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Las manos que seleccionan la basura

Los residuos de la capital no terminan su viaje en los botes: se trasladan a las afueras por personas que laboran en la desigualdad de derechos desde hace décadas
Las manos que seleccionan la basura
19/01/2020
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Texto: Elisa Villa Román
Diseño web: Miguel Ángel Garnica

La calma de las vecindades en la Ciudad de México era interrumpida por el grito de un hombre: “¡Ropa, zapatos, sombreros usados, papel periódico que vendan!” Vestía un sombrero decolorado y zapatos viejos que hacían juego con un pantalón y un chaleco remendados. Ésta era una escena típica de la capital, de acuerdo con reportajes publicados en EL UNIVERSAL ILUSTRADO. 

El personaje  llevaba un costal de yute o una bolsa de manta, y los vecinos dejaban lo que estaban haciendo para salir a encontrarse con él, a quien llamaban “trapero”, figura típica de la ciudad que a cambio de unas monedas se llevaba todo aquello que los capitalinos ya no necesitaban.

Eran los años 20 y la capital atravesaba una crisis por la acumulación de basura en las calles. La escena era caótica: los camiones recolectores tenían dificultades para entrar a los tiraderos debido a las malas condiciones de los caminos de terracería.
 

Por las noticias de la época sabemos que la temporada de lluvias empeoraba la situación, puesto que los ocho camiones de la flotilla de recolectores quedaban varados afuera de los tiraderos. Por ello, en 1924, el gobierno de la ciudad reorganizó el Servicio de Limpia, pavimentando las principales calles y avenidas para facilitar el paso de los camiones. De igual forma, se renovó el servicio de aguas que apenas dos años atrás había dejado a la ciudad sin el líquido durante casi un mes.

Uno de los principales cambios fue la nueva brigada de limpieza. Según archivos históricos, entre barrenderos y camiones recolectaban hasta mil 279 metros cúbicos de residuos al día. El programa implementó colectores metálicos que funcionaban como un bote de basura común, sólo que el fondo quedaba bajo el nivel del suelo, a modo de depósito subterráneo.

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Trabajadores del Servicio de Limpia junto a los nuevos recogedores y escobas para la limpieza de la ciudad. Foto de 1924. Archivo/EL UNIVERSAL ILUSTRADO

Éstos incluían un mecanismo para sacar la caja una vez que estuviera llena. Sólo los empleados de limpieza tenían las llaves para elevar el depósito, con lo que se evitaba que personas hurgaran entre los montones. 
 

El viaje de la basura

Los mercados y hogares capitalinos desechan comida y ropa que abastece a cientos de familias.
Antes se podían encontrar pedazos de carne descompuesta y frutas podridas mezcladas con  trozos de tela y zapatos viejos. Con un palo, las personas escarbaban entre los desechos y después se dirigían a La Romita, un pequeño barrio de la colonia Roma, en la cual vivían amontonados en jacales, según  reportó este diario en 1927.

Ahí clasificaban lo recogido, apartando los huesos de animales para venderlos a fabricantes de botones; luego, los artículos de hojalata para los negocios industriales, y finalmente, los fragmentos de papel, para llevarlas a fábricas de cartón. En otro montón ponían los alimentos recuperados.

ciudad_de_mexico_basura.jpgCon esta máquina los brigadistas de limpieza lavaban las calles de la capital. Se requerían tres operadores para manipularla. Archivo/EL UNIVERSAL ILUSTRADO

Sin embargo, no eran los únicos recolectores de su época. En los tiraderos era común encontrar a mujeres y niños hurgando entre los desperdicios. En 1921, por ejemplo, un reportero  acudió a un tiradero a las afueras de la ciudad y registró lo que podría ser un antecedente del negocio actual de la basura.

“¿Esto lo venden?”, le preguntó a una pepenadora. “Nosotros no, patrón. Trabajamos por cuenta de don Procopio, un español que nos paga cincuenta centavos diarios por tres buscas al día. Después él vende todo esto en las fábricas de papel, casimires y botones”, dijo ella. Don Procopio era el concesionario que el ayuntamiento había asignado.

Estos trabajadores de antaño siguen hasta nuestros días sin derechos básicos, como seguro social, un sueldo fijo o protección contra riesgos laborales.
 

Los recolectores de basura, ayer y hoy

La labor de  pepenadores, barrenderos, macheteros de camiones y otros recolectores de basura es indispensable para el rescate de desechos; sin embargo, en la Ciudad de México ya no existen los basureros.

Sólo con la labor de los pepenadores es posible  que materiales como vidrio, hueso, trapo, fierro, papel, aluminio o cartón se revendan y se reciclen, beneficiando la economía y el medio ambiente, de acuerdo con el sociólogo Héctor Castillo Berthier.

En sus investigaciones ha señalado que de un camión recolector se puede recuperar hasta 10% de su basura, pero gracias a la pepena, este volumen incrementa a 25%. La basura carece de valor y por eso se desecha; no obstante, cuando a ésta se le aplica trabajo manual o mecánico para recuperar lo que sí sirve, se transforma en mercancía, asevera.

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Camión recolector de los años veinte, presentado como una novedad. Archivo/EL UNIVERSAL ILUSTRADO

Como tema de interés social, los residuos han dado lugar a normas y programas como la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos o el Programa de Gestión Integral de los Residuos Sólidos para la Ciudad de México de 2016 a 2020.

Asimismo, existen organizaciones y grupos de investigación que intentan dignificar la labor de trabajadores de limpieza y recolectores para que sus derechos sean respetados.

Aquí entra la cooperación de la sociedad: recientemente, en el taller Periodismo, medio ambiente y economía circular, organizado por la Fundación Gabo y la Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo (IRR), se mencionó que es importante visibilizar el trabajo y las condiciones de vida de quienes se dedican a estas actividades.

Señalan que en los camiones recogedores sólo el chofer tiene contrato y los ayudantes son considerados “voluntarios” sin derechos laborales.

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Dos trabajadores del antiguo Servicio de Limpia junto a los carros rodantes para recolección de basura. Archivo/EL UNIVERSAL ILUSTRADO

Si la gente sabe esto, dice la IRR, entenderá la importancia de la separación de sus residuos.
Según la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México, la capital genera alrededor de 13 mil toneladas de basura diarias, de las cuales sólo mil 900 se reciclan. Esta basura termina su viaje en tiraderos lejanos de la ciudad, generalmente en el Estado de México y Morelos.

No hay que olvidar a las personas que subsisten de la basura. Nuestras elecciones como sociedad impactan en ellas y en el medio ambiente.

Fuentes:
Hemeroteca y Fototeca de El Universal
El Universal Ilustrado de los años 20

 

Nuestra foto principal muestra un camión del servicio de limpia de la Delegación Coyoacán depositando la basura en Santa Cruz Meyehualco. Enero de 1973. Archivo/EL UNIVERSAL
La comparativa antigua es una ilustración de 1927, donde un grupo de personas pepena la basura en busca de comida y objetos de valor.
La segunda, muestra a un niño pepenador en un basurero de Tapachula, Chiapas. Foto: Fredy Martín. Archivo/EL UNIVERSAL