Bob Schalkwijk, el fotógrafo holandés del México que ya no vemos

Mochilazo en el tiempo

La lente de Bob Schalkwijk capturó desde muy joven las costumbres de México. La alegría de la gente, el colorido de sus vestidos y su clima lo convencieron para quedarse a vivir en nuestro país. Sus imágenes hoy son testimonio de una metrópoli que algunas generaciones recuerdan y que otras ya no conocieron: sismos, verbenas y hasta guajolotes que paseaban en venta por las calles

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Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez

Durante las festividades la Ciudad de México se llenaba de colores, no sólo por las tradicionales luces que en diciembre iluminaban las principales calles, parques o avenidas de la capital, sino por las verbenas en las que familias enteras se divertían entre globeros o la diversidad de puestos que las siguen identificando hasta el presente, por supuesto, antes de la pandemia.

En entrevista en el jardín de su casa ubicada en el corazón de Coyoacán, el fotógrafo Bob Schalkwijk nos cuenta la increíble experiencia que vivió al estar capturando con su lente toda la magia en la Alameda Central, como la llegada del Año Nuevo, a mediados de los años 60. Sus imágenes son un testimonio gráfico de aquella época y una ventana al pasado de momentos que vale la pena recordar.

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Una noche de la Alameda en diciembre de 1964; Bob salía con varias cámaras a capturar la esencia de las calles de la capital. Crédito: Bob Schalkwijk.

Escenas como esa cautivaron no sólo la mirada, sino también el corazón de Bob Schalkwijk, originario de Holanda y radicado en México desde hace 62 años. A pesar de que la fotografía ha sido su pasión desde sus primeros años, nunca imaginó que sería la profesión a la que se dedicaría.

Llegó a México después de estar en Estados Unidos y Canadá, países en los que vivió por unos meses debido a que tenía la intención de estudiar ingeniería petrolera. Junto con un amigo holandés tomó su carro en dirección al municipio de Ajijic, en Jalisco, porque en un artículo vieron que se podía vivir “bien” con menos dinero que en esos países (150 dólares).

Bob y su amigo tenían alrededor de 24 años cuando llegaron al país y, como todo joven, buscaban un sitio donde pudieran tener acceso a diferentes cosas, por lo que decidieron bajar a la Ciudad de México en vez de quedarse al norte:

“Llegamos y casi no tomé fotografías, porque soy aficionado a la fotografía desde los 13 años, tenía una camarita chiquita y me fascinó. Fuimos al Centro y pensé 'qué bonito' y en la calle de Brasil encontramos un hotel —un poco de segunda, o tercera— pero no nos importaba y el segundo día fuimos a la Embajada de Holanda para saber si conocía a alguien que viviera aquí”.

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“La Torre Latinoamericana (Augusto H. Álvarez/ Leonardo Zeevaert, 1956) atestigua la frenética actividad comercial de la Alameda Central durante la temporada navideña”. Crédito texto y fotografía: Bob Schalkwijk.

Le comentaron que en el país también radicaba una joven de nombre Sonia, quien resultó ser amiga de su hermano mayor; se reunió con ella y su mamá, cuando terminaron de tomar el té, ella lo invitó a una fiesta a la casa del que sería su mejor amigo.

A partir de ese momento Bob se empezó a integrar con la comunidad de extranjeros en la capital y empezó a viajar por México.

Regresó un par de meses a Estados Unidos luego de que lo aceptaron en la universidad para estudiar ingeniería petrolera, donde empezó a tomar cursos de cine y, un día, decidió que México era el país en el que quería vivir y, como forma de generar un ingreso, se dedicó a tomar fotografías de fiestas o retratos infantiles:

 “En Holanda la ropa era gris, aburrido y yo estaba acostumbrado a eso. Llego aquí y toda la gente está vestida de diferentes colores y cuando llegabas a la Alameda con varios globeros con muchos globos y la luz, sólo pensé 'fantástico' después conocí Garibaldi y lo mismo. Yo creo que aquí hay muchos 'lujos', como el clima, la alegría de la gente, la música… Me encantó y me volví fotógrafo”, compartió Bob.

Compara el antes y el después deslizando la barra central (clic aquí para ver más grande)

Verbena de Día de Reyes en la calle de Corregidora, Centro Histórico, en los años sesenta. Fotos: Bob Schalkwijk y Google Maps. Diseño web: Alejandro Sandoval.

Esperar y captar el momento

El español lo fue aprendiendo poco a poco y a unos años de su llegada, en 1964, obtuvo su primera comisión para tomar fotografías de la capital para el libro México City de la serie Famous Cities of the World, con 40 mil ejemplares.   

Para cumplir con el trabajo, Bob llegaba desde temprano a los sitios que quería retratar con varias cámaras en su cuello —todas tenían distintos rollos: blanco y negro para el día y para la noche (con mayor sensibilidad) y otra con rollo a color— y esperaba, ya que a diferencia de la cámara digital actual, en ese tiempo sólo tenía 36 oportunidades por rollo para capturar la esencia del oficio, plaza, parque, ruina, edificio o colonia.

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“En el Centro Histórico de la Ciudad de México siempre se encuentran situaciones para fotografiar. Cuando recorremos sus calles hay que tener los ojos abiertos. Este cargador o 'diablero' tomando una merecida siesta, entre el tráfico y los transeúntes, es otra de mis fotografías favoritas”. Crédito texto y fotografía: Bob Schalkwijk.

De las 8 mil fotografías que obtuvo sólo se publicaron 194 en el libro distribuidas en los capítulos: "Las Raíces de México", "Pueblitos dentro de la capital", "Ciudad de palacios e iglesias", "El México Moderno", "Parques, avenidas, monumentos" y "La Ciudad Palpitante".

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 “La historia de México se concentra en el Centro Histórico capitalino, un área que mide menos de 10 km2. Comencé a fotografiar sus calles y "su vida" desde antes que tuviera la comisión para hacer "Mexico City", pero debido a este trabajo, hice un gran esfuerzo para capturar sus monumentos”. Crédito texto y fotografía: Bob Schalkwijk.

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“Las fotografías del libro Mexico City (Spring Books, 1965) son prácticamente todas en blanco y negro. Además de la portada, muy pocas fotografías a color se publicaron en el libro. Desde muy joven he tomado fotografías en color y estando en México, que está lleno de colores, ¿cómo no hacerlo? Esta fotografía de la Catedral, con esas nubes y la mujer caminando a mitad del Zócalo, tenía que ser una fotografía en color.” Crédito texto y fotografía: Bob Schalkwijk.

En esas páginas está el registro de una Ciudad de México que varias generaciones recuerdan y que muchas otras ya no conocieron; la capital antes de: los sismos y sus lamentables consecuencias; de 1968; con fiestas o verbenas tradicionales o de los oficios donde, en época decembrina, había vendedores de guajolotes recorriendo las calles de la colonia Roma.

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“Siempre atractivos, los mercados mexicanos adquieren un mayor encanto en la temporada navideña. Ir al mercado a ver los puestos con frutas, dulces, adornos de temporada y piñatas, continúa siendo uno de los placeres navideños”. Crédito texto y fotografía: Bob Schalkwijk.

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En esta postal de la Avenida Juárez, se puede notar la iluminación tanto en la calle como en las copas de los árboles de la Alameda Central, que junto con los globos, hacían que esta zona de la capital se pintara multicolor en los años sesenta. Crédito de imagen: Bob Schalkwijk.

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Tal y como se hacía en las épocas previas a la pandemia, familias enteras visitaban el Centro Histórico de la capital para disfrutar del alumbrado público y de los aparadores de las tiendas con las ofertas que tenían para la temporada decembrina. Crédito de imagen: Bob Schalkwijk.

A lo largo de sus 62 años como fotógrafo se ha dado cuenta de que hay dos tipos de personas al momento de tomarles una foto: aquellos que se dejan retratar y aquellos que preguntan “¿para qué tanta foto?”.

Digitalizar el pasado

Desde hace un par de años que, junto a su equipo de trabajo, han digitalizado y puesto a la vista del público su archivo, han recibido noticias sobre los familiares de quienes aparecen en las fotografías.

Un ejemplo en específico es justo el nieto de un vendedor de guajolotes quien les contó que su familia vivía en el Estado de México, que la tradición de vender estas aves en temporada decembrina venía de su tatarabuela y que uno de los niños que aparecía en esa foto era su abuelo y les mandó fotografías para corroborar su identidad.

Tanto para Bob como para su equipo recibir esas historias son un tesoro, ya que se genera comunidad y un sentido de pertenencia.

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Una familia lleva sus guajolotes por las calles de la ciudad en 1963. Se trata de la esquina de Cuauhtémoc y Chihuahua, en los límites de las colonias Roma y Doctores; al fondo, el cine México anuncia las cintas "Mercado de amor" y "Cri-Cri el grillito cantor". El edificio que se ve a la izquierda aún existe y también la cantina La Ribera. Crédito de imagen: Bob Schalkwijk.

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Una globera promocionando sus globos en la Alameda Central una noche de diciembre de los años sesenta. Crédito de imagen: Bob Schalkwijk.

En su colección existen algunos retratos de policías capitalinos en compañía de regalos que los ciudadanos o algunas empresas daban en temporada decembrina: “eso es algo que ya no se ve” y comenta que, un día cuando veía esas fotografías con su equipo, platicaron no sólo sobre los cambios que ha tenido la ciudad, sino también los que hemos tenido como sociedad.

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Un agente de tránsito posa junto a su estufa, en una de las calles del Centro Histórico durante los años sesenta. Crédito de imagen: Bob Schalkwijk.

Fotografías históricas

Bob ha tenido diversas experiencias como fotógrafo que han sido significativas en su vida; como sus viajes a la Sierra Tarahumara, que visitó por primera vez en sus primeros años en México y a la que ha regresado en diversas ocasiones, comparte:

“He reflexionado varias veces en lo que yo viví con los tarahumaras y he llegado a la conclusión de que en la ciudad llevamos una vida bastante superficial, corremos aquí y allá, nos sentimos obligados a hacer ciertas cosas y se nos enreda la vida de tal manera que ya no hay tiempo de pensar. De las fotos que he tomado a lo largo de mi vida, las que más me satisfacen, de plano, son las de la Tarahumara, quizás porqué allá viví en otra dimensión. Nunca pensé en medias horas, en compromisos de agenda, (...) la pregunta acerca de la hora se diluyó en el tiempo”.

Otra de sus satisfacciones ha sido poder retratar figuras prehispánicas como el vaso de cristal de roca de la Tumba 7 en Monte Albán, Oaxaca; para él poder conocer, tocar y mover piezas de la época prehispánica es un privilegio indescriptible.

Y, entre los retos que ha tenido que resolver ha sido poder tomar fotografías de los murales de los Grandes Maestros, tanto por su tamaño como por el espacio en los que se encuentran.  

 
Bob Schalkwijk saludando a sus seguidores el día de su cumpleaños, en mayo de este 2020.

Para Gina Rodríguez, curadora e historiadora de la fotografía, trabajar con Bob es un “regalo de la vida” ya que desde su perspectiva, “la fotografía es un documento muy poderoso, conecta de diferentes maneras con las personas y las fotografías históricas nos dan identidad y nos hace reflexionar”.

“Las fotografías de Bob son muy especiales en nuestra historia fotográfica porque además de presentar un estilo y una técnica depurada, su curiosidad y honestidad por enfocarse en las cosas buenas de la vida nos transmiten eso, una visión legítima, honesta y empática con el entorno, con los demás y eso nos lleva a decir ‘¿qué nos pasó?’".

Actualmente, él y su equipo se encuentran digitalizando parte de su archivo ya que obtuvo un apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) con el proyecto "Preservar para activar la memoria colectiva: El círculo cromático de Bob Schalkwijk”.

Consta de organizar fotografías no sólo de la Ciudad de México, sino también de sus viajes a lo largo del país, de secretarías federales para las que trabajó o de sus visitas a más de 40 países del mundo que se encuentran distribuidos en 5 mil 263 rollos de diapositivas de 35 mm, que tomó de 1953 hasta alrededor del 2005, siendo un total de 30 mil diapositivas.

En la fotografía principal, Bob Schalkwijk y parte de su equipo trabajando en su estudio, ubicado en Coyoacán, en 2019. Cortesía Bob Schalkwijk.

Fuentes:

  • Bob Schalkwijk, fotógrafo.
  • Gina Rodríguez, curadora e historiadora de la fotografía.
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