Cuando comer hamburguesas estaba de moda

Mochilazo en el tiempo

Aunque las hamburguesas habían comenzado a ofrecerse en México a principios del siglo XX, en los años 70 comenzó el furor por comer en las grandes cadenas de comida rápida. Lugares como Burger Boy y Tomboy se popularizaron rápidamente, sobre todo entre niños y jóvenes

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Texto: Nayeli Reyes Castro

Cutberto Enríquez encuentra en las hamburguesas algo así como una mordida a su infancia. Cuando tenía seis años, al salir de la primaria, su papá lo llevaba a comer a uno de los establecimientos de Burger Boy al norte de la Ciudad de México, “eran muy buenas, hasta cierto punto artesanales, jugosas, quienes las probamos siento que nos quedó ese sabor… y la nostalgia”.

Aunque este platillo había llegado a México a principios del siglo XX, adquirió relevancia hasta los años 70, cuando se popularizó en algunos lugares de comida rápida como Burger Boy, una empresa creada por un puertoriqueño y un cubano que quisieron replicar el modelo de fast food estadounidense, tras ella aparecieron Tomboy, Mr. Kelly’s y otros sitios que trataron de saciar el apetito de la novedad y marcaron a más de una generación.

En cambio, en Estados Unidos la “hamburguesomanía” había comenzado mucho tiempo atrás, ese primo del sándwich se había proliferado en ferias estatales y en 1921 nació su primera red de restaurantes de hamburguesas: White Castle.

Según las publicaciones de EL UNIVERSAL, en los años 30 en aquel país eran comunes en “restaurancillos ambulantes”; ya en la década de los 40 eran tan importantes que algunas personas condenadas a muerte las solicitaban como última cena, entraban a la cámara de gases letales con ese sabor aún en su boca.

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Un establecimiento de White Castle en 1921. Foto: Página web de White Castle.

Para 1978 se indicaba a los viajeros mexicanos que las hamburguesas, pizzas y hot dogs eran los platillos típicos de Estados Unidos y estaban disponibles en máquinas “tragamonedas”, en “lugares tipo buffet de autoservicio” o en “barras en las que se hace el pedido y se come de pie”, en cafeterías, merenderos y delicatessens, “pueden conseguirse dondequiera". 

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El 17 de febrero de 1978 una nota destacaba: “En lo que fue una biblioteca de la ciudad de Hamburgo ha sido instalado un restaurante de hamburguesas, ya no en su antigua versión alemana, sino en la versión norteamericana de alimentos rápidos, pues las firmas estadounidenses han tomado por asalto el mercado alemán, a pesar de las críticas de algunos ciudadanos”. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.
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También lee la primera parte de esta historia: Así recibió México a las hamburguesas

Los pequeños devoradores de hamburguesas

“Mi hija, como todos los niños de su edad, es fanática de las hamburguesas y desconoce por completo, o casi, el sabor de la comida mexicana; toma refrescos anunciados por bellezas sajonas; sus restaurantes preferidos se llaman ‘Dennys’, ‘Lynnis’, ‘Jofer’… ¿Cómo rescatarla de la ola de norteamericanización que se lo lleva todo?”, se preguntaba en 1973 Cristina Pacheco, en una publicación de este diario.

En esos días habían inaugurado una de las hamburgueserías populares. El 4 de febrero de 1973 EL UNIVERSAL anunció: “¡Una buena noticia para les petits ou grands gourmets de San Ángel!, una nueva casa restaurante, el Tomboy, abrió sus puertas… es en verdad el sitio adecuado para paladear los bocadillos americanos que tanto revuelo han causado en los últimos tiempos”.

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Uno de los establecimientos de Tomboy en los años 70, estaba en la avenida Insurgentes Sur entre Magnolias y Millet, frente a Parque Hundido. Foto: Ana García/cortesía.

Abrió repleto de claveles, crisantemos y rosas, un monseñor había bendecido cada rincón, en especial la caja, lo cual provocó risas entre los asistentes. Ese día colocaron la figura de un niño hecho de hielo, quizá como augurio de sus principales clientes.

Al reportero le había llamado la atención la distribución del lugar, había pequeños pabellones divididos por muros tipo rústicos que daban privacidad: “este no es el tradicional restaurante donde se llega a comer y basta, sino que la decoración y la situación donde se encuentra hacen que las horas se pasen sin sentido”.

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La entrada de un Tomboy en los años 70. Foto: Colección Villasana-Torres.

Una brecha generacional atravesaba los gustos. A muchos adultos les causaba indigestión su presencia, definitivamente no les pasaba. La columnista Laura Bolaños lo dejó claro en 1977, consideraba que el sabor de las “clásicas hamburguesas” competía con un pedazo de cartón:

“¿Quién, si no lo ha comprobado por su propia experiencia, no ha oído comentar acerca de lo intolerable que resulta para nuestro paladar la comida que se expende en los restaurantes de Estados Unidos? Es opinión universal y no de unos cuantos”.  
 
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Anuncio de Burger Boy publicado el 29 de abril de 1973. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

Bolaños comentaba que lugares como Denny’s, Linny’s, Vip’s, Burger Boy y “otros qué imitan casi a la perfección la intolerable insipidez de los restaurantes estadounidenses” abrían cada vez más sucursales en el país ante el éxito obtenido.  

Otro columnista coincidía en la preocupación: “México va perdiendo su colorido gastronómico, derrotado en todas partes por las cadenas de restaurantes transnacionales, siguen sirviendo por tradición ‘pozole de oreja’ que ofrecen indiscriminadamente a su clientela con los ‘burger-boys’”, escribió Demetrio Bolaños en 1979.
 

Comercial de Burger Boy en los 70.
 
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Uno de los restaurantes de Burger Boy, en el cruce de Eje Central y la avenida Ricardo Flores Magón. Al lado de observa un local de pollos rostizados y tortas. Foto: Guía Turística de México.

Mientras los estómagos más cautelosos estaban concentrados en esa guerra gastronómica, los más aventurados se maravillaban con las hamburguesas “Unifante”, “Brontodoble” y “Dinotriple” o los “locopopotes” que había en Burger Boy.           
Cutberto frecuentaba esos establecimientos en los años 80, recuerda que había muchos niños como él y también adolescentes, en esos días no había área de juegos como en las hamburgueserías de hoy, a veces daban juguetes muy sencillos, por ejemplo, carritos o muñecos de dinosaurio. El postre era una galleta de chocolate.

Además, Burger Boy era anunciado por Chabelo y en la televisión había comerciales donde salían niños reales con caricaturas: “en su momento eso era una locura, un dinosaurio conviviendo con un niño, eso como niño te emocionaba mucho”, cuenta Cutberto.

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El famoso “Chamacón” de Burger Boy. Foto: Colección Villasana-Torres.
 

Comercial de Burger Boy en los años 80
 

Salma Hayek apareció en uno de los anuncios de Burger Boy en los 80.

A la par había otros establecimientos, como un lugar llamado Embers que se promocionaba para celebrar el Día del Niño en 1987: ofrecían 40 formas diferentes de hamburguesas, entre ellas la de ‘‘Zarzamora y chipotle”, la “Hawaiana” (con pan negro y jamón), la “Ole Burger” (guacamole con salsa mexicana), la “Mignon especial” (tocino, queso Oaxaca y cebolla dorada) o la “Pizza Burger”. También en la plaza comercial de Perisur estaba Fuddruckers, que invitaba a los clientes a preparársela al gusto.

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”Sí, ven a disfrutar ahora de ¡TU ESTILO PERSONAL DE HAMBURGUESA! EN PERSSUR. FUDDRUCKERS te invita a disfrutar de la hamburguesa más grande del mundo a ¡TU ESTILO PERSONAL!”. Foto: Archivo EL UNIVERSAL (16 de diciembre de 1988).

De acuerdo con Flavia Morán, académica del Colegio de Gastronomía de la Universidad del Claustro de Sor Juana, con las cadenas de comida rápida las hamburguesas encontraron a sus inseparables compañeros: papas y refresco.

El sabor setentero sigue presente en Mr.Kelly’s, un restaurante que sobrevive desde 1972, el  periodista Alonso Ruvalcaba dice que aún huele a grasa de res, tizne y la hamburguesa es igual a como eran hace 40 años: carne bien sazonada, con la acidez de un queso ligeramente amarillo y tocino crujiente, lechuga helada, cebolla y jitomate.

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Foto: Twitter Mr. Kelly’s

Sin embargo, para la socióloga Norma Escobar Martínez (entrevistada en este diario en 1998), el verdadero relleno que guardaban las hamburguesas era otro: “estatus y sabor a Estados Unidos”, razón por la cual ese alimento se enfocaba en niños y jóvenes.

“Ningún otro alimento ha sido jamás tan deseado en los antiguos países socialistas, donde las personas llegaron a formar grandes filas para poder conocer el sabor de una hamburguesa”, escribió el periodista Octavio C. Valdés en ese año.

La diplomacia de la hamburguesa

Un día de 1985 algo pasó en el Pedregal, en la Ciudad de México. De repente llegó a la colonia una multitud ansiosa de conocer la primera sucursal de McDonald’s en el país. La chef Flavia Morán lo recuerda bien: “era una fila interminable… hubo gente que sí se formó, eran filas de 24 horas…el chiste era entrar a comer a McDonald’s, vivir la experiencia”. La novedad duró meses. Era un fenómeno mundial que se multiplicó en los años 90.  
 
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En 1990 se vendía un restaurante portátil de McDonalds como juguete para los niños. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

El 3 de febrero de 1990, cuando ya había terminado la Guerra Fría, el reportero Salvador Castro escribió: “No sólo corazones, sino también países, e incluso enemigos, se conquistan a través de la comida. La ‘diplomacia de las hamburguesas’ alcanzó recientemente el éxito en el terreno más inimaginable posible hasta hace una década: inauguró el más grande de los establecimientos de la empresa de comida rápida McDonald’s en la capital de la Unión Soviética”.

Ese mismo año el escritor Benito Taibo M. publicó una columna en EL UNIVERSAL llamada ¡Arde París!: “A cada tres cuadras uno se encuentra inevitablemente con un restaurante rápido de hamburguesas con el conocido arco amarillo, día y noche atestado de norteamericanos que supongo deben sentirse como en casa. Me pregunto, para qué venir tan lejos si en Kansas debe haber exactamente lo mismo… de repente me siento en Disneylandia y no en la Ciudad Luz”.

Por su parte, el periodista Jorge De’ Angeli escribió en 1997 que la hamburguesa era el símbolo de la democracia, el individualismo y la vida sencilla a buen precio, “el ‘estilo de vida americano’ que tantos pueblos envidian y tratan de imitar no sería completo ni de todo concebible sin hamburguesas”.

La llegada de las grandes cadenas de hamburguesas a México trajo cambios en la manera de alimentarnos, la chef Morán explica que con ellas se promovió la estandarización de la producción, el sabor era el mismo en cada establecimiento; también comenzaron los centros de comida rápida y muchos de los establecimientos que ya existían implementaran el modelo de fast food estadounidense.

“Las hamburguesas sí están asociadas a fast food, pero también hay gourmet, hay enormes cadenas que venden hamburguesas…hay cantidad de lugares como ahora en México que venden hamburguesas”, dice la chef Morán.

Compara el antes y después deslizando la barra central (clic aquí para ver más grande)


En la imagen antigua se observa una de las “mundialmente conocidas hamburguesas” en 1989. En la fotografía del 2006 posa Miguel Zúñiga, creador de la hamburguesa más grande de México, en Cuautitlán Izcalli. Fotos: Archivo EL UNIVERSAL. Diseño web: José Rodrigo Romano Cortes.

Muchas de las clásicas hamburgueserías que existieron en los 70 no pudieron seguirle el paso a las trasnacionales y desaparecieron, como es el caso de Burger Boy y Tomboy.

Hoy los nostálgicos añoran volver a probar una “Brontodoble”, pero hace 40 años los paladares tenían otros recuerdos, como el columnista Demetrio Bolaños, quien escribió: “En nuestra vieja ciudad, apenas si recordamos que allá por los años 20, se podía comer bien y barato en los restaurantes de postín por un peso 50 centavos: una buena sopa, arroz con dos huevos, pescado, carne, fruta, helado y café o entrar a las cantinas de moda”.

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En la fotografía principal se observa un establecimiento de Burger Boy en la década de los 70, del Archivo General de la Nación.

Fuentes:

  • Hemeroteca EL UNIVERSAL
  • Entrevistas: Cutberto Enríquez y Flavia Morán.
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