La casa de Maximino Ávila Camacho que dividió una playa de Acapulco

Mochilazo en el tiempo

Esta polémica construcción en el Islote Tortuga de Acapulco separó en dos una famosa playa para convertirla en Caleta y Caletilla. Fue edificada por orden del general Maximino Ávila Camacho en 1943, el hermano incómodo del presidente, posteriormente fue zoológico, kínder y acuario. Hoy está abandonada, aquí la historia

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Texto: Angélica Petit de Murat

Frente a las playas más famosas de Acapulco: Caleta y Caletilla, en Guerrero se encuentra un pequeño e icónico islote con forma de tortuga. En él una construcción que por su abandono pasa desapercibida. Hoy contaremos las historias que se guardan en sus muros.

Este puerto guerrerense no siempre fue como lo conocemos en la actualidad. De hecho, en 1803, el explorador Alexander von Humboldt describió Acapulco como un pequeño pueblo de pescadores al que solo se podía acceder por mar.

Así fue hasta el  11 de noviembre de 1927, cuando se dinamitó la última gran roca que impedía el paso por tierra de la Ciudad de México al puerto, refiere Fernando Álvarez, empresario, promotor cultural y creador del Museo Virtual de Acapulco.

Gracias al respaldo gubernamental y a la apertura de la carretera México-Acapulco, seguido dos años después de la apertura de un improvisado aeropuerto en Playa Hornos, para 1940, Acapulco ya contaba con las condiciones y servicios básicos, atrajo inversión privada nacional y extranjera que gestaron el impulso de la actividad turística.

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El islote “Tortuga”  visto desde Caletilla,  atrás los terrenos donde posteriormente se construiría el Hotel Caleta, 1940. Foto: cortesía del Museo Virtual de Acapulco.

El hospedaje pasó de ser en posadas, albergues familiares y hoteles “de paseo” ubicados en el centro de Acapulco, a la construcción de sofisticados, elegantes y confortables hoteles con todos los servicios, incluyendo jardines, piscinas, restaurantes y centros nocturnos que fueron construidos en la parte de las playas y riscos a los que un bulevar y tierras ganadas al mar dieron accesibilidad.

Inversionistas de todo el país y algunos estadounidenses contrataron los servicios de jóvenes arquitectos capaces de construir en la atropellada topografía del lugar y dispuestos de dejar sus hogares para irse a trabajar a Acapulco.

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El islote “Tortuga” en 1938, visto desde la Playa Caleta,  atrás, la Isla de Roqueta. Foto: cortesía del Museo Virtual de Acapulco. 

Este fue el caso de Joaquín Medina Romo, arquitecto recién graduado en la Ciudad de México reclutado por el licenciado Ramos Millán, entonces funcionario público del gobierno del presidente Manuel Ávila Camacho, quien había adquirido unos terrenos en la parte alta de la Playa Angosta para construir una serie de casas pequeñas escalonadas sobre el risco, comúnmente llamadas bungalows, las cuales constituyeron al llamado Hotel Virreyes.

De estilo neocolonial, cada bungalow tenía una pequeña alberca particular y vista a la playa. Desde el diseño y la construcción, esta obra llamó la atención del hermano incómodo del entonces presidente de la Republica: el General y político Maximino Ávila Camacho.

Maximino llega a Acapulco

Maximino, quien se había autoproclamado Secretario de Comunicaciones del gobierno de su hermano menor y era conocido por sus desplantes y corruptelas, llegó a Acapulco decidido no solo a hacerse de una residencia de vacaciones a todo lujo, sino a tener la mejor propiedad del puerto.

Quería superar las lujosas casas del ex presiente Portes Gil, el General Limón, el empresario Santiago Galas y hasta la del mismísimo y controvertido empresario Williams Jenkins, quien dominaba la cima del risco más alto de Acapulco.

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La fotografía antigua es una postal de Acapulco de la casa del islote recién construida 1943. Fotos: Angélica Petit. Diseño web: Alejandro Sandoval.

La escritora Virginia González Claverán, en Malaspina en Acapulco, recopiló las descripciones que el Capitán Malaspina hizo de la Caleta en 1789; era una playa de aguas templadas, quietas y poco profundas, naturalmente dividida por un islote bajo y raso, ubicada al noreste de la isla de la Roqueta, casi al centro, y cercano a la playa de la Bahía de Acapulco.

Este islote, conocido por los lugareños como "Isleta la Tortuga", fue elegido por el general Maximino para edificar su residencia pasando por encima de leyes, decretos, el gobierno municipal y el del país mismo. 

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Mapa de la bahía de Acapulco en 1943 donde se señala la ubicación del islote en cuestión. Elaboración: Angélica Petit de Murat.

Mientras trabajaba en la construcción del vecino Hotel Virreyes, el arquitecto Joaquín Medina fue requerido por el General para que viera el islote donde construiría “la casa más bonita de todo Acapulco”.

Forzado o no, bajo amenaza o porque se le hubiera pagado un dineral por la obra, el hecho es que el arquitecto Medina construyó, en menos de un año, una de sus obras maestras, la cual fue entregada a la segunda esposa de Maximino, la señora Bárbara Margarita Richardi en 1943. Ella quedó como única propietaria.

El estilo neocolonial de la casa integró la morfología del paisaje; las rocas se entremezclaron en la construcción que se desplegaba desde una base mínima que le permitía tener una visión panorámica de toda la bahía.

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Construcción de la casa del Gral. Maximino Ávila Camacho 1941-43 en el islote “Tortuga”. Fotos: Libro Acapulco Arquitectura

Las recamaras del general y su esposa quedaron mirando a la Isla Roqueta, mientras  que el acceso  principal, la parte social del inmueble, quedó de frente a la playa. Toda la propiedad estaba rodeada de terrazas y ventanales que permitían la libre circulación del aire, manteniendo un clima fresco y agradable en esos tiempos en que no había aire acondicionado.

Para comunicar el islote con la playa el arquitecto Medida solicitó los servicios José Pedrosa, joven arquitecto recién graduado, quien proyectó un puente de piedra de 10 metros de largo por el ancho de un automóvil, siguiendo la forma de la playa donde se encontraba el vado choque de olas. El puente separó para siempre las playas: el lado de la Caleta quedó el área más grande y como la otra parte quedó más pequeña, se le llamo en diminutivo playa Caletilla.

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Puente original de la casa Arquitecto José Pedrosa, 1954. Fotos: Cortesía Fundación Salas Portugal y Angélica Petit de Murat.

La expropiación de la casa del Islote Tortuga 

El general Maximino Ávila Camacho era un hombre temido y odiado, no dudaba en amenazar de muerte a quien se le atravesara en sus propósitos de ser presidente de México. De hecho, la novela de Ángeles Mastretta, Arráncame la vida, está basada en su historia.

Al saber que no sería elegido para ser dirigente del país, una vez terminado el periodo presidencial de su hermano, Maximino no dudó en amenazar al siguiente candidato presidencial, Miguel Alemán Valdez.

La muerte repentina de Maximino en 1945 durante una cena debido a una indigestión y consecuente paro respiratorio, liberó el paso al prometedor candidato que una vez llegado a la presidencia de la República no tardo más que un año en expropiar la casa del islote a la viuda del General Ávila Camacho, con la intención de regresar al pueblo de Acapulco el territorio usurpado. Era 1949.

La casa del islote quedó vacía y a la espera de ser utilizada para beneficio de los acapulqueños.

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La Casa del islote luego de la Expropiación en 1949. Foto: cortesía Fundación Salas Portugal.

Un zoológico en un islote

Fueron pocas las propuestas presentadas hasta que a inicios de los años 50 el norteamericano Arthur Morris Silverman, biólogo marino radicado hacía ya unos años en Acapulco, pidió a los gobiernos federal y municipal la concesión de uso de la casa para convertirla en un zoológico y acuario.

Parecía una buena idea y Morris se dio a la tarea de construir las jaulas, estanques e instalaciones propias para albergar a los animales. De ahí se dedicó a hacer las gestiones necesarias para traer al lugar distintas especies animales.

Sin embargo, el lugar como zoológico y acuario tuvo una efímera existencia ya que a menos de dos años de su apertura, la falta de seguridad propició que un niño visitante del lugar fuera atacado por un mono araña y a Morris se le pidiera el desalojo inmediato de la casa, con todo y changos, peces, tejones, cocodrilos y cualquier animal que hubiera en aquella construcción, relatan habitantes de Acapulco.

Nadar en el recreo: cuando la casa fue jardín de niños

Años después, como parte de las reformas educativas del Gobierno Federal que exigían a los estados construir escuelas públicas no nada más para el nivel primario y secundario, sino para el sector infantil más pequeño, el Gobierno Municipal de Acapulco decidió habilitar la casa del islote como centro escolar.

Así, las antiguas habitaciones de la familia Ávila Camacho y las áreas que habían servido de jaulas y peceras se convirtieron en aulas y salones escolares.

En la gran ceremonia de apertura del ciclo escolar 1954-55 quedó inaugurado el primer kínder público de Acapulco que llevó el nombre de Jardín de Niños Rosaura Zapata, en honor a la precursora de la educación preescolar con más de 50 años de servicio.
 
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Vistas de la Casa del islote cuando fue adaptada para el Jardín de niños Maestra Rosaura Zapata, 1955. Fotos: Revista Arquitectura -México No. 54 del año 1955

Muchos acapulqueños recuerdan con alegría haber estudiado en este recinto, entre ellos, Emilio Jiménez Márquez, quien comparte para este diario que la actividad predilecta para pasar el recreo era darse un chapuzón en el mar y nadar desde el muelle de la casa a las playas Caleta y Caletilla. 

La casa era tan amplia que también ahí se impartían clases privadas de inglés y español cuyas ganancias económicas ayudaban a la escuela para mantenerse en óptimas condiciones.

Generaciones de niños pasaron por el Rosaura Zapata hasta mediados de 1980, cuando el gobierno estatal de Ruiz Massieu trasladó el jardín de niños a un inmueble cercano en Caletilla. La casona quedó a disposición para proyectar en ella un acuario y balneario que sería el atractivo y referente nacional e internacional de las playas Caleta y Caletilla de Acapulco.
 

Un acuario y balneario 

El 5 de abril del año 1990 fue inaugurado el Acuario Mundo Mágico Marino, cuya capacidad era para recibir a mil 200 visitantes nacionales y extranjeros.

Las modificaciones al inmueble fueron radicales; se le agregaron albercas, toboganes, un muelle más extenso para barcazas, 28 peceras de agua dulce de gran tamaño, así como un auditorio acuático donde diariamente se daban dos shows de focas, leones marinos y delfines, señala uno de los inversionistas de la obra, quien prefirió no decir su nombre.

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Vista del Acuario Mundo Mágico Marino. Foto: Angélica Petit de Murat.

El nuevo complejo contaba con jaulas habitadas por coloridas aves como tucanes y guacamayas, además de un par de estanques habitados por tortugas, cocodrilos, tiburones gato y otras especies marinas más pequeñas.

Había dos restaurantes, uno de comida rápida y otro de más categoría ubicado en una de las magníficas terrazas de la otrora casona.

El abandono

Hace casi una década que los propietarios de la concesión del Mundo Mágico Marino se declararon en quiebra. La falta de mantenimiento del lugar ahuyentó tanto al turismo externo como al local, para quienes el precio de entrada era inaccesible.

La situación llevó a que la empresa tuviera adeudos impagables con la Comisión Federal de Electricidad (CFE), la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Acapulco (CAPAMA) que a falta de pago interrumpieron los servicios dejando sin luz ni agua potable al acuario.

Sin paga desde el 2012, los empleados se declararon en huelga, situación en la que permanecen 8 de los 50 empleados originales que había en el lugar, comparte Arturo Martínez, vendedor ambulante de la zona.

Actualmente el inmueble se encuentra cerrado y sirve de bodega para la mercancía de puestos ambulantes de los alrededores. Los baños se hicieron públicos, servicio por el cual los huelguistas cobran para su sustento desde hace varios años.

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Abandono y desolación de las instalaciones del islote, 2020. Fotos: Angélica Petit de Murat. 

Aún con una situación sin resolver, existen varias propuestas para rescatar el lugar o lo que queda de éste en la superficie de tres mil metros cuadrados que ocupa el islote de las playas Caleta y Caletilla.

Destacan proyectos como el del arquitecto Luis Enrique Ramos, quien participó en la recuperación del espacio del paseo del pescador, en la playa Manzanillo, quien apuesta por un espacio público y recreativo para turistas y residentes de Acapulco con áreas ecológicas auto sustentables.

Otras propuestas persiguen un espacio cultural y autosustentable que cree identidad con la comunidad
acapulqueña rehabilitando la estructura original de la casa de Maximino que construyó el arquitecto Joaquín Medida y albergar en él un Museo histórico del Acapulco contemporáneo.
 
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Vistas aéreas del estado de abandono en que está el inmueble en cuestión. Fotos: Cortesía Acapulco 360º

El rescate de la casona del islote representaría apostar por la conservación patrimonial e histórica de la zona tradicional del Acapulco viejo, lugar turístico por excelencia, lugar que tiene un sitio muy especial en los recuerdos de todos los mexicanos.

Fuentes: 

Entrevistas con: Fernando Álvarez Aguilar, residente de Acapulco y Director empresarial de Coparmex, empresario privado e impulsor cultural y turístico del puerto, creador del Museo Virtual de Acapulco; Emilio Jiménez Márquez, oriundo de Acapulco, estudiante del Jardín de niños Rosaura Zapata, cuidador, velador de casas en la zona tradicional de Acapulco; Arturo Martínez Mendoza, encargado de mantenimiento hotelero Arq. Luis Enrique Ramos, consultor espacios público del grupo Arqueta, especialista en construcción sustentable y eficiencia energética. Agradecemos el apoyo en esta investigación del Ing. Humberto van Hasselt asesor del Club de yates de Acapulco y a la Lic. Dolores González Horta, coordinadora de contenido del Museo virtual de Acapulco MVA.

El Capitán Malaspina en Acapulco, de Virginia González Clavarán.
Gobierno Institucional de Guerrero, 2013.
Acapulco Arquitectura y Ciudad, de Ramón Fares del Río, Academia Nacional de Arquitectura, 2011
“La Ruta de Oro, ¿qué es Acapulco?”, EL UNIVERSAL,  2 de septiembre de 1954.
“Alcaldes de Acapulco XXV Expropian la Casa de Max”, Periódico de Guerrero El Sur, 19 de Abril  2018. 

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