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Super Sound, la tienda de discos que llevó rock vanguardista a Polanco

Mochilazo en el tiempo

Antes de las famosas tiendas de CD, en Polanco existió Super Sound, “la Disneylandia de los discos”, un lugar roquero que vendió acetatos de 1980 a 1993, organizaba excursiones musicales al extranjero, traía a México novedades y hasta organizó algunos conciertos

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Texto: Daniela Jurado 

La tienda de discos Super Sound abrió sus puertas el 20 de junio de 1980 en Luis G. Urbina esquina con Aristóteles, en Polanco, frente al auditorio Ángela Peralta. Se distinguió por vender discos importados de rock, jazz y música de vanguardia.
 
El piso estaba alfombrado, los muebles eran de madera, había una vitrina con pines, revistas y accesorios para los tocadiscos, además de limpiadores de viniles, también colgaban de unos arcos camisetas de grupos, más lejos estaba la tornamesa. 
 
Eran 270 metros lo que medía la tienda, al inicio se vendían equipos de audio. El primer disco que alguien compró fue uno de Génesis y el que inauguró la tornamesa fue Highway to Hell de AC/DC, de acuerdo a Frank Otegui, dueño de la tienda. 

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La tornamesa que usaban en la tienda aún la conserva su dueño. Foto: cortesía/ Francisco Otegui. 
 
El primer trabajador de la tienda fue Miguel Mojedano, mejor conocido como el Inspector Vorágine, proveniente de España quien por azares del destino se reunió con otros dos de sus coterráneos en México: Antonio Tolosa y Marc Planas, mismos que estuvieron en la primera etapa de Super Sound. 

Ellos tres se encargaban de salir del país cada cierto tiempo a comprar discos “no había buenos discos, ni calidad, ni variedad por eso nosotros íbamos a otros países a seleccionarlos”, dijo el Inspector Vorágine vía telefónica desde San Sebastián. 

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Marc, Miguel y Lita Ford al interior de Super Sound en una imagen de 1983. Foto: cortesía/ Inspector Vorágine. 
 
Conforme pasó el tiempo unos trabajadores se fueron y otros llegaron como es el caso de Claudia Lizalde, Carlos García y Alan Boguslavsky, por mencionar algunos de ellos. 

Excursiones musicales 

En entrevista por video llamada  Frank nos compartió que a principios de los 80 una distribuidora en Houston que les surtía discos, les ofreció boletos de conciertos. De ahí surgió la idea de organizar viajes con los clientes. 

“Les ofrecíamos un paquete por un fin de semana que incluía hotel, avión y boleto para concierto. Íbamos grupos de 100 personas. Hacíamos carteles y pagábamos publicidad, para que la gente se enterara”, continuó Otegui.  

En el primer viaje que hicieron vieron a Génesis, en otros disfrutaron de Pink Floyd, R.E.M, ZZ Top, The Fabulous Thunderbirds, entre varios más. La clientela se acostumbró y preguntaba cuándo era el siguiente, pero se dejaron de hacer cuando las bandas empezaron a llegar a México. 

De acuerdo con Nacho Desorden, otro de los trabajadores de Super Sound, esos viajes también los aprovechaban para pasar discos en el aeropuerto, cinco discos por cabeza para no pagar impuestos, nos comentó. 

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Frank, Nacho Desorden y el Inspector Vorágine. Foto: cortesía/ Francisco Otegui. 

Con el objetivo de dar a conocer rarezas musicales y propuestas novedosas, el Inspector Vorágine le preguntaba cada mes a todo el equipo de la tienda cuál era la canción que más les había gustado de lo nuevo que había llegado y con eso grababa una cinta que vendían a los clientes, quienes después llegaban para comprar lo que habían escuchado en el casete del mes.  

Alrededor de 1984 Frank abrió otra tienda de discos que no era oficialmente sucursal de Super Sound, pero que tenía el mismo concepto. Se ubicaba en el segundo piso de Plaza Inn, sobre Insurgentes, y se llamaba Rock Express. Estuvo abierta alrededor de cinco años. 

“La abrí pensando que había mucha gente en el sur que no conocía Super Sound, pero no fue lo mismo. La gente seguía yendo a Polanco”, expresó Otegui. 

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El grupo de Iron Maiden con integrantes de la tienda en una fotografía de 1984. Cortesía/ Inspector Vorágine.

Algunos de los que trabajaban en la primera tienda también estuvieron en Rock Express como Nacho Desorden, quien nos compartió que trabajó desde el 83 hasta 1993.  

“Era un trabajo muy bonito, me la pasaba escuchando música todo el tiempo. En la tienda nunca tenías que poner discos de Madonna, ni de Depeche Mode no era necesario abrirlos ni ponerlos, esos pagaban la renta, se vendían solitos”, dijo respecto a la música que sonaba. 

Nacho recuerda: “había unos gemelos que iban a la tienda para preguntar por discos de Frank Zappa, nos hacían abrir muchos, pero nunca se llevaban nada. También había uno al que le decíamos ‘El Tocayín’, él no compraba sólo contaba historias que siempre dejaba incompletas”.  

Los entrevistados nos dijeron que otros clientes asiduos eran los hijos de Cuco Sánchez, que eran metaleros y que cuando fueron al festival Monsters of rock su papá se los encargó, ya que apenas tenían entre 17 y 18 años.  

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En las décadas de los años 70 y 80 era común que las tiendas de discos lucieran en su interior con discos colgantes, que en algunas ocasiones eran de colores, o bien, sus portadas. Foto de 1987. Archivo EL UNIVERSAL.

Compara el antes y el después deslizando la barra central (clic aquí para ver más grande)

La evolución de los soportes de la música, de los vinilos al CD. Fotos: Angélica Navarrete. Diseño web: Rodrigo Romano. 

¡Super Sound al aire! 

Cuando iba a empezar la estación Rock 101 en la radio, Luis Gerardo Salas y Federico Lira hicieron un acuerdo con la tienda en el que pactaron que, a cambio de cierta cantidad de discos, les dejarían hacer un programa. 

Ese programa se llamó Radio Set se transmitía todos los sábados de 4 a 6 de la tarde. En ese espacio compartían las novedades que llegaban a la tienda. Más tarde, algunos del equipo de Super Sound tuvieron otros espacios en la misma estación, como: Con los pelos de punkta, El licuado lisérgico y Las mezclas rudas

En 1991 entró a trabajar Uili Damage, vía telefónica nos contó que él supo de Super Sound por un anuncio de la revista Sonido. “Un día unos amigos satelucos organizaron una excursión a la tienda y vimos que era la Disneylandia de los discos".  

"Es un orgullo enorme haber estado ahí conviviendo con gente tan amante de la música. Era como estar en la película High Fidelity”, enfatizo.  

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Publicidad de Super Sound en la que se invitaba a la clientela para adquirir discos importados de Estados Unidos y Europa, cintas, posters y otros accesorios. La venta era menudeo y mayoreo. Foto: cortesía/ Francisco Otegui. 
 
En 1986 la tienda planeó el concierto de Blue Öyster Cult un grupo de Nueva York que se presentaría en el Palacio de los Deportes:  

“Aunque cumplimos con todos los permisos, justo el día que fuimos por los músicos al aeropuerto nos cancelaron el concierto. No había nada que hacer porque el grupo ya estaba pagado. Hubo que rembolsar el dinero a toda la gente, algunos aceptaron discos en lugar de efectivo, pero imagínate eran 14 mil boletos”. 

Narra Frank que esto sucedió una semana antes de la inauguración del mundial del 86. “Yo pienso que al gobierno le dio miedo que hubiera un portazo, además ya estaba la prensa internacional en México”. 

Posterior a esto, Otegui lo intentó de nuevo y trajo a un representante del jazz: Chick Corea, este concierto que se llevó a cabo en el Auditorio Nacional salió bien; sin embargo, hubo otro declive cuando en abril de 1991 un promotor quedó en traer a Peter Murphy y no cumplió. 

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Chick Corea con clientes y trabajadores de la tienda Super Sound. Foto: cortesía/ Inspector Vorágine. 
 

En septiembre del mismo año organizó la presentación de Front 242, un grupo de rock industrial de Bélgica que tenía confirmadas dos fechas, pero el primer día hubo tanto ruido que no le permitieron realizar el segundo, donde también tocaría Década 2, si no cambiaba de sede, aunque consiguió otro lugar el grupo ya no quiso, porque ya tenían todo montado. Lo que provocó que volviera a perder dinero y el interés por traer más bandas.  

“Super Sound estuvo 13 años abierta del 80 al 93, se terminó no por ganas, sino por las pérdidas económicas aunado a ello entró Mixup con mucho dinero y con sucursales por todos lados. Todas las tiendas del momento fuimos cerrando porque nos quitó toda la clientela”, recordó Otegui.  

“Actualmente me encuentro a algunos de los que fueron clientes que me dicen que debería de abrir otra vez una tienda. Pienso que Super Sound marcó una etapa en México. Decidí cerrar porque la venta comenzó a bajar considerablemente. Fue de un día para otro. Preferí dejar un buen recuerdo, terminar dignamente. Esto de la música es un fenómeno raro, porque hay países donde las tiendas de discos siguen en auge, por ejemplo, en Japón. Hace unos años estuve en Irlanda y quedé impresionado al ver la cantidad de discos, no sé si es por la cultura, no sé”, concluyó Frank. 

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Actualmente son muy pocas las tiendas de discos, ahora es común ver su venta en puestos de la calle, como este sobre Balderas. Crédito: Agustín Salinas Agencia de Noticias de EL UNIVERSAL.

La fotografía principal muestra el interior de Super Sound. La tienda medía 270 metros donde además de los acetatos se ofrecían camisetas con logos de los grupos de rock del momento y de los súper clásicos. Cortesía/ Francisco Otegui.

Fuentes: 

  • Documental Just Like Heaven, la historia de Super Sound de Pilar Ortega. 
  • Entrevistas: Miguel Mojedano “Inspector vorágine”, Ignacio López Velarde “Nacho desorden”, Wilfrido “Uili Damage” y Francisco Otegui “Frank”. 
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