Se encuentra usted aquí

Medidas que México aplicó ante la influenza hace un siglo

Un brote de influenza en Estados Unidos llegó a México en 1918. Se prohibieron los besos y el escupir en la calle era castigado con cárcel. La población no podía ir a las iglesias, los teatros cerraron y la gente fingía estar sana para no ser llevada a la fuerza a los nosocomios
Influenza 1918
23/03/2020
00:00
-A +A

Texto: Marco Salas

El 15 de abril de 1918 el Teatro Colón de la ciudad de México canceló sus funciones, la pastelería El Globo regresó a nueve meseras con escalofríos a sus casas y fracasó una barata de sombreros para señoras del Centro Mercantil (la primera tienda departamental del país) porque la gente ardía en fiebre y se quedó en casa, según el relato que hace el periodista y cronista Héctor De Mauleón en Grandes desastres de la Ciudad de México. 

El México de la primavera de 1918 registraba aún los estragos de la Revolución, en medio de pobreza y hambre. El esplendor florecía sólo en algunos puntos y en otros las calles estaban destruidas. Había gente sin casa que moría a causa de una “rara gripe.”

0_calle_5_de_mayo_a_principios_del_siglo_xx.jpg
Así lucía la calle 5 de mayo de la Ciudad de México a inicios del Siglo XX. Archivo/EL UNIVERSAL.

1_foto_plana_200_mil_enfermos.jpg
Este diario anunciaba en su plana del 20 de abril de 1918 que había 200 mil enfermos de gripe. En la nota de esta portada decía que erróneamente se le estaba llamando, sin fundamento, fiebre de Heno, paperas, orejones o fiebre de primavera.

Se trataba de un brote de influenza que al parecer inició entre las tropas de Estados Unidos que combatían en la Primera Guerra Mundial y que llegó a nuestro país por el puerto de Tampico, Tamaulipas.

Conforme se expandió dejó 21 mil muertos en Coahuila, 20 mil en Sinaloa y cinco mil en Puebla, según la revista Desacatos. Ante la falta de antibióticos los doctores recetaban tratamientos para malaria y bicarbonato con ácido acetilsalicílico (combinación que daría origen años más tarde al Alka Seltzer). 

“Es como un estremecimiento que va corriendo por todas las capas de la sociedad, como una sensación de estupor primero y luego de horror. La gripe, la simple gripa ha adquirido inesperados trágicos prestigios, cuyo amago hace temblar las carnes de la pobre humanidad”, se leyó en la primera plana de EL UNIVERSAL el 20 de abril de 1918.

La publicidad de las empresas farmacéuticas abordaron la situación con ingenio para publicitar sus productos al relacionar el conocimiento de los astrólogos italianos del siglo XVII con la enfermedad y la importancia de protegerse con conocimientos científicos.

2_anuncio_bayer_1918.jpg
“El intelectual moderno sabe bien que (la influenza) es debida a un bacilo específico”, se leía en este anuncio de Bayer que promocionaba su famosa aspirina para combatir los malestares de la enfermedad. El precio por tubo de las tabletas era de $1.50. EL UNIVERSAL ILUSTRADO, 20 de diciembre de 1918.

2.1_anuncio_ilustrado_octubre_1918.jpg
La publicidad de otro medicamento que decía prevenir la influenza española de 1918,  llamado REDENCIÓN, era acompañada de imágenes religiosas alusivas a su nombre. EL UNIVERSAL ILUSTRADO, octubre de 1918.

Tan sólo en un día las calles se transformaron en senderos para carrozas fúnebres y otros transportes recolectores de cadáveres para las fosas de los panteones. Las iglesias instalaron de forma permanente ornamentos fúnebres porque los funerales eran diario y constantes, según De Mauleón.

Lee también: Cuando las morgues recorrían la ciudad

El cronista también narra que el gobierno se negó a admitir la magnitud del desastre hasta que la tercera parte de la población estaba enferma y ya no hubo remedio, así que Francisco Valenzuela, vocal del Departamento de Salubridad achacó el problema a la tala inmoderada de árboles, que expuso la ciudad a “vientos dominantes que traen polvo en grandes cantidades, con gérmenes morbosos que ocasionan el estado febril”.

Por eso se mandó a plantar una “cortina de árboles” en el Lago de Texcoco, por donde entraban esos vientos, pero la influenza se esparció de modo incontrolable mientras los primeros árboles estaban siendo plantados. 

A este brote se le conoció como la “gripe española” porque en tiempos de Guerra Mundial los países en conflicto no querían alterar la moral de las poblaciones con información de  enfermedades que les daban a sus soldados. España rompió el silencio y publicó información mundial sobre la gravedad del tema en sus periódicos.
 

La fotografía comparativa antigua es una imagen de un hospital estadounidense en 1918 durante la epidemia de influenza. La actual es del año 2009 durante la pandemia de influenza, se observa al secretario de salud de México, José Ángel Córdoba Villalobos, durante una visita a un hospital con enfermos de influenza. Ambas son de nuestro archivo.
 

No besos, ni estornudos y cárcel para quien escupiera en la calle

Resultó que los espacios encerrados y la movilización masiva de soldados propagaron el virus rápidamente desde un campo militar en las afueras de Boston, Estados Unidos, hasta Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila, donde se dieron los primeros casos, de acuerdo con un artículo publicado en el sitio de Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de 2018. Se podría decir que el mal llegó en tren.

Por eso entre las primeras medidas que México aplicó fue el suspender el tráfico ferrocarrilero entre Monterrey y Torreón, no se permitió el arribo de buques infestados en el puerto de Veracruz y se clausuró la aduana fronteriza de Laredo en Tamaulipas.

El 11 de octubre de 1918, EL UNIVERSAL dio a conocer la segunda medida sanitaria recomendada por José M. de la Garza, entonces Presidente Municipal de la capital, quien dictó que los carros regadores del servicio de Obras Públicas rociarían con creolina  (desinfectante usado en fábricas, talleres, baños y criaderos) las calles de la ciudad y los puntos con más contagios.

3_foto_metro.jpg
En el Sistema de Transporte Colectivo- Metro se repartían cubrebocas a los usuarios como una medida para evitar la propagación del virus H1N1 en la capital, mayo de 2009. Archivo/EL UNIVERSAL.

Se inició entonces una campaña para evitar saludar de beso y estornudar en pañuelos de tela, era mejor usar uno desechable y aquí el Kleenex tuvo una perfecta introducción al mercado, de acuerdo con De Mauleón.

Estaba prohibido tocar con la boca el teléfono o llevarse objetos a la boca. Debía lavarse las manos constantemente, hacer ejercicio, evitar cambios bruscos de temperatura y hervir los objetos que tocaba el enfermo.

Las calles se regarían al menos dos veces al día bajo la dirección del ayuntamiento de la ciudad. Uno de los horarios sería de 11 pm a 4 am y se multaría a quien circulara a estas horas.

4_foto_satinizacion_en_la_capital.jpg
En mayo de 2009, autoridades sanitarias capitalinas ordenaron satinizar dependencias gubernamentales de forma rutinaria para contener los contagios de influenza. /Archivo/EL UNIVERSAL.

No se podía ir a misa a buscar consuelo, los gérmenes se alojaban en las rendijas de los confesionarios y en los pies de los santos.

Se crearon agentes que trasladaron por la fuerza a los enfermos a los nosocomios establecidos y por esto ellos fingían sanidad.

La Compañía de Tranvías tendría conocimiento de que debía desinfectar diariamente los vehículos que alquilaba.

Y para quien escupiera en la calle se le amenazaba con cárcel.

EL UNIVERSAL ILUSTRADO del 1 de noviembre de 1918 cuenta especulaciones populares como que el virus viajaba en la suela de los zapatos:

“El peligro está en el barro de los zapatos y que, por ejemplo, si en una sala alfombrada, en la que estén reunidas varias personas, entra alguien con el calzado empolvado, es seguro que dos o tres o más caen inmediatamente con la “influenza”. ¡Espantoso!”

En el mismo texto se informó que el Consejo Superior de Salubridad dictó otras medidas: “al primer síntoma, meterse en cama y llamar al médico; todo el mundo se debe acostar a las nueve de la noche, no se debe tomar nada de alcohol y por ningún  motivo se asistirá a las iglesias, teatros, cines, salones de baile  etc.”

anuncio.jpg
Evitaba el peligro de la gripe, catarros, resfriados y calenturas. Anuncio de 1918. EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

Irónicamente, el 15 de noviembre se organizó un recital para recaudar fondos para la epidemia patrocinado por Cristina Cortina de Álvarez Rul y doña Guadalupe R. de Cancino, respetables damas de la localidad de San Ángel, y organizado por el ayuntamiento local.

El 13 de diciembre de 1918 se publicó también en EL UNIVERSAL ILUSTRADO que en Cuba los policías se le lanzaban a cualquiera que estornudara y que los mexicanos podían protegerse con dos tequilitas antes de cada comida para reforzar el sistema inmunológico contra la epidemia.

Las muertes que se registraban a diario eran 150 en Saltillo; 100 en Sonora, el Distrito Federal, Monterrey y Zacatecas; 80 en Michoacán; 70 en Durango; 60 en Puebla y 50 en Veracruz, según el estudio El otoño de 1918: las repercusiones de la pandemia de gripe en la ciudad de México.

1918.jpg

15_de_mayo_del_2009.jpg
Imágenes de 1918 y de 2009, respectivamente, donde se mostraba el avance de la influenza por estados de la República. Hemeroteca y Archivo/EL UNIVERSAL.

Los principales afectados fueron los adultos mayores, las personas de entre 20 y 40 años y los indigentes sin resguardo. Murieron cerca de 300 mil personas en el país, de las cuales 7 mil fueron en la capital, de acuerdo con América Molina, especialista del CIESAS, y hubo al menos 50 millones de personas muertas en el mundo, según Claudia Agostoni, especialista del Instituto de Investigaciones Históricas.

5_anuncio_ilustrado_1937.jpg
En 1935 seguía mencionándose a la influenza en la publicidad de Resfrional, “auxiliar en resfriados, influenza-gripa”, con un precio de cinco centavos. EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

La fotografía principal es un mapa de la República Mexicana, publicado en EL UNIVERSAL el 17 de octubre de 1918, que muestra en amarillo las regiones donde la epidemia se había desarrollado con más fuerza; el verde indicaba los sitios donde aún no era elevada y en rojo donde aún no se propagaba la epidemia. Hemeroteca/EL UNIVERSAL.

Fuentes:
Hemeroteca y Archivo de EL UNIVERSAL
De Mauleón, Héctor, Grandes desastres de la ciudad de México, 2017
Lourdes Márquez Morfín y América Molina del Villar, El otoño de 1918: las repercusiones de la pandemia de gripe en la ciudad de México, 2009
“La pandemia de influenza en México durante la Revolución mató más de 7 mil personas en la CDMX”, Boletín UNAM 30 de septiembre de 2018
https://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2018_622.html