La Ciudad de México presume infraestructura, tradición y una historia deportiva que alguna vez fue el motor del país. Pero algo muy penoso que debemos decir sin rodeos: el deporte capitalino se viene deteriorando desde hace 10, 12, 15 años… y lo peor es que nadie parece estar realmente interesado en rescatarlo.
Es una decadencia silenciosa, disfrazada con discursos, inauguraciones, fotos y promesas, mientras en la realidad la capital del país —que debería ser líder nacional por lógica pura—, se ha convertido en una de las entidades más rezagadas en materia deportiva.
La pregunta es inevitable y duele porque no tiene respuesta: ¿cuándo va a cambiar el deporte en la Ciudad de México? ¿Hasta cuándo las autoridades de las alcaldías van a entender que la CDMX debería ser el primer lugar del país en desarrollo deportivo?
Porque no se trata de falta de recursos. Se trata de falta de visión, de políticas claras, de vigilancia real y, sobre todo, de voluntad para romper con estructuras que se enquistaron por décadas.
La natación es el ejemplo perfecto para desnudar el problema. Ahí no estamos hablando de una mala temporada, de una crisis pasajera o de una generación floja. Estamos hablando de un manejo prolongado, una inercia tóxica que se normalizó y que expulsó a clubes y equipos de la propia capital.
El caso es brutal: equipos con sede en la Ciudad de México representando al Estado de México por culpa de una gestión que, según se denuncia, lleva más de 30 años contaminando la disciplina. Y el nombre que aparece una y otra vez como símbolo de ese estancamiento es el de Gerardo Hernández.
El escándalo no es solo que haya sido figura central durante tanto tiempo, sino que —aun cuando formalmente ya existen “nuevos responsables” en la asociación— el personaje seguiría operando como si nada hubiera cambiado. Oficinas prestadas por la alcaldía Benito Juárez, competencias organizadas, convocatorias, control de clubes, torneos que se siguen moviendo bajo la misma lógica de siempre. Un sistema paralelo que se mantiene vivo gracias a la indiferencia de las autoridades… y a la ingenuidad, o comodidad, de muchos clubes que “no se dan cuenta” de lo que está pasando o prefieren no meterse en problemas.
Y aquí es donde la historia vuelve más vergonzoso el presente. Porque la Ciudad de México no es cualquier plaza. Durante años, el 80% de las selecciones nacionales salían de aquí. Había una estructura natural de talento, clubes fuertes, competencia interna y una cultura deportiva sólida. Hoy, ese potencial existe todavía, pero está desperdiciado. Ahí siguen el Club Alemán, el Deportivo Chapultepec, el Deportivo Israelita, el Deportivo Asturiano y tantos otros espacios de primer nivel. La infraestructura está. La tradición está. Los atletas están. Lo que no está es el sistema funcionando.
Lo más grave es que el daño no se queda en la capital. Si el deporte en la CDMX se desploma, se desploma el deporte mexicano completo. Porque la base de seleccionados nacionales en muchísimas disciplinas, históricamente ha salido de esta ciudad. La capital debería ser la fábrica de atletas, el laboratorio, el motor, el estándar. Y hoy es un ejemplo de cómo el abandono, la politiquería y la impunidad administrativa pueden destruir décadas de avance sin que nadie pague un solo costo.
Por eso el llamado tiene que ser directo: alcaldías, gobierno de la Ciudad de México, autoridades deportivas, despierten. No se puede seguir permitiendo que el deporte capitalino sea rehén de personajes, grupos, intereses y redes que se reciclan con nuevos nombres, pero las mismas prácticas.
No se puede seguir tolerando que la CDMX tenga instalaciones de primer mundo y resultados de última categoría. No hay excusa. La Ciudad de México no necesita milagros, necesita acciones decididas, y que de una vez por todas, romper el ciclo de la mediocridad que lleva más de una década normalizándose. Porque si la capital vuelve a ser potencia, México entero lo va a sentir, de lo contrario, seguiremos viendo lo mismo: talento desperdiciado, atletas frustrados, clubes atrapados, y autoridades pasivas mientras todo se cae.
Profesor deportivo
dft

