Tívolis, bellos jardines donde se divertían los ricos del Porfiriato

Mochilazo en el tiempo

Durante varias décadas los tívolis o bellos jardines fueron los principales centros de diversión capitalina donde las personas con más recursos celebraban bodas, presentaciones de políticos, comían, bailaban u observaban el vuelo de un globo aerostático

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Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez

Durante años, la estética o elementos de la arquitectura francesa sobresalieron en algunos sitios de la Ciudad de México, tanto en monumentos, casonas o sitios de reunión, como fue el caso de los “tívolis”, jardines amplios y bellos de origen italiano que podemos ver hasta la fecha  en varias partes del mundo. Ahí, algunos miembros de la sociedad de la época disfrutaban de fiestas populares o de espectáculos. Tuvieron sus días de gloria durante el Porfiriato.

Se dice que había entre cinco y seis tívolis alrededor de la capital, pero en textos de la época predominaban el Petit Versailles, el Ferrocarril, el Elíseo y el de San Cosme; siendo este último el que, aparentemente, tenía mayor cobertura mediática.

Estaban localizados en los alrededores de San Cosme, la Calzada de la Piedad, en el Centro, Tacubaya y otras zonas de la capital pero al ser demolidos en su totalidad, hoy no se podría saber su ubicación exacta.

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Este plano de 1889 nos muestra que El Tívoli de San Cosme estaba ubicado en la Ribera de San Cosme, del lado de la acera del templo de San Cosme, es decir, casi en la esquina con Serapio Rendón y, muy cerca, el Tívoli del Elíseo, en Puente de Alvarado y lo que sería ahora la esquina con Insurgentes, del mismo lado de la acera que el de San Cosme. Fotos: Cortesía Rafael Fierro Gossman.

El Tívoli de San Cosme

En el libro México Pintoresco se narra que en el Tívoli de San Cosme se llevaban a cabo eventos desde bodas de “los pudientes”, cumpleaños, fiestas cívicas y reuniones de partidos políticos: 

“Allí estallan los sentimientos de amor, amistad, gratitud y otros; es este tívoli un lugar bellísimo, con dos parques sombreados por altos, copados y frondosos árboles, con cascadas, fuentes bullidoras, y callecitas de sembrados, adornadas con estatuas a los lados; uno de los parques es reservado y el otro para el público; tiene un salón alto para trescientos convidados y desde allí se disfruta del bellísimo panorama que dibujan las pequeñas alturas cubiertas de verde musgo, los pintorescos y vistosos cenadores cubiertos con las bóvedas que forman las plantas trepadoras.”

Se explica que los platillos eran “suculentos” y que, cuando había algún evento, el ruido de las copas siempre estaba acompañado por vítores, risas o música. Asimismo, se documenta que antes de 1850 no existía ningún tívoli en la ciudad y que con la llegada de estas estructuras también se introdujeron platillos y costumbres francesas a la gastronomía mexicana, como diversas sopas con caldo, mantequilla, rabanitos, o las ensaladas preparadas:

"Ni la tortilla o el clásico mole, platillos que se consideran desterrados por la civilización francesa, que admite como buenos los hongos los guisados en conserva y las carnes". 

Poco a poco, la popularidad de los tívolis empezó a crecer y con ello la cantidad de gente que los visitaba. En varios de ellos inició la historia de decenas de parejas, el nacimiento de alguna figura política o intelectual o simplemente, el recuerdo de la celebración de una fiesta como la coronación de la Reina de las Fiestas de Primavera en 1924, narrada por el Gran Diario de México. 

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Cobertura de El Gran Diario de México sobre la coronación de la Reina de las Fiestas de Primavera en 1924. Foto: Archivo EL UNIVERSAL. 

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De acuerdo a la publicación, el parque que rodeaba al tívoli estaba ataviado de banderas de todas las naciones y que en cada rincón había bandas y orquestas que no cesaban de animar a todos los que atendieron la fiesta mientras jugaban algo improvisado o participaban en concursos que se hacían a la par de la coronación:

“Y lo más bello, lo verdaderamente encantador fue que en aquellas horas de alegría rebosante que llegó hasta la locura, no anotamos una nota discordante. Todos fueron a gozar, a pasar el momento de descanso y a prepararse para reanudar hoy las labores que interrumpió la festividad religiosa que duró toda la semana”, reportaba este diario aquel año.

Otra de las curiosidades según la nota es que muy cerca del Tívoli de San Cosme había un Arco del Triunfo instalado en la zona por la empresa cigarrera de “El Buen Tono”. 

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Jardines del Tívoli de San Cosme en 1873. Foto: Southern Methodist University.
 

El Tívoli del Elíseo

En 1938, Nick Carter publicó en EL UNIVERSAL ILUSTRADO la crónica Leyendas de las calles, callejones, plazas y barrios de México: la colonia de Santa María la Redonda, donde explicó que el Tívoli del Elíseo desapareció porque en sus últimos años el sitio ya no era concurrido ante la falta de inversión de los dueños quienes optaron por venderlo como terreno.

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El tívoli del Eliseo fue sede de la “Gran Exposición de Ganado Vacuno” en 1923. Foto: Archivo EL UNIVERSAL. 

Consistía en un espacio con amplios kioscos, salones para baile, para banquetes o para sesiones políticas. Entre las celebraciones más emblemáticas del lugar estaban las fiestas conmemorativas de la Batalla de Covadonga —originaria de España, que se festejaba los 8 de septiembre— y del inicio de la Revolución Francesa —conmemorada el 14 de julio—, ambas apoyadas por los ministerios o representaciones de aquellos países en México y que eran atendidas por el mismísimo Porfirio Díaz.  

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Portada del Tívoli del Eliseo a finales del siglo XIX. Foto: Cortesía Rafael Fierro Gossman.

Los residentes españoles y franceses se encontraban con mexicanos para festejar aquellas fiestas, dependiendo de la fecha, el tívoli era decorado con los colores de sus banderas y convocaban a grandes personajes de la aristocracia porfiriana.

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Trabajadores de Euskadi en el Tívoli del Eliseo a inicios del siglo XX. Fotos: Cortesía Rafael Fierro Gossman y Google Maps. Diseño web: Griselda Carrera.

La fiesta española empezaba con una misa en la Iglesia de Santo Domingo —en el Centro Histórico— y de ahí se trasladaba hacia el tívoli, donde ya retumbaba la música española seguida por los movimientos de los bailarines con trajes típicos. Carter menciona que el “¡Olé!” era un grito que se escuchaba todo el tiempo “acompañado con panderetas y con sorbos de sidra o copas de manzanilla”.

Por su parte, en el festejo francés era más común escuchar el abrir de botellas de champán y “surgían en la memoria de todos la hecatombe sublime de la Bastilla, mientras ya en la penumbra, se veía levantada la guillotina que habría de cercenar la cabeza de María Antonieta”.

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Kermesse en el Tívoli del Eliseo un 14 de julio de 1900. Crédito: Mediateca INAH.

Un hecho histórico que pasó en este tívoli fue la Convención Antirreeleccionista en la que resultaron como candidatos a la Presidencia de la República Francisco I. Madero y Francisco Vázquez Gómez. A pesar de su historia y la importancia de las fiestas que ahí se llevaban a cabo, el desuso provocó su demolición en 1936. 

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Asamblea Antirreeleccionista en el Tívoli del Elíseo, el 15 de abril de 1910. Crédito: Mediateca INAH.

A pesar de que no se tienen los registros exactos de cuándo desaparecieron los otros tívolis capitalinos, en el artículo Tívoli del Franz Mayer, la comida, dimensión histórica de la ciudad de México, capital gastronómica del país, Giorgio De’Angeli los calificó como uno de los sitios donde se empezó a compartir la gastronomía mexicana en el mundo porque, así como se servían platillos franceses o españoles en diversas fiestas, también permitieron que viajeros probaran la comida mexicana, con lo que se favoreció la difusión de los sabores de nuestro país en el mundo.

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Demolición del Tívoli del Elíseo en 1936. Foto: Mediateca INAH.

En la fotografía principal aparece “La Ola”, un juego muy popular porfiriano que estaba al interior del Tívoli del Eliseo, aproximadamente en 1910. Archivo Manuel Ramos, cortesía Juan Carlos Briones.

Fuentes: 

  • Libro México Pintoresco
  •  Archivo Hemerográfico EL UNIVERSAL.
  • Artículo Tívoli  del Franz Mayer, la comida, dimensión histórica de la ciudad de México, capital gastronómica del país, 2008, de Giorgio De’Angeli, EL UNIVERSAL.

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