Tala ilegal, un viejo problema en México

Mochilazo en el tiempo

Los bosques no tienen quién los proteja en nuestro país. Tanto al Reglamento de Bosques de 1894, hasta la Ley Forestal de 1926 y sus actualizaciones les ha faltado severidad y cumplimiento. Con ello se ha buscado “la conservación perpetua de los recursos forestales”, pero la realidad es que nada detiene la tala clandestina

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En décadas pasadas la tala forestal representó una oportunidad de empleo para campesinos y obreros. ESPECIAL.

Texto: Miguel Ángel Teposteco Rodríguez

En México la pena por cometer tala ilegal es de 2 a 15 años de prisión, según una reforma hecha por el poder legislativo en 2021. Sanción que pretende frenar este delito presente en al menos 20 estados de la República, según la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).
                                                                                      
Los esfuerzos nunca han parado. “Se va a Dictar en Breve una Ley Forestal” se leía en una nota de este diario el 27 de enero de 1926, que especificaba el interés del presidente por regularizar la explotación de los bosques.

“La expedición de la Ley Forestal llenará una verdadera necesidad, ya que el Reglamento de Bosques que se estaba aplicando data de 1894”, el cual no “se adapta al concepto moderno de la dasocracia, ni al grado de adelanto a que han llegado las industrias forestales”.

Ya con la ley en vigencia, el entonces secretario de Agricultura y Fomento, Luis L. León, señalaba que el objetivo era “lograr la conservación perpetua de los recursos forestales”.

El artículo 51 de la normativa especificaba que: “Toda persona que derribe uno o más árboles de cualquier especie, contraviniendo los preceptos de esta Ley, se le castigará con una multa de uno a cien pesos por cada árbol derribado”.

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“El hacha mercenaria asesina al árbol de forma criminal y cobarde”, se lee en este encabezado de 1944. “Los trágicos muñones piden con muda elocuencia el castigo para sus verdugos” dice otra nota de esta plana dedicada a denunciar la tala ilegal sobre la carretera México- Veracruz. Hemeroteca EL UNIVERSAL.

El artículo 53 explicaba que si la falta se cometía en una reserva forestal, parques o arboledas urbanas, habría de cinco a quince días de arresto inconmutables. Las penas aumentaban si esto se hacía a escala comercial con multas de cien a mil pesos.

La ley de 1926 castigaba también prácticas como incendios forestales provocados por seres humanos y la introducción de ganado a los lugares protegidos, dos fenómenos que siguen sucediendo en las zonas naturales de todo el país.

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En esta plana de 1930, se observa a la izquierda al ingeniero Miguel Ángel de Quevedo, “El apóstol del árbol”, llamado así por su defensa incansable hacia el cultivo y protección de los árboles, a él se deben los Viveros de Coyoacán, uno de los pulmones de la capital hasta nuestros días. Hemeroteca de EL UNIVERSAL.

En los años 60 incrementó la tala inmoderada en México

En marzo de 1960, las cosas se pusieron tensas entre una compañía maderera y los habitantes de San Pedro Cajonos en Oaxaca. EL UNIVERSAL recogía que la empresa “ha venido explotando los montes del lugar, haciendo tala inmoderada de los bosques”.

El problema “se ha acrecentado debido a que hace unos días, según se nos dice, un representante de la citada compañía resultó muerto”. Y aunque se presumía como una muerte accidental, no contribuyó a la paz en el lugar ni a detener la extracción ilegal de madera.

Compara el antes y el después deslizando la barra central (clic aquí para ver más grande)

En la década de los 90 hubo un incremento de tala inmoderada a nivel nacional. En años recientes es la misma población la que los defiende ante la falta de vigilancia por parte de las autoridades, tanto en zonas rurales como en la misma capital. La foto a color es de Cuartoscuro y la otra es Especial.

Otra nota del 26 de marzo de 1960 narraba que en Durango se denunciaba la misma tala inmoderada. Se advertía que “los talamontes dejarán completamente rapados los bosques del noreste” del estado, “pues han invadido predios forestales en su carrera de destrucción”.

EL UNIVERSAL denunciaba, de voz de un informante, que “dichas empresas madereras se amparan con los contratos obtenidos, y en la nula o ninguna vigilancia que se tiene para hacerlas cumplir debidamente con las cláusulas que fijan límites y prohíben la tala de arbolado joven”.

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Otra plana de denuncia en este diario, donde se hace alusión a los bosques destruidos en la zona de los volcanes Iztaccihuatl y Popocatepetl. Hemeroteca EL UNIVERSAL.

Parques nacionales, pero sanciones poco severas

A más de 60 años, la realidad de los bosques en México rima con esta crisis que se denunciaba en varios estados de la República. La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) señala que entre 2018 y 2022 se recibieron mil 514 denuncias en materia forestal. De estas, mil 179 fueron por tala ilegal. [1] 

Eréndira Julieta Cohen Fernández, doctora en Ciencias Biológicas y ex directora general de Medio Ambiente, Desarrollo Sustentable y Fomento Económico en la Alcaldía de Tlalpan, explica que fue el presidente Lázaro Cárdenas el que decretó los parques nacionales como una de las primeras medidas para proteger el medio ambiente en el país:

“Hubo una percepción de la importancia que tiene conservar los recursos naturales, proteger las áreas que llamaríamos silvestres para que puedan seguir existiendo, a veces como reservas territoriales”.

Sin embargo, relata, los espacios protegidos se cuidan por un momento “para que luego se pueda hacer uso de ellos y hay siempre la constante pérdida de nuestros espacios con el pretexto de que hay un uso que se les puede dar que es mucho más importante, que va a disminuir la pobreza de los alrededores”.

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En la capital es donde más se han cortado árboles para edificar zonas habitacionales. Archivo EL UNIVERSAL.

Cohen está de acuerdo con ver a la tala ilegal como un problema de seguridad pública: “Y quienes talan no necesariamente son los comuneros o ejidatarios, hay nuevos intereses, inmobiliarios”.

Menciona que, en el caso de Tlalpan, la zona con suelo de conservación más grande de la Ciudad de México, esto ha generado hechos de violencia “y la pérdida de vidas, tanto de ejidatarios como de policías. En el bosque, la tala sí se vuelve un problema de seguridad. Porque las actividades ilícitas generan mercados negros y son parte, a veces, de las acciones de organizaciones criminales más complejas, más robustas, con estructuras que no son un campesino que va y tala para su consumo personal”.

Ella llama a que los pueblos dueños del territorio puedan participar y decidir el uso de los territorios con riqueza forestal. En el caso de la Ciudad de México, apunta que se debe levantar la veda de los bosques, ya que no ha servido para evitar la tala desmedida.

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Imagen de trozos de madera en el corredor ecológico de la zona del Ajusco, años 90. Archivo EL UNIVERSAL.

En este sentido, otros esfuerzos gubernamentales han sido poco severos con este tipo de delitos. El 16 de febrero de 1960, EL UNIVERSAL publicó que la Sala Penal de la Suprema Corte de Justicia de la Nación había negado un amparo a Pedro Vidal Aquino, Pedro Hernández Sánchez y Leonardo Aquino López para librarse de la condena a prisión que les habían dado por “delitos contra la riqueza forestal”.

La Sala Penal consideró el acto como una de las causas de la erosión del suelo y la pérdida de fertilidad; de la desaparición de los veneros (corrientes de agua que brotan del suelo); de la alteración del clima “por la ruptura del equilibrio ecológico” y de “un grave daño a la economía nacional”.

A pesar de que los delincuentes habían talado dos mil árboles en los Tecomates, Nayarit, la ley determinó que solo tres años de cárcel serían suficientes. Al menos entre el 2001 y el 2008 la tasa anual de deforestación se calculó en166 mil 337 hectáreas, según datos de la Comisión Nacional Forestal (Conafor).

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En la década de los 90 era común ver a pie de varias carreteras del país troncos de árboles, producto de la tala ilegal. Especial.

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Aunque en pequeña escala, los leñadores también contribuyen a la tala sin control. Archivo EL UNIVERSAL.
 

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