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Difamación basada en pobres argumentos

11/08/2019
03:49
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Ha culminado un extraordinario momento para la natación mexicana, su participación en los XVIII Juegos Panamericanos, evento que se desarrolló en la ciudad de Lima, en Perú y que aparte de las medallas, las alegrías, las celebraciones y las dichas que le han dejado a todo un país, hoy debo contar la realidad de lo sucedido en torno a este evento.

Con dolor, manifiesto que viví uno de los tragos más amargos que en mis 60 años de experiencia, trayectoria y trabajo en el deporte hubiese podido imaginar. Antes de iniciar el relato de los hechos, deseo recalcar que mi entrega por esta pasión llamada natación, está fundamentada en dejar en alto el nombre de mi país, con un gran estímulo: ver y vivir el cambio social a través del deporte, pero, sobre todo, lo que me llena de vida, es compartir con los jóvenes que lo entregan todo por alcanzar el pódium internacional.

Con tiempo y con el respeto que merecen este tipo de eventos por su significado y magnitud, inicie mis gestiones de acreditación ante el Comité Olímpico Mexicano, muy a pesar de saber que la sanción impuesta en su momento por la Federación Mexicana de Natación, no fue aceptada ante la justicia del país. En ese instante y en el mismo en que me fue entregada la acreditación, asumí que todo estaba bien, pero en realidad me fue otorgada una credencial normal, solo para ser un espectador más, sin acceso a los atletas.

La importancia de mi presencia, va con el argumento de mi experiencia en motivación y mi trabajo por la Selección, mismo que tiene grandes resultados, como lo fueron los Juegos Centroamericanos y de Caribe, además, mi segunda motivación es que, de los 22 nadadores, 11 pertenecen a mi empresa, siendo estos testimonios imborrables de mi trabajo con resultados.

Seis décadas de reconocimiento internacional: Todos quienes vivimos la pasión del deporte, sabemos que con el paso de los años construimos amistades que se separan cada cierto tiempo por kilómetros de distancia, luego, viene otro evento y allí, nuevamente en el escenario deportivo se retoma la amistad, como si no hubiese pasado un solo día.

Eso pasa en la natación y eso pasa en mi vida, son 60 años dedicados incansablemente a este deporte, donde puedo decir con honor y con orgullo que, desde el presidente de la Federación Internacional de Natación es un viejo conocido, a quien el agua nos ha unido y eso pasó en la alberca panamericana.

El primer día me encontré con Dale Neuburger, presidente de la Unión Americana de Natación, quien con gran emoción me saludó y al ver que no tenía acceso al área técnica, no dudó un solo minuto en iniciar gestión y, en menos de cinco minutos, ya contaba con una acreditación complementaria para ingresar al área técnica, misma que vale aclarar, dependía de la ya mencionada entregada por el Comité Olímpico Mexicano.

Ese día con emoción y alegría compartí con los jóvenes nadadores pero esa acción se convirtió en difamación de todas las partes, gracias al uso de mi imagen por parte del señor David Callejas, quien muy atrevidamente me fotografió y uso dichos retratos en la redes sociales de la institución Federativa, acompañadas con un mensaje despectivo, muy seguramente redactado por la persona responsable de las comunicaciones: Claudia Ruiz.

La Federación Mexicana de Natación hizo declaraciones de mal gusto a mi presencia, cuestionando el porqué de mi acceso y el uso de los uniformes panamericanos. David Callejas fue el encargado de la Natación en los Juegos Continentales, quien, además aprovechándose de su cargo, ha maltratado de múltiples maneras al entrenador del Estado de México, Rodolfo Zarco, un hombre de tremenda calidad que ha sido discriminado solo por pertenecer a dicha entidad.

Sucedidas estas declaraciones en redes sociales, el uso de mi imagen sin autorización, así como el cuestionamiento de mi acreditación y uniformes, provocó que en mi posterior visita a la alberca continental me enterara que había sido cancelada mi acreditación, por lo que ya no tuve acceso y mucho menos pude hacer uso del privilegio otorgado por la UANA en su momento, una identificación que me permitía acceder al área técnica. Lo acontecido me llevó a conversar con el presidente del Comité Olímpico Mexicano, quien se sumó a los cuestionamientos y a quien además tuve que explicarle que los uniformes están en venta en diferentes puntos de la capital del país y a quien le aclare de la procedencia de mis acreditaciones. En su momento no dije nada, no comenté nada, mi prioridad sí o sí, son los atletas, no quería incomodarlos, no quería crear problemas, inconvenientes o un mal ambiente para su estado mental de alta competencia.

Hoy, culminados los Juegos, con dolor de patria, con dolor por mi deporte, manifiesto que he sido mal juzgado, que he sido maltratado por la dirigencia de esta disciplina, muy por encima de que mi cargo honorario me otorga ciertos derechos.

Jamás pensé que mis propios coterráneos a quienes conozco y ayudé en su momento, y compartimos extraordinarios instantes muy por encima de las diferencias que nadie podrá borrar, son y fueron quienes me ultrajaron por encima y en el olvido de décadas de resultados. Todo esto sólo me lleva a varias conclusiones y esas son: “Nadie es profeta en su tierra”, “Tus propios amigos y/o compañeros de tantas vivencias pueden y tienen el poder de lograr semejante acto deplorable y de rechazo”, pero por encima de eso está mi dignidad y mi entrega, que con los competidores compartí. La gradería del público fue rimbombante, estar al lado de los padres con su orgullo de ser también ganadores, me dejó grandes satisfacciones pero, sobre todo, comprendí que la difamación sin argumentos tiene más poder que los resultados y los hechos.

COMENTARIOS: Esto que me sucedió no fue solo a mí, fue también al entrenador Sergio Lopez, destacado profesional en el área quien ejerce su profesión en Virginia, EU, y quien además se ocupa de la preparación del medallista panamericano Miguel de Lara. Él pudo acceder, él tuvo su acreditación y pudo cumplir funciones por la intervención de los atletas y de su manifestación en colectivo ante la necesidad de su presencia y trabajo.

Profesor

Nelson Vargas
Nelson Vargas Basáñez nació en la Ciudad de México en 1942.