Hospital de Terceros: un nosocomio para los pobres

Mochilazo en el tiempo

En 1901 los amantes del México viejo se despidieron con tristeza del Hospital de Terceros, un sitio que por años atendió a algunas personas humildes. Hoy en este lugar vemos al Palacio Postal de la Ciudad de México

Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez

En la esquina de las antiguas calles de San Andrés y Santa Isabel, hoy Tacuba y Eje Central, se encontraba el Hospital de Terceros, donde las personas de pocos recursos, creyentes de la Orden Tercera de franciscanos, encontraban consuelo para sus padecimientos.  

“En Tacuba construyeron hospitales, el de San Andrés y el de los Hermanos Terceros, a los que iban a morir los pobres”, cuenta el cronista Héctor de Mauleón. Hoy, en Mochilazo en el Tiempo, contaremos la historia de este último.

La construcción del inmueble terminó en mayo de 1756 y su capilla en 1760, fue inaugurada y bendecida en diciembre de ese año con gran regocijo de la comunidad. El proceso no fue sencillo.

La Orden Tercera inició una larga lista de trámites que incluían el real permiso, concedido con la presentación de una formal solicitud dirigida al virrey que después turnaría al arzobispo, y de ahí a informar a la ciudadanía. Una vez cumplido todo lo anterior, se enviaba al Real y Supremo Consejo de Indias.

Después de algunas trabas en el camino, finalmente se accedió a la construcción de este edificio. El hospital inició sus funciones en 1761.

En el texto Hospitales de la Nueva España, Josefina Muriel explica que los únicos que tenían derecho al hospital eran los hermanos terciarios pobres y el control de entrada se haría “mediante una boleta que deberá darles el hermano mayor del tercer orden.”

Además, los enfermos terciarios con mayor capacidad económica podían ser atendidos en el hospital cuando no pudieran recibir la ayuda en sus hogares. Muriel explica que cada 8 de diciembre se celebraba la fiesta patronal, dedicada a la Señora de la Pura y Limpia Concepción

Compara el antes y después deslizando la barra central (desliza aquí para ver más grande)

Hospital de Terceros a final del siglo XIX, la entrada a la botica estaba ubicada en la esquina de las actuales Eje Central y Tacuba, sobre el Eje. La imagen antigua es de la colección particular UIA, la actual es del Gobierno de México. Diseño web: Miguel Ángel Garnica.

En el 2006, María Elena Ross escribió en la revista Centro, Guía para Caminantes que este hospital sólo atendía a los Terciarios Franciscanos, por lo que nunca estuvo muy lleno de personas.

En total eran 14 las personas de fijo que asistían a un promedio de 20 enfermos, el número habitual de atención y funcionalidad que podía brindar el hospital de los Hermanos Terceros de la Orden de San Francisco.

El edificio era amplio y, según el libro La Ciudad de México de José María Marroqui, tenía una hermosa construcción moderna “con altos bastante elevados para situar en sus tres lados viviendas exteriores a manera de entresuelos, que arrendados fuesen parte del fondo total de la casa”.

El hospital contaba con una botica independiente al edificio, con el fin de brindar asistencia al público y despachar las medicinas o “preparaciones” de manera higiénica y directa. Nadie, excepto el personal autorizado y calificado, podía  ingresar al lugar. La botica se ubicaba justo en la esquina de Tacuba y Eje Central, frente al Convento de Santa Isabel, espacio que hoy ocupa el Palacio de Bellas Artes.

Así, permitía que sus pacientes tuvieran la oportunidad de comprar su tratamiento médico a unos metros de la entrada, tal y como hoy pasa en la mayoría de los centros de salud u hospitales en la ciudad.

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Toma estereoscópica del Palacio de Minería y al fondo, el Hospital de Terceros, a finales del siglo XIX. Colección particular UIA.

Las descripciones sobre el interior del edificio coinciden en que tanto el diseño como la planeación se hicieron meticulosamente, procuraron que la distribución facilitara el flujo del personal médico y el sano convivio entre enfermos y personas en tránsito.

José María Marroquí escribió:

“En el centro del patio principal había una gran fuente de agua, y en su ángulo suroeste la capilla, tan amplia que más bien parecía una iglesia. En derredor del patio principal había viviendas para sirvientes y para el portero. En los altos estaban  las enfermerías de hombres y mujeres con la debida separación”.

Algunas de estas habitaciones tenían una envidiable vista hacia el Callejón de la Condesa, el cual hoy conocemos por su famoso tianguis de libros; desde otras ventanas se podía ver la actual calle Tacuba. La parte frontal estaba destinada a los dormitorios principales que ocupaban el mayordomo administrador, el médico, el cirujano, y por supuesto, el capellán.

En la parte posterior del edificio se guardaban y confeccionaban los uniformes del personal (ropería), la despensa o almacén con los productos alimenticios, la cocina y la administración. Ahí mismo, se situaban las habitaciones de los empleados.

Los Hermanos Terceros de la Orden de San Francisco contaban con un grupo numeroso de fieles, hombres y mujeres de todas las clases económicas y sociales, quienes se dedicaban en gran parte a realizar actos de piedad y misericordia hacia los demás. Una de esas prácticas consistía en visitar a sus hermanos enfermos o en desgracia y eran conocidos como “visitadores”.

Un accidentado final  

El hospital estuvo en funciones de 1761 a 1859. Con la publicación de las Leyes de Reforma que, entre otras cosas, suprimió a las órdenes religiosas existentes en el país, los bienes administrados por el clero pasaron al dominio de la nación. La Orden de Terceros de San Francisco ya no tuvo permitido rentar el espacio. El hospital casi se salvó.  

El 2 de febrero de 1861 se emitió una nueva ley que autorizaba secularizar hospitales y espacios de beneficencia administrados por religiosos. El Hospital de Terceros fue considerado por el entonces Ministerio de Gobernación y mantuvo el mismo lugar y empleados.

La decisión cambió al poco tiempo y el gobierno resolvió que al ser un asilo particular de una corporación que no existía, no podía legalmente existir, tenía que ser  definitivamente suprimido. El edificio fue desocupado ese mismo año y vendido a un particular quien rentó cada cuarto como vivienda, sin darle ningún tipo de cuidados al inmueble. 

José María Marroquí detalla que durante el Imperio de Maximiliano, el gobierno lo compró “por escritura de 6 de diciembre de 1865 en 75,000 pesos, dando 30,000 al contado y el resto en abonos mensuales”.

Después de un par de intervenciones estéticas y estructurales, el inmueble sirvió para alojar las oficinas del Ministerio de Hacienda y Guerra  y después pasó a ser sede de la Escuela de Comercio.

Las últimas imágenes

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Registro fotográfico de El Mundo Ilustrado sobre la demolición del Hospital de Terceros. Colección Villasana - Torres.

El 15 de septiembre de 1901 El Mundo Ilustrado publicó lo siguiente sobre la demolición del antiguo Hospital de Terceros:

“No sin dolor, estamos seguros, va a ser vista por los amantes del México viejo, la desaparición del edificio llamado del Hospital de Terceros; pues tanto se cuenta de su historia y se le considera tan íntimamente ligado con las tradiciones de la ciudad, que constituye para muchos una verdadera reliquia. La pica del demoledor, sin embargo, ha dado ya a su tarea, y no quedará del vetusto edificio, dentro de poco más leve rastro. En el sitio que ocupó el Hospital, va a levantarse la nueva Casa de Correos; un palacio construido conforme a todos los adelantos modernos que reclama el ensanche rapidísimo de la capital y que exige el desarrollo, cada día más sensible, de ese importante servicio público”. 

De acuerdo con dicha publicación, las imágenes que aquí presentamos de la demolición del Hospital, pueden ser el último testimonio gráfico de su existencia.

Ni José María Marroquí ni Josefina Muriel explican a detalle los motivos de su demolición, sólo que el gobierno de Porfirio Díaz decidió instalar en el terreno el Palacio de Correos, inaugurado en 1907.

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Toma poco conocida del Palacio Postal meses antes de su inauguración de 1907. La vista corresponde a la antigua calle de San Andrés, hoy Tacuba, la toma es del fotógrafo Guillermo Kahlo. Colección Villasana-Torres.

También lee: Las monumentales escaleras de hierro del porfiriato

Un ciclo de creación y destrucción

En las Memorias del Tercer Foro Académico 2010, publicado por la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía Manuel del Castillo Negrete, con el título “Los hospitales de la capital de la Nueva España Siglos XVI – XVIII”, se hace una pequeña reflexión sobre la demolición de inmuebles novohispanos, como fueron los casos del Hospital de San Andrés, para construir el Palacio de la Secretaría de Comunicaciones, actual Museo Nacional de Arte MUNAL, y el del Hospital de Terceros, para levantar el Palacio de Correos.

“Es como un ciclo de vida y muerte, de creación y destrucción que se repite tantas veces como sea necesario para mantenerse en la modernidad, aunque cada vez que se destruye se deja atrás una parte del pasado que, si no tenemos cuidado, pasará al olvido, aparte de que la historia construida por la arquitectura, que en este caso representa una ideología de un momento específico, quedará con lagunas, unas más lamentables que otras. Los hospitales, instituciones españolas clave de conversión espiritual de indígenas en los años siguientes a la conquista de Tenochtitlan, constituyen uno de los géneros arquitectónicos más abundantes de los siglos en cuestión; hoy en día, sin embargo, no encontramos más que restos de su monumental existencia”.

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Vista de Eje Central Lázaro Cárdenas frente al Palacio de Correos, a mediados de los años 70. Colección Villasana-Torres.

En la fotografía principal se observa al Hospital de Terceros visto desde el actual Eje Central y la calle de Tacuba, a finales del siglo XIX. Colección particular UIA.

Fuentes:

  • El Mundo Ilustrado.
  • Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía “Manuel del Castillo Negrete”.
  • Biblioteca Digital de la Universidad Nacional Autónoma de Nuevo León. "La Ciudad de México" (1900), Tomo I de José María Marroqui.
  • Biblioteca Digital de la Universidad Nacional Autónoma de México. “Hospitales de la Nueva España. Tomo II. Fundaciones de los siglos XVII y XVIII” (1991) de Josefina Muriel.
  • María Elena Ross, para la revista “Centro, Guía para Caminantes”.
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