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El primer fusil semiautomático en el mundo fue mexicano

Mochilazo en el tiempo

A principios del siglo XX, el general mexicano Manuel Mondragón, quien participó en la Decena Trágica, inventó el primer fusil semiautomático, antecesor de las metralletas. Se llamó Fusil Porfirio Díaz Sistema Mondragón Modelo 1908, y se utilizó en varios países y guerras hasta la década de los 80

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Texto: Marco Salas 
 
Durante el Porfiriato en la Ciudad de México se modernizó el Colegio Militar para que los alumnos aprendieran nuevas tácticas bélicas e innovaran los artefactos y armas de guerra, el entonces adolescente Manuel Mondragón ingresó a este centro educativo donde destacó en la especialidad de Artillería
 
Mondragón nació en 1859 en Ixtlahuaca, Estado de México. Una vez graduado escribió manuales sobre reparación de armas y ejecución del tiro. También fue profesor en el mismo Colegio Militar e inventó el Fusil Porfirio Díaz Sistema Mondragón Modelo 1908, el primer fusil semiautomático utilizado por el ejército, de acuerdo con el archivo histórico de la Secretaría de Defensa Nacional.

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Retrato del general Manuel Mondragón a principios del siglo XX. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.
 
Dicha arma fue la primera semiautomática fabricada en serie en el mundo. El gobierno de Díaz apoyó financieramente la realización del prototipo, pero la industrialización mexicana daba apenas sus primeros pasos y no estaba en condiciones de producir un diseño tan moderno, por lo que la empresa suiza Scheweizerische Industrie Gesellschaft (SIG) firmó un contrato para su fabricación. 

Los años dorados de industria armamentista mexicana fueron desde la década de los 30 hasta los 70, cuando el sector privado comercializaba armas y era común encontrar tiendas dedicadas a venderlas. También podían encontrarse en la sección de deportes de las tiendas departamentales, según datos de la Asociación Mexicana de Usuarios de Armas de Fuego. 
 
La llegada a México de los primeros 400 fusiles Mondragón coincidió con la renuncia de Porfirio Díaz en 1911. En ese entonces la industria armamentista comenzaba a tener mejoras, por lo que el arma comenzó a fabricarse en el país. Su producción cesó en 1949 y pasó a ser un “fusil ceremonial”, según la Asociación. 
 

De acuerdo con la Secretaría de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico, el fusil, que trabajaba con presión de gases para realizar disparos con gran potencia, fue tan sofisticado para su época que uno de sus compradores fue la fuerza aérea alemana a inicios de la Primera Guerra Mundial.  

Esta compra se dio cuando la SIG rompió el contrato de la producción del fusil con México debido a la Revolución. En tanto que los alemanes encontraron que el arma tenía un mejor uso al dispararse a gran distancia, desde sus aviones, acorde con el Museo de Armas de Fuego de Estados Unidos.

El arma de Mondragón reemplazó a los fusiles de guerra de cerrojo con cargador porque al disparar, ya no era necesario volver a cargar. Al proyectar una bala, otra se colocaba automáticamente en la “recámara”. Esta novedad fue el antecedente para las armas de disparo de ráfagas como la metralleta.

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Diagrama del fusil Mondragón cuya patente fue el 14 de mayo de 1907. Fotos: Wikimedia Commons.

El arma incluso llegó a las filas del Ejército Imperial Japonés y cuando éste cayó, el fusil pasó a manos del Ejército Popular de Liberación de China. Varios países produjeron el arma hasta la década de los 80. 
 

Las hazañas del general Mondragón

Mondragón también fue conocido por su participación en la Decena Trágica. Recibió el cargo de General de División, que se le otorgó en febrero de 1913 y contribuyó a poner en libertad a Bernardo Reyes y Félix Díaz para así iniciarse el golpe de Estado contra el entonces presidente Francisco I. Madero, a cargo del general Victoriano Huerta, de acuerdo con información de este diario del año 1942. 

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Manuel Mondragón y Felix Díaz planean los tiros de artillería del 17 de febrero de 1913. Foto: INAH.

“La mañana de ese día los alumnos de la Escuela Militar de Aspirantes de Tlalpan se sublevan contra el gobierno de Madero, lo mismo que Manuel Mondragón, salen de los cuarteles de Tacubaya y juntos liberan a Félix Díaz y a Bernardo Reyes, prisioneros del gobierno de Madero y tratan de tomar Palacio Nacional”, contó Doralicia Carmona en su artículo Memoria Política de México

El 17 de febrero Victoriano Huerta apresó a Ignacio I. Madero y a José María Pino Suárez, se acordó El Pacto de la Embajada, en el que se desconoció el mandato de Madero. Tras el asesinato de su hermano, Gustavo I. Madero, Francisco firmó su renuncia oficial y fue ejecutado el 22 de febrero durante su traslado a Lecumberri. 
 
Durante la presidencia de Huerta, Mondragón fue nombrado Secretario de Guerra y Marina, aunque duró pocos meses en el puesto debido a que algunos políticos lo acusaron de ser incapaz de contener las fuerzas revolucionarias del norte, lo cual motivó su renuncia. 

Morir en el exilio

Mondragón encontró una alternativa a la presión pública que vivió al exiliarse en Europa, donde fue bien recibido por los gobiernos con los que había tenido trato cuando era funcionario. Allí pasó el resto de sus días hasta que murió en España, en  septiembre de 1922.

Poco antes de morir, Manuel Mondragón concedió una entrevista a este diario, se publicó el 9 de diciembre de 1922.

El reportero Gonzalo G. Travesi viajó hasta su casa en la última calle del General Prim, cerca del barrio Amara en San Sebastián, después de subir los interminables escalones del edificio y un reducido pasillo rodeado de muebles desvencijados, llegó hasta la vivienda del militar retirado, donde predominaba el olor a cloroformo y alcanfor.

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En la imagen de inicios del siglo XX se observa un retrato del general Manuel Mondragón, durante su vida militar; la fotografía de 1922 se tomó durante una entrevista realizada por este diario poco antes de su muerte. Fotos: Archivo EL UNIVERSAL. Diseño web: Griselda Carrera.

“Una mano huesosa estrechó la mía y pasó por mi mente la idea de que saludaba a un muerto; tal era el estado físico del que, buscando energías dentro de sus escasísimas carnes, accedía en un supremo esfuerzo a hablar con un redactor del diario que él gustaba más leer, según su propia expresión; y para comprobarlo, cogió un número de EL UNIVERSAL que tenía a su alcance y que me mostró, mientras venía a sus labios una sonrisa intensamente amarga”, relató Travesi.

Mondragón habló sobre los agravios de sus enemigos en otras épocas, “adueñados” de las atenciones de Madero, hirieron de muerte su “vanidad científica”.

Contó a Travesi que toda su vida y juventud la dedicó a estudios de Artillería con el único objetivo de haber un bien a la patria; sin embargo, los generales Iberri, Plata, Ángeles y García Peña (secretario de guerra) lucharon para que el gobierno no recogiera los cañones y obuses de su invención, mandados a hacer en Francia y ya listos en las fábricas para ser enviados.

“Muchos fueron mis esfuerzos para que el señor Madero se persuadiera”, dijo Mondragón. Cuando logró que lo recibiera en Chapultepec, le mostró la funcionalidad del fusil, “cuando el señor Madero, convencido o no de mis asertos, pero sí notoriamente mortificado, me hubo oído por algunos minutos, y me manifestó que la verdad era que no quería nada con los Mondragón, sentí herida mi dignidad y me retiré de su presencia...”

En la fotografía principal se observa a Manuel Mondragón (al centro) refugiado en la Ciudadela, después del fallido asalto a Palacio Nacional, el 9 de febrero de 1913. Lo acompañan, entre otros, Cecilio Ocón (a su lado) y José Bonales Sandoval (enfrente de Mondragón). Foto: Archivo EL UNIVERSAL.
  
Fuentes 
 

  • Hemeroteca de EL UNIVERSAL 
  • Memoria Política de México, de Doralicia Carmona, 2020.

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