El estadio universitario y su primer partido de americano

Mochilazo en el tiempo

El estadio universitario registró su primer partido de futbol americano entre el IPN y la UNAM, un día como hoy, el 29 de noviembre de 1952. Aquí recordamos detalles de su construcción e inauguración, así como de aquel primer encuentro en el que hubo reventa de boletos y hasta portazo

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Estadio Olímpico Universitario en los Juegos de 1968, obra de los arquitectos Augusto Pérez Palacios, Raúl Salinas y Jorge Bravo, mismo que fue inaugurado en noviembre de 1952. Al frente se observa el mural del artista plástico Diego Rivera llamado "La Universidad, la familia y el deporte en México".  Imagen cortesía de Miguel Ángel Bernabé.

Texto: Ruth Gómez y Carlos Villasana

El Estadio Universitario, al sur de la ciudad, destaca por su arquitectura y ubicación; después de los Juegos Olímpicos celebrados en México, en 1968, es mejor conocido como Estadio Olímpico Universitario.

La primera piedra se colocó el 7 de agosto de 1950 y fue inaugurado el 20 de noviembre de 1952 con una ceremonia encabezada por el presidente Miguel Alemán y el entonces rector de la UNAM, Luis Garrido. Esa misma tarde se llevaron a cabo los II Juegos Juveniles Nacionales.

El estadio se construyó con la intención principal de que los alumnos tuvieran un espacio para jugar futbol americano; de hecho, el primer partido fue un clásico entre el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la UNAM un 29 de noviembre de 1952, en el que salieron victoriosos los universitarios.

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Así publicó este diario la nota del primer partido de futbol americano, en el estadio universitario, el 30 de noviembre de 1952, el cual ganaron los universitarios 20 por 19. Hemeroteca EL UNIVERSAL.

En la cobertura de aquel día realizada por El Gran Diario de México se decía que a pesar de que el equipo del IPN había jugado mucho mejor que el de la Universidad, estos últimos aprovecharon hasta el minuto final para ganar el partido.

Asimismo, destacaron varios datos sobre el primer partido que se llevó a cabo al interior del Estadio Universitario: tanto alumnos como profesores tenían muchas inquietudes en tanto qué pasaría con el dinero de las entradas de los partidos.

Reventa de boletos y portazo en el primer partido de americano

Carlos Novoa, entonces presidente del Patronato Universitario en esa época, aseguró a los miembros de la comunidad universitaria que los fondos de las entradas se destinarían a los jugadores -compensando así los gastos de transporte o atención médica-, nuevos materiales deportivos para el equipo, uniformes para el grupo de porristas y para la creación de una banda de música que acompañara a la porra.

Sobre ello, algunos maestros de la UNAM declararon que “todos aquellos partidos en que participe el equipo de nuestra Casa de Estudios, los dirigentes tienen la obligación de rendir cuentas y hacer partícipe a la Universidad de los productos del espectáculo”; es decir, que la UNAM siempre debería de tener un ingreso por los juegos que se llevaran a cabo en las instalaciones.

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Así lucía el reloj y el tablero del estadio universitario. En la imagen, trabajadores haciendo pruebas en los años 50. Colección Carlos Villasana.

Otra anécdota no tan agradable de esa noche de juego fue que se sobrevendieron más de 10 mil boletos adquiridos a precios inflados por la reventa. El periodista Garza -así firmó su nota- narró lo siguiente:

“Grupos de fanáticos estudiantiles asaltaron las puertas de vestidores, haciendo saltar las chapas y a punto estuvo de ocurrir una tragedia, pues fueron llamados a contener la turba elementos de la policía montada y de granaderos, quienes ante la inminente caída de la puerta del vestidor universitario, cortaron cartucho y calaron las bayonetas”, describe Garza en su nota.

Asimismo, indicó que fue hasta ese primer juego que los aficionados pudieron experimentar las deficiencias que tenía el estadio, como una vista no tan agradable desde la primera fila y que el palco de los periodistas fue bloqueado por la cantidad de gente que lo rodeaba.

Esa noche, el estadio universitario abriría la oportunidad para que se hicieran mejoras en el espacio y, también, que las autoridades universitarias expresaran que los hechos provocados por los revendedores, no representaban los valores de la UNAM.

Se aprovechó un hundimiento natural del terreno


En su construcción participaron más de 10 mil obreros que trabajaron largas jornadas para que el estadio pudiera terminarse en 8 meses, con un presupuesto de 28 millones de pesos. El inmueble contaba con los mayores avances tecnológicos de la época.

El proyecto estuvo bajo la dirección de los arquitectos Raúl Salinas Moro, Jorge Bravo Jiménez y Augusto Pérez Palacios quienes fueron asesorados por entrenadores y profesores deportivos para el máximo aprovechamiento del espacio. Tiene un aforo arriba de 65 mil espectadores y un cupo para más de 2 mil vehículos.

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Trabajadores en las gradas al interior del estadio universitario en los años cincuenta. Colección Carlos Villasana.

En la página oficial de la Fundación UNAM, Rocío Ortiz una guía oficial en Ciudad Universitaria, comenta que:

“Los arquitectos fueron tres: Augusto Pérez Palacios, Jorge Bravo y Raúl Salinas Moro, quienes quisieron aprovechar que en este terreno ya había una hondada natural, por lo que se siguió excavando para llegar a nivel de cancha y la gradería baja que también está remetida, mientras que el material que se extrajo en este excavación se utilizó para construir el mismo Estadio Olímpico”.

El primero a nivel mundial con caseta de transmisiones


Rocío Ortíz, guía oficial en Ciudad Universitaria, también menciona en el sitio de la Fundación UNAM que fue el primer estadio a nivel mundial en tener “una caseta diseñada exclusivamente para transmisiones”. Dicha caseta medía 70 metros de longitud y contaba con servicios de teléfono, telégrafo, conexiones para radio y televisión y varios cubículos para oficinas.

En cuanto a su forma, hay dos teorías: algunas fuentes indican que es similar a un sombrero de charro, pero otras dicen que simula al cráter de un volcán. Sea cual sea la interpretación original, los materiales utilizados eran originarios del Pedregal: mampostería de roca volcánica.

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Panorámica del interior del estadio universitario en los años 50. Colección Carlos Villasana.

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Foto aérea del Estadio Olímpico Universitario durante los Juegos Olímpicos en 1968. A la izquierda se observa la caseta de transmisiones que medía 70 metros de longitud y tenía todo lo necesario para servicios de teléfono, telégrafo, conexiones de radio y televisión, así como cubículos para oficinas. Colección Carlos Villasana.

En la misma página de la Fundación UNAM se explica que la selección del “Puma” como mascota de la UNAM fue una idea del entrenador de futbol americano Roberto “el Tapatío” Méndez, quien encontró en este animal características que él veía en sus jugadores: la inteligencia, rapidez y agilidad.

Su fachada principal tiene un mural en relieve —que sobresale de la pared— titulado "La Universidad, la Familia y el Deporte en México", de la autoría de Diego Rivera, quien reunió a un equipo de trabajo que sumaron 70 obreros entre albañiles y canteros; así como 12 pintores y arquitectos.

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Trabajadores del artista mexicano Diego Rivera en la construcción del mural policromado que luce al frente del estadio universitario. Colección Carlos Villasana.

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El mural, obra de Diego Rivera, tiene el nombre de “La Universidad, la familia y el deporte en México", en él destaca la serpiente emplumada, símbolo del México prehispánico. Colección Carlos Villasana.

En la revista Arquitectura México se describía que el estadio contaba con llegadas y salidas “fáciles” para evitar congestionamiento vial, cojinerías para los asientos, puestos de refrescos y sanitarios. A los jugadores se les ofrecían vestidores, baños, sanitarios y zonas de atención médica.

También sobresalían sus pistas y campo para carreras de atletismo, obstáculos, saltos y lanzamientos. Con la llegada de los Juegos Olímpicos a la capital en 1968, el estadio cambió de nombre a Estadio Olímpico Universitario y se le hicieron modificaciones, como la colocación del pebetero para la inauguración de la justa olímpica.

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Integrantes de la Secretaría de Obras Públicas en las adecuaciones al estadio universitario de frente a los Juegos Olímpicos México 1968. Cortesía Miguel Ángel Bernabé

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Una ceremonia al interior del Estadio Olímpico en 1968. Cortesía de Miguel Ángel Bernabé.

En su interior también se celebraron las ediciones de los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe (1954 y 1990), los Juegos Deportivos Panamericanos (1955 y 1975), así como los Juegos Deportivos Estudiantiles Centroamericanos y del Caribe (1977), la Universiada Mundial (1979) y algunos partidos del Campeonato Mundial de Futbol en 1986.

En 2007, la UNESCO nombró Patrimonio Cultural de la Humanidad al Campus Central de Ciudad Universitaria del que es parte el Estadio Olímpico Universitario.

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Postal de un partido de futbol al interior del estadio universitario en los años cincuenta del siglo pasado. Colección Carlos Villasana.

  • Fuentes:
  • Fundación UNAM. 
  • Revista Arquitectura México, número 39, septiembre de 1952.

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