Teresita, la primera en dormir dentro del cráter del Popocatépetl

Mochilazo en el tiempo

A los 22 años Teresita de Jesús Baeza logró ser la primera persona en pasar cinco días y cinco noches al interior del cráter del volcán Popocatépetl. En 1988 ella y su equipo impusieron un récord mundial, pues nadie lo había hecho ni por una noche. Luego, otros alpinistas continuaron hasta 1994 cuando se prohibió por el incremento en la actividad del coloso. Hoy te contamos su historia

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Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez

Hace 32 años Teresita de Jesús Baeza logró una de las hazañas más significativas de su vida: estar cinco días y cinco noches en el cráter del Popocatépetl. El hecho se convirtió en récord mundial, pues por la constante actividad que el volcán ha registrado en las últimas décadas, ninguna persona lo ha superado.

El interés de Teresita por el alpinismo nació en su juventud. Su hermano la introdujo un día que le pidió ayuda con su tienda de campaña en una salida a la montaña. Después de cargar la tienda le solicitó que la llevara a sus excursiones, pero él se negaba por considerarlo peligroso.

Años después, Teresita logró aprender a escalar gracias a un anuncio en el Metro que decía “Curso de montaña” impartido por el Consejo Nacional de Recursos para la Atención de la Juventud (CREA).  Se inscribió y tomaba clases los sábados.

“Fue un buen recibimiento porque los maestros Eduardo Villegas y Gonzalo Osorio, que eran de media montaña —debajo de los cuatro mil metros, como el Ajusco—, eran muy buenos, mis respetos. En las clases nos enseñaban videos de caminatas que ya habían hecho y nos daban teoría sobre qué equipo íbamos a necesitar (mochila, botas) y también sobre la naturaleza”, explicó Teresita.
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El Popocatépetl. Fotos: Cortesía de Teresita de Jesús Baeza y Gobierno de México. Diseño web: Griselda Carrera.

Cada tercer sábado había una salida para que pusieran en práctica sus conocimientos. Ella siempre tuvo la inquietud de escalar una montaña con nieve, a lo que se denomina “alta montaña” pero sus profesores le comentaban que ya no podían subir más porque no estaban autorizados.

Se alejó un poco del alpinismo por compromisos de trabajo y escolares; un día, fue en el CCH que a través de una rifa tuvo la oportunidad de conocer a otro grupo de alpinistas, el Reinhold Messner.

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Con sólo escuchar que la rifa era de un grupo de alpinistas, “me brillaron los ojitos”, dijo Teresita, así la invitaron a una reunión del grupo a la que asistió para luego recibir otra doble invitación: a una excursión al Iztaccíhuatl y a inscribirse a la agrupación. No lo dudó.

A ella no le preocupaba su condición física porque desde pequeña practicaba deporte —corría y siempre buscaba carreras en las cuales participar—, factor que le ayudaba al escalar montañas aunado a su curso de alpinismo.

La expedición se llamó “Por las joyas del Iztaccíhuatl”, consistió en subir por “los pies”, llegar a la cima (que es el “pecho”) y bajar por “el cuello”, también llamado “Arista de la Luz”: “yo dije de aquí soy. Todos los días, después de salir de trabajar o la escuela, me iba al grupo. Llegaba y siempre había algo qué hacer y poco a poco fui conociendo a más alpinistas”.

Con una cámara cubría las salidas del grupo o expediciones a las que asistía como “corresponsal gráfica” del grupo de alpinismo; en el que se registró de manera oficial el 22 de enero de 1988, en esa época el grupo Reinhold Messner estaba integrado por 15 hombres, Teresita y otra compañera.

En una salida grupal para descender al cráter del Popocatépetl, en la que debían rescatar un banderín a manera de concurso, Teresita solicitó al presidente del grupo bajar y estar ella una semana entera en el cráter, pero en solitario; después de mucha insistencia, él la apoyó, pero al interior del grupo hubo polémica porque era nueva.

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Buzón que se encontraba en el fondo del Popocatépetl, adentro estaba el banderín “Ovaciones”. Cortesía  de Teresita de Jesús Baeza Ríos.

Para descender, Teresita debía tener un grupo de apoyo de cinco o seis personas que la ayudaran a cargar comida y el equipo de descenso al cráter —al igual que para una emergencia—; algunos de sus compañeros aceptaron con gusto y se empezaron a preparar para la hazaña con entrenamientos de ascensos y descensos por cuerda en espacios de Ciudad Universitaria o en Santa Catarina en Iztapalapa; así como en la práctica de nudos y de supervisión de arneses y equipo en general.

En el cráter del Popocatépetl había una laguna y no se solía acampar ahí porque era muy riesgoso; sin embargo, era un reto que Teresita quería romper: “había varias razones por las que no se acampaba en el volcán, una eran las fumarolas de azufre, la caída de piedras, la claustrofobia y la soledad en un lugar tan extenso”.

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Toma que muestra el cráter del volcán Popocatépetl en febrero de 1988. Cortesía de Teresita de Jesús Baeza Ríos.

A pesar de que su familia no estaba muy de acuerdo con su expedición, la apoyaron. Teresita no fue la primera persona que descendió al cráter del Popocatépetl, pero sí la primera que pernoctó dentro de él, pues antes solo hacían expediciones de un día y, como se mencionó, también se organizaban concursos para obtener premios.

El descenso estaba planeado para el 20 y 21 de febrero de 1988; pero el clima no lo permitió porque el aire estaba tan fuerte que podía provocar accidentes como golpearse con las rocas o la caída de campana, donde el alpinista termina volteado.

Récord Mundial a los 22 años

Según el libro Por las Montañas de México, de José Luis Sainz y Olvera, los días 3, 4 y 5 de febrero de 1923 fue la primera vez que vio a un grupo de alpinistas, equipado de acuerdo a la época, llegar al cráter del Popocatépetl, el equipo pertenecía al Club Exploraciones de México, fundado el 26 de marzo de 1922.

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Fotografías del sábado 21 de marzo de 1987 hacia la cumbre del Popocatépetl. Cortesía Teresita de Jesús Baeza Ríos.

Teresita tenía 22 años cuando lo logró: acampar en el cráter del volcán del 26 de marzo al 1 de abril de ese 1988, marcando un récord mundial de permanencia de cinco días y cinco noches. La comunicación con su equipo era a través de radio y de banderines de colores:

“Yo llevaba tres, un blanco, un azul y un amarillo; el azul y el amarillo los ponía afuera de mi casa de campaña e indicaban que todo estaba bien y que tenía alimento. El blanco significaba que ya quería ascender. Esos días yo caminaba en el cráter y me lavaba las manos con la laguna del cráter; había azufre puro que también llevé a casa”, expuso Teresita. 

"El día 26 de Marzo de 1988 siendo las 11:30 am, iba descendiendo al cráter del Popocatépetl mientras me imaginaba un gran misterio. Al principio del descenso, di vuelta de campana, me subieron y quitándome peso, volví a bajar", narra Teresita.

Recuerda que en ese momento sentía una gran emoción y, al estar al interior del cráter, corrió al centro para instalar su campamento para evitar que le llegaran piedras:

"Quería abrazar esa inmensidad sin poder creer que estaba cumpliendo mi gran sueño, con el apoyo de mis compañeros del Grupo Alpino Reinhold Messner. Veía una y otra vez las paredes del cráter tan inmensas, dando vueltas y sabiendo que en las alturas estaban mis compañeros que me estaban apoyando”.

De día se apreciaba el cielo hermoso, dice, acompañado de sonidos del soplo del viento y la caída de piedras grandes y pequeñas. “Me paraba en el centro y veía cómo salían fumarolas por distintos lados”.

“Por las noches, el cielo se veía azul con abundantes estrellas... Algo incomparable, mi felicidad de aquel momento, era y es parte de mi vida. Al descansar leía libros, entre ellos el de Juan Salvador Gaviota. Yo en medio de ese gran espacio extendía los brazos alzando la vista decía ‘esto es grandioso’ ".

Teresita comenta que nunca midió el tiempo que permanecía observando la magnitud y belleza del cráter; unos días sólo caminaba e inspeccionaba cuidadosamente y, a pesar de que todos los días podría parecer que hacía lo mismo, cada descubrimiento era único.

En sus recuerdos tiene muy presente la laguna de agua azufrada, que estaba caliente, en la que se lavaba las manos. También había azufre puro, con un aroma muy concentrado. Se siente afortunada de que no tuvo complicaciones en su salud en esa época, ni hasta la fecha.

Al final, no logró quedarse una semana entera. Recogió todas sus cosas y se alistó para ascender; una vez afuera, ella y su equipo de apoyo bajaron al Refugio Tlamacas y fueron recibidos por una ambulancia y compañeros del grupo.

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Así lucía el Refugio de Tlamacas y el Popocatépetl. Cortesía Teresita de Jesús Baeza Ríos.

Fue un récord mundial porque nadie había pernoctado ni una sola noche dentro del cráter del Popocatépetl, un volcán activo. Los descensos y ascensos al cráter por diversos grupos de alpinistas continuaron hasta 1994, cuando se prohibió de manera oficial el acceso debido al incremento en la intensidad de su actividad; Teresita comenta que en la actualidad la laguna ya no existe porque fue consumida por la lava.   

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El diario El Mundo de Orizaba”cubrió la hazaña realizada por Teresita, convirtiéndose en récord mundial. Cortesía Teresita de Jesús Baeza Ríos.

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En 1987, el Grupo Alpino Messner certificó a Teresita de Jesús Baeza como la mejor montañista del año. Cortesía Teresita de Jesús Baeza Ríos.​

Después del récord, el presidente del grupo le dijo en septiembre de 1988 que el CREA le iba a otorgar un reconocimiento como uno de los dos mejores montañistas del año. Siguió yendo a excursiones de montaña hasta que se casó y fue mamá, pero regresó de manera continua en 2014 y desde septiembre de ese año ha salido a excursiones en compañía de sus hijos.

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Teresita de Jesús recibiendo el reconocimiento por parte del CREA en el Teatro del Pueblo en septiembre de 1988. Cortesía Teresita de Jesús Baeza Ríos.

Sus hijos siempre se mostraron orgullosos de su mamá y, en algunas ocasiones, logró convencer a mamás de sus amiguitos para llevarlos a “la montaña”. Por ahora, lo único que les ha impedido seguir saliendo de excursión es la pandemia.

Teresita recomienda a los jóvenes no limitarse al realizar sus sueños: “traten de ver más, hombres y mujeres tenemos mucho potencial, pero a veces nos cuesta trabajo superar el miedo al querer realizar las cosas. Uno tiene que decir ‘yo puedo’ e intentarlo. Es válido descansar o tomarse un tiempo, pero nunca desistir”.

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Teresita de Jesús Baeza y sus hijos en el Nevado de Toluca en 2016. Cortesía Teresita de Jesús Baeza Ríos.

En la fotografía principal, Teresita posa frente al volcán Popocatépetl en los años 80. Cortesía Teresita de Jesús Baeza Ríos.

 

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