A mis años, después de varias décadas caminando por los pasillos del deporte mexicano, uno aprende a mirar el tiempo con perspectiva. He visto ciclos completos: generaciones que llegan, otras que se despiden, dirigentes que construyen y también momentos difíciles. Pero si hay algo que me parece profundamente significativo en estos tiempos, es el papel que las mujeres han conquistado dentro del deporte.
No fue un camino sencillo. Durante mucho tiempo, los espacios de decisión, las direcciones de federaciones, las presidencias de organismos y hasta los campos de juego parecían reservados para los hombres. Sin embargo, con trabajo silencioso, con preparación y con una enorme determinación, muchas mujeres fueron abriendo puertas que hoy ya nadie puede cerrar.
El mundo del olimpismo acaba de dar una señal muy poderosa con la elección de Kirsty Coventry como presidenta del Comité Olímpico Internacional. La exnadadora de Zimbabue, siete veces medallista olímpica, no solo se convirtió en la primera mujer en encabezar el organismo que rige el deporte mundial, sino también en la primera persona africana en hacerlo. Para quienes llevamos tantos años observando la evolución del movimiento olímpico, ese nombramiento es un momento histórico que habla de un deporte que entiende los tiempos que vivimos.
México también ha sido parte de ese cambio. Hoy vemos a mujeres ocupando posiciones que hace algunos años parecían inalcanzables. María José Alcalá, al frente del Comité Olímpico Mexicano, rompió una barrera histórica al convertirse en la primera mujer en dirigir este organismo en casi un siglo. Su presencia representa no solo un logro personal, sino también una señal de que el liderazgo femenino ya forma parte natural de la vida deportiva del país.
En los deportes acuáticos, María Mata Cocco participa en un momento crucial para la reconstrucción institucional de la natación mexicana como vicepresidenta de la nueva federación, luego de haberse retirado de la natación. Y en el futbol, Mariana Gutiérrez ha sido una pieza clave en el crecimiento de la Liga MX Femenil, una competencia que hoy ya forma parte importante del panorama deportivo nacional.
También hay historias que se escriben directamente sobre la cancha. Katia Itzel García demostró en 2024 que la autoridad y la capacidad arbitral no dependen del género al dirigir un partido de Liga MX varonil después de más de dos décadas sin presencia femenina en ese escenario.
Y por supuesto está Paola Longoria, una atleta extraordinaria que ha dominado el raquetbol mundial durante años y que hoy busca aportar su experiencia desde la política deportiva.
Podría mencionar muchos más nombres. Porque estas mujeres no son casos aislados. Son parte de una generación que trabaja todos los días por un deporte más justo, más moderno y más abierto.
Tal vez por eso, cuando llega el 8 de marzo, uno no puede evitar sentir respeto y reconocimiento. No es solo una fecha en el calendario. Es un recordatorio de que el deporte, como la vida misma, se construye mejor cuando todos tienen la oportunidad de participar y aportar. Y en ese camino, las mujeres han demostrado que llegaron para quedarse. Y para seguir haciendo grande al deporte.
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