Santa Cruz Meyehualco, una de las primeras unidades habitacionales

Mochilazo en el tiempo

Este gran complejo habitacional, al oriente de la capital, fue un ambicioso proyecto de los años 50 que se construyó sobre terrenos de hortalizas y parte de un gran basurero a cielo abierto. Los nuevos pobladores llegaron buscando refugio, sus viviendas fueron expropiadas para construir escuelas, hospitales o avenidas

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Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez

Al oriente de la capital mexicana se encuentra una de las primeras unidades habitacionales que se construyeron en la Ciudad de México cuando Ernesto P. Uruchurtu fungió como regente capitalino, de 1952 a 1964.

Las unidades, primeras para vivienda popular, se anunciaron como uno de los proyectos más ambiciosos de dicha administración aprobados por los presidentes Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos:

“Y en cuanto a la urbe mexicana se refiere, una de sus metas esenciales radica en procurar que los desposeídos, los humildes, las capas socialmente paupérrimas, disfruten de hogar”, señala un párrafo del libro La Ciudad de México – Departamento del Distrito Federal.
 
Aunque se crearon varias unidades populares en aquellos años, las que definitivamente marcaron este periodo fueron dos: San Juan de Aragón, la más grande y ambiciosa al nor-oriente capitalino, y la segunda al oriente, de menor tamaño en comparación, en Santa Cruz Meyehualco.
 
En los que solían ser los ejidos de Aragón y del Peñón se construyó una unidad de diez mil casas “unifamiliares, con dos, tres y cuatro recámaras, en lotes de ciento noventa metros cuadrados como promedio”, mientras que en Santa Cruz Meyehualco se edificaron tres mil. 

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Toma aérea de las tres mil casas económicas en Santa Cruz Meyehualco en los años sesenta. Colección Carlos Villasana. 

La historiadora y cronista, Beatriz Ramírez González, narra para este diario que en Santa Cruz Meyehualco la unidad habitacional se levantó sobre terrenos ejidales ubicados al norte del pueblo del mismo nombre, donde en una parte se cultivaban hortalizas y en otra había un tiradero de basura.

De las tres mil casas que comprendían el proyecto, poco más de 800 se destinaron a los pepenadores y las restantes se distribuyeron a pobladores que fueron reubicados de las zonas colindantes a lo que hoy es el Viaducto Miguel Alemán, la Ciudad Deportiva o el norte de Paseo de la Reforma, entre avenida Juárez o la Glorieta de Peralvillo, debido a que sus terrenos fueron expropiados para la construcción de escuelas, hospitales o avenidas principales.

Los terrenos fueron expropiados el 9 de abril de 1958 bajo la leyenda de “utilidad pública” y tras años de trabajo, la unidad fue inaugurada el 9 de agosto de 1963 por los entonces regente y presidente, Ernesto P. Uruchurtu y Adolfo López Mateos, respectivamente. 

Las casas se construyeron de forma horizontal con limitaciones para crecer a lo alto; en el filme El hombre de papel, del director Ismael Rodríguez y protagonizada por Ignacio López Tarso, se puede ver los inicios de la unidad, donde algunas casas seguían construyéndose y en la que se hacía alusión a la época donde parte del predio seguía siendo un tiradero.  

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Vista parcial aérea de las casas populares en Santa Cruz Meyehualco, década de 1960. Colección Carlos Villasana. 

 
En esta película, el actor Ignacio López Tarso personifica a un pepenador mudo que encontró un billete de mil pesos, con los que espera cumplir uno de sus sueños. Crédito: Canal de YouTube CinemaNet TV.

Frente al Mercado de Santa Cruz Meyehualco, en un tramo de la Calle 55 existe un mural dedicado a los actores que protagonizaron la película El hombre de papel; la Calle 55 se añadió recientemente al programa “Camino Mujeres Libres y Seguras” que busca generar mejores condiciones de vida en las y los habitantes de la zona.

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Boceto y mural concluido en la Unidad Habitacional Santa Cruz Meyehualco. Fotos: Sandy Bell Arias González. Cortesía.

Una identidad propia

En el proyecto “Diario de un Viaje. Memoria de una comunidad: Unidad Habitacional Santa Cruz Meyehualco”, apoyado por el PECDA - CDMX en 2017, habitantes de diferentes edades de la unidad describen cómo fue vivir ahí desde sus inicios. 

Las casas variaban en cuanto a dimensiones, había de cuatro, tres o dos recámaras; algunas tenían techos de asbesto, otras de concreto.

De acuerdo con las narraciones, una de las dificultades que tenía la comunidad es que carecía de identidad propia, esto debido a que los pobladores eran originarios de distintas zonas de la capital.

Poco a poco, la convivencia logró que se reconocieran como habitantes de un mismo lugar y empezara a surgir la identidad que hasta hoy en día acompaña a la zona.

El gobierno las vendió a un precio accesible y con comodidades para que las familias las pudieran pagar en un periodo entre los 15 y los 25 años y según la historia comunal, la mayoría recibió sus escrituras entre 1975 y 1980.

No todas las calles tenían pavimento, algunas sólo tenían tierra que se levantaba si había fuertes vientos o que se convertían en pequeños charcos en temporada de lluvias; pero “hasta cierto punto era bueno porque se absorbía el agua y acaso duraba unas dos o tres horas el encharcamiento”, dijo un vecino. 

En cuanto a los servicios, la unidad ya contaba con drenaje, luz y agua; pero el gas tardó un poco más y mientras tanto, se tenía que cocinar —o calentar el agua para el baño— en anafres o estufas de petróleo. A fines de la década de 1960, alrededor de 1967, un grupo de vecinos organizados solicitó a las autoridades que se pavimentaran todas las calles del conjunto habitacional. 

Compara el antes y el después deslizando la barra central (clic aquí para ver más grande)

 En donde hoy vemos el parque Cuitláhuac antes, desde los años 40 y hasta los 80 hubo un tiradero de basura a cielo abierto. Imagen aproximada a finales de los años 50. Fotos: Cortesía Beatriz Ramírez y Gobierno CDMX. Diseño web: Rodrigo Romano.

En la unidad había una zona conocida como “Casitas”, que desde tiempo atrás ocupaban de forma irregular familias de los trabajadores del tiradero; Ana, una vecina contó: “desafortunadamente, y pesar de vivir en esa área antes de que se construyera la Unidad, ellos han sentido que no se les toma en cuenta”.

Existían ciertos prejuicios entre todas las familias, tanto por su colonia de origen o por su trabajo; sin embargo, con el paso del tiempo, la perspectiva cambió y las asperezas entre los “viejos” y los “nuevos” habitantes de la unidad se suavizaron gracias a la aparición de comercios y la convivencia.
  
Había una zona de la unidad donde vivían pequeños fabricantes que ofrecían trabajos en periodos vacacionales para los “chiquillos”, como lo narra la siguiente vecina: 

“Pues ya sabe, 'Fulanita' comentaba: 'Oye, fíjate que allá están dando trabajo a los chiquillos para las vacaciones'. Entonces ya nos mandaban los papás a que nos dieran unas 96 cubetas —de esas bien pesadas de lámina— donde nos daban el chicle y la envoltura. Nosotros lo teníamos que hacer y lo teníamos que devolver. Pero al mismo tiempo que los hacíamos, nos comíamos los dulces, iban cinco para allá y cinco para acá. Al final mi papá salía pagando. Yo le decía: 'Papá, debo cinco centavos'. Y ya él los pagaba”.

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Vista parcial aérea de las casas populares en Santa Cruz Meyehualco en la década de 1960. Colección Carlos Villasana. 

Los testimonios coinciden en que, al menos en sus inicios, en la zona existió una laguna, había animales como patos, ranas o sapos. El agua se utilizaba para lavar cosas o para el riego de cultivos. Una vecina de nombre Cristi, narró lo siguiente: 

“Nosotros vivíamos en la entrada de la que antiguamente era la calle 12. Ahora es Samuel Gompers. Recuerdo que me decía una vecinita: 'Ándale hija, agárrate tu canasta; vámonos a traer quelites'. Mi mamá me decía: 'Sí, vete a recoger unos quelititos'. Ahí íbamos hasta mero hasta allá por la Vicente Guerrero. Casi ni nos veíamos y ahí cortábamos. Regresábamos con una bolsota y decía mi mamá: 'Mira, hacemos esa con pollito y esta con carnita y ya'”. 

Cristi y otros vecinos recuerdan que a ciertas horas de la tarde comenzaba la “quemazón” en el tiradero, lo que traía consigo la presencia de zopilotes, humo, enjambres de moscas y un aroma inconfundible. 

Para el recreo y el juego estaba “el llanito”, lugar en el que los infantes, jóvenes y adultos pasaban el tiempo jugando al futbol, las canicas, el yoyo, el trompo, “los huesitos”, el balero, las coladeritas o, también, para ver obras de teatro, ver películas que se proyectaban o salir de “novios”. 

En 2011 al interior de la Unidad Santa Cruz Meyehualco se inauguró el centro cultural “Elena Poniatowska”. Dicha apertura contó con la presencia de la escritora y desde ese entonces ha ofrecido a la comunidad talleres artísticos gratuitos y áreas para el ocio; sin embargo, como la gran mayoría de los espacios culturales de la capital, ha permanecido cerrado por la pandemia.

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Elena Poniatowska en la inauguración de la casa de cultura al interior de la Unidad Habitacional Santa Cruz Meyehualco. Cortesía Beatriz Ramírez.  

Un tianguis que surgió por el desempleo

Los vecinos recuerdan que el tianguis nació “por necesidad” alrededor de 1986; varios pobladores no tenían empleo y vieron en la venta de objetos —popularmente conocidos como “chácharas”— una posibilidad de generar dinero para el hogar. 

Pasó de tener 10 ó 20 puestos de las familias que vivían en la unidad hasta los casi 5 mil comerciantes que hay hoy en día, aunque no todos son de la zona o de la Ciudad de México. El tianguis se hizo famoso ya que miles de personas lo visitan para comprar comida, joyas, ropa, artículos para el hogar o calzado. 

Tradicionalmente, el tianguis se instala martes, viernes y domingo en calles aledañas a la Unidad Habitacional; pero después de los sismos 2017, las autoridades capitalinas y de la Alcaldía empezaron un proyecto para reubicarlo.

Después de unos meses de negociaciones, en junio de 2019, se anunció que el gobierno capitalino y los comerciantes del tianguis de Santa Cruz Meyehualco habían acordado que éste fuera reubicado dentro del mismo rumbo para rehabilitar inmuebles y sanear grietas que había en la zona de la unidad donde se encontraba.

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Nueva ubicación del Tianguis Santa Cruz Meyehualco; de acuerdo con la alcaldesa Clara Brugada, la reubicación se debió a los problemas que generaba en la comunidad como: la basura acumulada, problemas de inseguridad, venta de sustancias o mercancías ilícitas o de narcomenudeo.  Foto: Eduardo Hernández. Archivo EL UNIVERSAL.  

De tiradero de basura a Parque Cuitláhuac

Otro de los sitios importantes de la zona es el Parque Cuitláhuac, uno de los más grandes de América, que se encuentra en lo que antes fue un tiradero a cielo abierto llamado “Santa Cruz Meyehualco”, el cual funcionó desde la década de 1940 y hasta principios de los años 80.

Beatriz Ramírez explica que recibía todos los días cerca de 6 mil 400 toneladas de residuos sólidos y ahí trabajaban cerca de 800 familias de pepenadores que recuperaban a mano subproductos dentro del sitio. A lo largo de casi 35 años de operación captó un total de 44 millones 712 mil 500 toneladas de basura.

La clausura definitiva del tiradero inició el 15 de noviembre de 1982 y concluyó cuatro años después, en los que se removieron “2 millones 600 mil metros cuadrados de residuos y se utilizaron 769 mil 600 metros cuadrados de material para cobertura, lo que sirvió para controlar las exhalaciones de biogás, instalándose 42 pozos de monitores para su control”. 

Después del cierre de la zona y de su saneamiento se logró la recuperación de áreas verdes habilitadas como parque. En la actualidad se le considera el segundo pulmón de la ciudad —también conocido como "Nuevo Chapultepec"– y desde principios de los años 2000 ha sido renovado constantemente.

El año pasado, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador,  la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, y la Alcaldesa de Iztapalapa, Clara Brugada, inauguraron la primera fase de renovación del parque, que en un futuro tendrá seis hectáreas de humedal, una pista para ciclismo BMX, un kartódromo y un foro al aire libre.   

Fue así que una de las primeras unidades habitacionales de la Ciudad de México –de las que hoy hay decenas en la capital–, donde sus habitantes no se conocían entre sí y construyeron en conjunto una identidad, se convirtió en una zona donde el comercio y la apertura del "Nuevo Chapultepec" los conecta con otras personas dentro y fuera de la urbe.

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Tomas aéreas del Parque Cuitláhuac, muy cerca de la Unidad Habitacional Santa Cruz Meyehualco. Crédito: Gobierno de la Ciudad de México. 

La fotografía principal muestra la Unidad de Santa Cruz Meyehualco aproximadamente a principios de los años 50, imagen tomada del “Diario de un Viaje. Memoria de una comunidad: Unidad Habitacional Santa Cruz Meyehualco” del  AGN.

Fuentes:

  • Beatriz Ramírez González, Historiadora y Cronista de Iztapalapa. 
  • Diario de un Viaje. Memoria de una comunidad: Unidad Habitacional Santa Cruz Meyehualco, PECDA CDMX 2017.
  • Gobierno de la Ciudad de México.
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