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¿Cómo operaba la Inquisición en la Nueva España?

La hechicería, las blasfemias, la poligamia, la herejía, la idolatría, entre otras faltas hacia la Iglesia eran castigadas por el Santo Oficio de la Inquisición, cuyos integrantes se dedicaban a velar por la fe, pero ¿cómo surge y qué hacían quienes lo conformaban?
¿Cómo operaba la Inquisición en la Nueva España?
16/05/2020
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Texto: Yessica Torres
 
Durante la Colonia, la capital de lo que hoy conocemos como México, vivía dominada por las leyes eclesiásticas que se hacían cumplir a través de la Santa Inquisición y sus implacables acusaciones y castigos.

En las noches predominaba el silencio, de vez en cuando el ruido de herraduras de los caballos transitando por las calles, a determinadas horas los novohispanos se quedaban guardados en sus casas. En ocasiones, a altas horas de la madrugada, salían asustados de sus casas al sentir el movimiento de la tierra causado por algún sismo.

Transitar por aquellas calles coloniales implicaba encontrarse a cada momento desechos fecales humanos que eran arrojados por las ventanas de las casas, sin importar si personas pasaban por ahí en esos momentos. Bañarse tampoco se hacía con frecuencia, situación que provocaba la propagación de variadas enfermedades y parásitos.

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Los Novohispanos vivían dominados por las leyes eclesiásticas de la Iglesia. Los castigos de la Inquisición iban desde la hoguera, los azotes, hasta hacer servicio comunitario en los conventos u hospitales. Foto: Archivo EL UNIVERSAL

El interior de los templos católicos lucía obscuro, de lo único que emanaba luz eran las veladoras. Se escuchaba la música del órgano y, en lo alto del púlpito, el sacerdote daba el sermón explicando a los feligreses la importancia de guiarse a través de la moral.  Aquellos hombres que mostraban no seguir el camino del bien se enfrentaban a los duros castigos de la Iglesia.

 

El nacimiento del Tribunal del Santo Oficio

Con el matrimonio de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, España debía recuperar el prestigio ante una economía arruinada provocando en el reino robos y delitos de todo tipo. Para minimizar el desorden social se implementaron castigos ejemplares a quienes menos acataban las leyes divinas y humanas.

Entre todo el caos la Iglesia seguía siendo poderosa en el orden espiritual y material, por ello los reyes católicos recurrieron a ella para crear una institución que les permitiera recuperar y obtener el control del reino.

Por ello, en un documento expedido por el Papa Sixto IV en el año de 1478 a 1480 se autorizó a los reyes a crear el Tribunal del Santo Oficio para que actuara contra los practicantes de herejía, bigamia, supersticiosos y contra autores y lectores de libros que criticaran la doctrina cristiana.

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Había catálogos en los que se encontraban los títulos de libros y autores prohibidos, porque según el Santo Oficio incitaban a la herejía y al uso de la magia y hierbas. A los indios se les relacionaba con la idolatría y el uso excesivo de Peyote. Foto: Archivo EL UNIVERSAL

Con el descubrimiento del continente americano y la conquista de Hernán Cortes a México-Tenochtitlan, los españoles al tener contacto con los indios se percataron de su creencia en variados dioses y de las prácticas en nombre de estas deidades.

El primer paso ante la imposición de la religión católica fue bautizar a los naturales, pues se consideraba que no tenían alma.

El evangelizarlos no era suficiente para terminar con su idolatría porque estos cultos se realizaban a escondidas, incluso en la construcción de las iglesias hechas por indios enterraban pequeñas esculturas de sus dioses como símbolo de veneración, pero el problema ya no era solo el indio, sino también los negros, los criollos y mulatos y para controlarlos se necesitó el apoyo del Tribunal del Santo Oficio.

Se esperaba que la inquisición tuviera el mismo efecto que en España pero, de acuerdo con la doctora en Historia Solange Alberro, en la Nueva España no funcionó de la misma manera porque algunos territorios del continente americano no tenían tanta población.

Otro factor era la diversidad de lenguas habladas por los distintos grupos indígenas que en general no permitía la comunicación con los europeos y por la tardanza con la que llegaba la información por la dificultad de los caminos.

El doctor Jorge Traslosheros también escribe que no fue tan rigurosa como en España porque los indios no recibían la misma condena que los españoles, dado que se les consideraba  inútiles, bárbaros y miserables amados por Dios, pero con derecho a ser protegidos por los representantes de Dios en la tierra, es decir: la Iglesia y la corona española.

A pesar de los intentos de instaurar el tribunal del Santo Oficio en Nueva España, Gabriel Torres menciona que el primer experimento formal de inquisición en América fue en la zona central de Nueva España, en 1535.

Fray Juan de Zumárraga, recién nombrado obispo de México, también adquirió el cargo de inquisidor por delegación expresa del inquisidor general el arzobispo de Toledo, Alfonso Manrique.

Significaba que la autoridad de Zumárraga estaría regulada por el Consejo de la Suprema, el cual era el máximo órgano de la inquisición y como inquisidor tendría autoridad sobre otras diócesis y provincias de la naciente Nueva España.

De acuerdo con la historiadora Consuelo Maquívar y sus datos recaudados en el Archivo General de la Nación solo se tiene registro de 300 personas juzgadas y de ellas 43 sentenciadas a muerte en la hoguera. También detalló que 17 personas fueron ajusticiadas en el siglo XVI, en el siglo XVII 25 y una en el siglo XVIII y en el XIX no se encontró registro de los sentenciados.

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Todo acto perseguido por el Santo Oficio comenzaba por una sospecha, pero para cuidar la integridad de los acusados los testimonios se hacían en anónimo. Los casos no eran tratados al momento, incluso algunos tardaban años en resolverse porque no había el sustento económico. Imagen corresponde al Convento de la Merced, 1848, Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

 

Las piezas de toda una maquinaria

La Inquisición estaba bien planeada. Ya establecida, aplicaba a mestizos, africanos, mulatos, europeos en general y a todos aquellos que ya estuvieran bautizados.

El tribunal se encontraba ubicado en lo que hoy se conoce como la Plaza de Santo Domingo, en la esquina de Belisario Domínguez y Brasil. La inquisición tenía dos casas que servían como habitación a las personas que integraban el Santo Oficio, una se ubicaba en frente al convento de Santo Domingo y la otra en la calle de la Perpetua, lo que hoy en día se conoce como Belisario Domínguez. Para el siglo XIX, el edifico dejo de pertenecer a la inquisición para convertirse en la Academia de Medicina.

En historia mínima de la Inquisición de Gabriel Torres se relata la forma en la que estaba estructurada:
Había un portero, encargado de controlar el acceso al tribunal, la presentación de denuncias y también las solicitudes de audiencia con los inquisidores.

Al notario de secuestros se le encomendaba la cuenta de las confiscaciones y gastos de los reos. El alcaide tenía la responsabilidad de custodiar a los reos y evitar la comunicación entre ellos. Contaban con un maestro de obras, que se encargaba de mantener el edificio en buenas condiciones.

También había un médico y un cirujano para atender a los inquisidores, reos, cocineros y sirvientes tanto del tribunal como de las cárceles.

La doctora Solange también explica que los comisarios leían los edictos de fe, hacían visitas de distrito recibiendo las denuncias y las testificaciones. Los llamados familiares se comprometían a auxiliar al tribunal a cambio del fuero o protección que les dispensaba.

Los auxiliares eran laicos y eclesiásticos, alguaciles, correctores de libros, abogados, personas honestas. También se encontraban los consultores, a quienes se les llamaba para que externaran su opinión en distintos momentos del proceso.

Los calificadores o censores leían y detectaban errores dogmáticos en escritos y libros impresos, evaluaban en términos teológicos las faltas cometidas por los reos. El papel de los censores era determinar en última instancia la existencia de la herejía.

 

¿Qué casos se perseguían en la Nueva España?

El Santo Oficio perseguía casos en los que se presumía el uso de magia, la lectura de libros calificados como prohibidos, personas que consumían plantas o usaban procedimientos indígenas como peyote, a quienes realizaban fiestas rindiendo culto a altares o tenían prácticas que no eran bien vistas por la Iglesia.

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Dibujo de Diego Rivera acerca de la Inquisición en nuestro país. Uno de los castigos era la hoguera que se consideraba como el más severo, pero no lo realizaba la Iglesia, porque los religiosos no podían manchar su prestigio con el derrame de la sangre, solo se encargaban de dictar la sentencia y el poder civil era el encargado de ejecutar el castigo. Foto: Agencia EFE.

En el libro Inquisición y sociedad en México, 1571-1700, también se escribe que en la instauración en México hubo aproximadamente 12 mil casos a proceso, en su mayoría eran delitos religiosos como blasfemias, reniegos, poligamia, bigamia, dichos contra la castidad, la virginidad y la pureza de la Virgen María, idolatría, el pedir favores sexuales durante la confesión, herejía, basado en el uso de la magia y las hierbas. Le seguían los robos, el asesinato y el estupro.

Algunos castigos correspondían a las penitencias espirituales, basadas en oraciones en días determinados, asistencia a misa pública hasta el adoctrinamiento, reclusión o trabajo obligatorio en hospitales y conventos.
Con relación a los bienes materiales, las penas consistían en multas conforme a las posibilidades económicas del reo. Otra era la vergüenza pública que afectaba el honor a base de recorridos mientras se daban azotes al reo y se pregonaban sus delitos.

Algunos pecadores eran expuestos con el cuerpo lleno de miel y emplumado, otro era el destierro en el lugar donde habían cometido el agravio, mismo que iba de los 6 meses a los 10 años y los más graves se castigaban con la hoguera. Cada pena era de acuerdo al sexo y la edad.

 

El identidad oculta de los testigos

De acuerdo con Eduardo Galván en El secreto de la inquisición española, en la Nueva España todo cristiano tenía el deber de denunciar ante los tribunales del Santo Oficio de la Inquisición.

Desde un principio se rechazaban las denuncias anónimas, para que procedieran debía de aparecer el nombre y apellidos del denunciante. Se tomaban los dichos de los hombres que se consideraban más fidedignos e íntegros. Posteriormente, se recogían testimonios para saber si tenían antecedentes en otros tribunales. 

Al principio se basaba en la sospecha para comenzar a actuar, pero se avanzaba en secreto porque si el caso no resultaba cierto, se buscaba siempre que la honra del presunto no quedara manchada.

Los trámites también eran en secreto para que el reo no estuviera prevenido cuando lo fueran a interrogar, para que no falsificaran su testimonio ante el tribunal o no huyeran.

En cuanto a los testigos, su identidad tenía que estar oculta, porque muchos tomaban represalias, ya que actuaban de acuerdo a enemistades u odio. Tampoco se publicaba el nombre de los colaboradores porque resultaban muertos o heridos. Se necesitaba cuidar la integridad física de los oficiales y el honor de los inquisidores.

Solange Alberro explica que la Inquisición no tuvo el mismo efecto en la Nueva España, que en España: los territorios del continente americano no tenían para ese entonces algunas tierras tan pobladas. Otro factor era la diversidad de lenguas habladas por los distintos grupos indígenas y por la tardanza con la que llegaba la información.

La herejía era el acto que se consideraba como la máxima ofensa en contra de la Iglesia, se condenaba a la hoguera o los azotes. El robar, la bigamia y la blasfemias se castigaban con plegarias o trabajos que beneficiaran a la ciudad, como el ayudar en hospitales y conventos.

El quemadero se encontraba cerca de la iglesia de San Hipólito de la alcaldía Cuauhtémoc, cerca de la alameda central.

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Sí los censores determinaban que la persona era hereje, los condenaban a la hoguera. La Inquisición en el siglo XVI estableció junto a la hoy Alameda Central y frente al que era Templo de San Diego el “Quemadero”, lugar en el que se percibía el olor a carne humana quemada de los hombres que eran condenados a la hoguera. Foto: Archivo EL UNIVERSAL ILUSTRADO

 

Algunos casos del Archivo General de la Nación

Los esclavos del México Novohispano, aunque de sangre pura, por su sola condición social no tenían ninguna posibilidad de clemencia. El pesado trabajo los llevaba a renegar de Dios y de los santos en momentos de abusos por parte de sus amos y como escapatoria o esperanza recurrían a la hechicería.

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A los esclavos de origen africano por su condición social se les relacionaba con mayor frecuencia a los actos de hechicería. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

Un caso documentado es el de una esclava de origen africano de nombre Marta que fue acusada en el Santo Oficio de la Inquisición por Gonzalo Guerra. Él por descargo de conciencia y no por odio aseguró en los tribunales que Marta había realizado hechizos con orejas de conejo, uñas de gallina, agua y con un libro con un Jesús doblado a la mitad.

Veintinueve días después de este señalamiento y reuniendo la información necesaria, se aprehendió a la esclava para llevarla a la cárcel donde inició el proceso de confesión: Se le preguntó su nombre, si era cristiana y de quién era esclava. También declaró todos los actos en los que había participado.

El primero de esos actos se relacionó con una mujer llamada María de Armanta, la cual quería casarse. Marta realizó un hechizo con una botija de vino, dos mantas, una camisa y unas naguas.

El segundo acto fue solicitado por otra esclava de nombre María Espinoza quien buscaba su carta de libertad, le pidió una camisa y vino para poder realizar el conjuro. Entre tantas interrogaciones del Santo Oficio, se delataron a otros hechiceros como el indio Cuatzemun él le recomendó  polvos de raíces de hierbas que debía poner en la cama y la camisa de su amo para que la trataran bien y que al final aseguró que funcionó porque la trataron como a una hija.

Después de los testimonios Martha fue sentenciada el 9 de julio de 1537 y fue llevada por el alguacil Pedro de Medillina de la cárcel en la que estaba presa a la iglesia mayor de la ciudad de México.

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Ilustración de la Catedral de la Ciudad de México durante la Colonia en una procesión del jueves de Corpus. EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

Debía llevar una corona pintada en la cabeza, una candela en las manos e ir descalza. Ella misma leyó su sentencia delante de toda la gente en aquel acto público y también prometió no volver a realizar hechizos, ni decir que los sabía hacer.

Fue encarcelada aproximadamente dos meses, tiempo en el que se reunieron las pruebas en su contra, después de ese tiempo la sacaron con una corona pintada en la cabeza, llevada en un caballo atadas las manos y la garganta, con una soga fue llevada por las calles y tianguis de la ciudad, dándole 200 azotes con voz de pregón, como un ejemplo de lo que no se debía hacer.

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Los castigos iban desde rezos hasta morir en la hoguera. Fotos de EFE y de EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

 

Otro caso, el de Francisca

El Archivo General de la Nación, en el ramo de inquisición, relata también el caso de Francisca, la esclava negra de Luis Marín quien fue condenada por el Santo Oficio. La sacaron de la cárcel en la que se encontraba, cabalgando en un asno, atada de manos y pies, con una soga en la garganta y una trusa en la cabeza y también recorrió los tianguis de la ciudad, pregonando el delito para que sirviera de ejemplo, le dieron cien azotes en su espalda desnuda.

Su sentencia se relacionó con la participación de Luisa Rodríguez, quien según los documentos, se encargó de dar a un hombre un pedazo de carne con el que realizó un pastel, agregando vino mezclado con un poco de sangre de su purgario. El hechizo tenía el objetivo de "amarrar" a un hombre.

 

La manutención del Santo Oficio

De acuerdo con la Historiadora Gisela Von Wobeser, el Tribunal contaba con diferentes ingresos económicos cuidados por una administración que tenía por nombre el Real Fisco de la Inquisición. El mayor ingreso los obtuvo de los préstamos a terceros. Recibían las canonjías de las diócesis de la Ciudad de México, Oaxaca y Puebla, las cuales eran una parte del diezmo.

También obtenían recursos provenientes de las limosnas, las cuales eran aportaciones de fieles como muestra de su devoción y de obras pías otorgadas por personas de un nivel social alto. Otro ingreso emanaba de las confiscaciones de bienes que les hacían a los reos y si las personas al momento del juicio resultaban inocentes se les regresaba solo un poco, porque la otra parte se les cobraba de mantenimiento.

Gisela von Wobeser también explica que el Real Fisco administraba los bienes de las cofradías de San Pedro Mártir, la función de las cofradías era crear fondos para hacer actos de beneficencia. El dinero obtenido servía para financiar el sueldo de todos los integrantes del Tribunal, el mantenimiento de los edificios y para las misas.

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Imagen del edificio donde se estableció la Santa Inquisición y luego fue la Escuela de Medicina. La imagen es de los años 20. Colección Villasana/Torres.

 

El fin del Tribunal de la fe

Con la llegada tardía de la Ilustración a América, los inquisidores se dedicaban a perseguir a hombres y mujeres que aceptaban las ideas de la ciencia dejando, en la mayoría de los casos, en segundo término los relacionados con la religión.

La Iglesia comenzó a ser cuestionada y poco a poco perdió credibilidad ante la sociedad. El santo Oficio como regulador de la fe, fue el más cuestionado por los métodos empleados.

Después de haber ejercido terror sobre la sociedad novohispana por casi tres siglos, la Inquisición comenzaba a debilitarse y años antes de consumarse la Independencia de lo que hoy conocemos como México, se comenzaron a presenciar algunas insurrecciones en contra del régimen, para controlarlas y minimizar el problema se decretó el fin  del Tribunal del Santo Oficio en las sesiones de las Cortes de Cádiz a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Muchos años después, en la basílica de San Pedro del Vaticano, el Papa Juan Pablo II, pidió perdón el 12 de marzo del año 2000, por los pecados cometidos por los miembros de la Iglesia durante casi dos mil años de historia. Durante la misa especial se leyeron las faltas cometidas que formaban parte de un documento llamado La Iglesia y las culpas del pasado, hacer memoria para reconciliarse.

Por cada falta los cardenales y obispos encendieron velas frente a un crucifijo del siglo XVI, el Papa lo besó como símbolo de penitencia y veneración. El cardenal Joseph Ratzinger, también pidió a los peregrinos y religiosos que confesaran ante los métodos no evangélicos como la Inquisición, en el que los responsables en ese momento no actuaban con tolerancia y no seguían el mandamiento del amor.

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También se recalcó que la Iglesia como institución le ha faltado al respeto a los derechos de las etnias, despreciando sus culturas, haciendo alusión a la conquista. El cardenal Roger Etchegaray, presidente del Comité Vaticano por el Jubileo Año 2000, preciso que el pedir perdón no era una autoflagelación.
 

Comparativas de la Plaza de Santo Domingo en los años 40 (izquierda, de la colección Villasana-Torres) y vista nocturna en 2008 (derecha, archivo/EL UNIVERSAL). 

El Santo Oficio durante la época colonial fue un instrumento que le permitió a la Iglesia como institución tener el poder político y económico, para los integrantes del catolicismo era necesario hacer uso de métodos severos para mantener la paz y el control de la sociedad. Los métodos iban dirigidos a la vergüenza social, porque en esos años lo importante era el honor que provenía de la familia a la que pertenecías.

Al principio los casos que se llevaban a juicio provenían de chismes y de mentiras, por eso fue necesario reestructurar la institución para que no se acusaran a otros injustamente. La Inquisición decayó por las ideas de la ilustración, provocando una crisis interna en la Iglesia.

Fuentes:
Archivo General de la Nación, ramo de la inquisición. La paleografía de los documentos fue realizada por la licenciada en Historia Valentina Lotfe Montes de Oca
Alberro Solange, Inquisición y sociedad en México, 1571-1700, Fondo de cultura económica, México, 1988.
Eduardo Galván, El secreto de la inquisición española, España, Campillo Nevada, Universidad de las Palmas de Gran Canaria.
Torres Gabriel, La Inquisición, México, El colegio de México, 2019.
Traslosheros, Jorge, Estratificación social en el reino de la Nueva España, siglo XVII,
 Wobeser Gisela, La inquisición como institución crediticia en el siglo XVIII, UNAM.