El 29 de agosto de 1935, este diario publicaba un artículo sobre el flamante "Edificio Londres” ubicado en la avenida Madero número 67, en el centro de la CDMX. Era uno de los primeros ejemplos de un novedoso estilo arquitectónico funcional y moderno, el de los edificios multiusos.

En ellos, un mismo espacio integraba varios pisos con diversas oficinas que facilitaban la experiencia de acudir a un sólo lugar para realizar algún trámite o asesoría legal, ver al dentista, al médico, al oculista, incluso a un sastre.

Un edificio con este concepto significaba un gran avance en la vida cotidiana de los capitalinos, habituados a buscar todas estas oficinas en distintos puntos del primer cuadro capitalino, no siempre con los mejores resultados.

Los comercios y despachos en el Edificio Londres ocupaban espacios que se diseñaron pensando en la vida diaria de los profesionistas que trabajaran ahí. Hemeroteca EL UNIVERSAL.
Los comercios y despachos en el Edificio Londres ocupaban espacios que se diseñaron pensando en la vida diaria de los profesionistas que trabajaran ahí. Hemeroteca EL UNIVERSAL.

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Una de las peculiaridades y ventajas que resaltaba la publicidad del "Edificio Londres” era que la mayoría de los profesionistas que ocupaban dicho inmueble eran de renombre, lo que no se podía decir de otros despachos, bufetes y consultorios que reinaban en aquellos días en el centro de la ciudad.

La idea de un edificio multifuncional enclavado en el corazón de la capital, y en una de las principales avenidas no pasó inadvertida y por ello, las páginas de este diario le dedicaron varios reportajes. Para conocer más acerca de este tema y las similitudes con los actuales edificios multioficinas, entrevistamos a la arquitecta Karla Delgado.

Un edificio para profesionistas de los años 30

Al preguntarle qué hacía sobresaliente al Edificio Londres de la avenida Madero en los años 30, la arquitecta Delgado nos comentó que no destacaba sólo por su arquitectura, sino por el ideal de cotidianidad que ofrecía y el tipo de vida que albergaba.

En los años 30 la CDMX ya tenía una vida diaria tan dinámica que se hizo necesario contar con edificios que se adaptaran a esa realidad. Colección Villasana.
En los años 30 la CDMX ya tenía una vida diaria tan dinámica que se hizo necesario contar con edificios que se adaptaran a esa realidad. Colección Villasana.

“Era un edificio pensado para concentrar profesionistas en una misma dirección -médicos, abogados, ingenieros, fotógrafos, comerciantes- justo en un momento en que la ciudad comenzaba a modernizar sus estilos y formas de trabajo”, explica.

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Lo particular, dice Karla Delgado, no era sólo que tuviera múltiples despachos, sino que ofrecía condiciones de habitabilidad que en su época se entendían como modernas e innovadoras, como iluminación, ventilación, servicios y organización espacial.

“Sin embargo, su verdadera peculiaridad estaba en su ubicación. En aquella época, estar en Madero implicaba estar en el centro de la vida económica, social y profesional de la ciudad, es decir, un espacio funcional para trabajar y formar parte de un círculo visible, accesible y legitimado dentro de la ciudad”, destacó.

Nuestra entrevistada también resaltó la importancia de la ubicación de los edificios: "en la arquitectura y la ciudad, la ubicación no es sólo un punto en el mapa, es una condición que define relaciones: quién llega, quién te ve, qué tan fácil es encontrarte y, sobre todo, qué significa estar ahí”.

La entrevistada apunta que un edificio es espacio y estatus, y la publicidad del Edificio Londres hace noventa años lo respalda. Hemeroteca EL UNIVERSAL.
La entrevistada apunta que un edificio es espacio y estatus, y la publicidad del Edificio Londres hace noventa años lo respalda. Hemeroteca EL UNIVERSAL.

“En una ciudad centralizada como la CDMX, y aún replica el mismo modelo, estar en el ahora Centro Histórico no era una casualidad, era una posición estratégica. No sólo porque estaban ahí los servicios, los comercios o las oficinas, sino porque ahí se concentraba el movimiento de la vida pública, el estatus, era el punto en donde todo coincidía”.

Al ubicarse sobre Madero, dice la arquitecta, un edificio como el Londres no sólo ofrecía un espacio de trabajo, ofrecía pertenecer a ese núcleo. “Estar ahí significaba insertarse en un punto donde circulaban personas, decisiones y oportunidades; era tan funcional como simbólico y eso es algo que, aunque la ciudad haya cambiado, sigue pasando”, recalcó.

Derivado de lo anterior, menciona, acudir al centro capitalino era el lugar donde todo ocurría, era entrar a la ciudad en su forma más dinámica e intensa. Más allá de resolver un trámite o asistir a una consulta, implicaba atravesar un entorno activo, denso, lleno de intercambios. Además de vías, las calles de la colonia Centro eran escenarios donde lo comercial, lo institucional y lo cotidiano se superponían.

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Ir a un despacho en Madero era, en cierta forma, colocarse dentro de ese flujo, era una experiencia urbana y simbólica: la de llegar al lugar donde la ciudad se volvía visible para sí misma.

En los años 20 el alumbrado público era un lujo para un puñado de zonas de la actual CDMX, por lo que era una ventaja tanto para profesionistas como clientes visitar tiendas y despachos en Madero. Colección Villasana.
En los años 20 el alumbrado público era un lujo para un puñado de zonas de la actual CDMX, por lo que era una ventaja tanto para profesionistas como clientes visitar tiendas y despachos en Madero. Colección Villasana.

En este punto, la arquitecta recordó la publicidad de aquellos días en las páginas de este diario y menciona que no dista mucho de la forma en que actualmente se anuncia un nuevo proyecto habitacional o algún complejo de oficinas.

Como ejemplo, en el reportaje “Los modernos edificios de la metrópoli” del 12 de septiembre de 1935, nuestra revista El Universal Ilustrado publicaba lo siguiente:

Ningún edificio en estas condiciones modernas existe en la metrópoli como el edificio “Londres” situado en el corazón de la ciudad, donde el profesionista encontrará el confort necesario... Con espaciosos ventanales que dejan pasar torrentes de luz y en lo general elegante es un sello personal de seriedad.

Para la arquitectura, el modernismo proponía diseñar espacios más funcionales que decorativos. El interior del Edificio Londres lucía espacioso y práctico como pocos en su época. Hemeroteca EL UNIVERSAL.
Para la arquitectura, el modernismo proponía diseñar espacios más funcionales que decorativos. El interior del Edificio Londres lucía espacioso y práctico como pocos en su época. Hemeroteca EL UNIVERSAL.

Un patio soleado con corredores limpios hasta la exageración. Personal atento a la menor indicación de los visitantes y de los inquilinos. Servicio telefónico, elevador de último modelo y un higiénico departamento de toilette.

Todo este confort ofrece el EDIFICIO LONDRES en la avenida Francisco I. Madero número 67 a los profesionistas, cualquiera que sea su especialización y que saben que el 50% del éxito de su carrera y de su vida depende de la presentación de sus despachos, pues según la impresión que de éstos recibe el visitante será la impresión que se lleven de aquel a quién van a encomendar su caso.

La dinámica urbana explica los edificios multiusos

Al comentar nuestro presente, la arquitecta menciona que, a diferencia del pasado, hoy no todo ocurre en la colonia Centro; la ciudad creció y la mancha urbana se expandió de manera acelerada, lo cual genera otras centralidades en lugares como Reforma, Polanco o Santa Fe, que comenzaron a conectar actividad económica, corporativa y profesional.

Lo interesante de este fenómeno es que la lógica no cambió, sólo se desplazó: seguimos buscando estar en ciertos puntos porque sabemos que no todos los lugares pesan dentro de la Ciudad.

Tras la Revolución, lo que hoy conocemos como el Centro Histórico fue el punto focal de las actividades en la CDMX. Pasaron décadas antes de surgir nuevas zonas céntricas. Colección Villasana.
Tras la Revolución, lo que hoy conocemos como el Centro Histórico fue el punto focal de las actividades en la CDMX. Pasaron décadas antes de surgir nuevas zonas céntricas. Colección Villasana.

En vista de que el valor de un inmueble nunca depende sólo de qué es como tal, sino de dónde está, nuestra entrevistada habla también de la relación con los bienes raíces.

La ubicación de un edifico, explica Delgado, determina tanto la accesibilidad como el contexto urbano: qué tiene alrededor, qué tipo de dinámica urbana lo rodea, el modo en que las personas lo habitan o lo transitan.

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“Por eso, aunque hoy hablemos de ciudades más complejas o incluso más dispersas, la ubicación sigue siendo uno de los factores más determinantes, porque si hay algo que permanece es la forma en la que ciertos lugares adquieren mayor peso dentro de su estructura”, señaló la arquitecta.

Al preguntarle qué distingue aquellos edificios de los actuales, la arquitecta señaló diferencias técnicas, culturales, de diseño y simbólicas, así como diversas cotidianidades que están muy relacionadas a la velocidad para producir.

Añade que en 1935 el valor del espacio estaba ligado a condiciones de habitabilidad físicas básicas y a la ubicación. Hoy, ese espacio de trabajo incorpora nuevas variables como la tecnología, la flexibilidad, la conectividad global, la movilidad y la seguridad.

Otra pruebla del estatus de la avenida Madero hace un siglo era la gran presencia de automóviles, que entonces aún eran lo último en tecnología. Colección Villasana.
Otra pruebla del estatus de la avenida Madero hace un siglo era la gran presencia de automóviles, que entonces aún eran lo último en tecnología. Colección Villasana.

Recalca que “Quizás el cambio más significativo está en la forma de trabajar. Antes predominaban estructuras más definidas; hoy, los espacios tienen que adaptarse, transformarse y compartirse”.

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“Es posible reconocer una condición urbana en el Centro Histórico de la CDMX: muchos edificios de uso mixto combinaban comercio en planta baja con actividades profesionales en niveles superiores. Esto es parte de la lógica cotidiana de la ciudad y hoy se replica con mayor frecuencia.

Nos da el ejemplo de la Casa de los Azulejos, que permite entender la intensidad de la avenida Madero desde entonces. Es un espacio donde distintas actividades (farmacia, restaurante, librería...) coexisten sin fragmentarse.

Diferentes personas pueden visitar la Casa de los Azulejos y llevarse una experiencia diferente, pues uno quizá compre un libro y otros quizá desayunan o se toman algo en el bar. Comparten espacio, pero ninguna actividad excluye a las demás.
Diferentes personas pueden visitar la Casa de los Azulejos y llevarse una experiencia diferente, pues uno quizá compre un libro y otros quizá desayunan o se toman algo en el bar. Comparten espacio, pero ninguna actividad excluye a las demás.

Karla Delgado indica que calles como Madero, 16 de Septiembre o 5 de Mayo concentraban este tipo de dinámicas, y desde aquel momento la ciudad ya funcionaba a partir de la mezcla, no de la separación; la ciudad no se organizaba por funciones separadas, sino por capas superpuestas.

Con el paso del tiempo estos edificios se han reconfigurado, muchos han migrado hacia usos comerciales, turísticos o de servicios orientados al consumo inmediato. Algunos conservan funciones administrativas, pues existen edificios que concentran la actividad profesional de manera más accesible para todos y todas como el modelo de trabajo de coworking.

El cambio no está sólo en lo que contienen, sino en lo que representan. Ocupan el mismo lugar en la ciudad, pero ya no ocupan el mismo lugar en su estructura económica y simbólica.

La arquitecta considera indispensable conocer y difundir la historia de los edificios y la transformación del paisaje urbano, ya que la arquitectura no es sólo producción de espacio, es también la lectura de procesos, diferentes maneras de habitar la cotidianidad.

Cada edificio contiene decisiones, contextos y formas de vida que lo hicieron posible, por lo que entender su transformación permite comprender cómo la ciudad cambia, pero también cómo ciertas lógicas permanecen.

“Antes Madero era el punto central, hoy existen otros corredores, pero la lógica sigue intacta: la ciudad sigue concentrando su valor en ciertos puntos y construyéndose alrededor de ellos. Las centralidades cambian de lugar, pero no desaparecen, sólo se desplazan y en ese movimiento se reescriben sus prioridades”, comentó.

Para cerrar la entrevista, la arquitecta señala que “lo que antes ocurría en un sólo lugar empezó a suceder en varios puntos, por tanto, la ciudad dejó de ser monocéntrica para volverse más compleja, el Centro no perdió su importancia, pero sí que dejó de ser el único referente”.

La centralidad no desapareció, se multiplicó. El Centro reunía múltiples capas de actividad administrativa, comercial y profesional; esta concentración genera una necesidad evidente en espacios capaces de albergar distintos usos en la proximidad, explica.

“Estos edificios surgieron como una respuesta a la intensidad urbana, como estructuras que permitieron coexistir a distintos actores en un mismo punto y facilitaron relaciones, encuentros y flujos. Eran edificios multifuncionales por la presión de una ciudad que ya era profundamente interdependiente”.

  • Entrevista: Karla Delgado. Arquitecta egresada de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, con especialización en Arquitectura Sustentable y Bienes Raíces. Se enfoca en el análisis del espacio desde su dimensión arquitectónica, urbana y económica, explorando como el diseño influye en la forma en que habitamos la ciudad.
  • Bibliografía: Hemeroteca EL UNIVERSAL.
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