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Los sillones de las barberías

Son uno de los distintivos de estos locales y, para conocer más sobre ellos, nos acercamos con un restaurador especializado en regresarles su calidad y estilo originales
Peluquero
31/08/2019
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Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez.
Fotografía actual:
Christian Gustavo Soto Jara.
Diseño web: Miguel Ángel Garnica
 

Un tipo de local que se ha negado a desaparecer dentro de la ciudad es el de las barberías; tradicional o nuevas, a las barberías se les distingue por las columnas de colores azul, rojo y blanco que flanquean la entrada y por el tipo de sillones en las que los clientes son atendidos.

Para conocer un poco más de este mobiliario, nos acercamos a Christian Gustavo Soto Jara, restaurador y fabricante de sillones para barberías. El entrevistado compartió a este diario que este oficio lleva en su familia al menos tres generaciones: su abuelo, Roberto Jara, le enseñó a su padre, el señor Lucio Soto y de ahí el conocimiento sobre reparación, mantenimiento y restauración de sillones pasó a la mente y manos de Christian.

Su abuelo trabajó en la Fábrica de Sillones Puebla y cuando dejó de laborar ahí -al rededor de la década de 1950-, se dedicó a visitar peluquerías para ofrecer sus servicios como reparador de los sillones y también para darles mantenimiento. Su padre aprendió de su abuelo ya entrada la década de los setenta y decidió enseñarle a Christian el oficio en los años ochenta, aunque las peluquerías y barberías fueron desapareciendo ya que empezaban las estéticas unisex.

De acuerdo al entrevistado, para poder darle mantenimiento a este tipo de sillones se deben de saber las diferencias de los sistemas hidráulicos que tienen las distintas marcas de sillones ya que muchas veces varían en cuanto a el modelo y el año de su lanzamiento.

Asimismo, se requieren conocimientos de mecánica, propiedades de los metales y fundición de los mismos, debido a que el paso de los años hace que decenas de piezas se desgasten, rompan u oxiden y para unirlas de nuevo se debe de saber qué tipo de soldadura se tiene que aplicar; aunado a todo esto, también se debe de saber sobre carpintería, tapicería, hojalatería y pintura.

Para Christian, cada sillón que llega a su taller representa una historia diferente:

“pienso en cuántas historias, cuántos peluqueros y cuántas personas pasaron por cada uno de ellos y mi imaginación verdaderamente vuela. Soy testigo del cariño que mis clientes les tienen a estos sillones, ya que muchas veces son personas que llevan a lado de ellos décadas, que han vivido junto a ellos éxitos, fracasos, historias de vida... En ellos se sentaron a comer, en ellos se ganaron la vida, a lado de ellos vieron crecer a sus hijos y los vieron hacer su propia vida; son sillones hechos a mano, hechos para acompañarnos toda la vida. Aquí en el taller me ha tocado ver personas que me traen a restaurar sus sillones con verdadero amor: los arreglan para continuar con el negocio de su padre que muchas veces ya no está con ellos o como gratitud a sus “viejos”, se los arreglan para tenerlos presentables en sus peluquerías o, incluso, los arreglan para tenerlos en casa como tributo al oficio de sus padres ya fallecidos”.

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Archivo Fotográfico El Universal.


Sobre los sillones

El entrevistado nos comenta que en siglos anteriores existían sillones caseros de madera (1850) usados para peluquerías y fue hasta 1878 que Geo W. Archer patentó, sin mucho éxito, el primer sillón de metal reclinable.

Durante los primeros años del siglo XX, un alemán de apellido Koken inventó el sillón reclinable con el diseño que todos podemos ver dentro de las barberías y, unos años después, el mismo Koken diseñó el primer sillón de barbería hidráulico, que poco a poco llegaría a las barberías de todo el mundo. En la década de los cincuenta, otras marcas competían con Koken ofreciendo la misma -o mejor- calidad y precios más accesibles, tales como Takara, Belmont, Koch’s, Releance, Hercules, Triumph y en México: Puebla, Colombia y Fivic.

Al interior de su taller, Christian ha reparado sillones de madera creados en 1870 y el primer sillón patentado para ser utilizado en una barbería, que data de 1878.  A lo sillones creados a inicios del siglo XX les dan un trato “especial” ya que el entrevistado tiene un lazo sentimental con ellos: “son sillones que vivieron los primeros años del siglo XX, algunos vivieron la Revolución Mexicana”, enfatizó.

Sin embargo, a pesar de lo “común” que eran las peluquerías y barberías, para los años ochenta del siglo pasado, fueron sustituidas por las “estéticas unisex” que ya no requerían forzosamente de un tipo de sillón y por ende, de los servicios de familias dedicadas a su mantenimiento como la de Christian: “a pesar de que no vivía exclusivamente de este oficio, para mi papá y para mí fue muy triste ver cómo iba desapareciendo nuestro oficio, casi hasta quedar extinto. Yo vi que dueños de peluquerías regalaban sus sillones a los camiones de basura o los echaban al desperdicio para venderlos por kilo… Yo llegué a comprar sillones abandonados en viejas bodegas, algunos que usaron como maceteros para sus plantas e incluso me los regalaban con tal de que yo los sacara de sus casas, ya que no es nada fácil moverlos con sus casi 100 kilos de peso.”

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Cortesía Christian Gustavo Soto Jara.

Sin embargo, todo cambió hace alrededor de 6 años; cuando las barberías resurgieron en la ciudad y en otras partes del país. Con esta nueva “era”, Christian regresó con entusiasmo al oficio de su familia y ahora no sólo restaura o le da mantenimiento a los sillones, sino que los reconstruye, es decir, les regresa el funcionamiento original tal y como lo tenían al salir de la fábrica. 

Sobre las nuevas barberías, Christian opina que es una fortuna que un oficio tan bello haya vuelto, pero que desde su particular punto de vista alguno de los dueños de los nuevos establecimientos han decidido invertir en sillones, cuya calidad no es la misma que los sillones antiguos y que son pocas donde los clientes pueden disfrutar de esa calidad: “aún así me gusta esta moda donde la gente se interesa por su cuidado personal, un punto muy importante a favor es que la barbería fue un oficio muy cerrado, casi exclusivo para los hombres, hablando del peluquero, el cliente, el cerillo, el bolero etc. y hoy en día ya no es cerrado hacia la mujer”.

Sus servicios no sólo los ocupan dueños de barberías, sino coleccionistas de éste tipo de mobiliario y que los utilizan como adorno para sus hogares, oficinas y como sillón de descanso; nos comparte que algunas de estas personas le han pedido pinturas especiales para el sillón, así como pieles “muy raras” para la tapicería; lo que significa que se eleve el costo del servicio. Su trabajo es de tal calidad que una cadena de entretenimiento estadounidense que transmite un programa especializado en restauración, los ha felicitado por su trabajo.

La importancia de su trabajo radica en que saben regresar a su estado original productos cuyas fábricas cerraron décadas atrás y cuya calidad era superior -desde su perspectiva- a los sillones actuales: “tanto en los acabados, los metales y la ornamentación, que ya no se ve en los sillones actuales”. Sobre los nuevos sillones, nos comparte que están hechos “en masa, con láminas de metal de una calidad muy baja, con muchas piezas de plástico y sistemas hidráulicos desechables, los sillones clásicos de barbería que nosotros restauramos y vendemos son sillones de fundición de hierro gris, de bronce, aluminio y latón… Estos sillones fueron fabricados a conciencia, con dedicación, metódicamente, con amor, como todas las cosas que se hacen a mano”.

A forma de conclusión, el entrevistado nos dice que es importante preservar estos sillones y arreglarlos ya que son verdaderas piezas de arte funcional y una vez reconstruidos, además de ser una inversión, se convierten en piezas únicas.

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Cortesía Christian Gustavo Soto Jara

Fotografía antigua: Cortesía Christian Gustavo Soto Jara.
Fuentes: Christian Gustavo Soto Jara, Restaurador y Fabricante de sillones de Barbería “Barber Chair México”.

 

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