en hechos concretos, en decisiones que priorizan procesos sobre ocurrencias y que devuelven credibilidad a una disciplina golpeada por años de incertidumbre.
Igualmente fundamental es el trabajo de María José Mata Cocco, responsable de la coordinación general y logística del campamento. En el alto rendimiento, la excelencia no solo se entrena en el agua; también se construye en la planeación, en la disciplina operativa y en el respeto absoluto a las normas. El cumplimiento estricto de los lineamientos del CNAR no es rigidez burocrática: es cultura de alto rendimiento.
Este campamento no promete medallas inmediatas, y ese es justamente su mayor acierto. Promete bases aeróbicas sólidas, parámetros claros y una ruta definida. Promete, sobre todo, que la natación mexicana vuelve a tomarse en serio a sí misma. Después de 15 años, el CNAR vuelve a ser casa de la natación mexicana. Y cuando el talento tiene casa, método y liderazgo, el futuro deja de ser una promesa lejana para convertirse en un proyecto posible.

