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Las monumentales escaleras de hierro del porfiriato

En la Ciudad de México hay edificios cuyas escaleras maravillan a quienes los visitan, la gente se retrata sobre estructuras del porfiriato construidas con el revolucionario acero para reducir el peso de los inmuebles y hacerlos más resistentes a los sismos
Palacio Postal a principios del siglo XX. Colección Villasana-Torres
17/02/2020
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Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez

“¿Sabías que según estas escaleras las trajeron de Italia?”, preguntó un joven a su novia mientras que ella tomaba fotos al barandal de las escaleras del Palacio Postal de la ciudad, “órale”, contestó ella y volteó a ver con más curiosidad toda la estructura. No eran los únicos, el espacio estaba siendo visitado por varios grupos de turistas y capitalinos que se deleitaban con el dorado de esta construcción porfiriana.

Fue justo en el porfiriato cuando aparecieron en la ciudad inmuebles con escaleras que no sólo cumplían su función, sino que eran parte de la belleza del espacio, tal es el caso del Palacio Postal y de los actuales museos de Geología y el Nacional de Arte, todos ubicados en la alcaldía Cuauhtémoc.

Para saber más al respecto nos acercamos a Roberta Vassallo, doctora en arte y arquitectura, quien realizó una investigación de la arquitectura de hierro en México y explicó que los tres edificios fueron construidos y finalizados entre 1900 y 1907.

El acero había llegado a revolucionar la arquitectura en la Ciudad de México, ya que con este material se reducía el peso de los inmuebles y los hacía un poco más resistentes a la sismicidad de la capital.

Las tres obras en cuestión “fueron realizadas enteramente con estructura de acero, que no fue dejada a la vista; la única muestra aparente de metal en los tres casos resulta ser la escalera, aparte de otros elementos ornamentales —como farolas—, no estructurales”. Asimismo, seguían los preceptos de modernidad de aquellos tiempos: el hierro, al ser un material más “flexible”, permitía que los diseños de las escaleras fueran más dinámicos.
 

El Palacio Postal fue construido por Adamo Boari y su armazón se importó desde Nueva York por la empresa Milliken Brothers, que también proveyó materiales para la Casa Boker —ubicada en la esquina de las calles 16 de septiembre e Isabel la Católica— y para los actuales Museo Nacional de Arte y el Palacio de Bellas Artes.

En cuanto a los ornamentos de hierro fundido, fueron encargados a la renombrada Fondería del Pignone, con sede en Florencia, y fueron recubiertos con una capa de bronce dorado “a través de un proceso de galvanización, un proceso electroquímico que permite recubrir un metal con otro.

“Generalmente se recubre un metal con uno de mayor calidad para protegerlo de la oxidación. También se emplea esta tecnología para fines estéticos, en la arquitectura, como en la joyería, recubriendo un artefacto de hierro, o de acero, por ejemplo, con una capa de oro, de plata, o de otro metal valioso, como el bronce, que es el caso que aquí se trata”, explica la doctora Vassallo.

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El sello de Fondería del Pignone en las ventanillas de atención al público del Palacio de Correos, arq. Adamo Boari, 1902-1907. Foto: Cortesía Roberta Vassallo, 2006.

La escalera del Palacio Postal está ubicada al centro del patio, sus escalones son de mármol blanco, flanqueada por dos elevadores y cubierta por un tragaluz; su diseño consta de “tres tramos de dobles rampas colgantes, que se trepan en el espacio de triple altura del patio y que parecen desafiar atrevidamente las leyes de gravedad”, explica Vassallo.

Algunos visitantes compartieron con EL UNIVERSAL el motivo por cual acudieron al Palacio Postal: una joven dijo que había leído sobre las escaleras en una publicación en redes sociales y eso la motivó para ir a conocerlas; una madre y su hijo comentaron que fueron por curiosidad; un par de turistas estadounidenses dijeron que leyeron sobre el Palacio en una guía de sitios a visitar en la capital mexicana.

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Comparativa de las escaleras del Palacio Postal a principios del siglo XX y el 2020. Colección Villasana - Torres.

La doctora Vassallo encuentra similitudes entre el diseño de la escalera en el Palacio Postal y la del Museo del Instituto de Geología de la UNAM, en la colonia Santa María la Ribera, aunque el tamaño de la segunda sea más pequeño y su estilo sea Art Nouveau, con formas curvas contrario a la rectitud de las escaleras del Palacio Postal.

En su investigación, encontró la forma en la que el diario El Imparcial, la describió al cubrir la inauguración del edificio en 1906:
 

“La escalera de simil-bronce, oxidado, se abre en dos tramos regulares que van a unirse a un descanso del que arrancan otros dos tramos en sentido opuesto, presentando su frente a guisa de balcón. Todas las huellas son de láminas de mármol blanco, y los peraltes, calados con delicadeza, forman parte del material metálico. La escalera tiene cinco juegos de candelabros que hacen las veces de capiteles columnarios […]
 
Los corredores son de cemento armado, muy sencillos y cómodos, y su balaustrada obedece al mismo procedimiento de la escalera, así como a su estilo que es de arte nuevo. […] Cubre ésta una cúpula de cristal, de forma elíptica y de un corte dificilísimo, con una linternilla por remate de la misma forma. La caja de la escalera, decorada con mucho gusto y propiedad, es uno de los detalles salientes de la construcción.”

Las escaleras del también conocido como Museo de Geología fueron fabricadas por la casa fundidora Fritzsche Kunstschmiede, de Leipzig, Alemania, y cuentan con un proceso de galvanización de bronce oxidado.

De acuerdo con nuestra entrevistada, el proceso de galvanización permitía que las escaleras simularan estar hechas con materiales más lujosos y relucir en las construcciones de las que eran parte.

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Una imagen de la escalera del antiguo Instituto de Geología, arq. Carlos Herrera, 1900-1906, publicada en El Mundo Ilustrado del 9 de septiembre de 1906, Cortesía Roberta Vassallo.

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Detalle del diseño de la escalera del Museo de Geología y del sello de fabricación alemana. Cortesía Roberta Vassallo.

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Detalles de las escaleras del Museo de Geología. Foto: Museo del Instituto de Geología de la UNAM.

Para Roberta Vassallo, las primeras dos escaleras envuelven al espectador: “el usuario no puede evitar la experiencia de relacionarse con ella al ingresar al edificio. El público se encuentra en un espacio totalmente circundado por esta estructura de metal, que, además, le permite 'treparse' en el vacío, gracias a sus rampas colgantes.”

Por último está la escalera perteneciente al Museo Nacional de Arte, cuya construcción fue concebida para alojar a la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, bajo el diseño y dirección del arquitecto Silvio Contri. Al igual que en el caso del Palacio Postal, tanto el armazón como los ornamentos provinieron de las empresas Milliken Brothers y la Fondería del Pignone, respectivamente. Los escalones también son de mármol blanco.

“Recorriendo la escalera, el visitante puede percibir perspectivas profundas, casi vertiginosas, de la escalera misma, y al mismo tiempo puede dirigir su mirada hacia el patio externo, gracias a los amplios ventanales acristalados que conforman el cilindro en que se inscriben las rampas.

“La escalera de este edificio presenta, resumiendo, un diseño racional, funcional, contenido en un cuerpo bien ubicado en la planta; al mismo tiempo, la racionalidad de su organización funcional se combina con la exuberancia y el lujo de sus formas plásticas y ornamentales”, describe nuestra entrevistada.

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Toma comparativa de las escaleras del actual Museo Nacional de Arte a principios del siglo XX y el 2020. Colección Villasana - Torres.

Estas tres escaleras permitieron que los residentes de la capital a principios del siglo XX generaran nuevas dinámicas al momento de estar al interior de un edificio: las escaleras, al no estar escondidas o “encerradas” en un cubo, ofrecían al usuario diversas perspectivas del edificio desde la planta alta, el centro —zonas de descanso— o la planta baja que hoy en día queda congelado en el momento que cada uno de los turistas, familias o parejas deciden desde qué ángulo tomarán la foto en la que quedará registrada su visita a alguno de estos inmuebles.

Fotografía antigua: Colección Villasana-Torres
Fotografía actual: Ruth Gómez
Diseño web: Miguel Ángel Garnica
Fuentes: Roberta Vassallo, doctora en arte y arquitectura

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