La flor que acompaña a nuestros muertos

Mochilazo en el tiempo

El cempasúchil no sólo fue parte de los altares de Día de Muertos, también se le atribuyeron otros usos. Hoy esta tradición y producción están a la baja

Texto: Gabriel Sánchez Pozos y David Pineda Villalpando

México pasa de pintarse tricolor en septiembre, a amarillo durante octubre y noviembre pues el color de esta flor ilumina el camino de aquellos difuntos que desean visitar a sus familias. Sin embargo, las raíces de la flor de cempasúchil han dejado de crecer en el suelo que las vieron nacer por primera vez.

Este diario publicó en octubre de 2017 que para los mexicas, el origen del cempasúchil tiene como protagonistas a Xóchitl y Huitzilin, dos personas que desde pequeños sabían que eran el uno para el otro. Esta pareja decide jurarse amor eterno en la montaña dedicada a Tonatiuh, dios del sol, en la que todas las tardes ofrendaban un ramo de flores.

Pero la guerra lo cambió todo. Huitzilin, se unió a las fuerzas armadas y perdió la vida mientras defendía territorio mexica. Por supuesto, la noticia destrozó a Xochitl quien al ver que no soportaría vivir sin su amado, pidió a Tonatiuh que los uniera de nuevo.

La deidad al ver que siempre le fueron leales y agradecidos con las flores que ofrendaban, decidió iluminar a Xóchitl con los rayos del sol hasta que la chica se convirtió en una flor cuyo color era tan intenso como el de la estrella que la iluminó. Más tarde, un colibrí, que se dice que fue la encarnación de Huitizin se posó sobre la flor y esta al sentirlo, abrió sus 20 pétalos para dejar escapar su aroma.

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La leyenda indica que el amor de Xóchitl y Huitzilin seguirá mientras los colibrís visiten a las flores de cempasúchil. FOTO: Alejandro Sánchez Lugo /Cortesía.

Según el texto Origen Naturaleza y Usos del Cempoalxóchitl de Adriana Castro Ramírez, el origen etimológico de cempasúchil deriva de la expresión náhuatl Cempoalxóchitl, que se traduce como “veinte flores” pues se compone de los vocablos cempoali que significa veinte y xóchitl que es flor. 

Sin embargo, esta flor tiene tantos motes como pétalos, pues algunas personas la conocen como la flor de muertos o cempoal y cempasúchil, a veces se puede encontrar escrita con ´c´ o con ´z´ y en otras lenguas su nombre también cambia: expujuj, en maya o apátsicua en purépecha, señala Castro Ramírez en su obra.

El Gobierno Mexicano en su página web señala que el Cempoalxóchitl pertenece al género Tagetes, que es endémico del continente americano y de las 58 especies encontradas, 35 están en el país. Aunque existen todas estas variedades, la que se vende para Día de Muertos es la tagete erecta.

Erick Mendoza, Antropólogo Físico por la Escuela Nacional de Antropología e Historia refiere que el término náhuatl Cempoalxóchitl era usado por los mexicas para referirse a varias especies de flores aunque la principal era la tagete erecta ya que podía encontrarse en arte como en el monolito de Coyolxauhqui, como parte del tocado de la diosa al que se puede referir como símbolo de soberanía o muerte.

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Día de Muertos el 2 de noviembre de 1986. Archivo/ EL UNIVERSAL.

Tanto Erick Mendoza como Ramírez Castro señalan que en el Códice Florentino, escrito en el siglo XVI por Fray Bernardino de Sahagún, se indica que esta flor crecía tanto en cultivos como espontáneamente; además, refería que las más grandes eran las hembras y las menos hermosas los machos, que se diferenciaban para poder mejorar la especie.

Por su parte, Mendoza también señala que en el séptimo mes mexica llamado Tecuilhuitontli, de los 18 que había, se celebraba a la diosa de la sal Huixtocíhuatl, cuyo color era el amarillo y a la que se le ofrecía como ofrenda el sacrificio de una mujer. Los asistentes a este evento llevaban en las manos unos Cempoalxóchitl.

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Cementerio mexicano en 1992. Archivo/  EL UNIVERSAL.

También el antropólogo cita que Diego Durán en su Historia de las Indias de Nueva España y islas de Tierra Firme hace mención a la planta a la que cita como “cenpoalxochitl” como parte de un ritual dedicado a la diosa Cihuacóatl, que consistía en una danza de mujeres que llevaban en sus atuendos a estas flores.
 
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Danza del estado de Morelos de nombre Xochipitzahua o Mahuizontzintle, en 1994. Las mujeres jóvenes llegan a la iglesia para recordar a sus muertos con una de las más antiguas canto-danzas; las más pequeñas siembran el camino con pétalos de la flor de muertos que también ha sido colocada en cadenas que las mujeres llevan pendientes de sus manos.  Fotografía: Sonia Armas. Archivo/ EL UNIVERSAL.

Aunque el uso ornamental no fue el único, pues Erik Mendoza refiere que el médico Francisco Hernández en su obra Historia Natural de la Nueva España describe que la planta también tenía  propiedades medicinales: “el jugo de las hojas tomado o las mismas hojas machacadas y tomadas con agua provocan las reglas, la orina y el sudor, quitan la flatulencia, excitan el apetito venéreo, curan la debilidad…”.

El profesor de la licenciatura en Desarrollo y Gestión Interculturales, Eduardo Quintanar, menciona que el cempasúchil tuvo un eje industrial e insecticida. El primero nació cuando los guajolotes se comían la flor y su carne se teñía de amarillo. De ahí se extrajo un pigmento, actividad que perdura en la actualidad.

El siguiente uso, señala el profesor Quintanar, es como insecticida porque relata que para cuidar el sembradío de maíz entre las mazorcas se colocaba cempasúchil porque la flor puede matar nematodos: pequeñas lombrices blancas que se alimentan de las raíces y secan a la planta.

 “Con lo anterior podemos observar que el uso de la Tagetes en rituales entorno a la muerte no proviene de un origen prehispánico, o al menos no existe un dato fehaciente que se pueda utilizar para poder decir que el uso de esta flor en los altares de Día de Muertos sea haya iniciado en la época prehispánica” enfatiza Erik Mendoza.

Asimismo, el también profesor de investigación científica en el Instituto Nacional de Antropología e Historia vislumbra que un posible origen del uso del cempasúchil en el rito de Día de Muertos surja en la tradición europea de adornar los altares dedicados a sus muertos con flores como el clavel o el crisantemo, que al parecer fueron sustituidas por el cempasúchil.

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Ofrenda de Día de Muertos del estado de Michoacán. Archivo/ EL UNIVERSAL.

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No sólo el Día de Muertos es ocasión para recordar y colocar flores en las tumbas de familiares o amigos, sino también para remozar las lápidas, como este señor que repinta las letras del epitafio. 2 de noviembre de 1987. Archivo/ EL UNIVERSAL.


La flor de cempasúchil que acompaña a los muertos hoy en decadencia

No obstante para las cuñadas Ángela Botello de 52 años y Silvia Ciriaco de 49, la tradición se está perdiendo porque los padres de familia ya no enseñan a sus hijos, por ejemplo, “a llevar flores al panteón”, pero ellas sí ponen ofrenda el 28 de octubre para los accidentados y el 1 y de 2 noviembre.

Ambas señoras son vendedoras de cempasúchil en el mercado de Jamaica. A su alrededor, los demás puestos siguen teniendo flores por vender, pero ellas ya acabaron sus manojos de cempasúchil amarilla, sólo les quedan unos cuantos de la variedad morada que compraron, pues ellas no la producen.

Están sentadas una frente la otra en bancos separados por un metro de distancia. A la derecha de Ángela y a la izquierda de Silvia hay una caja llena de pétalos que han quitado al cempasúchil. Con la palma amarilla, por el contacto con la flor, toman lo necesario para llenar un envase de yogurt de medio litro que después depositan en una bolsa la cual es vendida a 20 pesos.

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Ángela y Silvia “despiojando” la flor de cempasúchil para meterlas en bolsa y vender los pétalos. FOTO: Gabriel Sánchez Pozos/Cortesía.

Llegaron el sábado pasado de Domingo Arenas, Puebla, al mercado de Jamaica y se formaron para conseguir el lugar que ahora tienen, en medio de la plazuela del mercado. Mientras Ángela explica que ahí mismo duermen para no perder el lugar, señala con el índice de la mano izquierda la cama improvisada con cartón y huacales donde su sobrino Uriel descansa boca abajo.

Esta tradición empezó con la familia de Ángela. Su abuela se dedicaba a la plantación de cempasúchil, la cual vendían en un mercado de nombre “la once” en Puebla hasta que el Presidente Adolfo Ruiz Cortines inauguró en 1957 el mercado de Jamaica, el que desde entonces, se volvió sede para la venta de la flor.

Ángela es hermana de otras siete personas y sólo una de ellas no se dedicó a la siembra de cempasúchil. Los demás o venden en la central de abasto o también en Jamaica. Antes cada uno sembraba de dos a tres hectáreas de flor, pero ahora se redujo hasta sólo una.

Por su parte, el señor Gregorio Pérez Rojas de 45 años, quien frente a una gasera LP sobre la carretera de San Vicente-Coatepec vende al pie del camino la flor de cempasúchil. Detrás de su puesto, se encuentra el sembradío del que obtiene el producto. Esta actividad la ha realizado durante los últimos 20 años.

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Terreno que renta el productor Gregorio Pérez Rojas junto con su familia, a la izquierda se ve la flor de cempasúchil en su etapa de maduración en color amarillo, en medio la misma flor pero color naranja y a la derecha, de colores, está la crisalia, en terrenos sobre la carretera San Vicente-Coatepec, estado de México. FOTO: Gregorio Pérez/Cortesía.

Al igual que Ángela y Silvia, Gregorio coincide que las tradiciones se van perdiendo “antes muchas personas de edad avanzada se llevaban maletas de cempasúchil y ahora solo vienen por manojos”, menciona.

Él comienza la siembra el 24 de julio y cosecha una semana antes del dos de noviembre, a su consideración, la flor de cempasúchil no necesita de cuidados importantes.

Resalta que el proceso tiene que ser muy disciplinado, ya que comienza a sembrar el 24 de julio y cosecha una semana antes del 2 de noviembre. Su inversión inicial es de 30 mil pesos y durante el tiempo que se da la flor, las ganancias son para “el refresco”. Cuando cosecha hay que invertir de nuevo.

Por ello, los días más fuertes son una semana antes de Día de Muertos, y que se puede extender hasta el tres de noviembre. En este lapso, pequeños compradores llegan a adquirir manojos de ocho kilos a 50 pesos cada uno. Para el mayoreo, la venta es por surco.

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El señor Aurelio Pérez Rojas hermano de Gregorio, cortando flor de cempasúchil naranja, en terrenos de San Vicente-Coatepec, estado de México. FOTO: Gregorio Pérez/Cortesía.

Por su parte para Ángela la siembra comienza del 16 al 20 de julio en un proceso cuya primera fase es en una porción de tierra que según ellas son de “50 metros de largo por dos de ancho, aflojar la tierra” y depositar la semilla. Para el 15 de agosto, la flor debe tener unos 20 centímetros de alto para pasar a la fase 2.

Ayudada de sus hermanos y trabajadores a los que llaman “peones” los cuales reciben una paga de 200 pesos más refresco y comida, la segunda parte del trabajo de cultivo la llaman “trasplantar” que consiste en llevar la flor de 20 centímetros a la tierra que ya fue surcada por mulas y caballos.

El cempasúchil, en palabras de las entrevistadas, no es complicado de cuidar, después de la trasplantación se saca del surco un par de veces para ponerle fertilizante y abono, “mientras no deje de llover, está bien, aunque el agua debe ir a su debido tiempo” señala Silvia.

“En agosto no llovía y las plantas se estaba secando, nosotros decimos allá que ´se calentaron las plantas´ y pasa cuando no cae agua en una o dos semanas, pero ahora no podemos cortar porque las huertas tienen mucha agua” comenta Silvia mientras toma un puñado de pétalos.

Al mismo tiempo que ellas están en el mercado, en Puebla los peones trabajan para cortar las flores que puedan, se les paga 10 pesos por cada manojo armado.

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Ángela y Silvia, vendedoras en el mercado de Jamaica de la capital, terminando de embolsar flor de cempasúchil para el Día de Muertos. FOTO: Gabriel Sánchez Pozos/Cortesía.

Después de que los peones cortaron las flores, se ponen a remojar en la madrugada y después a escurrir para que a las 4 de la mañana el hermano de Ángela salga, desde Puebla, a surtir el puesto de flores.

 Lo hace en una camioneta donde caben entre 200 y 250 manojos. Cada uno se vende en 50 pesos en un día normal, en uno muy bueno en 60 y en uno malo en 40. La camioneta sólo puede entrar una vez al mercado de Jamaica y les cobran 500 pesos por pasar mismo que incluye el precio del lugar donde Ángela y Silvia venden.

El precio de la flor ha ido en aumento. EL UNIVERSAL publicaba en 1977 que para Día de Muertos el manojo más caro se conseguía en 25 pesos y el más barato en 3; en 1995 el manojo más accesible se conseguía en ocho pesos y el menos en 30.

“A veces dicen que sí le ganamos, pero no, también lleva su inversión” reconoce Silvia mientras recuerda que el sábado pasado el manojo se le pudrió y sólo vendieron una cuarta parte de los 10 mil pesos que pudieron haber ganado, con lo que sólo salió para el gasto de la camioneta, que incluye gasolina y casetas.

Factores externos también “daban al traste con la flor en México” como se publicó en junio de 2001 EL UNIVERSAL, cuando refería que en San Luis Potosí, ocho mil empleos de floricultores peligraban porque el cempasúchil de África y Perú, y en menor medida de China y la India, entraban al país sin aranceles.

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Entre las tradiciones más significativas de Ocotepec, Morelos, se encuentran las ofrendas a los difuntos, aquí una imagen de noviembre de 1994. FOTO: Archivo/EL UNIVERSAL. Fotógrafo: Francisco Gómez.

A pesar de que es un trabajo familiar, Gregorio Pérez sabe que sus hijos probablemente elijan otra manera de subsistir, pues el negocio va a la baja. Él dice que se dedicará a otra cosa, pues el futuro de estos cultivos no es optimista. No es como en su época, cuando ser floricultor era una actividad bien retribuida.

Nuestra foto principal es de nuestro archivo con fecha del 1 de noviembre de 1989. Las mejores flores son escogidas para la ofrenda en el marco de la festividad de Día de Muertos en Janitzio, Michoacán. La imagen comparativa antigua es de noviembre de 1994 del estado de Morelos. El precio de algunas flores se incrementó en el marco del Día de Muertos. Archivo/EL UNIVERSAL.

Referencias:
https://bit.ly/339EaPU
Entrevista Gregorio Pérez Rojas, productor de flor de cempasúchil y crisalia.
Entrevista a profesor en Desarrollo y Gestión Interculturales Eduardo Quintanar
Entrevista a Erick Mendoza, Antropólogo Físico por la Escuela Nacional de Antropología e Historia
Entrevista Ángela Botello y Silvia Ciriaco, productoras de cempasúchil.
Archivo EL UNVERSAL

 

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