Luz Jiménez, la mujer nahua que vemos en monumentos y murales

Mochilazo en el tiempo

La figura de Luz Jiménez quedó plasmada en murales de Diego Rivera y José Clemente Orozco, en una escultura del Parque México, en el Monumento a Obregón de San Ángel y hasta en el Monumento a la Revolución. Además de modelar para diversas obras, Luz fue destacada educadora, artista y promotora de la lengua y cultura náhuatl de Milpa Alta, su pueblo natal, donde fue estigmatizada por posar desnuda. Hoy te contamos su historia

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Texto: Ruth Gómez y Carlos Villasana

La escritora, modelo y promotora del náhuatl, Julia Jiménez González, mejor conocida como “Luz Jiménez”, nació a finales del siglo XIX en la hoy alcaldía de Milpa Alta. El cronista Luis Gutiérrez relata que en esa época, dicha demarcación era totalmente rural y las casonas que se lograban encontrar eran de los terratenientes de la región.

Los campesinos vivían en condiciones precarias y entre sus actividades comerciales más importantes estaba el cultivo en milpas de maíz, frijol, haba o calabaza y también de magueyes, necesarios para la producción de pulque que era cotizado por los pueblos lacustres de Xochimilco y Tláhuac. Asimismo, se dedicaban a obtener tablas, carbón, leña u ocote en las zonas boscosas.

En cuanto a su población, gran parte hablaba náhuatl, vestía con ropa de manta, huaraches y sombreros de palma y, lamentablemente, tenía altos índices de analfabetismo. Luis comenta que algunos comerciantes llevaban sus productos a Xochimilco:

“Muy pocos se embarcaban en las grandes canoas en San Gregorio Atlapulco para realizar el viaje por los caudalosos canales y luego por el canal de La Viga, hasta llegar a Jamaica y a las calles de Roldan donde desembarcaban para dirigirse al Mercado de La Merced”, dice el cronista.

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Vista aérea general de Milpa Alta en 1929, al fondo se observa el Cerro Teutli. Colección Carlos Villasana.

Milpa Alta estaba conformado por doce comunidades incomunicadas entre sí, no había carreteras ni luz eléctrica; para trasladarse se tenía que ir a pie o “a lomo de caballos, mulas o burros y el agua potable se acarreaba con cueros y castañas de los pueblos ribereños de Santa Cruz Acalpixca, San Gregorio Atlapulco y Mixquic”, narra Gutiérrez.

El centro de Milpa Alta se distinguía por la imponente Iglesia de la Asunción, en cuya explanada se ponía un tianguis los lunes, miércoles y sábados para ofertar los productos de la región y de algunos municipios del Estado de México, como aguacates, guajes, ciruelas, chirimoyas, panela, piloncillo o cañas de azúcar, que de vez en cuando intercambiaban entre sí. En ese México nació Julia Jiménez González.

Una musa en la Revolución

Julia Jiménez González, luego reconocida como “Luz”, cursó los primeros años de educación básica en la Escuela Concepción Arenal hasta que empezó la Revolución. Fue en esas aulas donde nació su sueño de ser maestra.

Ayudaba a su familia en los quehaceres del campo y el bosque y, de acuerdo con Luis, a sus 13 años se sorprendió con los preparativos de las celebraciones del Centenario de la Independencia del país, en las que Porfirio Díaz mandó a Milpa Alta cientos de pares de zapatos para que los niños y niñas dejaran los huaraches y “modernizaran” su vestimenta.

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Luz Jiménez y su hija Conchita retratada, alrededor de 1926, por la fotógrafa Tina Modotti. Crédito: Mediateca INAH.  

La vida en Milpa Alta se vio modificada con la llegada de contingentes liderados por Emiliano Zapata en 1911 y en el libro De Porfirio Díaz a Zapata: memoria náhuatl de Milpa Alta de Fernando Horcasitas, Luz narró el momento en que vio a Zapata y a sus hombres:

“(Zapata) Traía sombrero ancho, polainas y fue el primer gran hombre que nos habló en mexicano (náhuatl). Cuando entró su gente traía ropa blanca: camisa blanca y calzón blanco y huaraches (...) Zapata dijo a los milpaltenses en náhuatl: '¡Júntense conmigo!’. Yo me levanté en armas y traigo a mis paisanos. Porque ya no queremos que nuestro padre Díaz nos cuide. Queremos un presidente mucho mejor. Los ricos nos explotan, no nos basta para comer, queremos que toda la gente tenga su tierra, siembre su maíz, su frijol y otras semillas”.
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Luz Jiménez también destacó como intelectual, educadora y artista. Fotografía por Harry B. Crister, Col. Fondo Documental y fotográfico Luz Jiménez.

Tiempo después Luz fue testigo de una masacre en Milpa Alta por tropas constitucionalistas en octubre de 1916, donde fueron fusilados más de 150 habitantes; ahí fallecieron su padre Emilio Jiménez y su tío. Ante este hecho su madre y sus seis hermanas huyeron a Xochimilco y después al pueblo de Santa Anita, a las orillas del Canal de La Viga y cerca de Iztacalco.

Se dedicaron a la venta de pan, ocote y verduras, también textiles. En 1920 ella ganó el concurso de “Doncella de la primavera” y pintores como Ramón Alva de la Canal, Fermín Revueltas y Fernando Leal la convencieron para que posara en la Escuela al Aire Libre de Chimalistac y luego en la de Coyoacán.  Así fue como conoció a los muralistas Jean Charlot, Diego Rivera y José Clemente Orozco, luego su vida cambió.

Se podría atribuir su primer modelaje en escultura cuando posó para Jean Charlot para La escultura Maternidad, en 1921-1922; sin embargo, Luz ya tenía unos meses posando para las clases de las antiguas Escuelas de Pintura al Aire Libre.

Luz Jiménez fue mamá de una niña que nació en 1925 y a quien bautizó con el nombre de Concepción en la parroquia de San Pedro Atocpan de Milpa Alta, sus padrinos fueron la periodista, fotógrafa y antropóloga Anita Brenner y el pintor Jean Charlot.

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Jean Charlot  y Luz. Su amistad duró muchos años. Aquí aparece con Charlot y sus hijos, Ana, Juan, Marín y Pedro en 1946. Crédito: fotógrafo desconocido. Col. Fondo Documental y fotográfico Luz Jiménez.

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Retrato de Luz Jiménez en 1924, obra del pintor Jean Charlot. Jean fue estudiante de Luz por muchos años, quien impartía náhuatl y cultura azteca. Crédito: Colección Blaisten.

Julia cambió su nombre un par de veces debido a que después de la llegada de Zapata y sus hombres a Milpa Alta, los habitantes de la actual alcaldía empezaron a ser llamados “zapatistas” y vivieron en constante persecución de los opositores del “Caudillo del Sur”.

En Milpa Alta ella era conocida como “Julia” pero por protección sustituyó su nombre a Luciana, Lucha, Juliana y Luz, siendo este último por el que se le conoció ampliamente.

Fue modelo para murales como "La Malinche" que José Clemente Orozco pintó al interior del Antiguo Colegio de San Ildefonso en 1926 o numerosos murales de Diego Rivera al interior de la sede en el Centro Histórico de la Secretaría de Educación Pública (SEP) como: "La mecanización del campo" (1924), "Día de Muertos" (1923-1924), "Alfareros" (1923) o "La maestra rural" (1923).

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"La Malinche", de José Clemente Orozco. Crédito: UNAM.

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Mural donde se ve la figura de Luz como maestra rural, 1923. Crédito: SEP. 
 
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La mecanización del campo de Diego Rivera, modelo Luz Jiménez, 1924.

Según un texto publicado por la SEP en su portal web, Luz Jiménez, quien falleció en 1965, fue "considerada el arquetipo de la mujer mexicana y fue la más representada en México por los artistas de la época del muralismo, pues aparece en más de 50 murales, media docena de proyectos arquitectónicos e innumerables pinturas de caballete, fotografías, dibujos y esculturas, donde su trabajo era quedarse quieta".

Sin embargo, para Luz fue difícil regresar a Milpa Alta; como modelo, su trabajo consistía en posar desnuda algunas ocasiones, hecho que no era del agrado de los pobladores y por lo cual no fue reconocida por su carrera, ni por la divulgación que hizo de la cultura milpaltense en otras zonas de la capital.

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El monumento a Álvaro Obregón, en el Parque de la Bombilla, en unas postales de los años 40. Colección Carlos Villasana.

Luis compartió que el doctor Francisco Chavira Olivos, cronista de Milpa Alta desde 1948, le comentó que las mujeres de la familia Jiménez sufrieron desprestigio por el modelaje de Luz: “sus hermanas vivían en condiciones muy precarias y les decían “las condumbieras”, pues vendían dulces de maíz tostado con piloncillo que recibía el nombre de “condumbio” y era una golosina muy cotizada de ese tiempo”.

A pesar de los esfuerzos de Luz, no logró que sus hermanas ni sus sobrinas destacaran en el modelaje como ella. Luz posó para José Clemente Orozco para los muros de San Ildefonso y también para los estudiantes de la Escuela de San Carlos.

Según el cronista, cuando Diego Rivera la convirtió en modelo de grandes murales llegaba por ella a Milpa Alta “en su flamante Packard que conducía por un vetusto camino real de San Gregorio Atlapulco a San Pedro Atocpan y luego a Milpa Alta, para llegar a su casa en el barrio de San Mateo”.

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De acuerdo con el portal del Antiguo Colegio de San Ildefonso, Jiménez fue la modelo para uno de los personajes del mural “La Creación” de Diego Rivera: “Las figuras del lado derecho personifican la fábula; el conocimiento, con manto azul y oro; la poesía erótica, en quien se reconoce a Carmen Mondragón, llamada Nahui Ollin por el doctor Atl; la tradición es Luz Jiménez, una indígena del sur del Valle de México, con vestido y rebozo carmesí”. Crédito: Antiguo Colegio de San Ildefonso.

Su modelaje no se limitó a pintores, también posó para la escultura de la Fuente de los Cántaros, creación de Fernández Urbina, en el Parque México; para la del Monumento a Álvaro Obregón en San Ángel elaborada por Ignacio Asúnsolo o para el conjunto escultórico del Monumento a la Revolución de Oliverio Martínez.

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La fuente del Parque México en una postal de los años 30. Esta escultura es uno de los espacios más conocidos del jardín inaugurado en 1927; al fondo destacan las columnas del Teatro Lindbergh. Colección Carlos Villasana y Wikimedia Commons. Diseño web: Miguel Ángel Garnica.

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Una postal del parque Mëxico en los años 30. Colección Carlos Villasana. 

Asimismo, Luz colaboró con Fermín Revueltas, Tina Modotti, Fernando Horcasitas, Alberto Beltrán, entre otros intelectuales y académicos, a quienes invitó a Milpa Alta y con quienes compartió su riqueza cultural: su lengua, mitos y tradiciones, celebraciones, bailes o las diferentes peregrinaciones hacia Chalma, Amecameca o Tepalcingo, en los estados de México y Morelos.

Promotora de la cultura

Luz también impartió clases de náhuatl en la Universidad Nacional Autónoma de México, escribió cuentos para niños y ayudó a elaborar una obra de títeres sobre la peregrinación a Chalma que presentaron en el atrio de la iglesia de San Pedro Atocpan, en 1948, promovida por Jean Charlot.

Para Luis es de suma importancia reconocer la intensa labor de Luz con el Instituto de Investigaciones Lingüísticas de la UNAM y con diversos académicos para la divulgación y preservación de la cultura de Milpa Alta:

“Con Fernando Horcasitas, Luz fue más que su informante, pues el trabajo del libro De Porfirio Díaz a Zapata. Memoria Náhuatl de Milpa Alta escrito en náhuatl y español es un trabajo total de doña Luz Jiménez. Así escuché decirlo a mi maestro, el doctor Miguel León-Portilla.”

En la década de 1920 iniciaron los trabajos de reconstrucción de Milpa Alta; en 1935 se introdujo el agua potable, en 1938 llegó la energía eléctrica y en 1952 apenas había vías pavimentadas hacia Tulyehualco y Xochimilco.

El antropólogo norteamericano William Madsen escribió en el libro Los Niños de la Virgen que el aislamiento con el centro de la ciudad permitió que permanecieran la lengua y las costumbres de Milpa Alta.

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Avances de la carretera de San Mateo Xalpa, Xochimilco a Milpa Alta en 1943. Colección Carlos Villasana.

A pesar de su éxito como modelo y de su inmenso trabajo a favor de la comunidad, hoy en día no hay información de dónde vivió Luz en Milpa Alta y, aunque existe una escultura monumental dedicada a ella, “pocos saben quién es”, compartió Luis.

“Doña Luz Jiménez tuvo una muerte trágica, pues fue atropellada en la Ciudad de México, cerca de la casa de su comadre Anita Brenner, murió el 28 de enero de 1965 a la edad de 68 años”, dijo Luis Gutierrez.

Para el cronista, la obra literaria de Luz debería de ser difundida en la alcaldía, “para que se recupere la lengua materna, se conozca su gran labor y su valor dentro de la cultura de Milpa Alta”.

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Monumento a Luz Jiménez en Milpa Alta. Crédito: Luis_Gutiérrez. 

La fotografía principal es de 1922, en la Escuela de Pintura al Aire Libre de Coyoacán. De izquierda a derecha: Ramón Alva de la Canal, la modelo Luz Jiménez, Fernando Leal, Francisco Díaz de León, Enrique A. Ugarte. Imagen de autor no identificado, tomada del libro “Escuelas de pintura al aire libre. Episodios dramáticos del arte en México", CONACULTA / Instituto Nacional de Bellas Artes, 2014.

Fuentes:

  • Luis Gutiérrez Romero, historiador y cronista de Milpa Alta.
  • “De Porfirio Díaz a Zapata. memoria náhuatl de Milpa Alta”, Fernando Horcasitas. Instituto de Investigaciones Históricas.
  • Sitio oficial Colección Blaisten.
  • Sitio oficial del Antiguo Colegio de San Ildefonso.
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