Minifaldas y pantalones acampanados, la moda a favor de la libertad

Mochilazo en el tiempo

Los jóvenes de finales de los años 60 y principios de los 70 buscaban la libertad a través de su ropa. La industria de la moda, inspirada en los avances tecnológicos, lanzaba con gran aceptación minifaldas, pelucas y largas pestañas postizas para ellas. Daba igual que ellos lucieran cabello largo y ellas corto, lo mismo pasaba con los zapatos de plataforma y los pantalones acampanados. El mundo estaba cambiando

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Texto: Ruth Gómez y Carlos Villasana

Pantalones acampanados, tacones de plataforma alta, minifaldas, grandes anteojos, pelucas y pestañas postizas comenzaron a verse por las calles del mundo a finales de los años 60 y principios de los 70, dice la curadora Tanya Meléndez Escalante.

A mediados de la década de 1960, los jóvenes cambiaron su apariencia y su forma de pensar, al tiempo que descubrieron su poder y presencia política: los hombres encontraron alternativas al estilo formal y las mujeres empezaban a disfrutar de los derechos y libertades que iba ganando el feminismo. El mundo cambiaba.

Tanya Meléndez, quien realizó su maestría en museología para moda y textiles en el Instituto Tecnológico de la Moda (MFIT) en Nueva York, explica que en esa época la gente expresaba su lucha por la libertad y la igualdad a través de las prendas.

A diferencia de otros tiempos, ambos sexos empezaron a tener la libertad de elegir su guardarropa: las mujeres podían decidir si querían usar pantalones o faldas, largas o cortas, y los hombres hacer lo mismo con zapatos de tacón o plataforma.

En los años 60 la industria textil mexicana registró un importante auge, ya que tanto tiendas departamentales como pequeñas y grandes boutiques tenían éxito en sus ventas; en las revistas se mostraban las últimas tendencias y se organizaban desfiles.

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La moda hippie en los 60. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

Patricia Balderas, quien vivió su juventud en los años 70, relata en entrevista que en ese entonces su papá consideraba a su vestimenta un tanto “estrafalaria” y se sorprendía de la minifalda; en cambio, su mamá era un poco más abierta a esas nuevas ideas.

Otra situación que asombraba a su padre era que los hombres usaran zapatos con tacón o plataforma: “me preguntaba que cómo era eso posible; pero con el paso del tiempo dejó de pensar en ello. Claro que en el grupo de amigos era muy aplaudido y entre todos nos echábamos porras”.

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Un grupo de jóvenes posan sonrientes a la cámara en Ciudad Universitaria en 1968. Colección Carlos Villasana.

La nueva mujer mexicana

En una colaboración que realizó el Museo del Objeto del Objeto con Google Arts & Culture, titulada Un día en el 68, se explica que a partir de la década de los 60 aparecieron tendencias vanguardistas sustentadas por los avances tecnológicos y la libertad: la moda se popularizó ya que se producía en masa y con medidas “estándares”.

Además, exponen, la moda entró a México a través de los grandes almacenes que poco a poco fueron saliendo del centro de la ciudad y se popularizaba mediante campañas en revistas de la época como La Familia, Crinolina, Kena, Última Moda o Social.

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 Plataformas, lentes de grandes tamaños, pulseras, cinturones y pantalones acampanados eran de los productos que más se anunciaban en revistas de los años setenta. Colección Carlos Villasana.

La Revista Claudia publicó en septiembre de 1972 una campaña publicitaria de un gran almacén de la época —que existe hasta hoy en día— titulada Un día en la vida: la nueva mujer mexicana, donde se recreó la jornada de una mujer casada y “a la moda” de los 70: los anuncios describían las telas con las que estaban hechas las prendas, si tenían bolsos y las actividades para las que podían servir brindando comodidad. 

En los anuncios se observaba a mujeres haciendo actividades familiares o personales, pero siempre con un estilo propio, uno de ellos decía que cuando tuviera un encuentro con una amiga podía portar un vestido de seda combinado con una mascada y un sombrero y, para el regreso a casa, portar un abrigo al momento de manejar.

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Campaña de la Revista Claudia en 1972. Colección Carlos Villasana.

Tanya Meléndez, quien en los últimos 15 años ha dirigido proyectos sobre moda, diseño y artes y también ha promovido el estudio de la moda mexicana en Nueva York, dice que en la actualidad es muy poco usual que los grandes almacenes hagan este tipo de campañas en medios tradicionales o digitales.

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En la imagen antigua una fotografía de la campaña Un día en la vida: la nueva mujer mexicana. Fotos: Colección Carlos Villasana y Archivo EL UNIVERSAL. Diseño web: Griselda Carrera.

Para ella, la moda es un constante cambio que inevitablemente “está anclado en la historia, ya sea política, artística, o la historia de la moda, he ahí el eterno regreso de lo pasado”.

En el capítulo 3 de la serie radiofónica de los años 70 y 80, "Mujeres en la moda" de Las Divergencias de Margo Glantz, producción de la Fonoteca Nacional, hecha en colaboración con Aire Libre FM, Radio UNAM y Programa Ibermemoria Sonora y Audiovisual, se narra cómo las mujeres de todo el mundo, a través de los tiempos, fueron empoderándose al encontrar su voz, primero, en la toma de decisiones del arreglo del hogar para después, expandirse hacia el exterior administrando haciendas o casonas y, por supuesto, eligiendo las ropas que ponían en sus propios cuerpos.

La diseñadora de joyería y accesorios, Tanya Moss, invitada en dicho episodio del programa, explicó: “en cada época de la historia y de la vida, la vestimenta ha definido cómo las mujeres se expresan. En los 60, cuando entró la minifalda, fue todo un rompeaguas para decir ‘yo quiero liberarme, yo no merezco estar encerrada en esto’ (...) Hoy en día es totalmente libre, es ecléctico”.

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10 de octubre de 1970. Desfile de minifaldas en la Zona Rosa, dos mujeres luchan contra la midi y la maxifalda. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

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Glantz leyó que, por supuesto, hubo mujeres que criticaban la aparición de vestidos que se pegaban demasiado al cuerpo, por no dejar “a la imaginación” la silueta de aquellas que los portaban. Sin duda, “la moda es un factor fundamental para comprender la cultura de cada época”, dijo la académica.

Zona Rosa: el imán de la moda

En la Ciudad de México, la Zona Rosa se convirtió en un sitio cosmopolita donde tenía presencia la moda en todos los aspectos, desde la indumentaria hasta el arte o la comida. Revistas de diseño de la época la describían así:

“Una atmósfera rosa, mezcla de sofisticación y sencillez, en la que se confunden propios y extraños, jipis y gentlemen, chicas de cabellos largos y vestimenta estrafalaria, con elegantes damas cubiertas de joyas y costosos vestidos. Los hombres de bombín o sombrero de paja cruzan por la calle codeándose con una muchedumbre gris. Dos polos opuestos se sienten atraídos por un mismo imán: la Zona Rosa.”

Cortometraje “Las dos Elenas” de 1965, protagonizado por Julissa y Enrique Álvarez Félix. En el minuto 6:30 muestra cómo era la Zona Rosa y las personas que la transitaban.

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Retrato de un par de chicas al interior del Pasaje Jacarandas en los años 60, al fondo se puede observar la cortinilla del popular restaurante italiano “Alfredo”. Colección Carlos Villasana.

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En un reportaje que se hizo sobre la Zona Rosa en enero de 1968, se capturó no sólo los locales sino también la diversidad de vestimenta que había. Colección Carlos Villasana.

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De acuerdo con el crítico de cine Jorge Ayala Blanco, a principios de los 60 la Zona Rosa “era como el descubrimiento de un lugar donde los jóvenes de la época podían expresarse…en esa zona bonita encuentran la posibilidad de hacer un arte más cerca de ellos, sin ataduras nacionales, un sueño que sólo dura unos cuántos años porque la guillotina cae en el Movimiento del 68”.

Quienes se adentraban en sus calles eran testigos de cómo convivían la forma de vestir “tradicional” de mujeres y hombres y la de las nuevas generaciones: los hombres empezaban a usar joyería, zapatos con plataforma o tacón; las mujeres diversificaron su armario con vestidos, minifaldas o pantalones. El largo del cabello dejó de estar condicionado al sexo: algunos hombres lo lucían largo y algunas mujeres corto.

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Entre los estilos que predominaban en la época estaban los estampados con influencias hindúes, hippies o de la era espacial, las prendas de mezclilla o poliéster.

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La Zona Rosa en 1970. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

Surgieron marcas como “Pixie” que hacía desde ropa hasta pestañas postizas; pero, según la curadora, en películas de la época “se ejemplificaba lo prolífica que era la moda mexicana. Debido a la estabilidad financiera la gente podía invertir en moda. Lamentablemente, las crisis económicas de los años setenta y las décadas posteriores acabaron con muchas iniciativas y marcas”.

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“En un inicio, la marca Pixie se especializó en producir maquillaje, pestañas postizas y pelucas. Para los años setenta abarcaría la producción de ropa y accesorios”. Crédito texto e imagen: Museo del Objeto del Objeto (MODO).
 

La moda de la época disco

Sin tacones, Sandra Gaytán medía un metro 60, pero en esa época aprendió a usar tacones de aguja, lo que le ayudaba para lucir más alta. Era el auge de la música disco y las discotecas. Eran finales de los 70. 

En ese entonces tenía entre 16 y 17 años y nos comenta que los tacones, y muchos de los zapatos que utilizaban sus amigos, los compraban en el “Taconazo Popis” o en “Canadá”, las zapaterías de moda, con modelos y precios accesibles.

“Para ir a la disco, los muchachos llevaban botines perfectamente lustrados, mientras que las mujeres utilizábamos tacones bajos de ante y piel con aguja de metal”, dice Sandra.

Al vestirse los jóvenes llevaban en la mente las modas impuestas por las películas clásicas de aquellos días: “Fiebre de sábado por la noche” y “Gracias a Dios es viernes”.

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Modelos en 1970. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

 “Y pasaba lo mismo, con la diferencia que muchas de las prendas eran de diseñador o tienda elegante, las cosas que nos poníamos las confeccionamos nosotros. Los pantalones acampanados, por ejemplo, los hacíamos con pantalones regulares y les cortábamos una parte de abajo para dividirlos en dos y después los arreglábamos. Sabíamos que no podías entrar a una disco portando mezclilla, por lo que estaban descartados”.

Las mujeres se sabían vestir para la ocasión: “El maquillaje era cargado, fuerte, con muchos brillos, pero dependía el lugar al que fueras a ir y si querías lucir mayor. En los párpados a veces nos poníamos una especie de lentejuelas, que venían de China, y que se vendían en unos frasquitos como de inyecciones, y que nos pegábamos hasta con saliva. Eran de muchas formas, lunas, estrellas.  Lográbamos una apariencia más exótica”. 

En cuanto al cabello, “podías llevarlo esponjoso, por lo que acudíamos al aerosol con diamantina de colores; se hacia uno crepé. Eran extremos, o lo llevábamos exagerado o muy natural, digamos al estilo Cher, lacio y muy peinadito”.

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En los años sesenta y setenta, hombres y mujeres expresaban su identidad a través de la ropa, peinados y accesorios. Colección Carlos Villasana.

Los pantalones y las faldas eran también muy socorridas, pero la mezclilla no funcionaba para ingresar a una discoteca de moda. “Los pantalones eran ajustados, pero no a la cintura, más bien a la cadera. Eran justos de arriba y acampanados de la rodilla para abajo. De este modo el pantalón te apretaba un poco y te hacia lucir una figura más esbelta”.

En cuanto a las blusas y camisas Sandra nos comenta lo siguiente: “Los hombres se vestían al más puro estilo de Travolta, una camisa tipo seda brillante, con varios botones, sin abotonar para lucir las cadenas. Las mujeres solíamos llevar 'Tops'  o blusas muy estilizadas, recuerdo en especial las llamadas 'halter metálico'”.

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Un desfile de moda en 1971. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

Dice que por lo general los hombres no llevaban suéter o chamarra y que las mujeres solían llevar algún chaleco encima o peluches de colores que daban la apariencia de tener una piel fina. “También las mujeres llevábamos bolsos pequeños muy baratos que nosotras mismas bordábamos con lentejuelas, tipo oro y plata, que brillaban mucho y parecían ser muy costosos, pero no lo eran”.

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Años 60. La última moda del pantalón acampanado para hombre y para mujer. Costaba 119 pesos. FOTO: Archivo EL UNIVERSAL.

A Patricia Balderas la entusiasma el regreso de la ropa “vintage” porque ve ropa muy linda; sin embargo, piensa que es un tipo de prendas a las que sólo tienen acceso ciertos miembros de la sociedad. De manera personal, lo que más le gustaba era la diversidad de accesorios, los palazzos, los pantalones acampanados y las pañoletas para el cuello.

A forma de despedida, Tanya Meléndez explicó que la moda está ligada íntimamente al cambio, tanto de una persona como de la sociedad o el lugar donde se vive: “la moda no se limita sólo a la ropa, sino a los usos o costumbres que tiene una nación, por ejemplo: el uso de alguna palabra, los nombres que reciben los bebés en ciertas épocas o cómo se decoran los hogares”.

La fotografía principal muestra la época de los hippies en México. Foto de EL UNIVERSAL.

Fuentes:
Tanya Meléndez Escalante es curadora senior de educación y programas públicos en el Museo del Instituto Tecnológico de la Moda (MFIT) en Nueva York, el único museo de esa ciudad dedicado exclusivamente a la moda.
Señora Patricia Balderas y señora Sandra Gaytán.
Un día en el 68, parte 2” del Museo del Objeto del Objeto y Google Arts & Culture.
Capítulo 3. Mujeres en la moda de “Las Divergencias de Margo Glantz”, producción de la Fonoteca Nacional en colaboración con Aire Libre FM, Radio UNAM y Programa Ibermemoria Sonora y Audiovisual. Serie realizada en los años 70 y 80.
 

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