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El beso durante la pandemia de gripe española

Hace un siglo el mundo conoció a la “madre de todas las epidemias” que alcanzó hasta al entonces joven Walt Disney. Durante la crisis sanitaria, en México inició una campaña contra el beso y el apretón de manos. Hoy te contamos cómo fue esa época para los amorosos.
El beso durante la pandemia de gripe española
09/05/2020
00:41
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Texto: Nayeli Reyes Castro

¿En qué beso romántico había viajado el virus de la “influenza española”? En diciembre de 1918, en plena pandemia, Xavier de Brandomín se hacía esta pregunta en las páginas de EL UNIVERSAL, donde trataba de adivinar la ruta de aquel contagio “tan traidoramente servido”.

Sus palabras hoy reposan en una morgue de periódicos (hemeroteca, le llaman). Xavier vivía una pandemia que dejaría cerca de 300 mil muertes en México.

La influenza española de 1918 ha sido llamada “dama española” y “madre de todas las epidemias”, según el investigador Julio Montes-Santiago; sin embargo, no se originó en España, sino en Estados Unidos, se cree que llegó de polizón en tren hasta México.

Para los especialistas de la higiene el enemigo mortal no era el tren, sino los besos y el apretón de manos.

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Ilustración de una pareja publicada en EL UNIVERSAL ILUSTRADO el 13 de diciembre de 1918.

En esos días, el 3 de noviembre de 1918, el higienista Máximo Silva promovió una campaña para suprimir el beso, no sólo por la pandemia, lo consideraba una costumbre sucia, peligrosa, trasmisora y generalizadora de numerosos padecimientos:

“En todas las épocas, en todas las sociedades y en circunstancias todas, la práctica del beso debe ser considerada como esencialmente antihigiénica…trae consigo multitud de peligros para salubridad, sobre todo en momentos como los actuales en que una epidemia formidable amenaza destruir nuestras vidas”.

Máximo Silva hablaba desde la página dos de EL UNIVERSAL, al lado de un anuncio de Aspiroquina Laxativo que por 70 centavos juraba ser el remedio para la influenza española, pero no era más que aspirina, sulfato de quinina y ruibarbo de China.

Desde ahí él llamaba a las familias a poner letreros en los sombreros de los niños, “No me bese Ud!”, y en la entrada de las casas una advertencia: “Por prescripción estricta del médico y por razones de Higiene se suplica no besar ni acariciar a los niños en esta casa”.

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“El señor doctor don Máximo Silva muy conocido en los círculos científicos de la Capital por los importantes estudios que ha hecho en el ramo de higiene, será desde esta fecha colaborador de nuestro periódico”, publicó este diario un 7 de agosto de 1918, aquí se observa su retrato. Foto: Archivo EL UNIVERSAL

Máximo estaba convencido que la boca era el “domicilio accidental o habitual” de gérmenes, pero no bastaba erradicar el beso en las escuelas, asilos, fábricas y talleres, en una columna posterior señaló que las manos también eran un riesgo por los microbios que albergaban incluso las “manos delicadas”.

“Tiene que ser un sacrificio proscribir de nuestras costumbres la forma de saludo amistoso de que tanto abusamos, pero tendremos que realizarlo”, escribía Máximo, seguramente con sus manos bien lavadas.

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Pese a que la pandemia estaba presente en México, las notas de sociales siguieron reportando grandes reuniones, como el matrimonio de Leonor García y Manuel Villegas realizado el 25 de octubre de 1918. En la calle Ayuntamiento se sirvió un banquete para cien personas. Foto: EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

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El 6 de diciembre de 1918 las damas de la agrupación American Woman's War League organizó el baile de “Thanksgiving Day" en Chapultepec para recabar fondos para los soldados heridos en la guerra. Foto: EL UNIVERSAL ILUSTRADO 
 

Una crisis mundial para los amorosos

No eran tiempos prósperos tampoco para los amantes del arte. La crisis era internacional. En dos años la influenza cobró más vidas que la Primera Guerra Mundial. Uno de los desafortunados fue el pintor austriaco Gustav Klimt, quien, paradójicamente años antes había realizado una de sus obras más famosas: El beso.

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El beso, pintura realizada entre 1907 y 1908 por Gustav Klimt. Foto: Creative Commons

Según una investigación de Julio Montes-Santiago, otra de las víctimas del “beso mortal de la ‘Dama Española’” fue Egon Schiele, quien dejó testimonio de la pandemia en dos de sus obras.

Egon hizo un dibujo póstumo de Gustav Klimt en la Morgue de Viena, también pintó La Familia, donde él se mostraba con su esposa Edith y su hijo imaginado, ella estaba embarazada de seis meses. La pareja murió por la misma causa con sólo tres días de diferencia.

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La Familia, pintura de Egon Schiele realizado en 1918, antes de su muerte. En el cuadro se observa al artista con su esposa Edith y su hijo no nacido. Foto: Creative Commons.   

En México, el 1 de noviembre de 1918 Buenaventura Flores hablaba en EL UNIVERSAL ILUSTRADO de la mala racha que vivía el teatro, a la gente no le interesaba, sólo vivía pendiente de los labios del jefe del Departamento de Salubridad:

 “La ‘influenza  española’ es  lo  bastante  maligna  para  no  ponerse  a  las  incondicionales  órdenes  del  arte… Tal  vez  a  la hora  en  que  circule este periódico ya  se  hayan  muerto  todos  los  cómicos,  todos  los  autores nacionales y todos los  empresarios,  por  la  famosa  ‘influenza’”.

Era una enfermedad peligrosa, no imposible de vencer. Algunos la sobrevivieron, como Walt Disney, quien en ese entonces tenía sólo 17 años; también el pintor noruego Edvard Munch, autor del cuadro El Grito, quien después de la enfermedad hizo la obra Autorretrato después de la gripe española, “un estremecedor testimonio de su padecimiento”, afirma Julio Montes-Santiago.

En medio de una Guerra Mundial y en plena Revolución Mexicana, la pandemia coronaba a esa terrorífica época, cuando hasta un simple beso podía ser mortal. Quizá para las personas la crisis parecía interminable, pero no duró para siempre. 

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Publicación de EL UNIVERSAL ILUSTRADO (6 de diciembre de 1918) donde se afirmaba que muchas enfermedades venían del intestino o de la boca.

El cronista Héctor de Mauleón relata en Grandes catástrofes de la Ciudad de México que para febrero de 1919 la influenza se fue como un “viento frío”, confundido con la oscuridad de la Gran Guerra: “La gente regresó a la calle, al cine, a los tranvías…y a besarse”.

Para de Mauleón, el epitafio de esa época lo escribió Ramón López Velarde, quien a finales de 1919 publicó el poema Te honro en el espanto: “mis besos te recorren en devotas hileras/ encima de un sacrílego manto de calaveras”.

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Una pareja hace un “beso barroco” en 1922. Foto: Archivo EL UNIVERSAL

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El beso después del apocalipsis

Años después, cuando los aires de pandemia ya se habían esfumado, se volvió a hablar de prohibir el beso. La paranoia por la higiene seguía propagándose, quizá por las malas experiencias del pasado, quizá como pretexto de los más moralistas. No lo sabemos.

“Clínicamente, el beso podrá ser antihigiénico y todo lo que analicen los médicos; pero, espiritualmente, el beso es algo que no se puede suprimir”, dijo Mimí Derbe a EL UNIVERSAL ILUSTRADO en octubre de 1924.

“Ridículo es que se aleguen razones higiénicas: habría que prohibir entonces cualquier contacto entre los hombres y encerrarlos en las celdas de un hospital aséptico. Con prohibición semejante sólo se conseguirá aumentar el encanto del beso”, comentó en la misma publicación Pablo Casanova.

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“¿Se debe suprimir el beso?”. Foto: EL UNIVERSAL ILUSTRADO (23 de octubre de 1924)

Luego, el 23 de diciembre de 1926, el semanario contaba que en Francia se había constituido una Liga contra el beso:

—Cada beso que se da—dice solemnemente el secretario de la Liga, un señor que no debe haber tenido jamás veinte años—equivale a la transmisión, de una boca a otra, de unos cuarenta mil gérmenes de tal o cual enfermedad.

Dos años más tarde, en México, la Academia Nacional de Medicina aprobó la propuesta del médico Ángel Brioso Vasconcelos: una campaña contra el beso y el apretón de manos, los consideraban el origen de todos los males de la humanidad y de la transmisión de microbios causantes de enfermedades.

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En esta comparativa se observa el primer beso cinematográfico, la imagen fue rescatada por este diario el 3 de enero de 1947. En la otra imagen se observa a una pareja que se besa en la capital, en los tiempos de la “influenza porcina”. Fotos: Archivo EL UNIVERSAL. Diseño Web: Migue Ángel Garnica

“Nos reímos de la tuberculosis, del cáncer, de las úlceras del estómago, de la difteria, de la lepra y del propio cólera morbus, si nos han de hacer prescindir de un beso cálido”, contestó a la propuesta Pablo de Góngora en EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

La iniciativa no prosperó, el Departamento de Salubridad Pública afirmó que la prohibición del beso sólo se daría en determinadas circunstancias de salud: “las teorías son siempre inferiores a la fuerza de los hábitos y los afectos… una orden no es capaz de borrar una tradición”.

Cuando esas situaciones específicas nos separan, no nos queda otra que recurrir a los besos descritos por Gabriela Mistral: “hay besos que se dan con la mirada/ hay besos que se dan con la memoria”.

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“El beso es parte del paisaje urbano”: Revista Hoy (1957). Foto: Colección Villasana-Torres.

La fotografía principal aparece en una publicación de EL UNIVERSAL ILUSTRADO del 19 de agosto de 1920, donde se afirmaba: “el valor sentimental del beso ha sufrido una decadencia perceptible. Ahora carece de importancia y se encuentra a la misma altura amorosa que un tímido apretón de manos”.

Fuentes:
El beso, Máximo Silva, EL UNIVERSAL (3 de noviembre de 1918).
Prácticas religiosas, Máximo Silva, EL UNIVERSAL (17 de diciembre de 1918).
Ojeada instrospectiva, Xavier de Brandomín, EL UNIVERSAL (2 de diciembre de 1918).
Teatros y música, Buenaventura Flores, EL UNIVERSAL ILUSTRADO (1 de noviembre de 1918).
¿Debe suprimirse el beso?, EL UNIVERSAL ILUSTRADO (23 de octubre de 1924).
Cosas del mundo, EL UNIVERSAL ILUSTRADO (23 de diciembre de 1926).
El beso mortal de la “Dama Española”. La gripe de 1918: un asesino de artistas geniales (2010), Montes-Santiago J.
Grandes catástrofes de la Ciudad de México, Héctor de Mauleón.