Los orígenes de la obesidad en México

Mochilazo en el tiempo

La actual epidemia de obesidad se advirtió hasta hace una década. Sus causas se remontan a la entrada de la industria alimentaria en los años 50 y al poco apoyo a la producción rural de alimentos, así como al descuido general de una nutrición adecuada

Texto: Susana Colin Moya

En el 2002 Carmen Durán, investigadora y profesora de la Facultad de Química de la UNAM se impactó al ver la cantidad de gente obesa que solicitaba atención médica en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición, Salvador Zuribán, cuando acompañó a una amiga del trabajo que tuvo un coma diabético.
 
En entrevista recuerda que una médica del lugar le platicó que en los últimos 2 años había aumentado la cantidad de pacientes en esas condiciones. 

En meses recientes y teniendo por contexto la pandemia de Covid-19, la obesidad ha resaltado como una importante problemática para la salud pública. “En el caso de México el 70% de la población de adultos y más de 1/3 parte de niños en edad escolar tienen sobrepeso u obesidad”, comparte la doctora Isabel Ortega del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo A.C, uno de los Centros Públicos de Investigación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).


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Comparativa de ilustraciónes de personas obesas, 1936-1998. EL UNIVERSAL. Diseño web: Miguel Ángel Garnica.
 

Antes de la segunda mitad del siglo XX, la gordura era sinónimo de abundancia de recursos, los ricos eran quienes podían ser gordos. Así se demuestra en diversas planas de EL UNIVERSAL de la época, como esta descripción de 1918:

“Un tema inagotable de conversación entre las señoras es el de la obesidad. Se atribuye a las aguas, al aire, pero sobre todo a la vida que llevamos: la larga temporada de calor invita a la pereza, el automóvil es causa de obesidad. Sobre todo cuando se gusta de la comida y no se hace ejercicio”.

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Ilustración de una mujer gorda, publicada en 1935 en EL UNIVERSAL ILUSTRADO

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Antes el ser gordo estaba relacionado con abundancia de recursos. Ilustración de EL UNIVERSAL ILUSTRADO, 1923.

En la actualidad es al revés, a mayor corpulencia, menor nivel económico, comparte Gloria Soto, investigadora social de la gordura y psicóloga: “pensemos, ¿quién tiene tiempo de hacer ejercicio? ¿Quién tiene oportunidad de comprar comida saludable y el tiempo de cocinarla?”.

Aunque desde un punto de vista nutricional la ecuación de la obesidad es sencilla (si comes más calorías de las que gastas, éstas se acumulan como grasa corporal), los factores sociales y culturales que acompañan a esta problemática son mucho más complejos, afirma Isabel Ortega.

Son precisamente estos factores los que nos acercan a las causas de la actual epidemia de obesidad.

El inicio de la obesidad en México

En entrevista con este diario, la doctora Carmen Durán afirma que la industrialización del país durante los años 50 y la migración del campo a la ciudad contribuyeron al cambio en los hábitos de alimentación de las personas recién llegadas a la capital, quienes, además, se ubicaron en “los cinturones de miseria”:

“Ellos estaban acostumbrados a comer hierbitas mientras salía el maíz y el frijol de sus milpas, huevos de sus propias gallinas… Acá en la ciudad, eso no lo podían tener, entonces empezó a perderse toda esa cultura de una comida sana”, comparte.

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Los recién llegados del campo a la ciudad se ubicaron en los “cinturones de miseria”, es decir, espacios no urbanizados donde pudieron adquirir vivienda a un bajo precio. Sin embargo, las condiciones de vida carecían de servicios básicos y de disponibilidad de alimentos. Esta fotografía es de una vivienda en Ciudad Nezahualcóyotl, años 80. EL UNIVERSAL.

A sus 73 años, la doctora Carmen Durán recuerda que los alimentos industrializados, es decir, aquellos que fueron procesados a gran escala por la industria alimentaria,  se popularizaron en el país a partir de los años 70.

A diferencia de los bizcochos que ella compraba en las panaderías durante su infancia, “ahora las cosas duran en el anaquel no días, meses, incluso, años. Ahora lo que tienen son un montón de sustancias químicas para que no se oxiden, para que no se enrancien en caso de que tengan grasas, para que no se descompongan, para que no se decoloren…”, comparte.

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Los panquecitos de una vigente y popular marca fueron de los primeros panes industrializados que se comercializaron a gran escala, recuerda Carmen Durán. Publicidad de 1963, Hemeroteca de EL UNIVERSAL.

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“Productos selectos de importación” ofertados en las planas de este diario en el año de 1989.

Isabel Ortega añade que el ingreso de esta industria, en gran medida extranjera, se fortaleció por su publicidad y por: “la falta de políticas públicas en apoyo al consumidor  primero para alertar sobre este tipo de alimentos y segundo para promover una alimentación más saludable”.

De hecho, el cambio que representó en la dieta la llegada de este tipo de alimentos se le llama “transición nutricional”, afirma Gloria Soto: “son alimentos a los que no estábamos acostumbrados. México, de tener una alimentación diversa y variada, pasó a ser más reducida y ultraprocesada”, señala.

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Más tarde, en los años 90 con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio, y en el contexto de una globalización generalizada, además de las industrias alimentarias llegaron cadenas de centros comerciales como Walmart, Costco, Sams.

“Por el volumen que manejan estas tiendas pudieron ofertar estos productos [ultraprocesados] a bajo costo”, comenta la doctora Ortega y rememora un ejemplo. En 2008, cuando aumentó el precio de la tortilla a partir de la crisis económica mundial, las pequeñas tortillerías no pudieron competir con los precios de Walmart. “Eso hizo que muchos pequeños negocios tuvieran que cerrar”.

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La obesidad comenzó a considerarse como una epidemia a finales de los años 90. Planas de 1998, EL UNIVERSAL.

“Inseguridad alimentaria”, producto de la pobreza

Detrás de la concentración de la población en las ciudades y de la creciente industria alimentaria, se encuentra el desinterés y la falta de apoyo que tuvo el país frente al campo.

Las investigadoras Durán y Ortega coinciden en que los pocos incentivos para la producción en el medio rural provocaron el éxodo de estas comunidades a las urbes (en condiciones precarias) y, por otro lado, el incremento de la inseguridad alimentaria.

“Se ha demostrado a nivel internacional la relación entre obesidad e inseguridad alimentaria. Esta última se caracteriza por el consumo de alimentos con muy baja calidad nutricional, que solo llenan pero no nutren. En nuestro país, un estudio derivado de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición del 2012, donde participó la doctora Carmen Morales-Ruán demostró que la relación entre estos dos conceptos se da principalmente en mujeres indígenas del medio rural”, comparte Ortega.

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“Expertos advierten que en las comunidades indígenas de Chiapas el consumo de refresco ha sido inducido a través de una agresiva campaña de comercialización”, se escribió en este medio de comunicación el 6 de mayo del 2014. Archivo de EL UNIVERSAL.

La inseguridad alimentaria es producto de la pobreza, de la carencia de alimentos de calidad suficientes, va más allá de tener o no tener hambre.

Volviendo a los alimentos ultraprocesados, al ser densos en energía y baratos, son precisamente las personas con menos recursos quienes las consumen.

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“Las tiendas Diconsa venden, como parte de la canasta básica de alimentos, manteca vegetal (con alto contenido en grasas trans), frituras, refrescos, sopas instantáneas y otros alimentos industrializados que deterioran las condiciones de nutrición y salud de la población que los consume”, dijo en 2010 el Informe de Evolución Histórica de la Situación Nutricional de la Población y los Programas de Alimentación, Nutrición y Abasto en México. Fragmento de una plana de EL UNIVERSAL.

 “La población urbana se enfrenta a todo el avance de la tecnología: en el transporte, en las labores dentro del hogar… toda esa modernización tecnológica incide en el aumento del sedentarismo, que es la otra parte importante de la ecuación del gasto de energía”, dice Isabel Ortega y agrega que, si bien la actividad física es importante para explicar el problema de la obesidad,  de acuerdo con sus estudios, el consumo de alimentos ultraprocesados es el mayor problema.

Isabel Ortega, quien ha estudiado la nutrición pública en proyectos interdisciplinarios, señala que los primeros aumentos significativos en el peso corporal en personas de distintas edades se observaron en la Encuesta Nacional de Salud Nutrición del 2006.

“Para nosotros en México fue el punto de alerta, aunque a nivel regional, en los estados del Norte ya veíamos esa tendencia desde los 90”, agrega.

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Cifras publicadas en EL UNIVERSAL el 27 de septiembre del 2006. A partir de este año comenzaron acciones para visibilizar el creciente número de personas obesas en el país.


La obesidad, un problema estructural

“Sí queremos hablar de obesidad más allá del ámbito médico tenemos que hablar de gordura. Gordura ya nos habla de la experiencia de vida de un cuerpo que los médicos catalogan obesos”, aclara Gloria Soto, quien es candidata a maestra en Estudios de la Mujer por la UAM-Xochimilco.

Quienes presentan una excesiva acumulación de grasa en su cuerpo, además del posible desarrollo de enfermedades crónicas no transmisibles (como diabetes e hipertensión), reciben también el juicio de la sociedad, al que Gloria Soto se refiere como “la moralización de la gordura”:

“Todo se reduce a que no comes bien y no haces ejercicio, a que no te quieres y no te cuidas, cuando existen muchos motivos por los que puedes ser gordo (causas hormonales, por medicamentos)”, afirma. Y además, siendo una mujer gorda, se recibe un castigo social desde el discurso de la belleza.

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Cómodas fajas que hacían un intento por ocultar la obesidad y que se anunciaban en 1932 en este diario.

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En gran parte de las notas referentes a la obesidad y publicadas en este diario, se hace referencia al cuerpo de las mujeres, como en esta plana de 1998.

Es preciso recordar que la obesidad no es un problema individual, sino estructural. “Usted está en esa condición de sobrepeso, de obesidad porque lo que ha tenido a disposición los últimos 30 o 40 años es comida de mala calidad, productos industrializados, procesados [..]

“Que nadie se confunda, no estamos culpando a los ciudadanos, es culpa de este ambiente nutricional que ha sido desarrollado para favorecer el negocio de estos productos y no para favorecer la salud”, afirmó el subsecretario de salud Hugo López Gatell el domingo 5 de julio en la Conferencia de Prensa sobre Covid-19.

A partir de la alerta que lanzó la Encuesta Nacional de Salud Nutrición del 2006, comenzaron esfuerzos por hacerle frente a la obesidad no solamente por su aumento acelerado sino por ser factor de riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles, que son las principales causas de muerte en el país, comparte Isabel Ortega.

“En 2010 se lanza el Acuerdo Nacional por la Salud Alimentaria, el primer acuerdo nacional para buscar incidir en las causas de la obesidad. Ahí se propusieron los lineamientos para la venta de productos alimenticios en las escuelas… sin embargo no fue exitoso pues no se le dio seguimiento”, agrega.

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Publicación de 2010 en EL UNIVERSAL.

Hacia 2013 se lanzó la primera Estrategia Contra el Sobrepeso y la Obesidad, dirigida a identificar el problema. Un año después surgió una estrategia dirigida al consumo de refrescos con altas cantidades de azúcar, con lo cual se buscó y logró subir el impuesto a estas bebidas.

“Sin embargo ha tenido un impacto limitado”, opina la doctora.  

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Plana de EL UNIVERSAL, 21 de junio del 2006. Este diario alertaba una vez más del problema de obesidad entre la población mexicana.

La obesidad no se arreglará culpabilizando a las personas que la padecen; es decir, debemos dejar de verla como el origen de todos los males individuales y comenzar a vislumbrar las condiciones sociales, económicas y psicológicas que viven las personas gordas, recomienda Gloria Soto.

En este sentido, como ciudadanos debemos pensar y exigir soluciones estructurales. Isabel Ortega está convencida que se debe privilegiar la salud antes que las ganancias económicas; aboga por la regulación de la industria alimentaria y por la promoción de la alimentación saludable, el rescate de la cocina tradicional y el apoyo a pequeños productores rurales.

“Es necesario exigir seguridad alimentaria al Estado: México tiene hambre. Deberíamos tener seguridad de que podrás comer todos los días”, propone Gloria Soto. 

En un ámbito familiar, las doctoras Ortega y Durán invitan a consumir productos frescos y, particularmente, a ser conscientes de qué productos industrializados forman parte de nuestra diaria alimentación.

Ante ello, la doctora Durán recomienda que “al consumir productos empaquetados, se revisen los ingredientes y se elijan los que tengan menos”.

Nuestra foto principal es una composición de ilustraciones publicadas en el semanario EL UNIVERSAL ILUSTRADO, 1932.

Fuentes:
Entrevistas con: 

  • la doctora Carmen Durán, investigadora y profesora de la Facultad de Química de la UNAM
  • la doctora Isabel Ortega, investigadora del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo A.C.
  • y Gloria Soto, investigadora social de la gordura. Para más información: https://manifiestogrotesco.wordpress.com/

Archivo de EL UNIVERSAL
 

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