Mochilazo en el tiempo

Rodolfo Amparán fue el piloto más joven de la aviación mexicana

A los catorce años hizo su primer vuelo solo en Chihuahua y llegó a volar sin mapa. Fue conocedor mecánica y orografía. Texto: Heidi Ramírez y Mario A. Trillo

Foto de la evidencia del joven piloto Rodolfo Amparán, recién “bautizado” con su baño de aceite por su Primer Vuelo Solo. Es una costumbre entre pilotos. Fuente: Archivo Personal-Air Museum.

México ha sido un gran referente en la aviación a nivel internacional por detalles nunca antes vistos en el mundo, por ejemplo: en su momento el presidente Francisco I. Madero fue , nuestro país era el único que para 1915 contaba con un arma de aviación militar constituida (lo que hoy es la Fuerza Aérea Mexicana), también fue el escenario para el primer bombardeo aéreo naval el 14 de abril de 1914 en Sinaloa.





A estas hazañas aeronáuticas sumamos a tres chihuahuenses amantes de la industria de los motores y las alas: Emma Catalina Encinas: primera mujer en volar un avión en el país y la primera en el mundo en pilotear aviones presidenciales; Roberto Fierro Villalobos; en 1928 fue el primero en hacer vuelos internacionales por América Latina.

Óleo de un artista local al cual le encomendaron plasmar parte de la galería de las aeronaves que Rodolfo piloteó; el primero fue el color naranja de la parte inferior izquierda. Fotografía: Mario Alberto Trillo.

El tercero es Rodolfo Amparán Rosales, quien fue el piloto más joven que México ha visto y que a cien años de su natalicio lo recuerda hoy como un reconocimiento por sus más de 30 mil horas de vuelo durante su vida.

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El joven piloto vio el destello del sol el 14 de febrero de 1926 en el pueblo minero de Santa Eulalia, Chihuahua, poblado ubicado a 20 kilómetros de la capital, ciudad a la que emigró la familia cuando Rodolfo Amparan quedó huérfano de padre a sus ocho años.

Logotipo del Air Museum C.P.A. RODOLFO AMARAN Fuente: Archivo Personal Air Museum.

Las inquietudes de aquel niño lo llevaron a caminar por más de una hora todos los días para llegar al primer aeropuerto que tuvo Chihuahua y que se ubicaba contiguo a la Colonia San Felipe, ahí el infante pasaba gran parte del día pegado a la malla viendo el ir y venir de aviones. A los once años soñaba en pilotear un aparato de aquellos.

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Para 1940 el muchacho ya era conocido entre los mecánicos del aeropuerto y ayudaba en ciertas tareas. Un día no faltó quien le presentara a uno de los pilotos y al no haber tantos requerimientos para emprender un vuelo, Rodolfo Amparán realizó su primer vuelo en sólo a sus escasos catorce años en un avión marca Fleet.

El joven Rodolfo Amparán desnudo a sus 14 años antes de recibir el baño de aceite o “bautizo”, costumbre entre pilotos cuando se hace el primer vuelo solo. Fuente: Archivo Personal-Air Museum.

Aquel “maestro” de las pistas de apellido Carranza convirtió a Rodolfo en el piloto más joven de la aviación mexicana. El momento quedó plasmado en una fotografía, cuando sus compañeros lo bañaron en aceite totalmente desnudo cumpliendo aquella vieja tradición al finalizar el vuelo en solo, imagen que acompaña este texto.

A partir de ese momento el nuevo piloto comenzó una larga y exitosa carrera en el aire y encontró en la aviación una forma de vida en la que consolidó sus más grandes sueños, poco a poco se hizo de manuales, guías, mapas y todo lo necesario para poder volar con mayor facilidad y pericia.

Fotografía del piloto aviador Rodolfo Amparán en pleno éxito de su carrera. Cortesía.

Así empezó a identificar cada una de las piezas de los aeromotores y otras herramientas que fueron cultivando su intelecto empírico, sin hacer de lado la mejor brújula que tenía y que algunos pilotos llegaron a envidiar: el perfecto conocimiento de los cerros, montes y llanos que le brindaban entre las nubes la posición exacta de sus aventuras por los cielos.

Esa habilidad le permitió ser uno de los pioneros en volar toda la Sierra Tarahumara y varias rancherías del Estado de Chihuahua para trazar nuevas pistas de aterrizaje.

Rutas asignadas para prestar servicio de transporte aéreo a varias localidades de la Sierra Tarahumara. Fuente: Archivo Personal-AirMuseum .

Como parte de las anécdotas, luego de sobrevolar alguna de las áreas tomaban una fotografía aérea y ahí plasmaban con un plumón la zona a desmontar, pero también mandaban a habilitar las calles principales de los pueblos para que sirvieran como pistas de aterrizaje de los taxis aéreos; incluso los pobladores al escuchar el motor del aeroplano, pausaban actividades dejando libre la calle para que el taxi realizara la maniobra sin peligro o contratiempo alguno.

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Siempre llevó una vida reservada, la discreción fue uno de los grandes y congruentes valores no sólo de su persona, sino también de su empresa hacia sus clientes, gran parte de ellos nutridos grupos de ejecutivos de las más grandes empresas que ha tenido Chihuahua, además de la pasión de querer acercar a las comunidades más alejadas.

Credenciales y licencias del piloto Amparán. Fuente: Archivo Personal-Air Museum.

Su pasión por los aires lo llevó a fundar algunas empresas aéreas como: Aero Fumigaciones Aldama, Aero Servicio del Norte, Aviones de Chihuahua y vio consolidado su sueño al tener su propio "Aeródromo Rodolfo Amparán" en el municipio de Villa Aldama, el cual él mismo proyectó en unos planos hechos a mano, sus pistas son más grandes y con una orientación privilegiada, planeada conforme a los vientos dominantes.

Aquellas instalaciones albergan el Primer Museo de Aviación Civil en México, recinto que conserva una esencia única de cualquier aeropuerto de la década de los 60´s. A la fecha ofrecen diferentes servicios aeronáuticos y son administradas por su nieto el también Capitán Piloto Aviador Rodolfo Amparán Frías.

Croquis hecho a mano de la proyección de su propio Aeródromo Rodolfo Amaparán con orientación privilegiada y conforme a los vientos dominantes. Cortesía.
Rodolfo Amparán Frías, nieto de “El Shorty” es quien administra actualmente las instalaciones del Aeródromo RA y del Air Museum.

De este Aeródromo pueden salir o llegar aeronaves a cualquier parte de la República Mexicana cuenta con servicios de mecánica, combustible, refacciones, por mencionar algunos y ha brindado a varios artistas una llegada de bajo perfil para evitar declaraciones de la prensa o multitudes de fans.

El ”Shorty”, como era su apodo en el ambiente por ser muy bajito de estatura apenas 1.53, encontró a su copiloto de vida en Magdalena Celis Yegui, con quien tuvo cinco hijos y contrajo matrimonio el 1 de mayo de 1947 para hacer valer la frase “hasta que la muerte los separe”.

Magdalena Celis Yegui y Rodolfo Amparán Rosales, foto del matrimonio. Fuente: Archivo Personal-Air Museum.

A la conquista de la Sultana

Rodolfo Amparán Rosales era bastante conocido, en una ocasión lo contactó el empresario banquero Eloy S. Vallina para que lo llevara de urgencia a la ciudad de Monterrey argumentando que su piloto tuvo que regresar después de varios minutos de vuelo por falta de conocimiento de la ruta.

Amparán aceptó el reto y ese mismo día pedía permiso a la torre de control del aeropuerto de Nuevo León para aterrizar, la hazaña fue que el señor Amparán no llevaba consigo mapa o guía alguna confiado solo en su experiencia empírica que la vida le había proporcionado y en el amor a volar.

Rodolfo Amparán en su avanzada edad, pendiente de la instalación de un nuevo motor. Fuente: Archivo Personal Air Museum.

Desde entonces y por muchos años fue el piloto y amigo personal del empresario y de otros más quienes, convencidos de sus capacidades, se apoyaron en él para sus servicios aéreos, como lo fueron las familias Terrazas, Almeida y Valles.

Su fama se extendió al campo político y voló para los gobernadores Oscar Flores, Manuel Bernardo Aguirre y a Patricio Martínez cuando eran candidatos a gobernador; además, en campañas presidenciales trasladó por el cielo de Chihuahua a los candidatos Miguel Alemán y Luis Echeverria.

“El Shorty” fue el apodo con el que se le conoció en el medio debido a su baja estatura. En esta fotografía se aprecia en compañía de algunos empresarios y compañeros de la aviación. Fuente: Archivo Personal-Air Museum.

Incluso fue contratado en 1965 para transportar el material de la película Río Hondo interpretada por John Wayne uno de los pioneros del cine mudo en los años 20's actor y director de gran trayectoria en los Estados Unidos.

A la fecha el “Shorty” Amparán es evocado por los pilotos que con cariño lo mencionan en sus pláticas donde recuerdan las ansias que tenía el “Shorty por pilotear sus aviones por cielos lejanos”.

Placa del Aeródromo R.A., Villa Aldama Chihuahua. Fotografía: Mario Alberto Trillo.

A lo largo de su carrera tuvo al menos dos accidentes que le sacaron buenos sustos: uno de ellos al realizar un servicio de aerotaxi en la sierra, donde la gente, siempre agradecida y hospitalaria, le regaló carne seca -en las rancherías se acostumbra a que si alguien te regala algo debes aceptarlo con absoluta cortesía y así lo hizo Amparán.

Sin embargo, cuando se disponía a despegar tuvieron una falla al elevarse por exceso de carga, pues una de las llantas del aeroplano se atoró en un cerco provocando que ésta se arrancara por completo; por fortuna salió ileso.

Maniobras de rescate del accidente que tuvo Rodolfo Amparán cuando sobrecargaron la aeronave y las llantas toparon en un cerco. Fuente: Archivo Personal-Air Museum.

Pero no corrió con la misma suerte en otra ocasión, ya que al estacionar su avión en una pista con pendiente considerable, Rodolfo colocó un par de piedras en las llantas como lo hacía cotidianamente; sin embargo, en esa ocasión las rocas no pudieron con el peso de la aeronave y ésta inesperadamente las venció quedando a la deriva cuesta abajo.

Por desgracia la nave atropelló al piloto Amparán, pues su pierna quedó atrapada entre una de las llantas, el accidente fue bastante aparatoso.

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Ese día un labrador que pasaba por el lugar se acercó luego de presenciar lo ocurrido y traía consigo una botella de mezcal, el accidentado le pidió le compartiera de su bebida dando un sorbo gigante y varios más hasta adormecer el dolor mientras a la par le daba instrucciones de qué botón activar en la máquina para solicitar ayuda.

Diploma por 10 mil horas de vuelo otorgado por la Dirección General de Aeronaútica Civil de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Fuente: Archivo Personal-Air Museum.

Para su fortuna, otro piloto sobrevolaba el área y se logró su rescate. Fue trasladado para su atención médica, luego de revisarlo le dijeron que debido al daño que su pierna presentaba debían amputarle gran parte de la extremidad, prácticamente hasta el muslo, él se negó, pero sí aceptó que le pusieran un mecanismo de metal para mejorar su motricidad.

Después a los seis o siete meses del accidente, varios empresarios de la competencia llegaban a las puertas de su casa a negociar con su señora esposa para adquirir la empresa de Amparán Rosales, pero la familia siempre se negó a cualquier propuesta de compra-venta.

Esto motivó a Rodolfo para reactivarse y conquistar de nueva cuenta las alturas, para ello lo contrataban en los servicios de taxi aéreo, siempre llegaba con antelación al horario acordado con sus clientes.

Croquis del diseño de una torre y hangares elaborados a mano por Rodolfo “El Shorty”. Fuente: Archivo Personal-Air Museum.

Acompañado de sus muletas, que escondía en un rincón de la aeronave, luego de subir la escalinata con el apoyo de su hijo o algún otro familiar, se sentaba en el asiento para pilotear disponiéndose a prestar el servicio y así lo hizo en varias ocasiones, sin tener imprevisto alguno, sus ocupantes ni cuenta se daban de su lesión.

Los días pasaron y estos trajeron los años, pero el Shorty Amparán seguía siendo el mismo: orgulloso de su obra hecha realidad, de su familia hijos y nietos quienes fueron el fuselaje y motor de su vida.

Vista exterior del acceso al Air Museum. Fotografía: Heidi Ramírez.

Por más fama que logró alcanzar su tren de aterrizaje jamás se despegó del suelo, inculcó e hizo que se preservaran los valores del hombre con el ejemplo vivo a pilotos, amigos y familia, tal como lo recordó para este texto, su nieto Rodolfo Amparan Frías “El Flaco”.

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Puedes ver al capitán Amparán Rosales compartir más memorias en este video de 2016. YouTube.

Como toda golondrina que un día detiene su vuelo, Rodolfo “Shorty” Amparán Rosales emprendió el vuelo final el 9 de octubre de 2016 en la Ciudad de Chihuahua, el mismo mes cuando las lunas de la capital norteña son las más hermosas. Fue así como la madre tierra le rindió fruto tras haber recorrido más de 30 mil horas de vuelo, el cielo en el que tantas veces venció a la gravedad, lo recibió.

  • Fuentes:
  • Entrevista con el C.P.A. Rodolfo Amparan Frías, nieto de Rodolfo Amparán
  • Entrevista con Gloria Amparán Celis, hija de Rodolfo Amparan
  • Fuerza Aérea Mexicana. La aviación militar. Un siglo de historia (1915’2015).
  • Fotografías del archivo personal y museográfico del Air Museum, propiedad de Rodolfo Amparan Frías.