
La actriz Elena Sánchez Valenzuela, protagonista de la primera versión de la cinta “Santa” y joven pionera del cine mudo en México, dejó un gran legado en la industria para las mujeres. Fue maestra, supervisora de cintas, columnista de cine en El Gráfico y hasta funcionaria pública encargada de preservar el acervo fílmico nacional. Archivo EL UNIVERSAL.
Texto: Raúl J. Fontecilla
En México el cine tuvo un inicio orientado a satisfacer necesidades de información , ya fuera para difundir sucesos importantes o para propaganda política. Fue en 1917, tras la promulgación de la Constitución , que la industria cinematográfica tuvo posibilidades de dar al cine un toque artístico que entretuviera al público.
La trayectoria de la actriz Elena Sánchez Valenzuela despegó junto con la del cine de ficción (o como le llamaban entonces, “de argumento”). De acuerdo con el artículo de la doctora Patricia Torres San Martín, experta en la carrera y legado de Sánchez Valenzuela, la primera película en la que Elena participó fue La Barranca Trágica , en 1917, dirigida por Santiago Sierra.

La película muda La Barranca Trágica le presentó a Elena S. Valenzuela su primera oportunidad de actuación. En esta foto figura su compañera Elena Castro, durante la filmación de la cinta. Mediateca INAH.
En vista de que la actriz nació en 1900, se entiende que muy joven tuvo clara su vocación por el novedoso mundo de la cinematografía . Esta certeza fue suficiente para pisar el terreno de una industria en desarrollo y en la que predominaban los colegas masculinos.
Torres San Martín matiza en su Crónica del cine silente mexicano: Elena Sánchez Valenzuela (1919-1929) que para una mujer no era frecuente esta oportunidad, en vista de que la mayoría de las veces las damas del cine mexicano de inicios del siglo XX tenían independencia económica o acceso a un espacio cultural público.
En 1918 Elena participó en una de sus dos películas más trascendentales: la primera adaptación de la novela Santa (1903), del escritor y diplomático Federico Gamboa . La razón de la importancia de esta cinta, dirigida por Luis G. Peredo , radica en la influencia que reflejaría con el transcurso de los años.
La novela de Gamboa aborda la historia de una joven de Chimalistac que se relaciona con un hombre quien la abandona tras saber de su embarazo. Ella aborta y su madre y hermanos la dejan sin oportunidad de compartir más la vivienda familiar.
Es así como termina en un burdel , donde además de ejercer como sexoservidora conoce a los hombres con quienes vivirá sus desamores. Por sí sola, esta historia rompió esquemas al retratar la faceta menos virtuosa de la conservadora sociedad porfirista .
En 1932 se realizó una segunda versión cinematográfica de Santa , que innovó en parte por ser de las primeras películas con sonido. Sin embargo, quizá el mayor logro fue su éxito en carteleras, que al darle competencia al cine de productoras extranjeras abrió una puerta para el desarrollo del Cine de Oro mexicano, como expone el blog del Archivo General de la Nación.
A pesar de lo anterior, no puede pasarse por alto la primera adaptación. Sánchez Valenzuela participó en un filme pionero en la trama , cuyo tema radica en las adversidades de la vida en un burdel. Según señala Torres San Martín, esta película es el antecedente de todo un subgénero de dramas que continuaron en boga hasta la década de 1940.
La aventura de actuar a escondidas
La actriz dio una entrevista en 1927 al reportero José María Sánchez García de la revista Cinema Reporter , uno de los primeros periodistas de espectáculos en especializarse en reseña cinematográfica y periodismo fílmico. En dicho diálogo, la pionera reveló un detalle contundente de sus inicios en el cine y de su ingreso al reparto de Santa .
Elena explicó la probable y principal razón que tendría la producción para contratarla en el papel protagónico de la primera cinta producida por el distribuidor de películas, Germán Camus :
“Peredo necesitaba una protagonista que no quería arrancar de las tablas de un escenario, porque la heroína de Gamboa — [de esa] novela que leían a hurtadillas las mujeres de México, de tal manera que su circulación enorme era subterránea— tenía que aportar al cine una juventud de quince años y una ingenuidad natural en su mímica , en su gesto, difícil de adquirir entre gente profesional.”

En su juventud y a juicio de los productores de Santa, Elena tenía la expresión de ingenuidad y el potencial fotogénico necesario para el protagónico, sin importar su inexperiencia en la actuación. Archivo EL UNIVERSAL.
Sin mermar los detalles de su propio contexto, ahondó lo suficiente también en la época de su adolescencia para dar a conocer uno de los días más decisivos de su carrera:
“Yo pertenecía al elenco estudiantil de 1918 en la Escuela Preparatoria y una tarde fraguamos una pinta rumbo a los estudios que Mimí Derba tenía en la calle de Balderas . Se había reunido el ramillete de las bellas del Conservatorio Nacional .
“En él había la influencia europea de la Menichelli, de la Bertini, de la Manzini en asuntos de cine. Fueron citadas ‘a tomarse una prueba ante la cámara’, para seleccionar de entre ellas a la que había de interpretar a Santa , la vampiresa nacional.
“Yo no usaba ni traje de seda ni tacones altos ni carmín siquiera en las mejillas; mi vida de colegiala estaba lejos de eso, de manera que de espectadora a ‘ver tomar las pruebas’, de improviso fui invitada al final de esta sesión por el operador, que no sabiendo qué hacer con unos cuantos pies de celuloide que le quedaban inútiles dentro del magazín de su cámara, se puso a grabar ese sobrante. ‘Ríase usted’, me decía, ‘Camine, siéntese, póngase seria’ y allí terminó el film.”

Como persona, Elena Sánchez no acostumbraba llevar la vida de lujos que hoy se relaciona con el éxito en la actuación. Como actriz, en cambio, derrochaba expresividad en sus gestos y presencia ante la cámara y en el escenario, como se ve en esta imagen de su debut en teatro, para la puesta en escena de Jardines Trágicos. Archivo EL UNIVERSAL.
Al continuar su relato, agregó que Peredo la buscó en su escuela durante la clase de cosmografía –probablemente geografía, entonces- para decirle que encarnara a Santa por ser “la persona más fotogénica del momento”. Como puede suponerse por el texto arriba citado, Elena continuó asistiendo al estudio sólo cuando escapaba de la escuela en las “ pintas ” ahora más y más frecuentes, además usando ropa que tomaba a escondidas del guardarropa de su madre.
Las “pintas” y la ropa prestada son sólo lo que respecta a Elena en esta producción. Por su parte, los estudiantes que la acompañaban en una u otra ocasión fueron extras ; las compañeras de Santa eran, a decir de Elena, “Santas auténticas”, si bien en su momento se le dijo que eran actrices de teatro; los almuerzos de los artistas, a pesar de que se da fe de la generosidad de Camus, no eran más lujosos que “bolillos con queso añejo y rajitas de chipotle”.

Al saltarse las clases de la preparatoria para atestiguar las audiciones del estelar de Santa, Elena no sospechó que ese día le abriría las puertas al camino de la fama, como se ve en esta página de EL UNIVERSAL ILUSTRADO, en la que figurra (abajo, der.) junto a otras caras conocidas de la época. Hemeroteca EL UNIVERSAL.
Con todo lo anterior, quizá el aspecto de sus jornadas artísticas que mejor representa el compromiso personal y la precoz vocación de Elena Sánchez Valenzuela es el del salario . En ese tenor comentó:
“De salarios no se hablaba. ¿Quién habría de garantizarlo ? ¿No acaso la empresa hacía juego peligroso digno de agradecérselo con el simple hecho de exponer su dinero en nuestros ensayos artísticos?”. Y sin embargo, el éxito de la cinta permitió que don Germán Camus le “obsequiara” mil pesos de la época.
El periodista de cine Enrique Rosas recordó, según el sitio web de Cine silente mexicano , que su éxito y fama eran tales que la gente se reunía tan sólo para escucharla declamar poesía en eventos públicos. Por su parte, la prensa no fue precisamente negativa, ni crítica respecto a los papeles que interpretó.

En la sección Por esos teatros de EL UNIVERSAL ILUSTRADO, el columnista "Júbilo" abordó el debut de Elena en el teatro. Quizá a fuerza de la creciente reputación de la actriz, la opinión del crítico se mantuvo objetiva, pues afirmó que una primera puesta en escena no bastaba para juzgar a una actriz y su potencial a largo plazo. Hemeroteca EL UNIVERSAL.
Lo que es más, la Secretaría de Educación Pública le subvencionó estudios de cine en Hollywood , donde pulió su actuación , sin pasar desapercibida por los diarios nacionales a su regreso.
Lamentablemente, el futuro de éxito artístico y comercial que le auguraba la prensa es algo que el mundo no vería nunca. De acuerdo con una nota de nuestro compañero Emilio Morales, del año 2000, Elena dejó la actuación tras grabar En la Hacienda en 1921, por presiones de su padre, que la instó a terminar la carrera de Letras .
De este modo, la filmografía de Sánchez Valenzuela como actriz consta de sólo cinco títulos en total, de los que resta mencionar La Llaga de 1919 y El Escándalo , de 1920.
Respetada columnista de El Gráfico
Pese a los obstáculos familiares que enfrentó para mantener su actividad profesional en torno al cine, Elena encontró nuevas oportunidades. Su talento y su formación le permitieron posicionarse desde joven como columnista especializada en cine para EL UNIVERSAL Gráfico en 1922, tanto en las reseñas críticas como en el periodismo para la sección “El cine y sus estrellas” (años más tarde renombrada “El cine y sus artistas”) hasta 1935.

Elena S. Valenzuela mantuvo su entusiasmo por la industria cinematográfica tras retirarse de la actuación. Si bien no fue un trabajo ininterrumpido, su carrera en la prensa se extiende de 1922 a 1935. En esta foto aparece sosteniendo un ejemplar de EL UNIVERSAL en la mano izquierda y uno de EL UNIVERSAL ILUSTRADO en la derecha. Archivo EL UNIVERSAL.
Según menciona Ángel Miquel (hijo) en su tesis doctoral, fue en el mes de marzo de 1922 que la redacción de El Gráfico anunció en sus páginas la integración de Sánchez Valenzuela a sus filas, con este mensaje:
“Desde hoy, la señorita Sánchez Valenzuela, inteligente escritora y una de nuestras más aplaudidas artistas de cine, se encarga de esta sección. Para dar mayor realce a las crónicas de las films que se estrenen en México, la señorita Sánchez Valenzuela no solamente se encargará de la técnica, que conoce bien, y de la parte artística, que sabe apreciar, sino de todos los aspectos del cinema.”
Por supuesto, estas oportunidades fueron resultado del complejo proceso de evolución del cine en la dinámica social que dominaba la industria. Torres San Martín resalta que es justo en los años de la transición entre cine primitivo y artesanal (1906 a 1916) y cine industrial (1917 a 1929), que surgió un espacio fértil en el que tanto hombres como mujeres tenían la posibilidad de experimentar y probar suerte en nuevos roles y prácticas de una naciente profesión.

Elena S. Valenzuela ya tenía experiencia en el medio periodístico antes de ser contratada como columnista en El Gráfico. Además de haber escrito para El Heraldo de México en 1919, tuvo contacto con la prensa en repetidas ocasiones para posar en las fotografías que ilustraron los artículos sobre su actividad. En esta imagen figura en una portada de EL UNIVERSAL ILUSTRADO. Hemeroteca EL UNIVERSAL.
Respecto a las ideas y puntos de vista que Elena compartió en nuestras páginas, la investigadora rescata algunas que definen la labor de Sánchez Valenzuela. Por un lado, defendía el peso educativo y cultural del cine, al asumir la crónica cinematográfica como un componente en la conformación de públicos, en particular cuando se trata de seguir de cerca -como público y lector- los avances de la cinematografía internacional.
Otras perspectivas distintivas que expuso fueron su concepción del cine como medio de educación, con gran valor pedagógico ; y por otro lado, su visión del cine mudo como “noble” al permitir la libre interpretación del espectador, en especial cuando no se proyectaban intertítulos que proporcionaran contexto.
A juicio de los expertos, el estilo de Sánchez Valenzuela como periodista resultaba riguroso , aunque se sabe que favorecía el sentir femenino cuando había ocasión (muestra de la solidaridad que podría esperarse de una asistente al primer congreso feminista de la República).

La prosa de Elena S. Valenzuela se distinguió de la tendencia de colegas masculinos que se formaron a partir de lo poético y lo literario. Mediateca INAH.
Junto con Elena Sánchez, otras mujeres que participaron en el periodismo cinematográfico fueron Cube Bonifant –de estilo cáustico en su crítica-, conocida como Luz Alba en las páginas de EL UNIVERSAL Ilustrado; y Adela Sequeyro , la pionera del cine mexicano sonoro (mejor conocida como Perlita ), quien se enfocó en resaltar novedades del cine europeo y criticar el hollywoodense, con colaboraciones para EL UNIVERSAL Ilustrado, El Demócrata y Revista de Revistas.
Torres San Martín y Miquel Jr. retoman en sus obras respectivas un par de frases que sintetizan el trabajo de Sánchez Valenzuela en prensa. El historiador de arte comparte las palabras de Carlos Noriega Hope, editor a cargo de EL UNIVERSAL Ilustrado, sobre la llegada de Elena al espacio de cine en el semanario: “ …como mujer inteligente, sin despreciar la literatura escribe para sólo decir la verdad… ”.
En las investigaciones de Torres San Martín hay datos que indican que Elena continuó como periodista varios años más, ya entrada la década de los años treinta. Se sabe que en 1929 fue enviada a París como corresponsal y trabajó desde ahí al menos hasta 1933.
Promotora de nuestra memoria fílmica
Elena Sánchez Valenzuela desempeñó aún más ocupaciones, antes de contar siquiera un cuarto de siglo de edad. Por ejemplo, en 1923 ejerció como maestra , en el marco del proyecto educativo vasconcelista. Poco después tuvo el cargo de “ Supervisora de películas”, como funcionaria pública entre 1923 y 1925.
También se le considera la primera directora de cine mexicana , por dirigir el documental Michoacán (1936) bajo el proyecto “Brigadas Cinematográficas”. Para ello contó con la comisión del gobierno de Lázaro Cárdenas.
El siguiente sexenio, el presidente Manuel Ávila Camacho firmó el acuerdo para crear la Filmoteca Nacional . La amplia experiencia y conocimientos de Sánchez Valenzuela le valieron el nombramiento de directora de esta entidad, que resultó innovadora en su momento por la misión de concentrar y conservar el material fílmico nacional, de acuerdo con el sitio web del Archivo Fílmico Agrasánchez.

"Encontramos a la intérprete de la primera Santa en el arduo trabajo de revisar un material que acaba de recibir." Texto e imagen: Cinema Reporter, 26 de febrero de 1944.
La importancia de este momento recae en los antecedentes de la conservación de documentos cinematográficos en el país. Según explica el Archivo Agrasánchez, antes de la Filmoteca y del regreso de Sánchez Valenzuela como funcionaria pública, las cintas que eran conservadas estaban dispersas entre empresas, individuos o las dependencias productoras.
Dado lo anterior, para el 20 de noviembre de 1942, cuando se firmó el acuerdo mencionado, lo más seguro es que se hubieran perdido ya innumerables películas, principalmente de la época del cine mudo . Un año después, el reportero Mario Zavala, para Cinema Reporter , dio cuenta de los avances de la Filmoteca y difundió los esfuerzos de Elena.

“Satisfecha de su esfuerzo, [Elena Sáncez Valenzuela] va sacando los rollos más interesantes del acervo que ha logrado reunir.” Texto e imagen: Cinema Reporter, 26 de febrero de 1944.
Para Zavala, lo que antes era el Departamento Cinematográfico de la Secretaría de Educación Pública, habría quedado en las deplorables condiciones de dicha dependencia de no ser por el arduo trabajo de Sánchez Valenzuela. Tras aclarar que la función primordial de la nueva dependencia sería conservar y preservar , Zavala habló de las actividades de búsqueda, recuperación y organización del fondo.
En total, entre cintas conseguidas por ella misma y aquellas enviadas por un puñado de Secretarías de Estado tras la creación de la Filmoteca, se contaba con 185 mil pesos en material fílmico. La diversidad de documentos iba desde la primera Santa , pasando por la primera película de Ramón Novarro (ícono latinoamericano del cine mudo) hasta algunos de los primeros filmes animados de Walt Disney .

"Tengo -me dice Elena Sánchez Valenzuela- CIENTO OCHENTA Y CINCO MIL PESOS... en películas de la Secretaría de Educación." Texto e imagen: Cinema Reporter, 26 de febrero de 1944.
Para cerrar, Zavala se despidió deseándole a Elena muchos años más de labor en la Filmoteca Nacional, que se sumara a sus aportes con Santa y La Hacienda , ésta última precursora de El Rancho Grande [sic]. Sánchez Valenzuela falleció a sus cincuenta años -tras ocho años en servicio como directora- el 30 de septiembre de 1950, dejando un legado decisivo en el desarrollo de la industria del cine y de la conservación de la memoria fílmica mexicana.
- Fuentes:
- Crónica del cine silente mexicano: Elena Sánchez Valenzuela (1919-1929). En: Dixit, vol. 24 no.1. Montevideo jun. 2016
- Elena Sánchez Valenzuela: me llamé Santa. En: Cine Silente Mexicano.
- Hemeroteca EL UNIVERSAL.
- Historia del cine mexicano (1896-1929): de José María Sánchez García. En: Cine Silente Mexicano.
- Miquel Rendón, Ángel. Historia de la crítica cinematográfica en México en el periodo del cine mudo. (Tesis doctoral).
- Santa, el primer filme sonorizado nacional que cambió la industria del cine mexicano. En: Archivo General de la Nación (blog).
- Zavala, Mario. La Filmoteca nacional: nueva aportación de Elena Sánchez Valenzuela. En: Cinema Reporter, 26 de febrero de 1944.






