La Quiñonera, la casona artística de los 80 en Coyoacán
La Quiñonera, la casona artística de los 80 en Coyoacán

En entrevista con EL UNIVERSAL Néstor Quiñones, uno de los fundadores de La Quiñonera, casona de Coyoacán que inició en los años 80 rentándose para fiestas y exposiciones en apoyo de proyectos culturales. Hoy continúa siendo bello escaparate de variados artistas. Crédito: Diego Prado/EL UNIVERSAL.

Texto: Daniela Jurado Cano

Antes de convertirse en un gran escaparate artístico era solamente una casa familiar en Coyoacán , en la que vivían los Quiñones : un matrimonio y varios hijos varones, entre ellos unos gemelos: Néstor y Héctor.

Después de que sus padres se fueron a vivir a Morelos estos dos hermanos, aún siendo adolescentes, se quedaron al frente de esta gran casona ubicada en el pueblo de la Candelaria , al sur de la capital.

En entrevista, Néstor recuerda que “teníamos relación con gente del mundo del arte quienes nos pedían espacio para pintar, ensayar, hacer fiestas y exposiciones. De hecho, hay muchos cortos del CCC y del CUEC filmados aquí, porque vieron que era un espacio de posibilidades, por eso empezó a llegar tanta gente aquí. En muchas ocasiones tuvimos la casa totalmente llena”.

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Los hermanos gemelos Néstor y Héctor en el Bar 9. Cortesía Rubén Ortíz Torres.

La música y la fiesta atrajeron más creatividad

Néstor compartió que fue alrededor de 1988 que La Quiñonera fue definiéndose más como espacio para la plástica. “La música y la fiesta atrajeron otros procesos creativos. Una cosa jaló a la otra, porque así es el mundo del arte”, comentó.

Al preguntarle por qué habían decidido él y sus hermanos vivir en una suerte de comuna con otros artistas respondió lo siguiente:

“Nosotros tenemos la tierra, pero sabemos que la tierra no es nuestra, entonces tenemos que compartirla... Esa fue y es la filosofía de este lugar. No es un espacio de disfrute egoísta”, afirmó.

En la foto antigua la casona de Coyoacán en los años 80, cortesía de Rubén Ortiz y la actual es de Diego Prado/EL UNIVERSAL.

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Enrique Cantú y Gloria Smyth en la Quiñonera, 1989. Foto de Enrique Cava y coloreada por Gloria Smyth.

Hubo también amistades que les pedían hacer fiestas o conciertos para recaudar fondos para algún proyecto. Algunas veces hicieron alianza con el bar Tutti Frutti donde se tocaba rock.

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Volantes de una de las fiestas organizadas por el Tutti Frutti y la Quiñonera. Foto: cortesía/ Danny Yerna.

Son varios los artistas que tienen recuerdos de esas fiestas y conciertos, de alrededor de 1985, que conservan con cariño. Por ejemplo, el músico Fratta quien hizo uno de los primeros conciertos en la casa.

“Esa tocada fue la segunda de mi banda Arttefacto y primera como estelares. Fue una fiesta que se hizo para juntar fondos para La Quiñonera, porque alguno de los organizadores había chocado un auto o algo así. En varias etapas de mi vida La Quiñonera fue refugio en los días y fiesta por las noches”, comentó Fratta.

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Folleto de la exposición Escultores diversos de 1989. Foto: cortesía/ Rubén Ortiz.

Escenario de artistas solitarios o en colectivo

El fotógrafo Armando Cristeto Patiño nos dijo que es imposible no mencionar al curador y pintor Rubén Bautista , quien organizó exposiciones y performances de 1988 a 1990; además, dijo que cree que fue justamente Bautista quien bautizó la casa como La Quiñonera.

Armando escribió que Rubén acostumbraba invitar a un diseñador y un fotógrafo en las presentaciones que hacía para que quedara algún testimonio.

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El curador Rubén Bautista Guadiana. Fotografía cortesía de Armando Cristeto Patiño.

“Fui fotógrafo de uno de los impresos y, creo que fue Rocío Mireles, la magnífica diseñadora quien hizo la puesta en página”, contó Cristeto Patiño.

No se puede hablar de La Quiñonera sin hablar del performance. Fueron varios artistas en solitario o como parte de algún colectivo que ahí se presentaron, tal fue el caso de S.E.M.E.F.O y del Sindicato del terror.

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Sindicato del Terror, Altar Hogar y morada 1 del Caracol, La Quiñonera 1989. Foto: Archivo de Carlos Jaurena.

Para conocer más al respecto, EL UNIVERSAL conversó con Juan Carlos Jaurena quien fue parte del Sindicato del Terror.

“En 1988 ingresé al Sindicato del Terror y es cuando nos invitan a hacer un performance, ahí en La Quiñonera, se llamó ‘El nacimiento del fenómeno’. En la película Esto no es Berlín hacen una especie de paráfrasis de ese performance”.

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Carlos Jaurena con el Sindicato del Terror, Altar Hogar, Morada 1 del Caracol, La Quiñonera 1989. Foto: Archivo de Carlos Jaurena.

Roberto Escobar era el líder del colectivo y esta agrupación trabajó de 1987 a 1989, de acuerdo con Jaurena.

“La filosofía de Roberto era shokear a la gente, hacerle ver que la vida no es miel sobre hojuelas, sino que siempre había algo de lo que estar preocupado, angustiado. De eso iban las instalaciones y el arte objeto, de confrontar a la gente”.

Juan Carlos presentó un performance, como artista individual, que se llamó “Algunas nubes oscurecían a veces” invitado por el curador de ese entonces, Rubén Bautista.

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Los pintores escultores que se presentaban en La Quiñonera en 1988. Foto: cortesía/ Rubén Ortiz.

Cuando el artista Rubén Ortiz buscaba un estudio le recomendaron esta casa de Coyoacán.

“Los hermanos Quiñones me recibieron con timidez, curiosidad y una generosidad con la que sigo estando en deuda”, dijo el también fotógrafo.

“La casa y la situación eran muy particulares. Esta era como una locación de película de Tarkowsky con una alberca seca, pozos y un jardín salvaje, las puertas y las ventanas eran pequeñas, pero había cuartos grandes con techos altos”, compartió.

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Néstor Quiñones en la parte exterior de La Quiñonera. Crédito Diego Prado/EL UNIVERSAL.

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En la imagen Mauro Giaconi, cofundador de Obrera Centro. Crédito: Diego Prado /EL UNIVERSAL.

“No sé si fue el primer espacio independiente de artistas en México, pero hasta la fecha no sé de ninguno anterior. En ese sentido fue la sopa primordial o el caldo primigenio de una escena del arte, del rock y la cultura”, dijo Rubén.

Abigail Maritxu, Artivista quien vivió de 1988 a 1990 en La Quiñonera, como lo hizo también Carlos Aranda Márquez antes de su transición como mujer trans.

Durante ese periodo escribió 60 artículos sobre el mundo emergente del arte contemporáneo en nuestro país para La Jornada Semanal.

“A los Quiñones los conocía porque asistíamos a las mismas exposiciones y teníamos conocidos en común. Los Caifanes alquilaban un estudio y se cambiaron a otro. Después de una cita con Héctor y Néstor, me ofrecieron la casita que había sido estudio de los músicos que empezaban su ascenso como banda de rock”, recuerda Abigail.

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Los hermanos Quiñones, Héctor y Néstor. Fotografía cortesía de Benjamín Alcántara
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Ella considera que los gemelos fueron generosos con muchas personas prestando la casa de su familia como un centro cultural para muchos artistas jóvenes.

“Ahora Andrés, Horacio y, sobre todo, Néstor han sabido renovar sus preocupaciones al aliarse con Obrera Centro y articular los nuevos programas de trabajo de la Quiñobrera” afirmó la Artivista Abigail Maritxu.

Texto de interés:

Cabe destacar que La Quiñonera a partir de agosto de 2020 cambió de nombre al de Quiñobrera debido a una fusión que hicieron con Obrera Centro, otro proyecto que apoya el arte independiente, y con el cual han creado una sinergia para continuar con la labor de ser un vehículo de procesos culturales.

“Las actividades que ocurrieron en los años 80 tuvieron un sentido de rebeldía y autonomía imperante en ese momento; ahora las necesidades artísticas han cambiado”, afirmó Néstor Quiñones.

Actualmente en la Quiñobrera se imparten talleres, se hacen exposiciones y residencias con diversos proyectos y artistas independientes. Después de poco más de tres décadas de actividades, este lugar continúa siendo un espacio de encuentro para las más diversas expresiones culturales.

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Interior de La Quiñonera en los años 80. Foto cortesía de Armando Cristeto Patiño.

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Así luce actualmente La Quiñonera. Foto cortesía de Diego Prado/EL UNIVERSAL.

  1. Fuentes:  
  2. Entrevistas con Néstor Quiñones, Armando Cristeto Patiño, Juan Carlos Jaurena, Fratta, Rubén Ortiz y Abigail Maritxu.
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