Pardo García, el poeta colombiano que siguió a Pellicer hasta México

Mochilazo en el tiempo

Germán Pardo García fue un gran poeta colombiano que llegó a México en 1931 siguiendo a su amigo Carlos Pellicer. En este país publicó la mayor parte de su obra.

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En la imagen Fanny Mallarino de Brigard, esposa de quien fuera gobernador de Cundinamarca, en Colombia, Ignacio Umaña de Brigard; en medio, el poeta colombiano Germán Pardo García y Luis Antonio Alvarado, en una foto del 24 de septiembre de 1983. Archivo EL UNIVERSAL.

Texto: David Antonio Pulido García
A Gaby

Amante de la bohemia clandestina, el poeta colombiano Germán Pardo García (1902-1991) solía deambular por las calles de la ahora colonia San Rafael, en la Ciudad de México, en los años 30 y 40, cuyos sórdidos personajes de entonces saltaron en más de una ocasión de los callejones oscuros a los versos de su poesía, que se hizo con el paso del tiempo más oscura y melancólica.  

Personalidades como Alfonso Reyes, Eduardo Colín y José Juan Tablada y el grupo de “Los Contemporáneos” fueron sus más cercanos interlocutores.

Ellos conocieron y comentaron favorablemente sus versos, gracias a algunas tertulias y recitales a los que el mustio poeta colombiano asistía, contrariando su carácter tímido, con el único ánimo de complacer a su querido amigo mexicano, Carlos Pellicer Cámara, quien en cada encuentro se desbordaba en elogios para él y su obra, llegando incluso a nombrarlo, en las páginas de la Revista Mexicana de Cultura, como a “una de las mayores voces de la poesía actual en cualquier latitud terrestre y celeste.”

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El poeta colombiano Germán Pardo García en una fotografía de la alcaldía de Ibagué, donde nació en 1902, municipio de Colombia. Foto: Municipio de Ibagué, Gobierno de Colombia.

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El poeta tabaqueño Carlos Pellicer en su escritorio. Crédito: INAH.

Muy jóvenes aún, los dos poetas se habían conocido en Bogotá a finales de 1918 y, desde que estrecharon por primera vez sus manos, entablaron una amistad tan irrestricta como insospechada: uno, nacido en 1897, en el intenso calor de Tabasco, México, alegre, locuaz y carrancista fervoroso; el otro, vio la luz por primera vez en 1902, en Ibagué, Colombia, criado en el frío intenso de los Andes cundinamarqueses, melancólico, silencioso y furioso opositor de “los bellacos gringos”, a quienes no pocas veces dirigía improperios más que altisonantes.

“Desde el día en que te perdí de vista hace diez años ya, en la Estación del Ferrocarril de la Sabana de Bogotá, no he hecho otra cosa sino marchar sobre la huella que tu cariño incomparable y eterno me dejó”. Así le escribía, en 1930, Pardo García a su amigo mexicano.

Pellicer abandonó Bogotá una mañana de enero de 1921. Diez años después, en 1931, siguiendo sus pasos, Pardo García desembarcó en el puerto de Manzanillo, rumbo a la Ciudad de México, sin más equipaje que una maleta y dos sueños: el de reencontrarse con su amado amigo y el de continuar su obra poética, que ya para entonces gozaba de un discreto prestigio entre sus contemporáneos.

En nuestro país fue donde escribió la mayor parte de su obra, más de 40 libros.

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Plaza del mercado de la ciudad de Medellín, Colombia, en los años 20. Tomada de Wikimedia Commons.

Poeta, escritor y periodista

Fue poeta, escritor y periodista y aunque prefería no inmiscuirse en asuntos estudiantiles, y en privado llegó a tildar a los estudiantes bogotanos como “una turba de orgullosas bestias”, debido a desplantes que le hicieron a su amigo Carlos durante su visita, el primer trabajo que desempeñó Pardo García al llegar a México, gracias a Pellicer, fue el de gerente de la revista estudiantil Confederación, Órgano de la Confederación Nacional de Estudiantes, cargo que ocupó por algo más de un año.

Según el sitio de la Enciclopedia de la literatura en México, también fue colaborador del suplemento cultural “El Búho” de Excélsior y de la “Revista Mexicana de Cultura” del periódico El Nacional, así como fundador y director de la Revista de la Universidad de México. Fue corresponsal en México de los periódicos colombianos: El Tiempo y El Espectador.

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Edificio del Colegio Sara L. Keen en las primeras décadas del siglo XX, ubicado en el número 76 de Serapio Rendón, antes Calle de la Industria, entre Antonio Caso y Gómez Farías, en la colonia San Rafael. Esta construcción aún existe con algunas modificaciones, hoy alberga las oficinas del Instituto Mexicano de la Juventud. Colección Carlos Villasana.

Pellicer lo introdujo en el medio intelectual mexicano, aunque siempre de manera tangencial y soterrada, debido a su personalidad solitaria y taciturna.

Sin embargo, fueron las editoriales mexicanas las que publicaron casi toda su obra,   -más de 30 poemarios- y fue la Ciudad de México de entonces, aquella “ciudad nebulosa y fantástica”, como la llamaría en su poema “Un hombre se ha extraviado”, la que lo proveyó, para bien y para mal, de los más intensos recuerdos y vivencias de su primera adultez.

Muchas fueron las ocasiones en las que el nombre del poeta colombiano gravitó sobre la poesía de Pellicer. En su libro Recinto (1941), lo nombró explícitamente: “Germán […]/México timbra tu hora profunda/y del nopal hostil haces pan bueno//Siento la poesía y sin nombrarla/pienso en ti […].

Sin embargo, pese a su estrecha camaradería, sólo una vez, en 1959, trabajaron juntos en la fundación de una revista literaria a la que llamaron Nivel, la cual, paradójicamente, fue el escenario de su distanciamiento un año después.

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Carlos Pellicer y el poeta y  Germán Pardo García tuvieron una entrañable amistad desde que se conocieron a los 18 años en Bogotá, Colombia. Archivo EL UNIVERSAL.

“Mejor muerto que amigo de las dictaduras”

La razón del desencuentro fue más política que estética, lo que no hizo menor el dolor de Pardo García al verse lejos de su amigo. En 1960 Pellicer le concedió una entrevista al escritor salvadoreño Mauricio de la Selva a quien por un momento se le consideró simpatizante de la dictadura que controlaba aquel país, eso le pareció terrible a Pardo García, pues sabía que la dictadura de El Salvador era financiada por los Estados Unidos.

 “Deploro inmensamente tu separación de la gaceta” le escribiría en 1960, pero, fiel a sus convicciones, reiteraría en la misma carta, “es mejor muerto que amigo de las dictaduras”, escribió Pardo en aquella ocasión.

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Ejemplar de la Gaceta Cultural Nivel de octubre de 1962. Tomada del Centro Virtual Cervantes. Instituto Cervantes. El crédito indica que fue una donación de Leopoldo de Luis.

En adelante, Pardo García continuaría en solitario al frente de Nivel, convirtiéndola en una de las revistas literarias más importantes y bellas de México. Por décadas sus páginas recogieron las más prestigiosas plumas de la poesía nacional, mientras su director se ensimismaba en una poesía intimista y conmovedora, compilada en su gran mayoría en el libro Apolo Pankrátor 1915-1975.

Pardo García nunca se casó ni tuvo hijos, el gran amor de su vida fue siempre su amado Carlitos, como solía llamarlo en sus cartas. No se poseen huellas de su amor correspondido, más allá de los poemas que el tabasqueño le dedicó, ya que el poeta colombiano solía quemar toda la correspondencia que recibía.

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Poesía intimista y conmovedora en el libro Apolo Pankrátor del colombiano Germán Pardo García. Tomada de internet.

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Desnudez, compilación de poemas de García Pardo de 1973. Tomada de internet.

Luego del distanciamiento con Pellicer aquella amistad nunca volvió a ser igual. En los últimos años de su vida vivió en depresión e incluso intentó suicidarse en varias ocasiones.

En sus obras hablaba de la injusticia social, la guerra y la muerte, que también fueron grandes preocupaciones en su vida misma, lo que le valió ser candidato al premio Nobel en una ocasión. 

En mayo de 1981, cuarenta escritores de Latinoamérica y España postularon su obra ante la Academia Sueca como aspirante el Premio Nobel, galardón que no obtuvo, pero que le colmó de elogiosos comentarios.

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Ignacio Umaña de Brigard, quien fuera gobernador de Cundinamarca, Colombia, y su esposa Fanny Mallarino Dávila entregan un reconocimiento al poeta Germán Pardo García, en una imagen del 24 de septiembre de 1983. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

Germán Pardo García murió el 23 de agosto de 1991, en su casa de la Colonia del Valle en la Ciudad de México. Sus restos fueron llevados de regreso a Colombia a la ciudad de Ibagué, en Tolima, donde fue enterrado luego de que ser despedido con pañuelos blancos por estudiantes ibaguereños.

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Sacrificio, de editorial Cvltvra, 1943. Es otra obra, de más de 40, que escribió el poeta colombiano Pardo García, la mayoría en México. Tomada de internet.
 

 

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