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Carlos Mérida, el rebelde que rompió las reglas del muralismo tradicional

Mochilazo en el tiempo

El artista guatemalteco Carlos Mérida destacó por alejarse de los estándares del muralismo mexicano y buscar un arte universal. Entre las décadas de 1940 y 1950 consolidó su estilo a través de formas geométricas, colores claros, líneas rectas y temas prehispánicos. Su obra más significativa se encontraba en el Multifamiliar Juárez, desaparecido tras el sismo del 85

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Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez

Las expresiones artísticas en la Ciudad de México han ido cambiando a lo largo de la historia; fue hasta el movimiento llamado “Muralismo Mexicano” que se empezó a establecer, de forma oficial, la tendencia de crear murales en instancias públicas en los que se representaban pasajes de gran relevancia para la sociedad.  

De acuerdo con Louise Noelle, entre los elementos del muralismo tradicional mexicano están: "realizar una obra eminentemente nacional y que expresara los valores autóctonos tanto en su aspecto como en su espíritu, así como la búsqueda de una adecuada realización técnica, y la correcta colocación y proporción del mural con respecto al espacio arquitectónico", aunado al predominio del mestizaje y una militancia —o cierta cercanía — en los partidos de izquierda de la época.

De esa época devino un concepto que poco a poco se fue alejando de los ideales del muralismo tradicional —protagonizado por personajes o situaciones reconocibles o específicas, que en muchas ocasiones, seguían la tendencia política o ideológica de quien pagaba por él—: la integración plástica o de arte público.  

Iñaki Herranz, curador, gestor cultural y docente, comenta para EL UNIVERSAL: “un mural u integración de arte público busca generalmente a través de su colorido y/o de su simbolismo mejorar la calidad de vida a través de alegrar el estado anímico de las personas, enaltecer el sentimiento de pertenencia a un grupo y lugar, generar localidad a través de arraigo a esa obra, hacerlo sentir orgullo por dicho patrimonio artístico local, (...) pero dichas expresiones pueden no concordar totalmente con los valores locales, incluso herir susceptibilidades de los espectadores, degradar el entorno visual (...) Es por eso que al final el arte público es un terreno tan complejo y difícil, tan poético como polémico. Tiene tanto potencial benéfico como de reacciones adversas”.  

La búsqueda de un arte universal

Uno de los artistas que se atrevió a romper, de manera paulatina, con las reglas del muralismo tradicional fue Carlos Mérida (Guatemala, 2 de diciembre de 1891 - Ciudad de México, 21 de diciembre de 1984), quien llegó a territorio nacional en el apogeo del Muralismo Mexicano y que fungió como ayudante de Diego Rivera en 1922 en el mural La creación, en el Anfiteatro Bolívar al interior del Antiguo Colegio de San Ildefonso.  

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El artista Carlos Mérida en 1974. Foto: cortesía Bob Schalkwijk.

En una investigación, Louise Noelle narra que, contrario a ciertos murales que estaban en el espacio público —hechos con materiales de pintura—, los creados por Mérida tuvieron “una realización técnica novedosa, que buscaba su permanencia” en el uso de materiales modernos, vinílicos, concreto y plásticos y, en muchos casos, fueron ejemplos pioneros. 

Mérida destacó por su constante búsqueda de un arte universal alejándose de los estándares del Muralismo Mexicano y, entre las décadas de 1940 y 1950 fue consolidando su estilo en la creación de obras desde una perspectiva “geométrica, con colores claros y líneas rectas” que facilitaban enfatizar lo que él quería transmitir con sus murales, algunos de ellos inspirados en temas prehispánicos teniendo como base textos o códices, en especial en el Popol-Vuh

Alrededor de 1948, Mérida tuvo cercanía con el arquitecto Homero Martínez de Hoyos con quien colaboró con un relieve de piedra para una casa en San Ángel —que ya no existe— y que le presentó a los también arquitectos Mario Pani y Enrique del Moral; con los tres, Mérida creó gran cantidad de murales que, tristemente, fueron destruidos junto con las edificaciones para los que fueron hechos.

Por las leyes mexicanas, no se pudo salvaguardar su obra

En su artículo Los murales de Carlos Mérida. Relación de un desastre, Louise Noelle escribió que a pesar de la relevancia que tuvo la obra de este artista en la capital y el país, lo que realizó para estar en un espacio público no pudo ser protegido de manera directa por el gobierno ya que Mérida nunca se nacionalizó como mexicano y las leyes vigentes en ese entonces sólo permitían salvaguardar cierto tipo de arte o arquitectura creado por mexicanos y, también, en ciertos períodos específicos de tiempo. 

De acuerdo con la investigación realizada por Loise Noelle y otra encabezada por Iñaki Herranz, entre los murales que Mérida hizo para edificios capitalinos que desaparecieron están: los elaborados para Mario Pani en 1949 en la creación de los murales esmaltados —considerados los primeros abstractos en México— de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos en la esquina en la que hoy se encuentra el hotel Le Meridien Mexico City y el pintado en 1950 con motivos zoomorfos en la guardería del Multifamiliar Miguel Alemán (el mural de Mérida estaba dentro de este multifamiliar que aún existe, pero es mejor conocido como Centro Urbano Presidente Alemán "CUPA", en la Alcaldía Benito Juárez).

Compara el antes y el después deslizando la barra central (clic aquí para ver más grande)

El Multifamiliar Miguel Alemán, poco después de su construcción en 1949. Este conjunto, planeado por Mario Pani, fue el primero de su tipo en México; al frente se aprecian el área de juegos infantiles y la guardería, que estaba decorada con un friso del muralista Carlos Mérida, hoy desaparecido. Crédito: Guillermo Zamora en "Mario Pani" / Colección Villasana – Torres y Google Maps. Diseño web: Griselda Carrera.

Asimismo, están los murales realizados para el Museo Experimental el Eco, bajo encargo de Mathias Goeritz —el museo aún existe, está ubicado en James Sullivan 43, colonia San Rafael—; algunos realizados para casas privadas, uno en la Torre Insignia —en la esquina de las avenidas de los Insurgentes y Ricardo Flores Magón, en Tlatelolco, que se arruinó por la sustitución de materiales— y su primer mural en el país para la Secretaría de Educación Pública al interior de una de sus bibliotecas públicas en 1923.
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La Torre Insignia tuvo un mural de Carlos Mérida que se perdió cuando le instalaron un mosaico nuevo que lo afectó. En esta toma de alrededor de 1970 se puede apreciar la pintura y su entorno; el edificio, obra del arquitecto Mario Pani fue inaugurado en 1964 y durante mucho tiempo fue la sede del banco Banobras; a la izquierda se ven el Puente de Nonoalco, la colonia Atlampa y las vías que hoy ocupa el Tren Suburbano. Colección Villaana - Torres. 

El mural que desapareció tras el sismo del 85

 
Un gran ejemplo de estos murales que desaparecieron fueron los que estaban en el Centro Urbano Presidente Juárez (Multifamiliar Juárez), entre las calles de Toluca, Huatabampo y Antonio M. Anza en la colonia Roma, construido entre 1950 y 1952 bajo el liderazgo de Mario Pani y Salvador Ortega. Constaba de 984 departamentos distribuidos en 19 edificios: los “A” de 12 pisos; los “B” de nueve; los “C” de seis y los “D” de cuatro, que son los únicos que permanecen en la actualidad. 

Según Louise Noelle, en los murales que integraban este complejo había “una coordinación extraordinariamente feliz, de una integración rara vez obtenida ... verdadera armonía".  

Para este conjunto habitacional, Mérida utilizó como base el concreto, para que se pudiera integrar con facilidad a los muros y persistiera para el disfrute de los habitantes: “los paneles se encontraban en las fachadas de algunos edificios, en las azoteas de otros, en las escaleras exteriores de algunos más, en la guardería infantil y finalmente en el paso a desnivel, como un acercamiento al automovilista y al público en general.” 

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Vista de los edificios del Centro Urbano Presidente Juárez en la década de los cincuenta. En la parte inferior se aprecia la calle de Orizaba, con el paso a desnivel que atravesaba el conjunto, y también destacan los relieves de Carlos Mérida que adornaban las fachadas. Esta unidad habitacional fue inaugurada en 1952. Colección Villasana - Torres.

También lee: El Multifamiliar Juárez, la "majestad de la arquitectura" que se cayó en el 85

En estos murales, el artista representó ocho diosas de leyendas prehispánicas que tuvieron como inspiración el libro Popol-Vuh o Relación de Texcoco en los techos del edificio de 13 pisos, mientras que en los paneles de la fachada estaba plasmada la leyenda de los cuatro soles; en las escaleras exteriores de cinco edificios había figuras de dioses prehispánicos que “subían las escalinatas de un templo moderno”; cada zona común tenía decoraciones ad hoc para su uso. Lamentablemente, el multifamiliar fue demolido tras el terremoto de 1985.  

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 Vista de uno de los murales al interior del Centro Urbano Presidente Juárez en el artículo de Louise Noelle.  

El fotógrafo Bob Schalkwijk nos compartió en entrevista el siguiente recuerdo sobre el Centro Urbano Presidente Juárez: 
 
“Después de la devastación ocasionada por los sismos de 1985, fotografié una de mis comisiones más significativas. El registro de la demolición de los edificios que formaban parte del Centro Urbano Presidente Juárez, decorados con unos diseños fantásticos de Carlos Mérida, a quien había conocido años atrás. 

“Tomé muchas fotografías de los edificios dañados, de los sobrevivientes tratando de rescatar algunas de sus pertenencias, de su desolación y de la demolición con la que terminó la historia de este gran centro urbano y de la mejor obra de integración plástica realizada por Mérida. 

“También fotografié un mural de Xavier Guerrero, que estaba sobre los elevadores del edificio A, como el edificio estaba en muy mal estado, las personas que lo resguardaban me dejaron pasar bajo mi propio riesgo. Tuve miedo, pero sabía que iba a fotografiar el último testimonio de la obra antes de que el edificio fuera demolido. Estas fotografías son muy especiales para mí, representan muchas historias. Me siento muy satisfecho de haber realizado ese trabajo y compartirlo con quien no las conoció.” 

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 Demolición del Centro Urbano Presidente Juárez en octubre de 1985. Cortesía Bob Schalkwijk  

No todo está perdido

Sin embargo, no todos los murales de Mérida para el espacio público se perdieron; como algunos estaban dentro de locales o empresas, sus dueños decidieron retirarlos con la intención de resguardarlos e integrarlos a colecciones artísticas, como uno que estaba en un bar llamado Los Eloines y otro que estaba en la barda exterior de la fábrica de Bujías Champion alrededor de 1967 al norte de la Ciudad de México, mismo que la empresa donó a la UNAM desde marzo de 1987 y que fue ubicado sobre la Avenida de los Insurgentes en un sitio que eligió el mismo Mérida y que indica la entrada al Centro Cultural Universitario.

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El mural “Abstracción Integrada” de Carlos Mérida está en una de las entradas a Ciudad Universitaria, muy cerca del Centro Cultural Universitario. Crédito: UNAM / Google Maps. 

Para Iñaki Herranz con el Centro Urbano Presidente Juárez “se perdió la obra que el propio Carlos Mérida consideraba como quizás la más importante de toda su carrera”. El artista no supo del derrumbe de la unidad ya que falleció meses antes del terremoto de 1985, que arrebató cientos de vidas y la desaparición de varios multifamiliares en la capital.  

Manuel Valdespino, cronista de la Alcaldía Tlalpan comenta que en la actualidad hay dos torres con los murales de Carlos Mérida, una más alta que otra y, de acuerdo con su conteo son 24 bloques. Las torres están ubicadas sobre la Avenida Fuentes Brotantes, casi esquina con avenida Miguel Hidalgo. 

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Murales de Carlos Mérida al interior de la Unidad Habitacional Fuentes Brotantes; Manuel Valdespino, León Celis y Manu Printster, cronista y vecinos de la zona, compartieron estas imágenes para el Gran Diario de México.  

Los materiales que Carlos Mérida utilizó en su obra, como el mosaico, el mármol y el concreto, respondieron a su visión de unificar a la pintura con la arquitectura y, con ello, a que los residentes o visitantes de un sitio pudieran disfrutarlo.  

Iñaki Herranz explica que si bien es cierto que las expresiones artísticas en el espacio público tienen impacto en nuestro estado de ánimo, es necesario que éstas —los murales, esculturas, entre otros— se adapten u ofrezcan una óptica del pasado viéndolo desde las necesidades o intereses de la sociedad actual.  

La fotografía principal es una postal de un día cotidiano al interior del Centro Urbano Presidente Juárez, también conocido como “Multifamiliar Juárez”, poco antes de su demolición en 1985. Cortesía Bob Schalkwijk.   

Fuentes:   

  • Bob Schalkwijk, fotógrafo. 
  • Iñaki Herranz Margain. Curador, gestor cultural y docente. Historiador del Arte por La Sorbona; Maestro en Museología por l’École du Louvre. 
  • Manuel Valdespino, cronista de la Alcaldía Tlalpan.  
  • Artículo “Los murales de Carlos Mérida. Relación de un desastre” de Louise Noelle, UNAM, 1987. 

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