Después de la influenza, la peste atacó Veracruz en los años 20

Mochilazo en el tiempo

Se cree que la peste llegó a México en un barco de Estados Unidos. Para evitar su propagación se quemaba ropa y colchones en la vía pública, el baño y el cabello rapado eran obligatorios para las personas pobres, se aplicaron otras medidas similares a las actuales; incluso, se pagaba por matar ratas portadoras de pulgas, las transmisoras de esta enfermedad

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Este diario informaba en su nota de primera plana que por disposición del Consejo de Salubridad, el puerto de Veracruz quedaba aislado del resto del país a partir del 31 de mayo de aquel 1920. Se preparaba una vacuna de forma activa. Hemeroteca EL UNIVERSAL.

Texto: Yessica Torres  

En los primeros años del siglo XX nuestro país transitó una de varias crisis sanitarias: la influenza española en el año 1918; después, en 1920, se hizo presente la peste bubónica en el puerto de Veracruz, a la par se registraron casos de viruela, sarampión y para finales de ese año también brotes de fiebre amarilla. 
 
No era la primera vez que un mal azotaba a territorio mexicano, desde épocas anteriores se habían hecho presentes otras enfermedades como el tifo, el cólera, la sífilis, la tuberculosis y la misma peste bukbónica, entre otras.

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Años más tarde, con el crecimiento de las ciudades y la poca higiene estos padecimientos regresaron con mayor fuerza.

La peste bubónica llegó al puerto de Veracruz  en los primeros meses de 1920, se cree que fue a través de una embarcación que vino de Nueva Orleans, Estados Unidos. Este mal atacaba por igual a jóvenes, niños y ancianos sin hacer distinción de clase social; sin embargo, la clase baja era más vulnerable para contraerla. 
  
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Postal del Puente de Tomatlán, en Veracruz, en el año 1920, año en que llegó la peste bubónica o negra a esta región. Foto: Southern Methodist University.

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Fotos viejas de la Ciudad de Veracruz. Estado de Veracruz. México. Plaza de la Aduana. Vista poniente. Año 1920. Foto: Wikimedia Commons.

En el puerto los más propensos eran los sepultureros, los meseros,  los abarroteros y cargadores que trabajaban en almacenes de lana, algodón y paja en los cuales era fácil la propagación de pulgas.

Los principales transmisores de la peste eran las ratas, las pulgas en la ropa y cabello, así como las moscas. El contagio se podía adquirir por la piel, vías respiratorias y digestivas.  

El domingo 11 de junio de 1920, EL UNIVERSAL publicó un escrito del doctor Miguel Casanet, quien afirmaba que la pandemia ocasionada por los roedores era tan antigua como la humanidad haciendo hincapié en los siglos XIV y XVII en Europa, en donde por los horrores que causó se le dio el nombre de Muerte Negra.

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El doctor Casanet pensaba que la propagación de la peste se transmitía a través de la respiración, por la ropa y por los objetos que tocaban los enfermos, pero los avances entorno al “mal” realizados por Gautier, Raybaud, Thompson y G. Liston demostraron que la  enfermedad se adquiría por la picadura de las pulgas que habían vivido en el cuerpo de ratas infectadas, mismas que se posaban en los alimentos que ingería el hombre.

En su escrito explicaba que desde años atrás se habían implementado diversos métodos para acabar con las ratas desde venenos fabricados por el Instituto Pastur en Francia, las ratoneras, las trampas, hasta el uso de los gatos, los cuales podían comer entre 20 y 25 ratones por día y el de perros de la raza Fox Terrier, así como la utilización de fosforo y arsénico mezclados con carne o pescado para hacerlo atractivo para estos roedores.

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La peste negra se transmitía a través de la picadura de las pulgas de ratas infectadas. De ahí que se hiciera una amplia difusión de la forma en que la enfermedad podía adquirirse a través de estos roedores y hasta una campaña con pago de por medio para tratar de disminuir la propagación de la peste negra. Hemeroteca EL UNIVERSAL.

El 31 de mayo de 1920, EL UNIVERSAL publicaba en primera plana la llegada de la peste negra al puerto de Veracruz y hacía un llamado a las autoridades sanitarias para que tomaran cartas en el asunto y evitaran la propagación en todo el territorio.
  
Para tratar de controlar la propagación en todo el territorio mexicano, el Departamento de Salubridad Pública declaró en cuarentena general a la ciudad de Veracruz y esto implicaba la suspensión de salida y entrada de ferrocarriles, el cambio de algunas rutas de barcos, así como una serie de medidas para evitar la propagación. 

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Locomotora del Ferrocarril Mexicano cruzando el puente del ferrocarril en la pendiente de Maltrata entre Paso del Macho y Esperanza, México, 1902-1920. Una fotografía de Hugo Brehme. Veracruz. Foto: DeGolyer Library, Southern Methodist University

Cabe mencionar que la peste bubónica ya se había hecho presente a inicios del siglo XX, en los años de 1902 a 1903, pero en los estados de Baja California y Sinaloa, en este último el puerto de Mazatlán fue el más afectado y, de acuerdo con la historiadora María Carrillo, las cifras oficiales durante la peste fueron de 529 muertos y de 738 enfermos registrados, pero otras fuentes reportan más de 2 mil muertos.
 

Hasta 25 centavos por cada rata muerta 

De acuerdo con el historiador de la medicina, Antonio Carrera, la peste negra se producía por un bacilo llamado Yersinia pestis. Los síntomas comenzaban en un periodo de incubación silenciosa con fiebre elevada, acompañada de escalofríos, náuseas, sed y sensación de agotamiento.

El historiador escribe que la enfermedad se presentaba de tres maneras: la primera era la bubónica, en la cual aparecía un bubón (hinchazón de un ganglio linfático) en la ingle, axila o cuello.  La segunda era la pulmonar y se acompañaba de fiebre alta y ahogo, causando la infección directa en el aparato respiratorio.

La última era la forma septicémica, la más letal, que se manifestaba con hemorragias cutáneas por todo el cuerpo causando la muerte en la mayoría de los enfermos.  En todos los casos la infección se trasmitía a través de las pulgas de las ratas y para evitar el contagio las personas debían aislarse por completo.

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Imagen de archivo de los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) del 15 de enero de 2003 que muestra la bacteria de la peste bubónica tomada de un paciente. El FBI informó ese día que había encontrado varios frascos de la bacteria que podría causar la peste bubónica y que habían desaparecido del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad Tecnológica de Texas en Lubbock, Texas. AFP PHOTO/CD.

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En esta imagen de 1993 se observa a un paciente con peste quien muestra un ganglio linfático inguinal o bubón inflamado y roto. Después del período de incubación de 2-6 días, aparecen síntomas de la peste que incluyen malestar severo, dolor de cabeza, escalofríos, fiebre y dolor e hinchazón, o adenopatía, en los ganglios linfáticos regionales afectados, también conocidos como bubones. Foto: Centers for Disease Control and Prevention.

EL UNIVERSAL desde el día uno hasta el final de la etapa de la peste, envió a un corresponsal al puerto jarocho para mantener informada a la población acerca del rumbo que tomaba dicho mal. Sus páginas se convirtieron en un medio indispensable para publicar las decisiones del Departamento de Salubridad. 

Entre las medidas implementadas estaba la fumigación de bodegas, almacenes y  embarcaciones con cianuro y azufre para matar a ratas, pulgas y piojos, así como campañas para obtener fondos económicos para contrarrestar la peste.

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También se organizaron corridas de toros, kermeses y funciones teatrales. En esta campaña participó el periódico siendo de los primeros en enviar apoyo económico para tratar de erradicar la enfermedad.  

 
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Un editorial de 1920 invitaba a la población a no escatimar en la higiene tanto personal como pública y criticaba la “defectuosísima limpia de la ciudad…pues hoy que tenemos a la muerte avizorando desde Veracruz, la incuria y la ineptitud deben desaparecer de los servicios públicos. El Ayuntamiento y el gobierno del Distrito están obligados a olvidar por un momento sus viejas pugnas sobre jurisdicción y fondos a fin de emprender trabajos que pongan al vecindario en aptitud de defenderse del contagio”. Hemeroteca EL UNIVERSAL.

Era común ver fogatas en las calles a las cuales se arrojaba ropa, colchones y trastes viejos para que se incineraran y no se convirtieran en un vínculo de propagación. 

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La foto antigua de la plaza Veracruz, en el puerto del mismo nombre, entre los años 1906 y 1920.  Fotografía de Hugo Brehme. Crédito: DeGolyer Library, Southern Methodist University. La actual es en el mismo lugar, en 2019, Cortesía. Diseño Web: Carlos Sandoval.

De igual manera había rumores de que las autoridades sanitarias ordenaban el sacrificio de todos los perros y gatos. También se establecieron puestos de observación para detectar casos sospechosos.  

El 3 de junio de 1920, este diario informaba en sus páginas que era obligatorio el baño para todas las personas, los de bajos recursos lo podían hacer en los hospitales de manera gratuita y además por su condición de pobreza tenían que raparse la cabeza para no albergar pulgas y piojos. 
  
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Este diario informaba de la urgencia de tomar medidas sanitarias contra la rápida y peligros propagación de la enfermedad, sobre todo, entre los sectores pobres de la población veracruzana que eran los más vulnerables. Hemeroteca EL UNIVERSAL.

Las autoridades ordenaron que los comercios cerraran durante dos días para poder fumigar sus bodegas. Los pisos de habitaciones y pavimentos de las calles debían regarse con agua con cal a manera de insecticida. Las visitas domiciliarias eran diarias para descartar casos sospechosos
 
En las esquinas se pegaban anuncios para avisar a la población acerca del pago de diez, cinco y hasta 25 centavos por la presentación de cada rata muerta.  Los roedores eran llevados a instituciones bacteriológicas para su investigación e incineración. 
 
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17 de julio de 1900. Operaciones de limpieza en las calles de Sydney, Australia, área de cuarentena, en 1900 durante la propagación de la peste bubónica. Foto: Wikimedia Commons.

Medidas sanitarias muy similares a las actuales

El primero de junio de 1920,  EL UNIVERSAL publicó diez medidas preventivas para evitar el contagio en aquella zona veracruzana. La primera consistía en el aseo personal, especialmente en el lavado de manos antes de comer, la segunda era evitar lugares húmedos y oscuros donde hubiera gran número de personas, la tercera consistía en una sana alimentación.
 
La cuarta se basaba en usar ropa limpia que debía exponerse al sol durante horas. La quinta era la limpieza de habitaciones con solución de sulfato de fierro en agua.

Mantener alejados a los animales domésticos era la sexta de estas medidas

Cubrir los alimentos para mantenerlos alejados de las moscas era la séptima medida porque se creía que estas también eran trasmisoras de la peste. En la octava se pedía no escupir hacia el suelo. La novena: fumigar almacenes y bodegas. 
 
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La Gran Plaga de Londres en 1665. El último gran brote de peste bubónica en Inglaterra. Foto: Wikimedia Commons

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Ilustración de un médico con atuendo especial en el lazareto de Marsella durante la epidemia de peste de 1720.  Foto: Wikimedia Commons.

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La décima y última indicación hacía hincapié en que si se necesitaba cuidar a un enfermo, se debía usar una bata o camisón largo y por ningún motivo comer, tocarse la cara o llevarse las manos a la boca, sin haberlas lavado y desinfectado con alcohol.
  
En entrevista para este diario, el licenciado en Historia Brehnis Daniel Xochihua platica que en los informes oficiales se reportaron 36 víctimas, pero no se conoce con exactitud el número de personas recuperadas. En cambio, por la fiebre amarilla se registraron entre 87 y 150 víctimas en total.

En la ciudad de México algunos diarios difundieron la llegada de la peste bubónica a la capital, pero una carta enviada al ingeniero Félix  F. Palavicini, entonces director general de este diario, desmentía la noticia de cuatro casos sospechosos. Sin embargo, como prevención las autoridades sanitarias publicaron algunas medidas sanitarias.  

Se pidió a la población regar las calles dos veces al día con desinfectantes, una a las 6:00 am y otra por la tarde entre 4:00 y 5:00 pm y quien infringiera las medidas se haría acreedor a una multa o a un arresto. 

Las porteras de las vecindades tenían la obligación de avisar a la policía de los casos de enfermos y si estas construcciones estaban en condiciones deplorables de higiene se les castigaría.
  
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En esta plana del periódico se ponía en duda la llegada de la peste negra a la capital. Una carta enviada a este diario desmintió la existencia de cuatro supuestos casos. Hemeroteca EL UNIVERSAL.

El día 3 de junio se dio a conocer en este diario que el jefe de Departamento de Salubridad reconocía el trabajo de las personas que también participaban en la capital en la campaña contra la peste negra otorgándoles medallas y diplomas a los médicos y al personal involucrado por su actividad.  

El historiador Bernardo García explica que el aislamiento del puerto de Veracruz del resto de la República ocasionó pánico entre la población. Menciona que los infectados se escondían porque escuchaban de malos tratos a los enfermos.

Para dar fin a la peste negra en el puerto de Veracruz, el historiador Xochihua también explica que “fue de suma importancia la campaña de desratización en la ciudad propuesta por Carl Mitchel, experto en el control de plagas.

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Brisbane, Queensland. Funcionarios y trabajadores de la salud inspeccionan un montículo de ratas muertas. Durante la peste bubónica de 1900-1902, las ratas, los peores portadores de la terrible enfermedad, fueron destruidas por miles. Foto: State Library of Queensland, Australia.

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1914. "Examinando ratas para la peste bubónica en Nueva Orleans". Foto de tres hombres disecando ratas. La plaga se detectó en ratas en el puerto de Nueva Orleans en 1914, lo que provocó un importante esfuerzo de erradicación de ratas. Foto: Wikimedia Commons.

“Entonces se inició una intensa campaña donde se trajeron ratoneras de los Estados Unidos, hasta se llegó a pagar 25 centavos a quien capturara una rata. Este padecimiento generó más movilidad social y las medidas sanitarias más contundentes se efectuaron en la campaña contra el mosquito propagador de la fiebre amarilla que causó mayores estrago en Tuxpan, Papantla, Veracruz y Yucatán durante ese año”.

La peste negra se desarrolló con más fuerza en el puerto de Veracruz en los meses de mayo y junio de 1920. Se logró controlar gracias a la pronta implementación de medidas sanitarias por parte del gobierno y por la aplicación de las vacunas traídas desde Nueva Orleans y del Instituto Bacteriológico de México.

Pero el terror azotó de nuevo al puerto cuando en el verano se hizo presente la fiebre amarilla provocando mayor mortandad entre la población, la cual aún no se recuperaba de los daños causados por la peste bubónica.

  • Fuentes
  • Publicaciones de EL UNIVERSAL de mayo y junio de 1920.
  • Carrera Antonio, “Aspectos médicos” en La peste negra, Madrid, Grupo 16.
  • Carrillo Ana María, “¿Estado de peste o estado de sitio?: Sinaloa y Baja California, 1902-1903”, México, UNAM.
  • Entrevista al licenciado en Historia por la Universidad de Veracruz Brehnis Daniel Xochihua.

 

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